26 de junio de 2009

la verdad absoluta, patrimonio de hipócritas

No tengo ganas de filosofar sobre el destino, la causalidad, la casualidad, el azar, lo empírico o lo racional… No me apetece filosofar sobre nada en este momento. Solo sé que las cosas ocurren sin que tengamos respuestas porque no hay porqués. Suceden y, al suceder, pasan otras que tampoco tienen explicación a priori ni a posteriori. Pasan y ya está. Y nos toca vivirlas desde nuestra conciencia, sólo nuestra por más que algunos personajillos proselitistas quieran aprovecharse de ciertas coyunturas vendiendo sus verdades con apocalípticas visiones, más visionarias que reales.

No creo en la casualidad. No me harto de repetirlo porque todo ocurre sin saber por qué es así y no de otro modo y llamamos casual –porque no podemos explicarlo ni demostrarlo- a lo que posiblemente sea del todo natural. El azar está bien para echar cuatro columnas de bonoloto de tarde en tarde, que las probabilidades de que te toque una de seis está por encima de los trece millones por una, y por eso no puede estar ligado al vivir de cada día. Sería una tortura abandonarnos al azar. El destino es y será siempre una incógnita irresoluble. Lo empírico es falible porque la experiencia acerca de las cosas no impide que éstas den vuelcos insospechados si interfieren elementos imprevistos y la causalidad como ley para que se produzcan determinados efectos no deja de ser en ocasiones una chorrada filosófica, porque, como en lo empírico, no todos los principios de las cosas determinan que al final el efecto sea el esperado en la práctica si entran en juego factores insospechados. Y ¿qué es racional o no? Para unos será una locura o un disparate lo que otros hagan y para los que lo hagan será irracional que no se entienda por qué hacen lo que hacen… Así que muchos acontecimientos serán subjetivos si, como define la Real Academia, subjetivo es todo aquello perteneciente o relativo a nuestro modo de pensar o de sentir, y no al objeto en sí mismo.

Y cada uno somos, pensamos y sentimos de mil (guarismo literario) formas diferentes y según las circunstancias, por lo que dudo que nada ni nadie pueda estar atado y bien atado de por vida a unos parámetros concretos como si las personas fuéramos entidades matemáticamente cuadriculadas. Y la prueba es que creer en esto último es lo que ha dado lugar siempre a los totalitarismos políticos, a la intolerancia de las religiones, a la despiadada crítica social… sin que sus mentores reconozcan jamás que son unos hipócritas, disfrazados con todos los –ismos, porque bien saben que cada ser es un ente individual y que jamás podrán colectivizar las conciencias -si no es a través del fanatismo, del miedo, o de la ignorancia- imponiendo sus ideologías como única verdad absoluta, haciendo sonar su particular campana como si fuéramos los perros de Pavlov. Así tal vez conseguirían gobernar nuestros instintos, pero nunca nuestros pensamientos. Y el que piensa y sabe que siente como siente no se deja llevar por los instintos… A no ser que sea un comodón, un crédulo ignorante, un cobarde o una marioneta.

Cuando a lo largo de la vida experimentamos casi tantos cambios como vida tenemos, y que esos cambios nos hacen reaccionar de diversas maneras según el momento en el que nos encontremos personalmente, sorprendiéndonos incluso a nosotros mismos en que lo que ayer nos pareció una nimiedad hoy nos parezca una tragedia o viceversa ¿cómo establecer unas pautas colectivas para cada situación? ¿Quién puede arrogarse el derecho de decidir por nadie cuando no se participa de su discurso?

No hay filosofía capaz de adaptarse a cada ser humano tomado en singular, no gregariamente. Ante los mismos acontecimientos, por más que muchos estudios se empeñen, siempre habrá diferentes comportamientos. Y si en esos estudios se diagnostican coincidencias es porque se limitan a un determinado número de pruebas iguales para un grupo reducido que, aunque escogido aleatoriamente, no tiene más opciones que las que se les dan… Luego la vida es totalmente diferente cuando salimos de la manada y nos enfrentamos a nuestras propias experiencias, que –por propias- son únicas. Se parecerán a las de otros; serán incluso iguales a las de otros… pero nuestras reacciones serán sólo nuestras, aunque se parezcan a las de otros; incluso aunque sean iguales a las de otros. La diferencia radicará en cómo las sintamos individualmente en nuestro interior y como las demostremos hacia el exterior. Y ahí ningún filósofo podrá penetrar jamás; que, cómo don Quijote decía a Sancho, podrán encadenar nuestros cuerpos pero no nuestros pensamientos.

Y cuando digo filósofo, incluyo a todos esos “cientifistas” cargados de demagogia (llámense psicoanalistas pagados por papá de adolescente gay, periodistas metidos a seudo sociólogos televisivos al servicio de unas siglas, jerarcas religiosos que olvidaron que la Verdad nos hará libres vendiéndonos sus panfletos intolerantes y cargados, pues, de anticristiana repulsa, politicastros que sólo nos utilizarán cuando haya elecciones para chupar después de todos nosotros…); personajes esperpénticos que, poseídos por no sé que verdad absoluta, intentan manipular a las personas para ver si las reintegran a su particular rebaño, amedrentándolas con fuegos eternos, exclusiones sociales, o hecatombes patrias… negándoles el derecho a ser ellas mismas, la libertad de decidir y que se legisle para todos sin exclusiones.

No. No me apetece filosofar. Me siento libre y feliz siendo quien y como soy y, aunque a veces los acontecimientos me sean adversos, sin atender esos rebuznos de quienes se declaran en poder de unas aparentes verdades que un día llegan a enfurecerme y otro me hacen reír con ácido sarcasmo.

No siempre reaccionamos igual.

© P.F.Roldán

Joan Manuel Serrat:lecciones de urbanidad

23 de junio de 2009

qué estúpido es odiar

No he conocido nunca una mayor pérdida de tiempo y de energía que el guardarle rencor a nadie, por más que me haya sentido pateado por la desconsideración de algunos o la falta de respeto de otros. Me habrán podido lastimar y mucho, pero ¿odiar?

¿Qué ganaría de sentir algo así? Nada, si no es más dolor. Y no es que sea un santo de palo al que besar por la peana; es sólo que no entra en mis principios ya que siempre me he dicho que de lo que se siembra se recoge antes o después, y bastante castigo se buscan quienes son incapaces de ser honestos con los demás, preguntándome si sus conciencias les dejarán vivir tranquilos cuando les llegue el momento de la consciencia; y es que nadie se libra de sus actos en carne propia aunque crean salir indemnes –de momento- de sus tropelías. Pensar que así será sólo es fruto de la ignorancia, de la inmadurez o de una estúpida convicción de que están por encima de todos aquellos a quienes humillan de palabra, obra u omisión, porque el futuro les pagará con su propia moneda.

Me dan pena. En el fondo, y tras esa cruel actitud de la que hacen inmisericorde gala, sólo esconden una triste cobardía o un complejo de inferioridad que tratan de superar en piel ajena. Es el sino de los maltratadores natos: su carencia de autoestima. Intentan crecerse ante sí mismos de sus carencias aherrojando a otros con el desprecio a su dignidad, y utilizan armas sutiles -como la indiferencia camuflada de aparentes buenas razones e intenciones- de las que, una vez que ya han hecho mella, se excusan como quien no ha roto un plato, volviendo a ser mansos como corderos para enseñar al poco de nuevo sus colmillos de lobo, una vez que han conseguido camelarte y les has creído como un idiota porque, sobre todo en los sentimientos, nos volvemos ciegos y crédulos, y por tanto vulnerables.

Odiar es una pérdida de tiempo porque nos abstrae de lo que realmente importa, dejando que sean los pensamientos incoherentes del que cree que así ama mejor –perdonando y transigiendo una y otra vez- quienes nos gobiernen; y es una pérdida de energía porque nos absorbe nuestra propia identidad, reduciéndola a la mínima expresión contra nuestra voluntad, en provecho del que ni sabe cómo es la suya, sometiéndonos impotentes al otro y aunque en nuestro interior haya amagos de renegar de esa pérdida de la propia autosuficiencia e incluso de la fe en nosotros mismos.

El odio no tiene sentido. Es como una niebla espesa que nos obnubila el raciocinio y los sentidos, haciéndonos perder el norte. Con el odio no hay brújula que sea capaz de señalar un camino. Nos hace sufrir a la vez que hace crecerse al que lo puede provocar porque, aunque sea negativo, es un sentimiento que ellos disfrutan ya que, si no pueden ser amados, saben que no dejan indiferentes. Y el refranero, sabio como siempre, ya dice que no hay mayor desprecio que no hacer aprecio; lo que viene a ser que nos mostremos indiferentes y que no permitamos que nada de lo que nos hagan nos hiera o, por lo menos, lo demostremos. Y aún más allá: si somos capaces de devolver bien por mal, aunque haya quien nos crea gilipollas, eso acabará doliéndoles más que el daño que experimentaríamos nosotros al dejarnos arrastrar por una animadversión de la que se recrearán mientras nosotros la sufrimos; porque el sufrimiento ajeno que provocan les causa placer ya que les hace sentirse alguien, cuando no son en realidad nada. Así que, si ante esa provocación, respondemos con la generosidad de desearles lo mejor, no sólo anularemos gran parte de nuestro propio dolor sino que desmontaremos en gran medida su ponzoñosa actitud al desconcertarles con la nuestra.

Así, pues, para qué guardar rencor. Lo más positivo es no dejarse arrastrar por él. Nos sentiremos mejor porque tendremos la conciencia en paz, que ya es mucho, y a la vez quizás consigamos que más de uno recapacite sobre sus actos al comprobar que no tienen repercusión. Aunque lo más seguro es que, entonces, en vez de eso, los que lleguen a odiar sean ellos, con lo que acrecentarán su ignominiosa conducta; pero no muy a la larga el sentimiento de culpa será el que haga mella en ellos. Y es que hasta el más vil tiene conciencia, aunque parezca no enterarse… de momento. Pero todo acaba por pasar factura.

© P.F.Roldán

Bebo Valdés y Cigala:Lágrimas negras

19 de junio de 2009

buenos días, tristeza

No he podido dormir esta noche. Caí rendido, por puro agotamiento, bien entrada la mañana y a las tres horas de un sueño desapacible me he despertado con la realidad de su ausencia y su nombre en los labios.

En esos instantes uno se vuelve inconscientemente egoísta y deja de pensar en todo lo demás. Lee de soslayo, casi por obligación rutinaria, la prensa digital. Noticias como la del Airbus 330 y su caja negra –probablemente perdida para siempre-, los trajes valencianos -presuntamente “gürtel”- que nadie justifica en los tribunales, la intolerancia hipócrita de los obispos que tanto debieran callar ateniéndonos a cómo salen pedófilos continuamente de entre sus huestes en muchos países, hasta el último asesinato de ETA, que siempre me producen rabia y náuseas esos pistoleros sanguinarios… Lo que sea deja de tener importancia, aunque la tenga y mucha, cuando perdemos el raciocinio porque el corazón sufre un rapto de amarga tristeza a causa de nuestra realidad y nos hace insolidarios con cuanto nos rodea… y, siendo alguien comprometido, duele más todavía esa amargura que no permite un amago de rebeldía contra ella, dueña y señora de nuestro ánimo aunque sea sólo por un breve lapso.

Voy al baño, empapado de un sudor pegajoso. Las ojeras, el pelo revuelto, la barba de tres días… Quiero sonreír y no puedo. Añoro; deseo; amo… y sólo me encuentro con el rictus desolado de impotencia que me devuelve el espejo. Quiero sobreponerme. Sé que debo hacerlo. Quizás después de un café me despeje y vea más claro… pero termino comprobando que no resulta eficaz.

Su nombre martillea incansable mis oídos. Su ausencia me hiere hasta el punto de tener que ingerir un ansiolítico porque ese corazón revuelto parece querer salirse por la boca, tal es la ansiedad, y hasta maldigo una vez más al maestro que me enseñó la geografía que separa… De nada valen hoy todas las cosas que me he dicho tantas veces porque, aunque intuya que este estado será pasajero, me siento perdido en lo que no puedo evitar en este preciso instante.

Luego. Mañana tal vez. Ahora quiero ser humano también en lo que hiere. Y cuando vuelva a sonreír puede que me parezca una estupidez haber sentido esto, pero necesito ahora llorar mi incapacidad para no sentirlo, como lloro por su lejanía. ¡Está ya tan dentro de mí después de todo este tiempo!

He sabido lo que es estar a su lado; la risa que me ha despertado en todo momento; el ansia por acariciar su piel; su abrazo; su mirada; nuestros planes de futuro… Y no es que me rinda al desasosiego ni a la impaciencia.

Sé que todo volverá a su cauce y seguiré confiando con la esperanza que siempre ha sido mi arma para vivir los avatares que nos desbordan en estas ocasiones… Pero hoy no. Hoy quiero ser todo lo que pueda ser, como siempre; pero en ese todo, todo menos una piedra insensible a lo que también es, y me hace, humano. Y cuando me vuelva a levantar, cosa que, conociéndome, ni por un momento dudo, habré aprendido de nuevo que la vida, por muy positivo que uno quiera ser, o lo sea, tiene que darnos estas indeseadas lecciones, porque a veces las olvidamos, para que sigamos valorando lo que nos mantiene en pie cada día.

© P.F.Roldán

Luis Eduardo Aute:Sin tu latido

17 de junio de 2009

el mundo gira (2)

Valga el post anterior, con la letra de la canción de Jimmy Fontana, como anticipo de éste y como nuevo punto de partida, porque al final, y por mucho que queramos o lo pretendamos, el mundo no se detiene fuera de nosotros. No es un autobús del que podamos apearnos en cualquier parada, sino un viaje que sólo acabará cuando nos llegue la impredecible hora de que siga sin nosotros.

Hablé un día de las espirales y sus centros. Lo convenientes que nos resultan en esas temporadas en las que nos cuesta y necesitamos discernir qué es lo mejor para nosotros, hechos un lío o, por el contrario, desapegados de lo que nos es ajeno. De lo fácil que es sustraerse al exterior y hasta lo cómodo que resulta ese vivir ajeno a casi todo; pero al final te das cuenta de que sólo es válido para una temporada de introspección, y que plantearse una vida propia ignorando todo lo demás llega a ser hasta insano.

Sin tener que ser gregarios, somos seres sociales a pesar de que a veces tratemos de soslayar o desdeñemos lo que sucede cada día, como si no fuera con nosotros; pero nos atañe y nos afecta aunque sea en mayor o menor medida según cada uno y cada acontecimiento. Sólo aquellos que viven contemplándose el ombligo continuamente –algo que he tratado de hacer en estas dos semanas y no he podido- pueden vivir en un seudo limbo de aparente tranquilidad. Pero, sin embargo, creo que cuando se quedan a solas con ellos mismos cada noche el mundo interior se los reconcome. Lo he experimentado en carne propia. Aquello que trataba de convertir en el centro de cada día no era lo suficiente para encontrar una satisfacción que no se acabara quedando tan exigua que me pareciera al final insustancial.

Y es que no podemos circunscribir la vida a nuestro día a día sólo a lo personal cuando alrededor no dejan de pasar cosas. Uno acaba dándose cuenta del empobrecimiento que se produce cuando nos limitamos de esa manera, dentro de una campana de cristal donde nada nos salpica, inmersos en una alegría -más bien aparente-, y que al final es como una cárcel, al principio incluso dorada pero después cárcel a fin de cuentas, porque no deja de ser un sometimiento, inconscientemente solapado, que puede hacernos repetir viejos hábitos y caer en errores ya superados.

La búsqueda del sosiego y de la paz interior, no tiene caminos en ningún mapa y cuando voluntariamente nos quedamos en nuestro propio terreno, que no deja de ser una tierra de nadie a pesar de que intentemos convencernos de lo contrario diciéndonos que “es nuestra vida”, “ya es hora de que piense en mí”,… nos dejamos absorber por una especie de inercia, en la que se espera que todo lo demás ruede por sí solo y sin nosotros, lo que no deja de ser un autoengaño porque se acaba cayendo en un estado de inacción al ceñirnos a esperar ciertos acontecimientos en el que encontraremos una mínima parte de esa felicidad ansiada.

Nada es incompatible aunque nos obcequemos en cosas concretas que terminan por empequeñecernos al dejar a un lado todo lo demás. Que como bien dice el refrán “un grano no hace granero, pero ayuda al compañero”. Y si todos los que nos sentimos implicados en algo más allá de nosotros abandonáramos, ni grano, ni granero, y como consecuencia la ruina del molinero.

Al que no se le pase por la cabeza lo de tomarse un tiempo sabático que tire la primera piedra; pero algunos llevamos un estigma en los genes que no podemos obviar y que se acaba revolviendo dentro de nosotros para que volvamos a tomar conciencia de que, poco o mucho, hacemos lo que está en nuestras manos y que eso es lo que le da auténtico sentido a nuestro cada día, sin que entre en contradicción con todo lo demás que nos corre por dentro, por íntimo que sea; por importante que nos parezca.

Ya anticipé el día 2 que tal vez me costara sustraerme a dejar dormido esto. Y si encima los acontecimientos de estas dos semanas me han revuelto a extremos que no sospechaba, y aunque no haya renunciado al gran salto del que hablé, pues con mayor motivo volver a retomarlo, que si dije que mi cabeza era un hervidero, ahora la siento como una olla a presión a punto de saltar por los aires.

¿Contradicción? Más bien creo que debemos experimentar unas cosas para encontrar sentido a otras. Lo nefasto es dejarse caer en una dinámica que no nos llena ni nos lleva a ninguna parte y no ser capaces de superarla. Lo que no significa renunciar a todo lo demás.

© P.F.Roldán

Rosana:Aprendí

el mundo gira


No, sta notte amore
Non ho più pensato ha te
Ho aperto gli occhi
Per guardare intorno a me
E intorno ha me
Girava il mondo come sempre

Gira, il mondo gira
Nello spazio senza fine
Con gli amori appena nati
Con gli amori già finiti
Con la gioia e col dolore
Della gente come me

Un mondo
Soltanto adesso, io ti guardo
Nel tuo silenzio io mi perdo
E sono niente accanto a te

Il mondo
Non si é fermato mai un momento
La notte insegue sempre il giorno
Ed il giorno verrà

Gira, il mondo gira
Nello spazio senza fine
Con gli amori appena nati
Con gli amori già finiti
Con la gioia e col dolore
Della gente come me

Un mondo
Soltanto adesso, io ti guardo
Nel tuo silenzio io mi perdo
E sono niente accanto a te

Il mondo
Non si é fermato mai un momento
La notte insegue sempre il giorno
Ed il giorno verrà

Oh Il mondo

(Fontana,J - Meccia,G - Pes,C)

Jimmy Fontana:Il Mondo (1965)

2 de junio de 2009

por liquidación de temporada...





Se ha cumplido una etapa. Como antaño ciertos periódicos y revistas, aún no sé si habrá una segunda o tercera época de “La Mirada Compartida”. De momento, ésta primera ha llegado a su término y a pesar de que muchas cosas han quedado por decirse, porque siempre hay algo sobre lo que hablar; algo que contar; algo que compartir…
Género, sin duda, queda bastante en la trastienda y por lo único que lo siento es porque sé que hay incondicionales que siempre han esperado algo nuevo, algo más, cuando he estado sin explayarme una temporada… y últimamente no es que me haya prodigado mucho, la verdad, y alguna regañina me he ganado, pero ha sido y es porque tengo la cabeza y el corazón, y por tanto la voluntad, en otro sitio.

Y ese lugar en el que sigo estando, porque, al contrario de uno de los títulos de Leavitt, es un lugar en el que sí estuve, estoy y quiero seguir permaneciendo -y perteneciendo a él-, me lleva a centrarme más en otras cosas y cerrar esta etapa para ir dando cancha a lo que, poco a poco, se ha ido abriendo ante y dentro de mí. Y no es que haya incompatibilidad en principio, sino que –a la vista de esa escasa prodigalidad en los últimos tres meses (abril, por ejemplo, se quedó en blanco)- me doy cuenta de que deseo y necesito dedicarme más a esa otra parte de mi vida que estar pendiente de si hace tanto o cuánto que no escribo nada por aquí.

No dudo de lo que va a costarme no soltar alguna de estas parrafadas en alguna ocasión porque mi cabeza siempre es como un hervidero, pero, por otra parte, cuando se empieza a tomar según qué cosas casi como una obligación se puede caer en la falta de espontaneidad, y esto conducirnos a escribir de relleno “por cumplir”. No voy a negar tampoco que puede darme un día la ventolera y colgar por aquí algo de lo que escribo, porque escribir sigo escribiendo y mucho; pero al igual que no lo niego tampoco lo aseguro. Lleva su tiempo encontrar una foto adecuada para el texto o buscar la música apropiada para ese texto o para la fotografía que lo encabeza… Y, como ya he dicho más de una vez, no creo en el tiempo como unidad de medida sino como un totum revolutum, ese cajón de sastre que es la vida de cada día y en el que podemos encontrar de todo, desde lo más inimaginable a lo más esperado… y, entre lo menos sospechado, tal vez un pequeño tesoro ante el que detenerse y disfrutarlo sin que nada nos distraiga. O que lo que nos distraiga sea tan inesperado como él.

Nunca me ha gustado la palabra “adiós”, incluso aunque intuya muchas veces que al decir “hasta luego”, que lo prefiero, es más que improbable que se dé el reencuentro en ese luego que indica una cierta inmediatez. Pero, quién puede predecir nada… La edad vivida me ha enseñado que el digo de ayer puede convertirse mañana en diego; que nada hay eterno; que los deseos de hoy pueden ser humo cuando menos lo esperamos… Sin embargo, también he aprendido que hay que vivir intensamente cuanto nos llega y mientras dure; que eso nos puede transformar bastantes hábitos y a pesar de que no se nos comprenda; que hasta la geografía se queda pequeña, casi reducida a un atlas escolar, en el que las fronteras, como cantaba Rosa León, se reducen a puntos y rayas; o al “no soy de aquí, ni soy de allá” de Facundo Cabral… y aunque, posiblemente, un día tuviéramos que recordar el tango “Volver”… Pero, hoy es hoy mirando a mañana, y mañana a pasado mañana, no a dentro de veinte años.

No voy a ahondar ni abundar en explicaciones para tratar de ser entendido. Cuantos me conocen o han leído los 170 comentarios de este blog saben o pueden deducir que si algo me perturba es el inmovilismo, el acomodarme o atarme a lo material que haya podido conseguir hasta el día de hoy, el detener el ansia de vivir por miedo a lo desconocido… Ya era así cuando me fui durante seis meses a Méjico a los 22, cuando a los 28 decidí vivir veintitrés años en Valencia, o cuando regresé aquí hace cinco y medio… y sigo siendo el mismo treinta y cuatro años después de aquella primera vez. Nada me detiene cuando creo en lo que hago, y asumo las consecuencias de mis decisiones para bien y para mal, sin sentir jamás nostalgia o arrepentimiento según el caso.

Y no sé todavía cuándo daré el gran salto –no miro calendarios por esa misma aversión al tiempo encerrado en cuadrículas o relojes-, pero me voy preparando para darlo… y me da lo mismo que abajo no haya red…

© P.F.Roldán

Joan Manuel Serrat:Vagabundear

31 de mayo de 2009

caminar entre el equilibrio y el vértigo

Durante muchos años padecí una especie de vértigo que no tenía causas inteligibles, ni siquiera físicas, porque no me afectaba personalmente. Era una sensación extraña que se manifestaba cuando veía a alguien al borde del vacío: un limpiacristales con medio cuerpo fuera de la ventana, un turista posando para la foto encaramado en el parapeto de una muralla, hasta un escalador en una escarpa absolutamente vertical en un documental o incluso, aunque parezca absurdo y rebuscado, hasta la visión de la carta del loco, del tarot, a punto de despeñarse… El estómago parecía encogérseme y, rápido, apartaba la vista.

Sensación extraña, digo, porque, sin embargo, llegué a vivir en un undécimo piso mucho tiempo y me acodaba en la barandilla para ver una puesta de sol, o sólo por curiosear el trasiego urbano, o me asomaba al borde de un acantilado para contemplar como el oleaje rompía abajo; cosa que sigo haciendo cuando se tercia la ocasión… y nunca he padecido de vértigo en esas situaciones.

Deduje después de mucho tiempo –una vez superado casi totalmente, que no sé cuándo ni cómo- que tal vez era algo psicológico; algo que en mi inconsciente se despertaba involuntariamente y que sólo me atrevo a achacar a mi falta de equilibrio interior en aquellos días, y aunque sea o parezca rebuscada la hipótesis. Pero, he comprobado después que cuando estoy en plena vorágine reflexiva y con el ánimo revuelto tratando de encontrar explicaciones o soluciones a cualquier cosa y no me resulta fácil –por eso ése casi totalmente de antes, pero no del todo- se vuelve a reproducir atávicamente y, aunque sea por un breve instante, reaparece ese vértigo que únicamente siento dentro de mí y sin temer nada, ni siquiera que exista un peligro real.

La mente, he llegado a elucubrar, cuando a veces se siente impotente para discernir con agilidad, se busca recursos muy singulares para su autodefensa o su autojustificación en cosas externas que, aunque no nos conciernen directamente, son como el reflejo indirecto de un estado momentáneo de algo semejante a un hórror vacui emocional o sensorial: el vacío de la inseguridad de no saber dónde pisar en según qué situaciones; en la urgencia de tener que tomar decisiones y no equivocarse con la cabeza abotargada por acontecimientos inesperados, de inexcusable o inaplazable resolución… Y soy de los que no me gusta aplazar las cosas para que no se enquisten.

Con los años, y sobre todo con el aprendizaje que estos conllevan, esos episodios se dan cada vez más esporádicamente y, aun desconociendo si la Medicina los incluye en alguna definición sobre las fobias –me da igual-, porque no los puedo considerar como lo que la Psicología llama “vértigo de la altura” ya que ésta no me atemoriza ni me crea inseguridades, me doy cuenta de que cuanto más sereno se encuentra mi ánimo y más decidida mi conciencia para actuar, menos recidiva es esa sensación vertiginosa que podría catalogarse de irracional, a pesar de haberla sentido –y aun ahora rara vez- tan real como el latido del corazón o la respiración.

Siempre me he considerado un hombre de acción, capaz de tomar decisiones rápidamente y, a pesar de ello, sin insensateces, aunque los más conformistas crean lo contrario; pero no en todas las ocasiones uno puede actuar igual. A veces, cuando hay que sopesar más que en otras los pros y contras porque de según qué decisiones dependen cosas extremadamente vitales y que no se pueden dirimir a la ligera, es obvio que podemos llegar a sentirnos desbordados; incluso aunque creamos saber de antemano lo más conveniente o acertado.

La madurez, como tal y no como consecuencia de la edad, me llegó algo tarde, que alguien puede tener muchos años y no saber sacarle provecho a la experiencia, tropezando una y otra vez en las mismas piedras. Tuve que llegar a los 50 para que, sin desandar lo andado porque eso es imposible y, además, es una torpeza pensar que podamos empezar de nuevo, le encontrara su sentido a lo vivido para ir logrando cierto equilibrio en el día a día e ir acrecentándolo más y más.

Obnubilados por un mundo en el que prevalece la prisa, sin darnos tiempo ni lugar para interiorizar, favoreciendo el autoengaño, el conformismo y la resignación, cuando no la apatía o la tristeza, el equilibrio resulta casi un lujo pero es lo único que nos aporta serenidad.
Sólo lo he conseguido encontrar en la autocrítica sincera, que no suele ser indolora pero nos ayuda a cauterizar heridas del pasado que son lastres, y en el deseo inamovible de continuar el camino emprendido hasta meter la llave correcta en la cerradura de la puerta que conduce a un futuro mejor.

© P.F.Roldán

Jarabe de Palo:Camino

29 de mayo de 2009

ser feliz no es tan difícil

Si me pusiera, podría desgranar un rosario de indeseables vicisitudes, muy duras de encarar a veces, que cada día tratan de machacarme y robarme la sonrisa. Quién no tiene sus más y sus menos… pero para qué regodearse en eso cuando hay tantas otras cosas que agradecerle a la vida. En principio, el solo hecho de estar vivos y poder pelear a diario para ganarle la batalla a la adversidad.

Me requeman la sangre los quejicosos que se arrugan ante cualquier problema, por nimio que sea y que en ocasiones ni es tal nada más que en su imaginación, y cuando tienen tanto por lo que sentirse afortunados. Una buena casa, un coche más que aceptable, una familia y unos amigos que se preocupan por ellos, un trabajo que les compensa –tanto económica como vocacionalmente-… Viajan, salen de fiesta, gozan de reuniones con gentes que les quieren… Pero son eternos insatisfechos que no valoran lo que tienen sino que echan de menos lo que desean y no logran, sin darse cuenta de que no todo lo que anhelamos es para bien a largo, incluso corto, plazo. Pienso que el destino –en una jugarreta- debiera concederles sus deseos para que acaben dándose cuenta de que cuánto tiempo desperdiciaron en lamentos en vez de disfrutar de lo que la vida les da cada día desde que se despiertan hasta que se acuestan… pero, a lo mejor –o a lo peor- ni por ésas. Se han convertido en sufridores profesionales. En eternos descontentos deprimidos.

Soy un parado de “larga duración” –casi año y medio que la actual crisis, en sus inicios, me golpeó de lleno y después con trabajos muy esporádicos y mal remunerados, de los que o los tomas o los dejas porque hay cola para sustituirte que a río revuelto ganancia de los pescadores que se aprovechan de la necesidad ajena-; me he pasado siete años de soledad después de veintidós de relación estable, aprendiendo a lidiarla, asumirla, y aliarme con ella como un estado natural momentáneo –aunque siempre con la esperanza de su transitoriedad- y dándome algún que otro porrazo con quien pude creer en su momento, durante ese tiempo, que era la persona adecuada de nuevo; y ahora, que por fin la tengo, quien amo se encuentra a más de tres mil kilómetros de distancia; vivo en una casa prestada por mi madre; tuve que vender mi coche; de mis seis hermanos, perdí a la que más quería; no puedo permitirme una noche de fiesta porque con lo que cobro del INEM apenas si da para subsistir, que parece un milagro llegar a fin de mes sin que alguien no me haya tenido que echar una mano alguna vez –que a veces me ha pasado porque de súbito te llega, por ejemplo, un facturón de Iberdrola con sus políticas de “lecturas estimadas”, que te descabala las cuentas, pero hay amigos incondicionales que nunca permitirían verme pasar las de san amaro, y aunque se me haya podido caer la cara de vergüenza cuando me han socorrido (no por orgullo sino porque uno es un tímido y no un vivalavirgen)-; la familia que te falla cuando menos lo esperas y más la necesitas, porque en qué casa no cuecen habas de tarde en tarde…

Pero doy gracias cada mañana por ver de nuevo la luz del sol y tener otra vez la oportunidad de seguir bregando para solucionar mis papeletas, aunque el horno parezca no estar para bollos; doy gracias por esos buenos amigos que siempre están ahí; por poder aprovechar los dones o habilidades que la vida me ha dado y me sigue dando;…
agradezco haber encontrado otra vez el amor aunque se interpongan distancias y ausencias, porque si es verdadero perdurará… y si no fuera así, daría gracias igualmente por el tiempo en el que me haya hecho feliz; agradezco que pueda pensar, reír, soñar, amar, creer en un mañana mejor y luchar hoy, con los medios que tengo y aunque sean escasos, por lo que considero justo; y sigo dando gracias por no dejarme vencer por la tristeza o por la desesperación del que mucho tuvo y se encontró de repente con casi nada, confiando que a las vacas flacas le sucedan un día otra vez las vacas gordas porque no me someto a la apatía o a la malsana nostalgia del que perdió tanto, sino que sigo en pie buscando salidas…
En suma, doy gracias por lo que tengo. Mucho o poco, es lo que hay y no es resignación, sino saber aceptar que el hoy es así, sin perder de vista que he de conservar la esperanza en el futuro y no dejarme avasallar por unas circunstancias que de mí, y aunque todo parezca estar en contra, depende superar si no me dejo abatir por el desánimo y sigo en pie sin dar la espalda a la vida… y pese a que en ocasiones flaqueen los ánimos porque uno no es de piedra ni un superman.
Se es feliz cuando se es capaz de asumir la realidad coherentemente, sin dejar de trabajar por un mañana mejor. De lo que sembramos, recogeremos, y la tristeza sólo es para quienes nunca están satisfechos y que, aun teniendo, llenan su vida de vacíos por ansiar lo que no tienen.

No. No es tan difícil ser feliz cuando conservamos la fe en nosotros y sabemos el justo valor de lo que ahora tenemos, y aunque también deseemos –que es bueno- pero sin hacer del deseo una obsesión que nos haga perder el contacto con el suelo que pisamos. Somos el resultado de nosotros mismos.

© P.F.Roldán

Dúo Dinámico:Resistiré

27 de mayo de 2009

prejuicios y complejos

Su extremada obesidad podría considerarse mórbida. Esa exuberancia de carnes habría llevado al suicidio a más de una anoréxica, pero, esa mujer sin complejos, no paró de reírse durante toda la travesía, hasta desgañitarse, haciendo que casi todos los que estábamos a su alrededor nos sintiéramos contagiados por su risa mientras su compañera de viaje hacía lo imposible para que no se cayera de la silla, jaleándola a su vez -en un idioma incomprensible para mí-, haciendo que la otra se retorciera entre carcajadas.

A mi lado, un matrimonio francófono de mediana edad, pulcro y escuálido, levantando reiteradamente -con visos de fastidio- la vista de sus respectivos libros, la miraba descaradamente con desaprobación a través de sus gafas de diseño; incluso desde el momento en el que ella ocupó su silla en la cubierta del ferry, cerca de nosotros. Una cubierta bulliciosa, como una torre de babel, con casi tres centenares de pasajeros de diversas nacionalidades… pero sólo parecía molestarles ella; y más que a los oídos, a los ojos, porque en sus miradas adustas se leía, diáfana, una mezcla de asco y repulsión, en las que yo, además, intuía un cansancio más producto de una mal escondida amarga apatía que de la pesadez del viaje, y que contrastaban con la alegría de vivir, tan inmensa como ella, de la gorda (sin eufemismos, como un negro es un negro y no "una persona de color").

Vivimos en un mundo de estereotipos, con unos cánones llenos de prejuicios en muchos aspectos, y para bastante gente todo aquel que se salga de ellos es casi como un apestado. Eso hace que en ocasiones se deje de respetar a otros sólo por el hecho de ser diferentes o no seguir las pautas que algunos han convertido en reglas inamovibles que, aun incluso opuestas, no suelen ser propias ni exclusivas de un solo segmento de la población.

Así, dependiendo del grupo, se desprecia, se hace burla o se critica a los gordos o a los flacos, a los de derechas o a los de izquierdas, a los excesivamente guapos o a los feos, al que demuestra una alegría desbordante o al que no puede contener las lágrimas, al creyente o al ateo, a la madre soltera o a la que trae “lo que Dios envía”, al que viste de "marca o de "mercadillo", al que es homosexual o a la que quiere llegar virgen hasta el día de su boda… en un entreverado maremágnum de prejuicios políticos, sociales, religiosos, intelectualoides –que no intelectuales-, o, lo que es peor, de esa seudo cultura que ha hecho del físico un nuevo dios al que adorar, sin percatarse de que tan enfermo es un bulímico como un vigoréxico que idolatra los gimnasios.

¿Quién puede arrogarse el derecho de establecer unas pautas para el resto de los mortales? ¿Quién el ser juez de los demás, y al amparo muchas veces de absurdas premisas?
Se puede estar de acuerdo o no con el prójimo; podemos elegir que los otros nos gusten o no, pero nunca llegar a la prepotencia irrespetuosa de sentirnos por encima de nadie hasta el punto de que una altivez sin fuste menoscabe la naturalidad y la naturaleza de otros, y pueda causar daños morales o psicológicos a quienes perciban ese desprecio como si los consideraran como monstruos de feria.

Entre el matrimonio de estirados con cara de estreñidos, seudo mega todo en apariencia, y la rubicunda gorda feliz, sin complejos, me quedo con ésta última.
Si regresaba triste por lo que iba dejando atrás, ella me hizo sonreír, como si de un efecto dominó se tratara, y olvidarme por unas horas de pensar en adioses, ausencias, distancias y reencuentros…
Pero ésta es otra historia.

© P.F.Roldán

Alaska Y Dinarama:A Quien Le Importa

10 de mayo de 2009

abriendo puertas

Ha sido este tiempo un tiempo lleno y vacío a la vez, aunque suene a paradoja, que no lo es. Cada circunstancia tiene un por qué bien definido, consecuencia de cómo hemos encarado las cosas. Y éstas suceden de la mano de nuestros fantasmas interiores, de nuestras alegrías y sueños o de nuestros miedos y aprensiones.

Unos se “quejan” de lo abandonado que he tenido esto. Otros me dicen que al principio se toma con muchas ganas y que nos vamos dejando con el tiempo porque todos los comienzos son excitantes y se escribe por impulso. Yo sólo sé que ha sido casi un mes y medio en el que he tenido que afrontar encuentros y desencuentros; Pelear con mi cabeza analítica que a veces piensa que el corazón es un aventurero alocado. Luchar con mi corazón que se rebelaba contra las razones de la razón, que no siempre es tan razonable como creemos.

Salgo hacia Grecia el próximo martes, aunque no llegaré a mi destino hasta mediodía del 14. Cosas de compaginar los transportes, que uno no tiene la capa de Superman para trasladarse en un pispás, pero “sarna con gusto no pica” cuando en la otra orilla de este mar puede que nos sigan esperando.

Salgo hacia el reencuentro de un encuentro que mi racionalidad, irracionalmente con sus armas -que nos llevan a elegir lo que creemos prudente con lo que realmente es: la incapacidad de dejarnos llevar por lo que sentimos-, convirtió en desencuentro a pesar de que mi corazón le gritaba “estúpida”, porque era, y sigue siendo, lo mejor que podía pasarme en mi vida. Pero sé que erré. En el último momento no di el gran paso que se esperaba de mí y que yo también deseaba. Pudo más lo que no me avergüenza reconocer que fue cobardía. Cobardía que no va conmigo, pero que prevaleció cuando más seguro estaba. ¿Y cuál fue la causa? Porque lo único que saco en claro de todo es que traté de refugiarme en excusas que hoy comprendo absurdas, y que la despedida, contra todo pronóstico, fue triste y dolorosa. Infravaloré lo que se me ofrecía y daba, y busqué paliativos que no me proporcionan ni satisfacción ni estabilidad. Sobrevaloré mi autosuficiencia y de qué poco vale ésta cuando se siente uno cada día un poco más vacío y la sensación de pérdida se agranda cada noche, cuando te quedas a solas.

Es cómodo y agradable a los oídos escuchar las opiniones ajenas cuando le dan la razón a nuestra sinrazón. Quien te llamaba loco por querer hacer lo que no es convencional, se alegra de que “sientes la cabeza”. Quien te elogia hoy tu capacidad, “al fin”, de hacer lo “correcto”, en contra de que ya sabes que acabas de cometer una de las mayores torpezas de tu vida… Y me he puesto en pie de guerra, porque mi carácter es así, aunque extrañe a unos e incluso se desapruebe por otros. Me voy. Si siempre he defendido que hay que ir donde el corazón te lleve ¿a qué viene ésta estupidez?

Me he pasado todas estas semanas batallando y tratando de ver un poco más allá; de sobreponerme al autoengaño que me disculpaba falazmente de mis actitudes, buscando la aprobación de los demás, porque era “lo que necesitaba escuchar” para no tener que reconocer mi equívoco… cuando en siete días, con su presencia, fui más feliz que en siete años de soledad escogida y otros muchos de soledad en compañía. Y al final se ha impuesto la cordura contra una razón que intentaba demostrar ser sensata sin serlo.

Seguimos en constante contacto, aunque por lógica sin la intensidad emocional de los meses anteriores porque yo puse un freno inesperado que nos ha hecho más reservados; un freno incluso inexplicable para mí mismo. ¿Qué me rondó por la cabeza? ¿Por qué le di más importancia a lo que menos la tenía?

No. No he escrito, pero he releído el blog varias veces y me he dado cuenta de que había entrado en una dinámica contraria a todo lo que pienso, a como soy… y he llegado a la conclusión de cuan cierto es que hay que mojarse el culo para coger pescado, aunque sea en el confín del mundo, y aunque vaya contra todas las normas no escritas pero impuestas por nuestro entorno. Y me digo que esto siempre lo he tenido claro, pero sigo sin encontrar el auténtico por qué de mis actos en sus dos últimos días aquí, en los que llegué incluso a rozar la crueldad por mostrarme indiferente. ¿Por qué…? No hay ningún porqué que valga para justificar lo que no puedo justificar si soy sincero conmigo mismo… ni tampoco quiero explicármelo sino mirar hacia delante. Y que sea lo que Dios o el destino quieran…

Y, sí, me voy. Quería aparecerle por sorpresa. Demostrarnos a ambos que sí era capaz de ese gran paso -que pese a todo siempre lo he sido- pero tampoco era justo que me encontrara de sopetón porque no se me oculta que lo ha pasado mal todo este tiempo y he querido que sepa y me diga. Siempre he dicho que estas cosas son de dos… y ahora me basta saber que se alegra de que vaya.

Tampoco significa que deba de jalearme con falsas expectativas, porque cuando el dolor cuaja dentro de uno a veces cuesta desarraigarlo, y sé que lo siente; pero voy seguro, lleno de serenidad y confianza, y sé que cuando esto se transmite, la puerta que dejamos entornada se puede volver a abrir de par en par. Esto es lo que tengo hoy por hoy: esperanza… aun con los pies en la tierra.

Alguien me decía ayer si no me aventuro demasiado en un viaje tan largo para encontrarme después, tal vez, con alguien que guarda algún tipo de resentimiento. Oídos sordos. No me preocupa. Si lo hago y todo sale como debiera de haber salido un mes atrás, esa preocupación habrá sido en vano. Y si sale mal, me habré preocupado el doble. No. Nada de padecimientos innecesarios. Lo mejor es llegar si dudas, sin recelos, porque, aun sabiendo que ese pasado permanece todavía con la llaga abierta, de nada valdría haber dicho antes cien “te quiero” si ahora no fuera capaz de demostrar con hechos que no sólo fueron palabrería… Y este viaje no es sólo un gesto. Es un paso hacia delante, porque se vive el hoy pero para ir construyendo un mañana. No creo -y hasta lo aborrezco- en ese carpe díem mal entendido, como si el mundo se fuera a acabar dentro de un rato.

Y sea cual sea el resultado de este viaje -esperanzas aparte-, nunca me quedaré con la duda, si no lo hago, de qué habría sido de haberlo hecho. Quien no lucha por lo que ama se condena a vivir en la perpetua incertidumbre, y soy de los que prefiere oír un “no” sincero, si ha de ser así, que vivir en una hoy plácida ignorancia que puede pasarnos factura con el tiempo.

Valentía es salir en busca del propio destino, sabiendo que los sueños se pueden hacer realidad si tenemos fe en ellos, y sobre todo en quien amamos. Quedarse en el sofá de casa sólo nos deja a nuestro alcance el mando a distancia del televisor y la cobardía del olvido.

© P.F.Roldán

Ελευθερία Αρβανιτάκη - Τον έρωτα ρωτάω
Ελευθερία Αρβανιτάκη:Δε Μιλώ Για Μια Νύχτα Εγώ

19 de marzo de 2009

cortos días, largas noches


Dicen que el que espera desespera. No es mi caso, que llevo desde la adolescencia poniendo en práctica lo de ser paciente, porque nada se consigue obsesionándose con algo que ya sabemos de antemano que tiene fecha y hora si no es paralizar la vida cotidiana, sumiéndonos en un estado semicatatónico al girar exclusivamente sobre una única idea. ¡No soportaría esa ansiedad!

Los días se me hacen cortos, sabiendo que, con cada uno que pasa, falta menos para que llegue, pero también porque los ocupo intensamente en no dejar cosas pendientes, y aunque sea hasta robándome mis ratos nocturnos para escribir, porque no quiero que el tiempo que esté aquí haya que terminar lo que pude dejar a medio hacer. Deseo que las veinticuatro horas de cada día que pase conmigo sean sólo de los dos. Sin embargo, y pese a todo este continuo trajinar, nada evita que esté permanentemente en mi pensamiento, lo que hace que los ratos que hablamos por las noches estén llenos de esa alegría que sólo se siente en muy contadas ocasiones a lo largo de toda una vida. Una alegría espontánea, llena de complicidades y sin falsas euforias, tan natural como especial y que pocas veces alguien te despierta con sólo con oír su voz.

Las noches se me hacen largas de un modo extraño. Me estoy acostando pronto –hoy es una excepción porque tenía esto muy abandonado- con el libro de cabecera que tenga en esos momentos, que siempre hay alguno, y no controlo el tiempo, que lo mismo me leo cien páginas, o más, de un tirón que sólo tres; y no es raro el día que amanece con ese libro por un lado, el punto de lectura por otro, las gafas de lectura perdidas entre las sábanas, la lámpara de la mesilla encendida, y el despertador que suena diez o quince minutos después de que abra los ojos. Caigo rendido por agotamiento, sin darme cuenta del cuando, y me despierto como por inercia, porque sé que tengo que seguir haciendo cosas y el otro reloj, el biológico, manda lo suyo. Ya sé que para muchos, que me riñen, esto es dormir poco, pero me parece que lo he hecho una eternidad y me levanto descansado, aunque parezca mentira, y con bríos para empezar el día ya con la sonrisa en los labios. Su nombre. Saber que falta un día menos… y a continuar lo que dejé el día anterior.

Que está en mis sueños lo sé. No hay que ser más explícito.

No miro el calendario ni cuento el tiempo. Ya he dejado dicho por aquí que medir el tiempo es un invento humano y aquello de “reloj no marques las horas” se me ha ido haciendo con los años un topicazo de quienes viven la vida a ritmo de bolero. Y no porque uno no tenga su chispa romántica sino porque huyo del histrionismo melodramático, en plan copla de la Piquer, como de la peste.
Sé el día exacto de su llegada y es suficiente para evitar un agobio innecesario. Tampoco pienso en el día de su partida, porque no habrá adioses innecesarios, ni el “dicen que la distancia es el olvido”, ni en cuánto tardaremos en volver a encontrarnos porque ya sé que no será inmediato. Me basta conque existamos y queramos compartir esa existencia. ¿Hay algo más valioso? Se es más feliz sabiendo apreciar lo que se tiene que deseando lo que no.

Hoy no leeré nada ya dada la hora, pero necesitaba tanto decir que me siento feliz que qué mejor excusa para compartirlo que retomando el blog… Y anda que no hay poco acerca de lo que escribir, que de la Prensa no me privo ni un día, pero tiempo habrá que con las que están cayendo tenemos para rato largo.

© P.F.Roldán

Randy Crawford y Presuntos Implicados:Fallen

7 de marzo de 2009

el lector (the reader)

"Recomendable leer antes la novela de Schlink, El Lector, antes de ver la película". Esto me aconsejó una amiga y le hice caso, y el libro ha resultado ser soberbio en apenas doscientas páginas; de lo más extrañamente conmovedor que he leído en bastante tiempo y es que es raro que una novela logre hacerme soltar unos lagrimones en los tres últimos capítulos finales. Suelo ser un lector un tanto aséptico, aunque inevitablemente hay libros que logran meterte dentro de la piel de sus personajes. Algo parecido sentí con Los Girasoles Ciegos, pero fue más una mezcla de rabia y de tristeza, aunque no dejó de conmoverme también el amargo sino de sus protagonistas.

Temo un poco las adaptaciones cinematográficas -precisamente ahí está la fallida de Los Girasoles Ciegos-, aunque también me han recomendado que tras el libro vea la película. Es, por lo visto, uno de esos raros casos en los que el guión hace justicia al libro en el que se basa, aunque las críticas que he leído comentan que el personaje de Hanna pierde un poco de su crudeza, por muy buena que sea la interpretación de la multipremiada Winslet, que hace -según todos- el mejor papel de su carrera en The Reader y ya se merecía un reconocimiento a su trayectoria de actriz.

No sé si llegué a comentarlo en su momento, pero hace tiempo que decidí leer antes un libro que ver su adaptación en el cine. No quiero que me pase como con Muerte en Venecia, que lo hice al revés y cuando traté de leer el libro, de Mann, éste me pareció un peñazo aunque puede que alguien me pueda llamar sacrílego literariamente. Como excepción, me pasó con Como Agua para el Chocolate, pero fue eso: una excepción. Tal vez porque en ese caso el lenguaje cinematográfico nada tenía que ver, desde lo que personalmente experimenté, con el literario de Laura Esquivel.

No he ido aún a ver The Reader al cine, así que no puedo hacer comparaciones con la obra de Bernhard Schlink. En este caso me fiaré de la opinión de los cinéfilos al igual que lo he hecho con la novela... y confío en que no sea decepcionante como con otros casos, que también recuerdo el fiasco que supuso El Club Dumas en la gran pantalla -al menos a mí no me gustó La Novena Puerta, por muy de Polansky que fuera-, una buena novela filmada en plan "obra menor", con un guión previsible en todo momento.

Las adaptaciones de buenos libros, sean o no los típicos best-sellers, dejan dinero en taquilla y son un recurso para aquellos a los que les gusta poco leer, pero lo uno no está reñido con lo otro. Y por otro lado hay magníficas novelas que, aun siendo potenciales excelentes guiones, nunca serán filmadas. Así que mi recomendación particular es no olvidarse de que los libros no se pueden sustituir, aunque vivamos en el tiempo de las imágenes y éstas, sobre todo la televisión, nos hayan hecho perder un poco la afición a la lectura.

© P.F.Roldán

The reader:trailer (subtitulado en castellano)

1 de marzo de 2009

premonitor Arturo Pérez Reverte

Me acaba de llegar un mail. Me he metido en los buscadores de Internet a tratar de constatarlo, que a veces ya se sabe lo de los correos que "dicen" lo que nadie dijo; pero lo he encontrado publicado en infinidad de blogs y periódicos digitales y he de confesar que yo no lo había leído, y eso que sigo bastante todo lo que Arturo escribe porque es de agradecer, en los tiempos que corren, que haya alguien tan "echao p'alante" y con una inhabitual honestidad sin pelos en la lengua. Todavía recuerdo su discurso de investidura como primer Doctor Honoris Causa de la UPCT, en el que puso a caldo a los políticos cartageneros sin morderse la sinhueso.

Tal y como me ha llegado deseo publicarlo porque ya quisiera más de uno tener ese desparpajo, que ni se deja comprar ni se vende por nada, para decir verdades como templos sin arrugarse ante nadie, y sobre todo porque este paisano nuestro hace diez años nos dijera lo que nadie queríamos o no supimos ver entonces, cuando todo era de una bonanza tan alienante que no nos hacía sospechar lo que a día de hoy se ha transformado en una cruda realidad.

"Los amos del Mundo"
Arturo Pérez-Reverte

"Usted no lo sabe, pero depende de ellos. Usted no los conoce ni se los cruzará en su vida, pero esos hijos de la gran puta tienen en las manos, en la agenda electrónica, en la tecla intro del computador, su futuro y el de sus hijos. Usted no sabe qué cara tienen, pero son ellos quienes lo van a mandar al paro en nombre de un tres punto siete, o de un índice de probabilidad del cero coma cero cuatro.
Usted no tiene nada que ver con esos fulanos porque es empleado de una ferretería o cajera de Pryca, y ellos estudiaron en Harvard e hicieron un máster en Tokio -o al revés-, van por las mañanas a la Bolsa de Madrid o a la de Wall Street, y dicen en inglés cosas como long-term capital management, y hablan de fondos de alto riesgo, de acuerdos multilaterales de inversión y de neoliberalismo económico salvaje, como quien comenta el partido del domingo.

Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará a usted el consuelo de ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser reputados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo; porque siempre ganan ellos, cuando ganan, y nunca pierden ellos, cuando pierden.

No crean riqueza, sino que especulan. Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tiene que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la tierra pierden el culo por darles coba y subirse al carro.

Esto no puede fallar, dicen. Aquí nadie va a perder; el riesgo es mínimo. Los avalan premios Nóbel de Economía, periodistas financieros de prestigio, grupos internacionales con siglas de reconocida solvencia. Y entonces el presidente del banco transeuropeo tal, y el presidente de la unión de bancos helvéticos, y el capitoste del banco latinoamericano, y el consorcio euroasiático y la madre que los parió a todos, se embarcan con alegría en la aventura, meten viruta por un tubo, y luego se sientan a esperar ese pelotazo que los va a forrar aún más a todos ellos y a sus representados.

Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda, que el chollo es el chollo, e intereses de un tropecientos por ciento no se encuentran todos los días.
Y aunque ese espejismo especulador nada tiene que ver con la economía real, con la vida de cada día de la gente en la calle, todo es euforia, y palmaditas en la espalda, y hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas. Y esto, señores, es Jauja.

Y de pronto resulta que no. De pronto resulta que el invento tenía sus fallos, y que lo de alto riesgo no era una frase sino exactamente eso: alto riesgo de verdad. Y entonces todo el tinglado se va a tomar por el saco. Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces -¡oh, prodigio!- mientras que los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro y para los que especulaban con dinero de otros, resulta que las pérdidas, no.

Las pérdidas, el mordisco financiero, el pago de los errores de esos pijolandios que juegan con la economía internacional como si jugaran al Monopoly, recaen directamente sobre las espaldas de todos nosotros. Entonces resulta que mientras el beneficio era privado, los errores son colectivos y las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia y con fondos de salvación para evitar efectos dominó y chichis de la Bernarda.
Y esa solidaridad, imprescindible para salvar la estabilidad mundial, la pagan con su pellejo, con sus ahorros, y a veces con sus puestos de trabajo, Mariano Pérez Sánchez, de profesión empleado de comercio, y los millones de infelices Marianos que a lo largo y ancho del mundo se levantan cada día a las seis de la mañana para ganarse la vida.

Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena.

Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza."

"El Semanal", 15 de noviembre de 1998

Astrud:Paliza

28 de febrero de 2009

Cartagena quiere la biprovincialidad




Y no es mucho pedir, aunque desde el gobierno regional se sigan haciendo los sordos, porque -una vez puestos- deberíamos de exigir que se cumpliera el articulado de la Constitución sobre las Autonomías (a partir del art. 143) y que esta Región llevara el nombre que por Derecho le corresponde (Región Carthaginenese, como existe Cantabria –no Santander- o La Rioja –no Logroño-), ya que los políticos murcianos se acogieron en 1978 a la Historia de Cartagena y a la importancia secular de nuestro Puerto, al que alabaron entre otros Cervantes o Andrea Doria, para solicitar el estatus de preautonomía.

Pero somos así. Algo que no quieren ver esos cuatro oligarcas murcianos que manejan los hilos del poder desde la capital administrativa, Murcia, porque la legislativa es Cartagena que es donde se ubica la Asamblea Regional.

En 1799, documentos hay, el rey Carlos IV promulgó una Real Orden en la que creaba nuevas provincias, llamándolas marítimas y segregándolas de las que hasta entonces pertenecían. Fue el caso de Málaga (segregada de Granada), Cádiz (de Sevilla), Alicante (de Valencia), Asturias (de León), Santander (de Burgos) y Cartagena (de Murcia). Todas a día de hoy siguen conservándola, excepto Cartagena. Habría, pues, que hablar de restitución, o restauración en su defecto, de la Provincia de Cartagena que se eliminó de un plumazo en 1833, en la división territorial del ministro Javier de Burgos, culminando la venganza personal de Fernando VII (más que el Deseado, el Desagradecido ya que Cartagena fue la primera ciudad de España en reconocerle como Rey al empezar la guerra contra los franceses, en 1808).

¿Su inquina visceral? El haber sido ésta una ciudad liberal desde siempre, opuesta a su absolutismo, que en ella se encastilló el general Torrijos frente al asedio de las tropas francesas de los Cien Mil Hijos de San Luis, que hiciera venir en su auxilio el despótico monarca, en su llamamiento desesperado a las demás monarquías absolutas de Europa.

Aunque esos hechos contra Cartagena ya tuvieron un antecedente en el murciano Conde de Floridablanca, que, habiendo sido nombrado en 1808 Presidente de la Junta Central Suprema y Gubernativa del Reino, soslayó con desprecio a la Junta de Defensa de Cartagena –otra vez la primera en formarse en España- a favor de la de Murcia, cuando esta ciudad, que nadó entre dos aguas ante la invasión napoleónica y secuestro de la familia real en Bayona, no formó la suya en un primer momento, teniendo que ser las Juntas de Cartagena y Valencia las que la metieran en el carro.

Pero dejando lo legal (pues también se conculca el Estatuto regional al no haberse desarrollado la autogestión comarcal en sus más de 25 años desde su promulgación) y lo histórico a un lado, aunque sea fundamental (que como ya dije “En Murcia por una mitra” -comentando el libro del Dr. Negueruela- venimos padeciendo agravios desde el traslado ilícito del episcopado a Murcia en 1291, aunque siga siendo Diócesis de Cartagena), hay ahora otros argumentos de peso para seguir erre que erre para que nos devuelvan lo que injustamente se nos quitó y que redunda en beneficio de todos los habitantes de esta Región, aunque esos mismos políticos se lo callen como zorros.

A más provincias, mayor peso en el Congreso y en el Senado al incrementarse nuestros representantes en ambas Cámaras. Mayores aportaciones al erario regional al existir dos Diputaciones provinciales. Menos centralización administrativa, que ahora para cualquier cosa que no sea local hay que ir a Murcia, quieras o no, y la Provincia de Cartagena, una de las mejor definidas territorialmente en el Estado por su Comarca natural (La C.A. de La Rioja, por ejemplo, se encuentra conque parte de su Comarca natural está en Castilla y León –Burgos-, en Navarra, o en el País Vasco –Álava-) aglutina a montón de Municipios y Diputaciones, en el suyo propio. (Cartagena no tiene pedanías, como los demás Ayuntamientos, y no habría que preguntarse, entonces, por qué en nuestro Municipio se les llama Diputaciones ya que es la prueba indudable de que tuvimos una Diputación Provincial) Así pues, más de 350.000 ciudadanos se ven forzados a recorrer el doble de kilómetros para cualquier trámite burocrático.

Hay curiosidades de todo tipo que respaldan nuestra reiterada petición. Se puede visitar para ver alguna de ellas el link que hay a la derecha del blog, que dirige a identidad carthaginense. Pero una muy significativa, por la fecha, es que en un BOE franquista de 1966 se publique el nombramiento del “Delegado de Hacienda en la Provincia de Cartagena” (sic).

Desde la “Plataforma por la Biprovincialidad” y su eslogan “2es+” se ve que no es un movimiento aislado de cuatro nostálgicos. Esa Plataforma cada día se ve incrementada con nuevos colectivos de toda índole y diferentes sectores públicos y privados. Desde Colegios Oficiales de profesionales hasta el Consejo de la Juventud de la Región de Murcia, pasando por la Cámara de Comercio o la Confederación Empresarial (COEC).
http://www.2esmas.com/biprovincialidad/Actualidad.html

Hechos en su día los pertinentes estudios, político y económico, para demostrar su viabilidad y encargados por el Movimiento Ciudadano a la Universidad de Murcia (UMU) y la Universidad de Cartagena (UPCT), sólo queda que esos sordos de siempre presten oídos y actúen en consonancia a lo que se les demanda, con argumentos irrebatibles, en la reforma estatutaria, que muy poca prisa se están dando cuando la mayoría de CCAA ya la han realizado.

¿Por qué será?

© P.F.Roldán

Baster:Llamar las cosas por su nombre

"las otras estaciones"

He de reconocer que, últimamente, estoy perezoso para escribir. Tengo la cabeza en otro sitio y mi libro de relatos, Las Otras Estaciones, no avanza ni mucho ni poco, aunque tal vez porque estoy en una de esas otras estaciones y el relato lo estoy viviendo en primera persona.

Cuando comencé a escribirlo, por un albur que, no por esperado, me cayó encima de sopetón, con “El tren de las mareas de la luna llena” (publicado por aquí en los comienzos de este blog), al final de la narración –mitad autobiográfica, mitad ensoñaciones que me hicieran evadirme de aquel instante- arribaba a una estación en la que no me esperaba nadie, pero en la que presentía que llegaría el día en el que habría alguien que me saldría al encuentro un día para, tras la espera sin calendarios ni relojes, iniciar un futuro juntos.

Y ahí es donde estoy ahora. Pensando que en abril yo estaré en ese andén a la espera de un tren, aguardando a quien entonces presentí y que viene a mi encuentro, sorteando unos miles de kilómetros; el mismo tren, a la misma hora, en el que regresé yo aquí cinco años y medio atrás. Pensando que aquellas ensoñaciones de entonces tienen todos los visos de convertirse en realidad, porque, no sé por qué puñetas, siempre suele acabar sucediendo casi todo lo que un día me dio por imaginar.

No sé cómo definirlo. No quiero llamarlo sexto sentido ni son dotes para la premonición. ¿Es tal vez haber conservado la esperanza que da el que la vida transcurra sin desesperarse lo que nos regala esa inexplicable lucidez sobre el futuro? Sea lo que sea, está ahí, como quien dice, a la vuelta de la esquina.

“Tickets ready!”... y a partir de ese momento la sonrisa, nunca extraviada en los variados maremágnum vividos estos años, se hace más amplia; se ensancha el corazón; los demás te ven hasta diferente, y se cumple aquello de que la primera palabra que pronuncias al despertar es su nombre.

Al comenzar todo, me había propuesto, hasta prometido a mí mismo, que no me dejaría llevar por arrebatos ni vehemencias; que todo se iría encarrilando a su ritmo, sin prisas; que es insano adelantar acontecimientos y precipitarse… Pero ¿quién me podría juzgar si viera mi cara rebosante de felicidad como yo la veo cada mañana en el espejo? Yo no, desde luego, a pesar de lo exacerbadamente autocrítico que soy. Hace años que, sin haber perdido nunca la alegría de vivir, no me sentía así, y aunque no dejo de racionalizar los pros y los contras, que todo puede resultar magnífico o un fiasco -porque mira que es tremendo, y hasta irritante, el pánico escénico que nos entra, por muy seguros que nos sintamos y aunque todavía falten cinco semanas-, que me quiten luego lo “bailao”. Ahora soy feliz. Mañana no lo sé, pero seguiré procurando serlo porque, pase lo que pase, mi madre no me parió para que los acontecimientos de la vida me lo impidan y encima me hagan sufrir.

La vida no empieza ni acaba, sencillamente continúa.

Si sale como el corazón inequívocamente espera para poder decirle un día “nadie como tú”, -de momento sólo estoy enamorado- será la fructífera cosecha de lo sembrado en todo este tiempo de fe en el futuro. Si no saliera como ambos deseamos, hay que volver a ponerse en pie sin darse tregua y seguir nuestro camino, confiando en que, como en la misma canción cantan Sole Giménez y Pancho Céspedes, hay que querer “mañanas más que ayer”, porque la vida jamás se detiene a esperarnos.

Y por primera vez también en muchos años no albergo dudas, pero siempre hay que echar mano de aquello de “la duda razonable”, aunque sólo sea por refrenar un poco a los que, en su escepticismo, puedan considerarte iluso por estar algo más que simplemente ilusionado y que tal vez no entienden esta manera de ver y vivir la vida, que ser realista no implica estar dispuesto a renunciar a lo que nos trae ni a cercenarla porque en un pasado más de una vez nos dimos de bruces en ella.

No recuerdo quien dijo que “podemos cambiar nuestro futuro pero no nuestro destino”.

© P.F.Roldán

presuntos implicados & francisco céspedes:nadie como tú

27 de febrero de 2009

aprendizaje hasta el fin

Se dice que el que mucho abarca poco aprieta, pero creo que hay que saber de todo lo que se pueda –sea más, sea menos; sea teórico, sea práctico, que también se dice que el saber no ocupa lugar- aunque luego nos centremos en cosas muy concretas, en las que realmente profundizamos exhaustivamente porque nos motivan por encima de otras. Y cuando no se sabe, el silencio nos hace más inteligentes porque escuchando seguimos aprendiendo

El afán de aprender significa tener curiosidad por todo y no permitir que nuestra mente se anquilose por desidia o comodidad. Aprender supone, además del enriquecimiento personal -que no es ninguna trivialidad-, el poder comunicarnos mejor con otros y no hablar sólo del tiempo o de cuando hicimos la mili con el capitán Trueno porque no da la cosa más de sí.

Personalmente, por poner un ejemplo algo banal, nunca suelo ver partidos de fútbol, ni siquiera en la tele, salvo los encuentros de la selección española en grandes competiciones; no soy, pues, lo que se dice un aficionado a ultranza, pero intento saber los resultados de la semana, cómo van las clasificaciones; qué equipos están en puesto UEFA o a pique de descender. No está de más. Tengo amigos a los que, además de otras cosas, les apasiona el fútbol.
Y quien dice sobre esto, pues sobre otras muchas cosas, que no sólo de Cultura se alimenta el hombre, aunque sea lo que más valoro personalmente, pero hasta pasarse la receta de cómo haces tú las lentejas pues es un buen recurso para que no se hagan silencios de esos en los que pasan tropecientos ángeles mientras dos se quedan embobados sin saber qué decirse… que no todos los silencios tienen su lado agradable. Esto depende de con quién y en qué momentos.

Tampoco consiste en ser una enciclopedia andante que en cuanto ha soltado su párrafo de manual ya no tiene nada más que aportar. Saber, lo que de verdad es saber, no es acumular conocimientos sin ton ni son, que tan aburridos resultan el sabidillo que se conoce la lista de los reyes godos pero no tiene ni idea de Historia como el monotemático que se sabe la lista pero sólo habla de esa Historia.
Aprender comporta que lo que se va conociendo se amalgame, y que se pueda ir de una cosa a otra, como quien hace una colcha de patchwork en la que casi ningún retazo es de la misma tela pero, juntos, forman un todo.

Me cargan los “culturillas” a los que, de tan relamidos, redichos, serios y pedantes, no hay quien les saque una palabra, y menos una conversación intrascendente pero amena; como me cargan los que tienen el cerebro tan diáfano que parece un páramo y con los que no se puede intercambiar más de cuatro frases con escasa sustancia porque viven desinteresados de todo lo que no sea superficial.

Aquellos porque cualquier cosa que no se ciña a lo que consideran “intelectual” lo consideran menospreciable y hasta aberrante si se ponen intolerantes; cosa bastante frecuente. Los otros, porque en cuanto tocas un tema de interés, por muy someramente que lo hagas, bostezan de aburrimiento a los pocos minutos o ponen la risa del conejo.
Menos mal que siempre existe el término medio y todavía encontramos con quien poder hablar de todo o de cualquier cosa, y hasta “echarnos unas risas” si se tercia, que ni todo es disertar exclusivamente sobre la nouvelle vague o el gótico flamígero, ni tampoco sobre el último novio de una famosuela o las inyecciones de botox de otra que tal… y no trates de sacar a ninguno de ambos especímenes de sus monotemas porque o te harán el vacío como si fueras un frívolo ignorante o quedarás como un idiota sabelotodo aunque sepas.¡Qué despropósitos!

Tengo amigos con los que un día he disfrutado viendo la última de la Coixet o escuchando una disertación sobre la Alcazaba in situ (¡qué tortura para los “diáfanos”!), que dos semanas después partiéndonos de risa escuchando las “petardadas” de la música de los setenta en compañía de unas cuantas cervezas (¡qué sacrilegio para los sabiondos!)…

Si aprender sirve para comunicarse después, por supuesto, ante todo es crecer personalmente un poco más y, sobre todo, si sabemos poner en práctica lo que día a día nos llega en todos los aspectos con la humildad del que ha de seguir aprendiendo hasta el día que se muera -con la certeza de que se irá siendo un ignorante en muchas cosas- y también con el sentido del humor –que nunca nos falte- de que no todo se reduce al libro gordo de Petete o a la Enciclopedia Británica.

Igual de importante debería de sernos, aunque salvemos las distancias, leer las “Memorias de Adriano” de la Yourcenar, por ejemplo, que saber cocinar una buena tortilla de patatas, y viceversa… o nos estaremos perdiendo bastantes cosas, porque de todas se aprende y todas nos enseñan a su vez a disfrutar mejor de una vida más plena.

© P.F.Roldán

Jorge Drexler:Polvo de estrellas

26 de febrero de 2009

"la llamada"


Miércoles de ceniza.
Como todos los años desde ni se sabe, esta noche, a las 20.30 en punto, y desde el balcón principal del Palacio Consistorial, se ha dado el pistoletazo de salida en el primer día de Cuaresma para anunciar a toda Cartagena que tendremos procesiones de Semana Santa en lo que es “La Llamada”.

Si bien es un acto simbólico, porque desde antes de la Guerra Civil nunca se han suspendido las procesiones, no es menos cierto que hubo años en los que las dificultades económicas de la posguerra primero, y luego –años más tarde- la mala situación financiera que atravesaron las Cofradías, que indujo a recolectar donativos entre los ciudadanos, incluso con programas especiales a través de la llamada Radio Juventud, la emisora local del Movimiento, el dinero que aquellas no tenían para sacarlas dignamente. Gracias a la generosidad de los cartageneros -que no es que nadáramos en la abundancia, pero jamás le ha dado la espalda a algo tan suyo- nunca llegaron a interrumpirse los desfiles pasionarios, yendo sus cuentas mucho mejor y, en consecuencia, su patrimonio desde entonces a más, que por fin aprendieron la Cofradías a autogestionarse, hasta haber conseguido hace tres años la declaración de Interés Turístico Internacional; algo a todas luces impensable en aquellos tiempos de penurias, y pese a nuestra peculiar manera de haberlas entendido desde siempre, que hasta tenemos nuestro propio lenguaje, porque aquí no hay cofrades sino procesionistas, ni costaleros sino portapasos; pero no se les dice pasos, sino tronos; y los “simpecado” andaluces aquí son estandartes y el que los lleva recibe el nombre de sudarista; las luminarias de los penitentes –aquí capirotes- se llaman hachotes y a los soldados romanos les apodamos “judíos”…. Y así muchas cosas más.

El acto es muy breve pero congrega en la plaza a cientos de personas –y a pesar de que haya partido de la Champions en la tele-, que en otros lugares seguro que las calles estaban vacías a esas horas... Es que somos muy “nuestros” para algunas de nuestras cosas, de tan arraigadas, y es que son ya cuatro siglos largos de tradición semana santera.

Las cuatro Cofradías, terminados sus Cabildos particulares, que empezaron una hora antes, se aúnan en la calle del Aire y, al son de las marchas de “granaderos” y el tronar de cohetes, se dirigen hacia el Palacio Consistorial, para anunciar su decisión a la alcaldía de que saldrán dentro de 37 días; que es otras de las cosas particulares que tenemos. Ya al jueves anterior al Domingo de Ramos sale de madrugada la primera procesión, que resulta ser la primera de cuantas se celebran en España, en la vigilia del Viernes de Dolores, celebración de día de la Virgen de la Caridad, nuestra co-patrona.

En La Llamada, que no dura más de veinte minutos, la primera autoridad municipal, tras los discursos de rigor pero breves –que es de agradecer en una fresca noche de febrero-, hace entrega a la Junta de Cofradías del cheque simbólico con el que el Ayuntamiento colabora al evento. Y digo simbólico por ser suave, porque darles 226.000 euros después de haberse gastado 740.000 en una horrorosa estatua callejera, no deja de sonar más que a cutre, sobre todo teniendo en cuenta que, además de ese atractivo turístico que pueda tener, Cartagena vive su Semana Santa como su fiesta mayor, que ni carnavales, ni nada de nada. No hay celebración aquí que tenga tanta participación, tanto dentro de las Cofradías como en la calle.

Dado el cheque de marras, que ha sido congelado hoy a la misma cantidad del año pasado escudándose en la crisis -que para los ediles sólo la hay para lo que les conviene- se lanza el emblemático grito de La Llamada: “¡Hay procesiones! ¡Música y a la calle!”. Suena el Himno de Cartagena y la alcaldesa, en compañía de los cuatro Hermanos Mayores, de la banda de música y de la mayoría del público congregado, toman camino por la calle Mayor hacia la Iglesia de la Caridad para hacerle una ofrenda a ésta y darle las gracias porque un año más tendremos procesiones.

¿Charanga y pandereta, que dirán algunos? Puede, pero lo que es cierto es que la mayoría de las gentes de esta ciudad, creyentes y no creyentes, viven desde hoy y hasta el Domingo de Resurrección algo que uno no sabe si es fervor para unos y fiesta para otros, pero indudablemente, sea lo que sea, con auténtico apasionamiento. Tanto que la Semana Santa es la excusa de muchos cartageneros ausentes para reencontrarse con los suyos, en vez de irse a Bali, porque a la vez toman parte en alguna Agrupación de las Cofradías.

¡Qué idiosincrasia la nuestra!... y ya contaré algún que otro por qué.

© P.F.Roldán

(el video que he encontrado en Youtube es bastante de andar por casa, pero da una idea de lo que es "la llamada")

Semana Santa Cartagena 2008:La Llamada

20 de febrero de 2009

cinco años ya y quién lo diría

Esta mañana me ha llamado Ruth, desde la SER, para una breve entrevista. Quería brindarte un pequeño homenaje en el 5º aniversario de tu muerte, que ha adelantado un día porque los sábados no tiene programa, y nos hemos dedicado a hablar sobre ti en sus casi 25 minutos de programa.

¿Por qué hay que recordar mi sempiterna frase, que es un hecho, de que sólo muere lo que se olvida? Y se ha demostrado. Le ha dado paso en un momento dado a Chelo, la Presidenta de la Asociación de Mujeres, que –emocionada- ha dicho que no te olvidan, que sienten el vacío que dejaste al irte, pero que les enseñaste no sólo “las piedras” de El Molinete a los cartageneros que acudían a tus visitas guiadas, que organizabas desinteresadamente, sino también el valor que tenía nuestra Historia a través de ellas. Que el ciudadano de esta ciudad que tenga dos dedos de frente te recordará siempre por tu abnegación desinteresada y generosa entrega a Cartagena y su Patrimonio. En la memoria colectiva permaneces como la persona buena que fuiste, llena de un entusiasmo vocacional que contagiabas a quienes te oían, y sin haber intentado medrar, como otras han hecho, de tu profesión y de tu corta andadura política.

Guardo esa viñeta, con la que encabezo esta entrada, que publicó el día de tu entierro físico El Faro, junto a varios artículos que no voy a reproducir, lógicamente, y que hablaban más de tu incesante trabajo, en vez de ser los tópicos panegíricos que se escriben sobre las virtudes de la persona fallecida. De las virtudes de los muertos se acuerdan todos en esos momentos, e incluso se exageran, que nadie habla mal de un muerto. Pero, cómo te tenían calada que, ya quien te “caricaturizó” en esa sencilla viñeta, te dibujó entrando en el Cielo, y se me asoma la sonrisa, porque si a algún sitio has ido es ahí. Si algo dice sobre ti misma ese obituario de tres páginas que te dedicaron, que no se ciñó a ser una escueta nota necrológica más, es ese simple dibujo; más que los cientos de palabras que lo rodeaban aunque dijeran también verdades como puños. Porque así te veían y consideraban, como te siguen considerando a día de hoy: una persona buena, de inmenso corazón… y nadie se cree que ya haya pasado tanto tiempo.

¿Qué es el tiempo cuando nos referimos a quienes habéis dejado una huella indeleble en los que seguimos pateando las calles por aquí, cuando a lo mejor estamos más muertos que aquellos a quienes encerramos en un nicho? Así se lo he declarado cuando me ha preguntado sobre cómo llevábamos tu ausencia… ¿Ausencia? Podemos echar en falta tu risa, tu compañía, tu desprendimiento con todos y con cada uno de nosotros… Pero, ¿realmente estás ausente? Para mí no, y creo que, como para mí, para otros muchos tampoco porque cuánta gente me sigue hablando a diario de ti; sobre todo cuando siguen apareciendo nuevos tesoros arqueológicos en El Molinete, que -como Ruth bien decía a mediodía- fue tu gran caballo de batalla, entre otros muchos, para que los políticos y los ladrilleros no convirtieran el cerro en un barrio de lujo más como han hecho en el Residencial Puerta Nueva, junto al Anfiteatro y sobre yacimientos romanos, o pretenden hacer en el Monte Sacro, otra de las cinco colinas del centro de Cartagena y que por algo se llamará así, cuando no se ha conocido nunca un edificio cristiano –iglesia, ermita o convento- al que le pudiera deber su nombre.

Si como hermano es lógico que cada día me sienta orgulloso de ti, no es menos cierto que más me siento como un ciudadano de a pie de esta Cartagena que tantos quebraderos de cabeza nos da cuando vemos como la desgobiernan a su antojo políticos a los que uno no sabe si tachar de incultos o de interesados. Y si siempre hay que anteponer la presunción de inocencia, no es ninguna mentira que somos miles los que ansiamos que, al igual que está sucediendo en Madrid o Valencia, la judicatura y la fiscalía entren un día a saco aquí, pidiendo explicaciones a tanto desmán urbanístico y patrimonial como se viene llevando a cabo en esta ciudad desde hace al menos dos décadas, expropiando por cuatro euros lo que se vende luego a cientos de miles.

Fuiste tan vergonzosa, de sencilla y tímida, para recibir cualquier reconocimiento (todos recuerdan tu rubor cuando te concedieron la laureada cantonal), que hasta, estoy seguro, lo de esta mañana –aunque breve homenaje en tu recuerdo- te habrá parecido de más. Nunca fuiste amiga de parafernalias de ninguna índole. Tu vida fue tu trabajo y siempre he sabido que el mejor homenaje que habrías deseado es que se continuara tu inacabada tarea… y, humildemente porque no somos ni historiadores ni arqueólogos la gran mayoría, en ello estamos porque lo que si somos es ciudadanos con voz y nos hacemos oír; así hasta que un día, ya hartos de oírnos, quieran escucharnos todos los que viven plácidamente en sus despachos trazando cualquier PGOU, PERI, o como les dé en llamarlo, con tiralíneas y haciendo caso omiso de la riqueza de nuestro subsuelo en beneficio del hormigón y de quienes viven de él, y sin comprender que si han creado un Puerto de Culturas con mayor motivo seguir engrandeciéndolo con lo que aún conservamos y está abandonado –véase la inigualable modernista casa Llagostera en plena calle Mayor-, y con lo que está por salir a la luz...

Y con tu ejemplo, siempre presente y vivo, lo conseguiremos.

© P.F.Roldán

les Petits Chanteurs de Saint-Marc: In Memoriam

19 de febrero de 2009

enamorarse y amar

Cuántas veces confundimos lo uno con lo otro. Tan parecidos ambos verbos y, sin embargo, cuántas diferencias hay entre ellos, aunque muchas veces ni nos demos cuenta, llevados por la obcecación que provocan los sentimientos que los hacen parecer iguales.

Si tuviera que contar las de veces que me he enamorado me faltarían dedos aun teniendo tantos tentáculos como un pulpo. Y es que cualquiera, con los requisitos imprescindibles, puede despertar en nosotros el deseo de amarle. Esa es la primera fase, la del enamoramiento que yo siempre he visto como “estar en vías” de poder llegar a amar.

Enamorarse es el paso previo de cuando conoces a alguien que te emociona y que hasta te conmueve; con la que, de poder darse, te plantearías un futuro en común porque se dan muchas de las cosas que pueden llegar a hacer que la amemos. Pero eso no es amor. Es únicamente deseo de que lo sea. Es sólo como un prolegómeno de lo que no deja de ser un futurible que puede llegar a más o no. Los primeros tiempos están llenos de pasión y vehemencia; es casi obsesivo no poder dejar de pensar en la otra persona a casi todas horas; necesidad, urgencia de saber de ella, de verla… El corazón que no atiende a más razones que a las suyas, sin que quiera escuchar a nada ni a nadie. Autocomplacencia en el bienestar interior, rayano a veces en el paroxismo de haber tropezado con quien, desde la soledad, creemos que anduvimos a la espera.

Pero amar es otra cosa. Se empieza a amar cuando, pasados esos primeros síntomas, en los que cada uno mostró lo mejor de sí, empezamos a descubrir que también hay -cómo no, como en todos y cada uno de nosotros- una parte oscura que se nos ha ido revelando con el paso de los días, conforme hemos ido conociéndonos. Y se ama cuando uno acepta al otro tal cual es, sin reservas, incondicionalmente; sin pretender que cambie nada de quien conocimos y hemos seguido conociendo… y continuamos sintiendo esa pasión, que amar no es caer en la rutina, y ese hormigueo en el estómago que nos impulsa a que el enamoramiento sea un auténtico amor, sabiendo ya que sus imperfecciones no son un obstáculo para nosotros, como las nuestras no lo son tampoco. El amor no pide, no exige. El amor se da, se entrega.

Es fácil, muy fácil enamorarse. Amar es otra cosa. El enamoramiento se desencanta cuando descubre esos aspectos que no nos gustan y con los que no nos sentiremos en predisposición para aceptar nunca. El amor, por el contrario, salta todas esas barreras. Va más allá. No se queda en lo exterior o en la cara bonita de lo que nos enseñaron en un primer momento. Es la persona que tenemos enfrente, a nuestro lado, la que nos sigue importando tal cual es y con la que estamos dispuestos a iniciar un proyecto en común, porque nada puede interponerse entre ambos.

Si de enamoramientos perdí la cuenta, amar sólo lo he hecho dos veces en mi vida, y la razón es que, aparte de que eso ocurre muy rara vez, hay que dejar pasar esa primera época casi febril, bajando a la otra persona de aquel pedestal que le levantó nuestra ansia de verlo como la octava maravilla, y con los pies en la tierra saber que es tan humano como nosotros, y que no todo será miel sobre hojuelas muchas veces pero que lo que nos une está por encima de cualquier otra cosa.

En enamorarse como en amar hay tanta diferencia como en decir “te quiero” a decir “te amo”… pero con qué facilidad usamos los verbos sin pensar que una cosa es la expresión de un deseo que puede quedarse en agua de borrajas y otra muy distinta el deseo inequívoco de emprender un camino junto a alguien sin que nada lo limite… y sólo tú, yo y la vida sabremos hasta dónde podremos llegar, pero ansiando que nunca se interponga una frontera que no seamos capaces de traspasar mientras nuestras manos estén entrelazadas con el sosiego que ahora sentimos.

© P.F.Roldán

Ana Belén:Agapimu

15 de febrero de 2009

Fran y "sus locuras"

Cualquiera que me conoce bien sabe que ante todo trato siempre, y ante todo insisto, ser coherente con lo que creo y siento. A lo largo del contenido de este blog (en el que no niego que se haya podido dar alguna vez alguna aparente contradicción, tal vez si la hay, debida a que no siempre estamos en la cresta de la ola anímica –seríamos más que perfectos y el hombre no lo es-) he ido dejando clara cuál es mi actitud vital.

Para empezar, soy alérgico a los prejuicios –sean del tipo que sean- porque sólo los considero un producto de la educación recibida y de las pautas sociales a las que nos hemos visto casi obligados a someternos para no ser castigados con el ostracismo por quienes un día consideramos “nuestros iguales”, o por los que ahora nos rodean. A veces nos puede más el miedo a la soledad que eso conllevaría que el ser más autosuficientes con lo que en nuestro interior pensamos y hasta deseamos. Ha sido, o parece, más práctico seguir esas pautas marcadas por el grupo en el que nos movemos que rebelarse contra ellas cuando han ido en contra de lo que sentimos, porque los humanos somos gregarios por naturaleza y hay cosas como el desprecio social, la soledad, el dolor, la muerte… que nos asustan, y en compañía de los otros nos sentimos como más protegidos, más arropados, aunque con ello tengamos que renunciar a la propia felicidad muchas veces, o conformarnos con una apariencia de felicidad que nos acabará hastiando, más antes que después, por dejarnos insatisfechos al no parecerse ni en su sombra a la que íntimamente deseábamos y nunca quisimos reconocer o poner en práctica. Y es que difícil es liberarse de según qué miedos o convencionalismos.

Siempre he preferido a la soledad como aliada si me permite ser libre, que renunciar a esa libertad. Libertad, ante todo, para no creer en que mi conciencia individual ha de convertirse al colectivismo para no sentirme como un apestado socialmente, ni siquiera familiarmente, si no renuncio a mis principios.

Indudablemente, somos seres sociables, pero eso no significa ser rebaño. No quiero sentir el día de mañana que dejé cosas por el camino, sin ni siquiera saber que podría haber sucedido de no renegar de ellas, porque haya preferido acomodarme a lo que la gente de mi alrededor cree que es lo sensato, lo idóneo, lo plausible. Escuchar, escucho, pero después es mi corazón el que me lleva sin que nada ni nadie puedan influir si mi razón me dice que estoy actuando en coherencia con quien soy y como vivo.

Si hubiera hecho en algunas ocasiones lo que no sentía, ahora no me encontraría en paz conmigo mismo por haber dejado de hacer lo que creía adecuado… y no todos reaccionamos igual frente a situaciones iguales. Por ejemplo, de haber escuchado a los que me llamaron loco por venirme de Valencia, renunciando a una vida hecha -amigos, casa, Empresa,…- por estar con Blanca, hoy me sentiría no sólo egoísta sino incoherente por no haber escuchado a mi corazón. Pero igual a la inversa. Si hubiera prestado oídos a los que en su día me llamaron loco por irme a Valencia, con una mano delante y otra detrás, porque me había enamorado perdidamente, hoy tampoco podría decir que de aquellos 22 años de relación tuve más momentos hermosos que difíciles, y aunque al final, porque el destino es así, terminara en naufragio… pero me habría perdido 23 años de vida en esa ciudad de la que tanto me traje ganado para mi experiencia de hoy, hasta una lengua nueva si nos volvemos prácticos por un segundo.

“Mis locuras” no son sinónimo de actuar a tontas y a locas. Por mi propia naturaleza metódica y racional, analizo cada cosa que hago, que no soy de los que se tiran impulsivamente a la piscina sin saber si está llena o no. Pero, lo que nunca haré, una vez seguro de los pasos que he de dar es dejar de caminarlos si sé que me conducen a una vida más plena, y aunque muchos puedan seguir creyendo que es una locura más de las mías. Sé que son bienintencionados, que lo hacen porque es lo que creen mejor para mí desde lo que creen que es mejor para ellos desde su óptica de la vida, como sé que los hay que te aconsejan desde la voz de sus demonios interiores, de sus malas experiencias, de los convencionalismos en los que se nos ha criado…

Pero la única realidad, después de todo, es que uno ha de vivir su propia vida y que si ha de estrellarse es cosa de su propia responsabilidad y habrá de aceptar, sin arrepentirse ni reprocharse nada, que erró, aunque de eso también se aprende; pero ¿y si no se estrella? Seguramente encontrará un poco más de felicidad que el que prefirió no cerrar puertas tras de sí, por miedo a lo desconocido, negándose con ello a descubrir que habría sido de él si se hubiera decidido a romper con los tabúes que le impusieron y que aceptó.

Hay que vivir como uno es y ser como uno vive. Luchar por lo que uno cree. Derribar muros y traspasar fronteras. Porque la vida no se circunscribe a las veinte calles que hay en torno a nuestra casa, a nuestra mesa camilla, o a nuestro trabajo de toda la vida. Pueden suponer seguridad para el día a día, hoy, pero vacío para mañana si se hace uno consciente de a cuánto pudo renunciar. Porque vivir es una constante aventura y quien se niega a enfrentarse a ella puede que en el presente se sienta a resguardo, pero quizá un día su conciencia le diga que se irá sin haber vivido de verdad; que se limitó a enterrar los denarios que le dieron en vez de haberlos invertido. Sabia parábola evangélica.

La vida es esta vida que ahora tenemos y para la que siempre hemos de tener dispuesto el equipaje porque fluye constantemente y, nos lleve a donde nos lleve, seguirá siendo maestra para que sepamos seguir viviéndola porque nos seguirá dando lecciones a cuenta de lo bueno y malo que nos acontezca. Sólo el que se queda sentado no corre peligro de caerse, pero tal vez se esté perdiendo la alegría de saberse capaz de levantarse una y otra vez, o que tal vez pudo tener un futuro mejor de haber sabido superar sus prejuicios, casi siempre imbuidos por otros.

© P.F.Roldán

Misia;Duas Luas

10 de febrero de 2009

La Verdad.es y su censurable censura

A las 10.05 de la mañana he utilizado la opción de opinar sobre una noticia en La Verdad, edición digital, como se hace en infinidad de periódicos de España. No escribía como hermano, sino como ciudadano, porque expresaba el sentir de mucha de la gente, que como apunté el día 6, siente que Blanca nos enseñó el coraje de luchar por lo nuestro. Y es que ahora dicen, a grandes titulares, que “han descubierto” algo que ella ya dejó mencionado en su Memoria de Valoración Arqueológica del Molinete de 1996 (Memoria publicada por la Consejería de Cultura de la región y que puede encontrarse en internet, como documento PDF < intervencion%20arqueologica%20el%20molinete >: una casa romana de muros de cuatro metros de altura... y que ustedes publican hoy como descubierta ahora, que ni se documentan para dar noticias.
http://www.laverdad.es/murcia/20090209/cartagena/gran-casa-romana-hallada-20090209.html

A las 10.55, revisando la noticia y el comentario, al que la gente puede votar, se encontraba en primer lugar de esa votación, y viéndola, de repente, lo eliminan. Como no es la primera vez que La Verdad actúa con ese amarillismo, había guardado lo escrito en mi Word y he vuelto a ponerla. Y a los dos minutos escasos, vuelta a quitarla, y así hasta trece veces seguidas… hasta que he perdido la cuenta, pero yo erre que erre, y eso, peleón como soy en estos temas patrimonialistas, me ha llevado a llamar a la Redacción de la Verdad Digital, en donde ni caso. Así que he llamado a la secretaria de Dirección del periódico, con la que ya tuve contacto por similares motivos, por opinar sobre mi opción política, que no es precisamente la que arropan en sus páginas… y como uno hace tiempo que no se amilana, al persistir en su actitud estos periodistas sin dos dedos de frente, tuve ya entonces que llamar a la Directora del Grupo Vocento, a Madrid, resolviéndose de inmediato el veto al que ustedes me tenían sometido. Y es que conmigo han dado en piedra porque no soy masa conformista. Soy una persona que no se deja pisotear en sus Derechos Constitucionales, y uno de ellos es la Libertad de Expresión, que ustedes conculcan continuamente, y según les interesa dejando comentarios racistas y xenófobos, pero tratando de machacarnos a otros por decir verdades como templos.

¿Explicaciones? Las más surrealistas. Que resultaba que mi post era ofensivo porque decía “sacabarrigas”, cuando están consintiendo que se digan insultos más soeces entre los que opinan. No doña (…). Cuando le he pedido que me diera un sinónimo menos “insultante” al de sacabarrigas, ya me ha dicho que no podía, que de “eso no entiende”. ¿Una persona con un puesto de su responsabilidad? Pues o una de dos: o se sacude usted las pulgas o raya en la incultura.
Sabe usted de sobra que se ha quitado el comentario porque era mío y controlan ustedes las IP. Que ¿cómo lo sé? Porque otro forero, al ver lo que estaba sucediendo con mi mensaje lo ha copiado y pegado y, dadas ya las horas, al borrarlo se habían perdido muchos votos a favor de esa opinión, que es lo que mucha gente de Cartagena quiere. Y ese copy-paste ha permanecido hasta el cambio de edición, mientras que el mío, idéntico, se seguía eliminando una y otra vez. Esto es algo que se puede comprobar viendo el enlace que pongo a la noticia, y que demuestra qué clase de política informativa hacen ustedes.

¿Por qué no publican que hay una sentencia en firme del Tribunal Supremo que obliga a la alcaldesa Barreiro a quitar el parapeto de la Muralla del Mar, del siglo XVIII, que va en contra de la Ley de Patrimonio, y a lo que esa señora prepotentemente se niega, incumpliendo una sentencia a la que no caben ya recursos ni apelaciones? ¿Porque, además de alcaldesa es también desde 2008 “dipu-tada” nacional por la región?

Me reitero, pero ahora doblemente. Los políticos son unos hipócritas sacabarrigas en CT, pero ustedes son de lo más estulto que hay en la Prensa de este país. Si hubiera utilizado sinónimos más peyorativos (sinvergüenzas, rastreros, prevaricadores, u otros mucho más malsonantes) habría comprendido que me dieran un toque de aviso… Pero ¿por decir sacabarrigas?

Si sólo hay que ver la política que adoptaron ustedes hace unos meses, en los que no se podían escribir palabras como Diputado, ósculo, disputa, ranúnculo, etc. porque contenían las palabras “puta” o “culo”, obligándonos a separar con guiones aquellas palabras “prohibidas” en su “diccionario particular”, y que ya comenté con anterioridad.

Pero ¿qué clase de código deontológico usan ustedes, y si es que lo tienen? Porque quien ha hecho el copio-pego, porque era absurdo ese afán continuo por callarme, ha dejado lo de sacabarrigas, como se puede leer. A ustedes, lo que les repatea porque comen en gran parte de la propaganda institucional, es que escribamos personas que estamos vetadas por los que dirigen el cotarro porque seguimos luchando por Cartagena y contra sus destructores, que cuando ya no les queda remedio ante la trascendencia de una noticia así se suben al carro de los salvadores de la patria, y -como borregos- agachan el lomo y dejan que se salgan con la suya, no vaya a ser que monten en cólera todos esos politicastros del tres al cuarto que (des)gobiernan esta ciudad, y por ende esta región... en la que muchos deseamos que entre a saco un día de estos el juez Garzón para desmantelar un sistema oligárquico en el que ya hay casi una treintena de cargos "populares" imputados o con investigación en curso por presuntos delitos de prevaricación y afines.

El comentario era así, y así se ha quedado, porque cuando han cambiado ustedes la edición a la de mañana lo he vuelto a poner y, como no revisan sus propias hemerotecas, ahí queda, aunque ya digo que otra persona lo repite casi tal cual y se ha mantenido en cabeza, aunque se hayan pasado el día borrando el mío.

“PARQUE ARQUEOLÓGICO BLANCA ROLDÁN:
Qué menos justicia que dedicarlo a la memoria de la que lo defendió con uñas y dientes de los afanes ladrilleros de Barreiro, de Balibrea y compañía.
Blanca que se dejó la piel en el Molinete, hallando el templo capitolino, fundando la Coordinadora del Molinete y convocando manifestaciones a las que fuimos unas 3.000 personas a lo alto del molino. Blanca fue arqueóloga pero ante todo una cartagenera que luchó por defender el patrimonio de CT y ahora se está demostrando cuánta razón tenía en su lucha para defenderlo, para que todos estos sacabarrigas de hoy se permitan olvidarla mientras van a hacerse la foto allí cuando lo que querían era el ladrillo puro y duro al que Blanca Roldán siempre se opuso hasta su muerte. ¡Qué poca dignidad y poca vergüenza la de estos políticos y la de los arqueólogos que comen de su mano haciendo méritos inmerecidos!”

A favor (24) En contra (0), y esto en 50 minutos; y si no lo hubieran quitado, habrían visto ustedes cómo habría barrido esa opinión, y que por eso no es de extrañar que los cartageneros no queramos nada que venga de ciertos personajes de Murcia. Porque nos ningunean. Porque vivimos según sus dictámenes. Porque manipulan lo que les da la gana.

Pero he llamado también a Emisoras de Radio. No me iba a quedar quieto ante su falta de ética periodística. El viernes 20 se va a hacer un especial sobre Blanca en la víspera del 5º aniversario de su muerte. Veremos lo que digo de ustedes, que como obituario en 2004 le dedicaron un rinconcito, porque los apellidos Roldán Bernal parecen estar vetados en su periódico (que en vida ya se negaban a publicarle noticias) y aunque no todos los días se muera una concejala-arqueóloga de la talla de Blanca, mientras que otros diarios, como El Faro, dedicaban tres páginas completas con la noticia y artículos de opinión de historiadores, periodistas, profesores de Instituto… y la centralita de la Cadena SER se colapsaba cada vez que se hablaba de Blanca. Y lo sé porque en varias ocasiones fui invitado por ellos para intervenir en directo y pude comprobarlo in situ.

No son ustedes sólo decimonónicamente patéticos, sino que rayan en lo ridículo. ¿Se han replanteado cambiar el nombre del periódico? Lo de llamarse La Verdad huele al viejo Pravda, según el Régimen que gobierne…
Aunque si esa señora, ocupando un puesto directivo, no conoce sinónimos de sacabarrigas dudo que sepa que significa Pravda…

© P.F.Roldán

The Knickerbockers:Lies

9 de febrero de 2009

everything comes when we least expect it!


I was quiet in my chosen solitude. I saw the days pass with serenity. To be alone didn’t seem so terrible as to such other persons, who are always needing to have someone in their lives because they feel the emptiness of vertigo when they have not learned to bear themselves.

I was alone and was not an unbearable burden in recent years. The adage says it very clear: “better to be alone than with bad accompaniment”. I'm not like those who fix their lives with the first person they meet. I have too many things to do for myself with regard to the world that I live and I do not like wasting time in love affairs, as if there were not other more important things. Furthermore, love has always been something very serious to me. I have never considered it a game for a while without future, nor that it must be a constant search. Love comes by itself when you least expect it ... And suddenly it happens.

Most often this is amazing. Comes from the most unexpected place, because it ignores the distances because it doesn’t understand about language or kilometers. It has its own language which is universal. Gestures, looks, feelings that crop up without having to reinvent its with words because that arise spontaneously from the silence that gives us the complicity each other.

And slowly growing and learning to share with reciprocity everything that made it wake up. Hobbies and common interests. The same way to see life in present and future. Respect for the beloved. Love for his virtues but also his shortcomings. Look at things with the same eyes without losing the own individuality, even knowing that the two are now as one, because they have decided to walk together. Neither will ask the other to change, because then they would no longer be like when fell in love.

And now our lives have crossed our path and we both walk on it side by side. I have no fears. I have no doubts. I have faith in you as you tell me that you have in me. We do not need to talk everyday. We may wish it, but we have enough knowledge about the truth of our feelings. Are firm and well founded. Not require a demonstration continued to reaffirm that they are real.

We hear the same songs at the same time that we love the same things: archeology, art, books, History, world cultures, the sea, travel around it to any place on earth because we are everywhere and nowhere at the same time. Anywhere in the world is our home, but we will always have our hearts in the Mediterranean. Here are our roots. Always will come back to them. Here or there, but at the shore of our sea. Together.

σε αγαπώ, καρδιά μου!

Euanthia Rempoutsika:πολίτικη κουζίνα (toque de especias)

7 de febrero de 2009

¿pleitos no tengas aunque los ganes?

Nunca pensé que me vería en uno, pero cuando llevas casi dos años aguantando continuamente mil impertinencias de la propietaria de abajo –aguantando porque tratas de no hacer mala sangre y porque todos te recomiendan paciencia, que hay que llevarse bien con los vecinos aunque sean como ogros-, llega el día en que sucede lo que has venido evitando meses y meses, habiendo sido siempre, y no obstante sus malos modales habituales, educado y respetuoso, que nunca evité dar los buenos días u ofrecerme a ayudarla a subir paquetes cuando alguna vez la vi cargada cuando me la cruzaba por la escalera.

Y todo empezó porque intentaron desde el terrado entrar a robarme en casa el 21 de enero, sin que lo consiguieran porque estaba dentro esa tarde y la emprendí a voces mientras telefoneaba al 092, y pedí a las dos únicas vecinas que hay en el edificio que por favor cerraran la puerta de la calle, ya no sólo por mí, sino por la seguridad de todos. Sobre todo porque las dos señoras son mayores y por eso, probablemente, más vulnerables cuando estén solas en sus respectivas viviendas.

Y dos días después, el 23, cuando estoy cerrando el portal, la susodicha se me pone hecha una fiera a insultos, que te nombra hasta a la madre que te parió, y amenaza hasta con pegarte con lo primero que encuentre, porque ella lleva viviendo aquí más de 50 años y yo soy “el último mono de mierda” que ha llegado y ahora le quiero imponer mi voluntad. Qué obcecación más absurda.

No soy de los que pierden la compostura y menos con una anciana, por muy rabiosa que se ponga. Me limité a sacar el móvil y decirle que si seguía manteniendo esa actitud llamaba a la policía para que levantaran un informe, que ya estaba bien de soportarle todo lo que le había venido en gana y que, llevemos el tiempo que llevemos, todos los propietarios tenemos los mismos derechos y obligaciones… Todo sin levantarle la voz, pero con firmeza, porque no se puede consentir que, por haber sido tanto tiempo intachablemente correcto, te tomen por idiota, desfogándose contigo porque se han acostumbrado a que tragues una y otra vez.

Si ella no fuera como es, la cosa podría haber quedado ahí. Se hubiera cerrado la puerta y cada uno a su casa y Dios en la de todos. Pero, no. Al verme con el móvil en la mano, agarró las bolsas de supermercado furiosa y vuelta a los insultos y amenazas mientras tomaba camino escaleras arriba, pero subiendo aún más el volumen de sus gritos y el tono de los calificativos, y ya la gota que colmó el vaso fue que me dijera que ya me mandaría a su hijo –una persona sumamente agresiva y que por su profesión siempre va armado- para que me arreglara el cuerpo.

Pues nada. No te lo piensas una vez más dos veces. Sientes que ya pasa de castaño oscuro y te vas a Comisaría derecho.

Aunque por el camino vas pensando si merece la pena, un camino de quince minutos que parece hacerse eterno, algo te dice que eso ha llegado a extremos insostenibles, y luego el policía que te toma la declaración de la denuncia, haciendo constar que el desencadenante era el cerrar o no el portón de acceso al edificio, te dice que has hecho bien. Que eso no me libraría, tal vez, de que se hicieran efectivas sus amenazas, pero al menos que si ocurriera algo ellos sabrían a quien ir a buscar en primer lugar.

Asombrosamente, en un país en el que nos quejamos de que la Justicia va lenta, me llaman ese mismo día para decirme que el juicio será el día 28, que vaya al día siguiente a recoger la citación y que no me desanime, aunque ante la falta de testigos –no quise involucrar a nadie, aunque supe que había quien lo había oído todo- seguro que haría que el juez desestimara el asunto. Era la palabra de ella contra la mía, Pero son tan torpes en esa familia que, desde que se les comunicó también la fecha de la Vista, se dedicaron a bloquear el bombín de la puerta de la calle de diversas maneras y yo, impertérrito e impasible, llamando una y otra vez a la Policía local para que levantaran informe tras informe, sacando de dentro de la cerradura desde media llave partida hasta trozos de destornillador…

Nada, que la buena señora, y pese a la denuncia, se había empecinado en no cerrar –seguro que si yo me hubiera empeñado en ello, ella habría puesto hasta siete cerrojos con tal de hacer su santa voluntad y llevar la contraria- y la víspera del Juicio me fui a la Concejalía de Seguridad Ciudadana a pedir un informe de las actuaciones policiales en la finca, desde que ya vinieran por un robo hace meses en el primer piso hasta las últimas visitas por el conato que sufrí en mi vivienda, pasando por las que hicieron para tratar de desbloquear el cierre de la puerta y hacer un parte de ello. Eso sería cuanto de prueba podría aportar junto con las piezas de metal que extrajimos de la cerradura en los tres días anteriores. Y fueron pruebas suficientes; tanto que su defensor trató de salir por peteneras y el Juez y la Fiscal le conminaron a que se atuviera al motivo de la demanda, y ya no volvió a decir esta boca es mía ni de mi defendida.

Como uno sigue siendo como es, cuando el juez me dijo que si me reiteraba en lo declarado y que, de hacerlo, ello conllevaría una penalización a esa señora, bien monetaria, bien de arresto domiciliario durante todo un mes, le pedí a Su Señoría que no. Que no estaba en mi ánimo perjudicarla de ninguna manera, y menos a una mujer de la edad de mi madre -a la que no me habría gustado ver hecha un ovillo, empequeñecida y desencajada en la silla de un Tribunal como a ella-. Que simplemente la apercibiera de no continuar en su actitud; que no retiraba la denuncia y me reservaba el derecho de ampliarla si persistían en comportarse tan insolidaria e incívicamente, o se volvía a producir otra intrusión indeseable en el edificio. Y así lo hizo, haciéndole ver que sus actos eran perjudiciales para la Comunidad de propietarios y que hiciera el favor de cambiar el chip, que ella era una más entre todos.

A los dos días me entregaba su nieto las llaves de un bombín nuevo. Se cierra la puerta. No he vuelto a oírla decir una palabra más alta que otra. Nadie ha subido, al menos a día de hoy, en plan agresivo o amenazador a mi casa. La hija, de más o menos mi edad, hasta se para a hablarme cuando coincidimos…

¿Pleitos no tengas aunque los ganes? Por desgracia, vivimos en un país en el que muy pocos protestan o denuncian; en el que la gente se arruga por miedo o se inhibe por si acaso los problemas fueran a mayores. Así que pleitos tengas, pero si vas con la actitud de no sacar tajada de nadie, que es lo que la mayoría busca, ni con ánimo de venganza, sino para que prevalezca el Derecho al honor de las personas y se cumplan los mínimos requisitos para una convivencia civilizada.

¿Quizás gané con tan pobres pruebas, ya que tampoco había constancia de que quienes habían bloqueado la puerta fueran ella o sus familiares, porque dejé claro que no era mi intención cebarme en esa anciana maniática y egocéntrica, buscando que fuera castigada? ¿Acaso habría encontrado alguna satisfacción en que la multaran o le prohibieran salir de casa por un tiempo?

Creo que en esta vida prevalecen las actitudes, incluso las gestuales, y cuando se va con serenidad y seguridad exponiendo honestamente la verdad y tu contrincante, en vez de compungido, lleva su perenne acritud en la cara, quien tiene que dictar sentencia sabe quien le ha dado credibilidad y quien, al parecer, actúa de mala fe.

© P.F.Roldán

Social Distortion;Winners and Losers

6 de febrero de 2009

hoy es tu cumpleaños, hermana


Aunque no tenga tu presencia, sigues a mi lado. La muerte puede arrancar lo físico pero nunca podrá quitarle a quien se lleva que permanezca vivo mientras exista el recuerdo, y tú estás siempre en el mío.
Hoy, 6 de febrero, habrías cumplido 55 años de vida humana. Hoy no tienes ya edad porque eres eterna en cada uno de los que no te olvidamos.

No siempre fuimos del mismo parecer cuando éramos adolescentes, casi adultos ya, y pesaba sobre nosotros una educación familiar y escolar muy propia de aquellos años sesenta y setenta, y en el seno de una familia militar y profundamente –no juzgaremos como algunos viven su fe- religiosa; sobre todo, estábamos distanciados en cuestiones de ideología política, fruto de aquella educación, aunque seguíamos compartiendo otras cosas que fueron las que siempre nos mantuvieron unidos por encima de todos los nuestros, familiar y socialmente, hasta el día de hoy y mientras viva.

Tendrían que pasar algunos años para que despertaras a la realidad del mundo que nos había tocado vivir, pero sin renunciar interiormente –como yo tampoco lo hice en su día- a muchas de esas cosas que a los demás les parecían incongruentes en esta ciudad que, no me cansaré de repetir, es cainita por naturaleza y en las que ciertos estratos sociales medios y altos tienen humos aristocráticos, y que, por ello, se creen en posesión de la verdad absoluta, despreciando a quienes se les desmarcan. Fue nuestro sino pertenecer a ese grupúsculo lleno de hipocresías, que a la cara te palmeaban aprobatoriamente la espalda, y por detrás nos condenaban porque ya no comulgábamos con sus mentalidades del “glorioso movimiento nacional”, si por esto entendían desmarcarse del Partido Popular, heredero en muchos aspectos, y aunque finjan que no, de la ideología de la dictadura.

Hasta gentes del PSOE, en el que llegaste a concejala como independiente dos legislaturas, me llegaron a decir que en un primer momento no les cabía en la cabeza que una “niña de derechas –se tenía en cuenta la procedencia familiar no el sentir personal- 'jugara' a ser progre de izquierdas", pero que luego se habían quedado sorprendidos y tuvieron que reconocer tu capacidad de trabajo frente a otros que alardeaban de izquierdismo puro y duro sin mover un dedo. Qué mentes más obtusas capaces de confundir que alguien tenga conciencia social, y la defienda con garras y dientes, con la idea trasnochada de que por estar bajo las siglas de un partido has de ser como no eres. Porque nunca fuiste una sacabarrigas más de esa vieja guardia que se las da de “izquierdosa” pero que sólo se metió bajo esas siglas para medrar, sin que tuvieran conciencia política alguna de lo que significaba su militancia.

Tengo muchas fotos tuyas que me resultan entrañables; unas contigo, otras de ti sola, algunas con personas que supieron estar a tu lado en tu lucha por un mundo más justo, o en lo que fue tu caballo de batalla: la defensa de nuestro patrimonio histórico frente a los desmanes de los políticos “populares”, que se creían con derecho a todo por una mayoría absoluta alcanzada más que nada por el desencanto del ciudadano con la oposición, ante la actitud de ésta en la crisis industrial que padeció Cartagena a principios de los noventa.

Pero, de entre esas fotos, hay una que me pasó una amiga tuya y que me conmueve especialmente por dos motivos. Uno, porque ese día y a la misma hora, tú en Cartagena y yo en Valencia, nos manifestábamos –qué disgusto “en casa”, porque de mí lo podían esperar, pero quién lo habría dicho de ti unos cuantos años antes- contra una guerra que nos imponía un gobierno más autócrata que democrático en esos cruciales momentos, a espaldas del sentir del pueblo. Y otra, porque estás junto a Rosa Juaneda, también hoy ausente físicamente desde hace unos meses, y con la que tantas batallas libraste en esta ciudad que tanto os debe y que muy poco se ha acordado después de vosotras la clase política local que tanto provecho sacó de vuestro carisma, atrayéndoos a sus filas.

Nunca comprendió nadie que dejara toda mi vida atrás, después de 23 años fuera, para estar a tu lado tus últimos tres meses; algo que no habría hecho jamás por ningún otro porque nadie lo ha llegado a merecer nunca. Nadie, excepto tú que lo diste todo siempre con absoluto desprendimiento y sin buscar parabienes como hacen otros, llenos de soberbia, por mucho menos.
Siempre estaré orgulloso de ti. Si hubo un tiempo en el que, sin desencontrarnos, nuestros pareceres eran antagónicos, eres la única de mi sangre que supo reaccionar, como en su día lo hiciera yo, contra la injusticia, la intolerancia y la prepotencia arrogante de los que gobiernan. Y lo más importante: sin dejar nunca de ser tú, que fuiste generosa y coherente como pocos he conocido, y aunque te hicieron pagar un alto precio por ello los mismos que ahora hablan bien de los muertos, en su ignorancia de no comprender que sigues viva porque muchos no te olvidamos… y no sólo emocionalmente, sino por todo el coraje que aprendimos de ti para defender lo que es nuestro frente a los depredadores que organizan nuestras vidas y disponen de nuestro futuro, cómodamente sentados en sus poltronas sin visión de lo que es el bien común.

© P.F.Roldán

Mónica Molina:Vuela

pérdida o no, según se mire…

A veces, cuando conduje lejos, tuve que comprar un mapa para llegar a mi destino. ¿Acaso uno se conoce las carreteras de media Europa? Pero, cuántas veces se quedó obsoleto porque, aunque marcaba el lugar al que quería ir, habían dibujado autopistas en proyecto que después se cortaban y había que dar marcha atrás y dar un largo rodeo, o carreteras que parecían fáciles de recorrer y, sin embargo, se parecían luego más a un camino de cabras llegados a cierto punto, haciendo que me desviara a otras más transitables en el primer cruce que salía al paso, alejándome de mi destino final para encontrar otros lugares que, si no menos hermosos, no eran el escogido, el deseado… A veces ésa es la aventura del viajar si no se va con ideas preconcebidas taxativamente y lo que de verdad se quiere es disfrutar de ese viaje, se llegue a donde se llegue.

Pero, es tan distinto cuando uno sabe a dónde se dirige en concreto y que esa la única meta que nos hemos propuesto alcanzar porque sentimos que nos espera… En ese caso, antes de salir, estudiamos todas las alternativas posibles para no perdernos. Buscamos los mejores trayectos; no importa si hay que pagar peajes o tomar un camino algo más largo pero más seguro… El caso es llegar… Pero, contigo ¿en qué vía muerta me quedé pese a que todo parecía ir sobre seguro? ¿En qué punto de nuestro mapa particular se dejó a medio construir el puente que me llevaba hasta ti si parecía estar cuando partí a tu encuentro?

Y uno llega a la conclusión de que todo es falible, aunque hubiéramos pensado que estaba bien previsto y dábamos por hecho el éxito del viaje emprendido, olvidando que, como a Ulises que debía conocer el camino a Ítaca, es posible que nos salgan al paso obstáculos no imaginados de antemano, haciendo de nuestro periplo una nueva odisea.

La vida real no suele ser como un viaje de placer. Para crecer es preciso dejar que nos vayan cercenando parte de nosotros mismos, como a los árboles que se les poda. Puede ser doloroso, en un primer momento, sentir esa especie de mutilaciones –deseos, sueños, ilusiones…- que dejan cicatrices y que posiblemente nos parezcan innecesarias e incluso quizás no comprendamos hasta que hayamos alcanzado una cierta altura de miras con el tiempo, desde la que podremos valorar que, a pesar de haber perdido algo de quienes fuimos y quisimos y el duelo que pudimos un día sentir, la vida en su fluir nos hizo más robustos y menos vulnerables… y aunque sigamos sabiendo que somos el único que, empíricamente, tropieza dos veces con la misma piedra. Pero el que no se cae no conoce la dicha de levantarse y seguir caminando.

Ahora, cuando volvemos a encontrarnos a veces, no puedo dejar de recordar porque el olvido nunca es la solución más idónea, aunque sea la más facilota en teoría. Por el contrario, siento la alegría de cada reencuentro, aunque nada sea lo que pareció que había de ser. Uno pierde cosas pero gana otras, y la felicidad se encuentra en lo que se tiene no en lo que se desea, y aunque el deseo, cuando no se es voluble, subyazga inevitablemente en lo más íntimo de nuestro ser porque seguimos siendo humanos.

Ya dije en otra ocasión que odio la resignación. Hasta la palabra me suena desagradable. No confundamos la aceptación de la realidad con aquella porque no es lo mismo en absoluto. Al igual que esas no deseadas pero necesarias mutilaciones, la realidad puede que no sea plato de nuestro gusto cuando la encaramos por primera vez. A la larga, o a la corta –dependiendo de la capacidad de cada uno para asumir cada acontecimiento de su vida- comprenderemos que la alegría de vivir se encuentra en nosotros y en nuestro presente, y no en lo que deseamos y no pudo, a veces inexplicablemente, ser.

Si en algún momento tuve sensación de pérdida por algo que esperé y no fue, el tiempo al final me ha recompensado dándome a ganar lo que precisamente no estaba previsto y que ha sido igualmente gratificante, aunque no lo supiera ver o intuir en aquel momento en el que se me negó lo que ansié.

Hoy de ti tengo otras cosas y eso me sigue haciendo feliz, porque sigues ahí, te puedo seguir queriendo –no creo que nunca deje de hacerlo aunque las circunstancias me hagan hacerlo de otra manera-, y eso es lo más importante.
¿Perdí o gané? Cada cual lo verá desde su punto de vista. Yo sólo sé que he crecido un poco más porque uno se puede rebelar contras las injusticias de la vida, pero no contra su misma vida si es la que razonablemente tiene que ser. Y no es conformismo. Es coherencia con la realidad. Si ésta no se acepta, alejaremos la posibilidad de vivir con serenidad y sosiego, empecinados en conseguir lo que no ha de ser para nosotros.

© P.F.Roldán

Ελευθερία Αρβανιτάκη:Τα κορμιά και τα μαχαίρια

23 de enero de 2009

no se ha hecho esperar

Fuente de la foto: Pool, Washington 20/01/09 (publicada en los medios de comunicación)

Si el día 20 Washington se volcaba, lleno de júbilo y esperanza, en el juramento de Obama como presidente, éste no ha tardado ni 48 horas en empezar a cumplir sus promesas electorales –que a ver si van aprendiendo todos los zánganos que tenemos por aquí, sean del color que sean, que le dan mucho al lilili para hacer poco lalala cuando ya tienen el sillón asegurado-.

Las primeras medidas:
-Cerrar la cárcel de Guantánamo.
-Sacar a las tropas de Irak.
-Prohibir los interrogatorios con torturas y malos tratos a presos.

Si bien es una alegría que por fin se restablezca el Derecho Internacional que tanto infringió Bush, hasta el punto de conculcar la propia Constitución norteamericana, y desoyendo incluso las continuas protestas de sus aliados occidentales y el NO a la Guerra que clamó más de medio mundo, es triste comprobar como, en los foros de debate de la prensa, la ultraderecha española, fiel a Aznar –a quien por cierto Bush ni invitó a la recepción de su despedida, quizás porque ya no le es el “amigo” útil que necesitó para embarcarnos en sus batallitas-, esa derecha recalcitrante, digo, agazapada en el PP –a falta de otro espacio en el que enrolarse en el arco político- se vuelve de repente antinorteamericana y le dedica los insultos más soeces. (Sólo hay que asomarse a los comentarios de los lectores del diario La Verdad de Murcia para comprobarlo.)

¿Será porque es negro? ¿Porque tiene un talante –palabra que les repatea- más democrático y ético que Bush? ¿Porque a lo mejor Aznar ya no puede practicar “texano”?...

Lo cierto es que, aunque no dejará de ser un presidente que involuntariamente se verá limitado por la dinámica típica estadounidense, en la que chocan los valores tal y como los concebimos en Europa con una estúpida moral que puede acabar con carreras por un lío de faldas, Obama representa, hoy por hoy, la esperanza para millones de personas, y no sólo de su país sino de todo el mundo, y de quien debieran de aprender muchos de nuestros politicastros, más aferrados a la poltrona que dedicados al servicio por los ciudadanos y convirtiendo sus programas en papel mojado que siempre incumplen casi en su totalidad.

Acaba de estrenar su legislatura. Siempre se dice que hay que dar cien días de confianza para ver como respira un político, sobre todo cuando es su primer mandato; pero lo que este hombre ha demostrado es que, en tan sólo dos días y nada más estrenar el Despacho Oval, cumple con lo que dice, y eso ya es mucho para empezar.

Es bochornoso que a los que no tragábamos la política de Bush, ni a él mismo y su discurso, ahora esa gente de la que antes hablaba nos llame “yankees conversos” porque nos gusta el carisma de Obama y que actúe como se esperaba de él, y aunque haya que aguardar para ver si hace –o le dejan hacer- el resto de todo lo que prometió durante su campaña. De momento, y nada sorpresivamente en una persona que ha sabido transmitir confianza, ha echado a andar en la presidencia con paso firme.

Lo de Guantánamo no ha dejado de parecerse a Auschwitz, aunque no haya hornos crematorios. La justicia no se imparte de ese modo tan cruel y vejatorio en los Estados de Derecho con Constituciones democráticas, Tribunales, jueces y fiscales… ¿Qué diferencia hay entre esa cárcel en territorio cubano y las de Milosevic en Bosnia, si se violan los Derechos Humanos igualmente? Pero a ver quién tiene lo que hay que tener para sentar a Bush en La Haya, el ex presidente peor valorado en toda la Historia de la gran potencia que se cree, cuando le viene en gana, con derecho a todas las injerencias y tropelías habidas y por haber, y que durante según qué épocas ha demostrado ser una de las más antidemocráticas del mundo civilizado –pena de muerte en vigor en algunos de sus Estados, guerras en Vietnam o Corea, la bomba atómica de Hiroshima, apoyo a Pinochet contra Allende, invasión de la isla de Granada, montaje bélico para usurpar Cuba a España, genocidio de las tribus indias, etc. etc.-, exportando sus productos, tradiciones y su paupérrima cultura, salvo excepciones (por citar entre éstas a Allen o Auster), como una colonización encubierta de sus costumbres, nada envidiables por cierto si tenemos el valor de tragarnos y digerir los Rambo y sus secuelas, en un país donde cualquiera puede tener una arma y pertenecer a la Asociación del Rifle.

Ese individuo vivirá ahora impasiblemente su lujoso retiro dorado, en su rancho de Texas, “disculpado” de sus desafueros a causa de la tragedia del 11S, en la que ha sustentado estos años su discurso del terror, valiéndose del miedo colectivo de un pueblo que se sintió amenazado dentro de casa, como si al resto del mundo no nos pareciera de una barbarie sin apelativos aquella masacre, y más habiendo sufrido después atentados parecidos “sus compañeros de camino” en la invasión de Irak. ¿O acaso podremos olvidar nuestro 11M, o los ingleses su 7 de julio de 2005 en el Metro londinense?

Bienvenido Obama… mientras no se demuestre lo contrario. De momento, camina con buen pie y de manera firme, cumpliendo lo prometido... mientras Bush será recordado como el "señor de la guerra", el gobernante de la pérdida de los derechos sociales en su país y el incompetente gestor de su Hacienda pública que ha sumido al mundo en un crac similar al de 1929, de imprevisibles consecuencias.

© P.F.Roldán

Varios (Campaña de Barak Obama):Yes we can

Pink:Dear Mr. President

20 de enero de 2009

hay tanto que decir...


Hace once días que no he puesto nada. Demasiadas cosas personales que resolver y, al mismo tiempo, muchas cosas sobre las que escribir. Tantas que, en los pocos ratos libres que he tenido, no he sabido ni por dónde empezar ni en cual centrarme, así que esto, sumado al cansancio y, a la vez, a la rabia que producen ciertos acontecimientos, me ha provocado una especie de letargo mental para abordar cualquiera de ellas antes que hacerlo sin rigurosidad.

Quería escribir sobre el genocidio que está cometiendo Israel con el pueblo palestino con la excusa de defenderse de los ataques terroristas de Hamas, asesinando niños, mujeres y ancianos en una guerra que escandaliza al mundo pero que nadie hace nada por detener, salvo los consabidos mensajes “disuasorios” al Gobierno israelí.
Parece mentira que un pueblo que sufrió el mayor holocausto conocido de la Historia, con más de seis millones de muertos, esté masacrando a civiles indiscriminadamente con el encubierto beneplácito de la mayoría de potencias occidentales, las grandes proveedoras de armas en todos los conflictos bélicos que asolan el planeta.
Las mismas potencias que vuelven la vista hacia otro genocidio más sutil sin derramamiento de sangre, en el que no hace falta tirar una bomba o apretar el gatillo de un arma, como es el embargo económico al que Estados Unidos tiene sometida a Cuba con la excusa de castigar al régimen castrista y que realmente sólo perjudica a la población civil que carece de los bienes más primarios para una subsistencia digna… pero utilizando parte de su territorio soberano, Guantánamo, para tener un campo de concentración, en el que se incumple la Carta de Derechos Humanos.

Quería escribir sobre la salida, por fin, de Bush de la Casa Blanca y de las esperanzas que puede despertar la presidencia de Obama, y no sólo en su país sino en gran parte del mundo. Hay dos guerras activas, provocadas por ese saliente impresentable, que hereda el ya nuevo presidente: Irak y Afganistán, en las que Bush empringó a Gran Bretaña y España con la falacia de unas armas de destrucción masiva que nunca se encontraron.
Hereda también una crisis global que ha endeudado a USA en dos billones de dólares por la mala gestión económica de su predecesor, y que afecta a todo el planeta, haciendo bueno el dicho de que cuando Estados Unidos estornuda los demás nos constipamos; aunque en este caso más bien parece que en vez de un estornudo es todo un catarro y los demás estamos al borde de la neumonía.

Quería escribir, ya a nivel local, de las salidas de tono de la alcaldesa Barreiro, aunque sus acólitos la aplaudan, que culpa a Zapatero de que tiene hasta final de año para ejecutar las obras a las que el Estado ha asignado fondos, previa solicitud de las mismas por los ediles en el poder del gobierno municipal, con las molestias que ello causará a los cartageneros. Zafia excusa partidista para seguir enfrentando a las gentes, cuando la única molestia que tenemos los ciudadanos aquí es ella misma porque en casi catorce años no ha hecho casi nada, salvo “lo que ve la suegra”, y ahora parece que le molesta que le metan prisas, además de que me parece de un cinismo absoluto que una señora que está en su cuarta legislatura y que tiene paralizadas, o con grandes retrasos, obras de envergadura desde ni se sabe cuando, se ponga a realizar proyectos nuevos totalmente innecesarios y que serán caóticos para la vida cotidiana –cómo la remodelación de la calle Real a su antojo, de dudoso por no decir pésimo gusto, vistas otras obras anteriores aprobadas por ella- en vez de destinar fondos para terminar de una vez por todas, por ejemplo, el Auditorio, el Palacio de Deportes o la puesta en valor Anfiteatro romano, en el que no se trabajaba desde hacía casi cinco años, además de acudir a las necesidades de Barrios y Diputaciones del Municipio, que tiene a la playa de Los Urrutias, por poner otro de los ejemplos más sangrantes, hecha una auténtica porquería tercermundista.

Quería hablar, al hilo de la expresión del párrafo anterior, de ese concepto de Tercer Mundo que hemos acuñado las naciones ricas, hoy –por esa crisis- empobrecidos sus ciudadanos de a pie que los políticos siguen viviendo a todo tren de nuestros bolsillos, porque es denigrante que habiendo países en los que la gente muere de desnutrición, en nuestro “Primer Mundo” se destruyan los excedentes de cosechas para que no caigan los precios. Precios que realmente benefician a los intermediarios y no al agricultor, al que se le compra por una miseria para que el valor final en el mercado se haya multiplicado por cantidades astronómicas que pagamos, en doble sentido, los consumidores porque hay que seguir comiendo.

Quería hablar del racismo y la xenofobia que se respiran en todos los ámbitos, sea en la calle, en los periódicos y sus foros, en según que tertulias televisivas, radiofónicas o de conocidos… siendo escandaloso haber llegado hasta leer o escuchar que Israel hace bien en matar a esos “moros de mierda”. Y después nos decimos “civilizados” con la boca llena.

Quería hablar de todos esos insensatos sin capacidad de autocrítica que, por defender a las siglas de su partido, se convierten en cómplices morales –hasta dónde conduce la ignorancia- de políticos acusados de presunta corrupción o incluso ya imputados en delitos de prevaricación, justificándoles por el mero hecho de ser de unas siglas u otras.

Quería hablar de tantas cosas que al final no he hablado de ninguna en estos once días. Cada una de las citadas anteriormente se merecía un comentario en exclusiva porque dan para decir mucho; pero llega un momento en el que te quedas en blanco, con la sangre hirviendo y la cabeza embotada para desarrollar cualquiera de ellas con todo el rigor que se merecen.
Sirva esto como un esbozo, un tanto a vuela pluma, porque no descarto retomar cada tema, uno por uno.

Es vergonzoso que nos creamos superiores porque tenemos una renta per cápita más alta que muchos países y más productos de consumo a nuestro alcance, y vergonzante es que los que tienen conciencia de tantos despropósitos e injusticias se callen por comodidad o cobardía... pero estoy más que seguro, completamente convencido, de que si a esos que se consideran seres de una raza privilegiada y superior les hiciéramos un test o una encuesta sobre civismo y cultura, entre estos ciudadanos “de primera” muchos habrían de volver a estudiar Primaria en el colegio, remachándoles sobre todo en la asignatura de Ética, con la obligatoriedad de pasar examen cada año de sus vidas para que no se olviden de que los principios morales no son de quita y pon, según pinten los intereses particulares, o las ideologías extremas, sean religiosas o políticas, más próximas a un fundamentalismo radical y trasnochado que a la realidad del siglo XXI.

© P.F.Roldán

Mercedes Sosa & Horacio Guarany:Si se calla el cantor

9 de enero de 2009

la credibilidad

Decir hoy en día que alguien nos transmite credibilidad es casi como decir que hemos dado con una flor rara, siempre desde la generalización de hablar de las personas como masa de gentes diversas y no de cada individualidad porque, como en todo, hay excepciones. Y es que vivimos, por otra parte, tiempos en los que, como santo Tomás, hay que meter el dedo en la llaga para creer de tan desencantados y llenos de prejuicios nos han dejado en demasiadas ocasiones. Tanto que hasta nos cuesta más de un esfuerzo llegar a confiar en que sea real la credibilidad de otros, con lo que ésta es una cualidad si no denostada, sí infravalorada por la suspicacia, porque gato escaldado hasta del agua fría huye.

La credibilidad, como tal, es una virtud constante y casi innata. No es algo que ahora se pone en práctica, y luego no, a mera conveniencia. Es un estado permanente del carácter que nada tiene que ver con la verdad y la mentira sujetas a vaivenes de estados de ánimo o de buscar el propio provecho, sino con la honestidad, la sinceridad y la coherencia personal permanentes para actuar siempre pensando en los demás, sin dejar que se antepongan nuestros propios intereses sino lo que es bueno o mejor para quienes tratamos o dependen de nosotros, o por lo que trabajamos o luchamos. E incluso aunque la mayoría de las veces nos suponga soportar estoicamente la inquina, y hasta el desafío, de los que prefieren vivir del engaño, porque la honestidad de unos les desmonta y desenmascara. ¿Cuántos políticos nos dan credibilidad, por ejemplo, cuando lo que sólo andan buscando es vivir del cuento, aprovechando las prebendas de sus cargos? Pocos.

Alguien transmite credibilidad cuando se pone en la piel de esos otros que le necesitan de una u otra forma y se descalza de sus zapatos para colocarse en los de los ellos, procurando el bien común, o el de cada individuo en particular, aun a pesar de que nuestro lado oscuro -que todos lo tenemos- nos diga, sin fuste, que estamos saliendo perjudicados en ese momento o que los otros no van a valorar nuestras buenas intenciones para con ellos.

La credibilidad no busca reconocimientos ni agradecimientos, por eso es una cualidad más que rara en una sociedad que, de cada vez más, sólo parece buscar parabienes o sacar tajada de según qué situaciones. Y es que la credibilidad nace desde el desprendimiento, libre de ataduras materiales y de prejuicios de cualquier especie, y es servicial sin ser servil. Simplemente tiene como objetivo la veracidad y la honestidad en todos y cada uno de sus actos, sin importarle que las consecuencias no redunden en la autosatisfacción o en el aplauso ajeno sino que su finalidad sea la entrega desinteresada que no espera nada a cambio. Las recompensas son intangibles y exentas de soberbia:
una, que los demás crean en nosotros siempre porque saben que nunca les defraudaremos en ningún aspecto y, otra, poder dormir cada noche con la conciencia tranquila de haber obrado de acuerdo a nuestros principios.

Encuentro un ejemplo prosaico pero sencillo: mi dilatada experiencia como comercial, habiendo ocupado puestos en todos los estratos –desde la dura venta a puerta fría a la dirección comercial, y hasta la gerencia de Empresa-, que me ha demostrado sobradamente que cuando uno trabaja pensando en lo que será más beneficioso para el cliente, y no para el propio bolsillo, a la larga ha ganado más que aquel que, avasallando para embolsarse fácilmente lo instantáneo, buscó el pan para hoy sin pensar en mañana.

Cuando un cliente comprueba que has mirado por él y no por engrosar tus arcas a su costa, siempre es un cliente satisfecho, y en consecuencia agradecido, que te recomendará a otros y probablemente te traerá uno o varios amigos y conocidos porque le has dado motivos para que crea en ti. Cuando, por el contrario –cosa que he visto en los llamados vendedores agresivos y en las empresas que, sin escrúpulos, forman a sus comerciales en esa venta agresiva e irrespetuosa- sólo se pretende ganar dinero fácil colando sus productos con calzador, puede que hayan ganado varias veces al principio, pero, antes o después, la insatisfacción posterior de quienes se dejaron embaucar hizo que estos hablaran mal de ellos, haciéndoles perder decenas de potenciales clientes.

Sí. Buscaron el pan para hoy pero sin ver que al final era hambre para mañana, así que no es raro, y más en estos tiempos de crisis, que quien no supo hacer las cosas con credibilidad se vea forzado a cerrar el chiringuito; mientras que quienes fueron leales y honestos con su clientela puede que vivan con alguna estrechez la misma crisis global que atravesamos, pero no les faltará quien siga acudiendo a requerir de sus servicios. No es de extrañar que, sobre todo en el sector inmobiliario, hoy estén en quiebra infinidad de negocios que fundamentaron su política en hacer dinero rápido y fácil a cualquier precio sin prever las consecuencias, lo que hoy les pasa factura.

La credibilidad pues, no es “saber venderse”, y mucho menos con artimañas, sino que los demás sepan que “lo que compran” es lo que verdaderamente necesitan. Si cada persona es un mundo, sus necesidades, por tanto, también son diferentes.

Y aplicado al terreno de las relaciones personales es, pues, una incongruencia querer caerle bien a todo el mundo por narices o enamorar a cualquiera por las buenas y con empecinamiento, forzando las situaciones. Habrá quien encuentre en nosotros lo que busca o espera, y quien no. Sin embargo, quien transmite credibilidad –que tiene como una de sus cualidades el respeto- puede que no enamore o no encandile a todo lo que se mueve, pero verá recompensada su honestidad con algún que otro buen amigo que confiará plenamente en él. ¿No es ya todo un regalo?

Porque la credibilidad es a la persona como la clave a una bóveda, a la que si le falta se derrumba. Así, quien no es creíble pierde toda su consistencia ante los demás, con lo que le será muy difícil establecer cualquier tipo de relación ya que, de antemano, ésta estará abocada a su autodestrucción antes o después al no existir la posibilidad de establecer el más estrecho vínculo perdurable, sea de la clase que sea.

© P.F.Roldán

Billy Joel:Honesty

5 de enero de 2009

y supe que no hay edad

Cuando yo ya era tú aún no eras, pero desde siempre fuimos.

Fue el destino quien te trajo a mí cuando yo sólo era un yo solo sin ti, para que, siendo dos, el tiempo nos hiciera uno, alentando el afán de crecer al unísono, aun siendo diferentes y sin renunciar a esa diferencia que por igual nos enriquece. Si tú me inundas con tu alegría, yo con el sosiego en el que ella crece. Si mi cuerpo te da cobijo, tus brazos el calor con que me envuelves.

Juntos vemos pasar los días los meses, las estaciones. Del rayo con mi altura te protejo, de los depredadores con tus espinas me proteges. El mismo alimento comemos y, aunque nuestros frutos sean diferentes, a la vez maduramos y compartimos. Tú con tus dones y yo con los míos somos un todo indisoluble que, aunque heterogéneo, ellos, complementándose, nos vuelven únicos ante quienes nos contemplan. Sin ti podría haberme alzado en mayestática pero árida y recia madurez. Sin mí podrías haber crecido en libre pero solitaria belleza, y ambos habríamos sido igualmente admirados en nuestra individualidad. Pero, unidos, sus miradas no pueden disociarnos y por ti mi madurez se transforma espléndida y tu belleza alcanza la más hermosa madurez.

No se quién dijo que el amor tenía edad, ni quién que no sería posible siendo desiguales, pero si nos viera fundidos en este abrazo quizás comprendería que, mientras vivamos, la vida y su caprichoso azar, que se empeñaron en unirnos, nos harán cada día más inseparables y que aunque yo muera mi tronco seguirá siendo tu guía para elevarte por encima de todas las cabezas, aunque yo ya no estuviera, hasta que el destino me sustituyera y te pusiera otro al que abrazarte. Pero, para entonces, lo que nos dimos a mí me habrá dejado irme lleno de gozo gracias a tu amor y a ti te habrá dado una felicidad que en solitario nunca habrías disfrutado sin el mío.

No. El amor recíproco no conoce de edades ni de otros prejuicios, tan arraigados por nuestra educación que establece unos parámetros predeterminados. Es o no es, pero, cuando es, se lleva tan adentro que no puede explicarse sino con la silenciosa manifestación exterior -que reflejan las miradas mutuas de dos que se aman- de que ha sido y seguirá siendo posible… aunque para muchos todavía nos resulte “políticamente incorrecto” seguir los dictados del propio corazón en contra de la razón colectiva.

© P.F.Roldán

Noa & Serrat: Es caprichoso el azar

3 de enero de 2009

sin techo: cuento amargo de Navidad

Marta tiene 77 años. Ya no recuerda ni el tiempo que lleva sola, esperando pacientemente un final que no llega todavía, aunque lo que sí sabe que está al llegar es la ejecución de desahucio en un par de días porque la casa de renta antigua en la que vive desde que nació es una ruina. Desde hace meses no puede entrar a la cocina porque se vinieron abajo las colañas, destrozando todo lo que encontraron a su paso, dejándola a cielo abierto. Ya no le angustia no saber que será de ella cuando llegue ese momento, porque, aunque no le han ofrecido alternativas y con su mísera pensión de huérfana de guerra apenas si llega a mitad de mes, no tiene ni ilusiones y ni, mucho menos, ganas de vivir. Está agotada de pasar hambre, frío y otras mil penurias.

En los últimos años, desde que murió su madre –todo lo que le quedaba y por la que dejó pasar su vida de largo-, ha ido malvendiendo los pocos muebles y enseres que todavía tenían algún valor y, afectada por el síndrome de Diógenes, los ha ido sustituyendo por cosas inútiles, rotas, inservibles, deshechos ajenos que ha ido recogiendo en los contenedores de basura para sentirse rodeada de objetos que, a su vez, ocultaran las manchas amarillentas de las paredes –unas de humedad, otras formando un cerco alrededor del espacio vacío que antes ocuparan cuadros o un espejo-.

Sólo conserva parte del dormitorio art decó que le regalaron sus padres cuando cumplió 15 años, en la única habitación en la que ha dejado pasar la vida. En la que come, duerme y hasta hace sus necesidades muchas veces. Una cama medio desvencijada, con un colchón relleno de lana que hace tiempo que ni mulle, y en la que campan por sus respetos media docena de gatos callejeros que ha ido amadrinando en sus correrías por los basureros, sobre un hatajo revuelto de mantas viejas y roídas; una mesilla que cojea y en la que guarda un orinal para esas noches en las que hace tanto frío que, aunque se acuesta vestida, ni va al exiguo retrete de piezas de loza blanca desportilladas y que por no tener, ni tiene ducha. Su aseo, que ha descuidado en los últimos tiempos, lo hacía en el aguamanil, que en su día tuvo una bonita jarra de porcelana pintada con rameados color pastel, y que ahora, muy de tarde en tarde, llena con agua que se baja del grifo que hay en el terrado en una botella de plástico.

Pero su pequeño tesoro está en la coqueta de espejo ovalado, cuyo azogue muestra infinidad de manchas negras allí donde el tiempo lo oxidó, y sobre la que ya no está el juego de peines y cepillos para el pelo con empuñaduras de alpaca y que, de niña, siempre creyó de plata. La banqueta acabó en una almoneda, pero con el tocador no encontró valor para desprenderse de él, aunque se lo pagaban mejor. En sus dos cajones laterales, que nunca abre, se acumulan multitud de objetos sin objeto: horquillas herrumbrosas que ya no usa, algunas barras de labios gastadas, medias con carreras, bisutería sin valor enredada entre sí en un informe montón… Pero en el cajón central, que abre –nostálgica- de vez en cuando, guarda lo único que aún le ata al mundo que fue y ya no es nada más que en su recuerdo. Algunas fotos viejas con sus padres; otra de un chico, con fino y cuidado bigote, que la pretendió hace ya tantos años que si no lee la escasa docena de cartas que hay bajo ella ni sabría decir la fecha exacta. Una flor de raso y tul, de un rosa ya desvaído, que le regaló su madre y que sólo usó una vez, como tocado, en la boda de una amiga hace ya tantos años…”¿qué habrá sido de Manolita?”…; un par de postales que su único hermano envió al llegar a México, y del que después nunca supieron más, junto a un marquito de calamina labrada con una estampa de un san José de la Montaña, al que siempre le tuvieron especial veneración en la casa. Una vieja polvera de plata, envuelta en papel de seda, con la tapa esmaltada en negro y filigranas en forma de greca, rodeando un ramillete de flores en el centro; el rosario de nácar de su primera comunión, del que perdió el crucifijo; un frasquito sin colonia, de Maderas de Oriente, con un palito dentro y que, cuando destapa alguna vez y cierra los ojos, le evocan a su madre porque, aun vacío, aún exhala cierto aroma… Saca todo ahora con mimo, mientras unas lágrimas resbalan mejilla abajo por primera vez en mucho tiempo.

Es lo único que se llevará de esta casa cuando la obliguen a dejarla y vaya donde vaya, aunque sea a deambular por la ciudad y encontrar refugio en cualquier portal abierto cuando llegue la noche. Es cuanto le queda de su pasado y ocupará poco espacio en las dos bolsas de plástico del supermercado que ya ha preparado con un par de vestidos viejos, una rebeca ajada que clarea en las coderas, una pequeña manta -retal de otra más grande-, y poco más salvo lo puesto. Mira por penúltima vez a través de la ventana desde la que nunca más volverá a ver dentro de unos días lo que ha visto desde que tuvo uso de razón, pero tampoco quiere recordarlo. Sólo piensa que la coqueta, a lo único que ha vivido aferrada su memoria, también se quedará atrás. Abajo hay un hombre de mediana edad, hurgando con un palo en el contenedor.

Los gatos se sabrán buscar la vida como se la buscaban antes de que los recogiera. Seguro que mejor que ella que no tiene a nadie en este mundo, ni familia ni amistades, y que la única visita que ha recibido en muchos años es la de los técnicos municipales que han declarado la ruina del inmueble y la del funcionario que le entregó la carta de desalojo forzoso. Ni siquiera ha aparecido nadie de los servicios sociales para encontrar remedio a su situación. Tampoco ningún vecino de los edificios colindantes. Sabe que tiene fama de huraña y que muchos la tachan de loca por vivir en esas condiciones, y que incluso alguna vez han amenazado con denunciarla por los malos olores que salen de la casa... pero ninguno ha encontrado ni un poco de compasión por ella, ni aunque sea en vísperas de Navidad.

Quisiera morirse porque a nadie le importaría, ni siquiera a ella misma ya. Sólo una escueta nota en el periódico local la descubrirá al mundo, que hoy la ignora, por un día: “Hallada una indigente muerta, de entre 70 y 80 años, en los Jardines del Real. El servicio médico que acudió ante el aviso de un ciudadano que la encontró mientras paseaba a su perro nada pudo hacer por ella y se procedió al levantamiento del cadáver. Creen que su fallecimiento se ha debido a las bajas temperaturas registradas en los últimos días. Se desconoce su identidad. ”…

Y mucha gente, con lástima hipócrita, entre mariscos, turrones y cava, se lamentará por unos segundos de que sucedan estas cosas “en días tan señalados” con un simple “¡pobrecilla!”… y seguirán comiendo como gorrinos en época de engorde, porque a fin de cuentas es Navidad y la noticia quedará en una anécdota que no va con ellos.

Pero para Marta hace años que dejaron de existir las navidades, incluso aunque una noche helada no se la hubiera llevado por delante…

¿Nos seguiremos encogiendo de hombros, con conmiseración pero diciéndonos que no estaba en nuestras manos evitarlo o que no nos incumben esas cosas, mientras despilfarramos tiempo, dinero y vida, celebrando –o utilizando como excusa para celebrar- el nacimiento de un niño que nació pobre entre los pobres?... Qué incoherencia cuando quedan muchas Marta a nuestro alrededor; quizás más cerca de lo que imaginamos.

© P.F.Roldán

cannibale vocale:We wish you a merry Christmas

2 de enero de 2009

la marca de Caín: la envidia

Esta es la historia de un triste pobre hombre, menos digno de lástima que de desprecio. Un pobre don nadie que sólo es lo que es: un funcionario gris al servicio de los que le dan de comer sin mojarse el culo jamás, el muy cobarde, para vivir plácidamente, sin correr el riesgo de que le compliquen la vida por implicarse por lo que es justo, escudándose en que no es su cometido ni de su incumbencia. Que lo suyo es dedicarse a la investigación exclusivamente… ¿de qué! Porque hasta ahora no se le conoce nada en los últimos cinco años, si no es su silencio cuando se han verificado irregularidades hasta por el ciudadano más profano de tan evidentes, porque tragaderas no le faltan si se asegura con eso que no le amarguen el plato de lentejas, como buen estómago agradecido... y aunque sea a costa de no tener dignidad.

Anquilosado tras su mesa de despacho, desprecia altaneramente y de la forma más cainita –porque si mostrara la envidia que le reconcome se descubriría de qué pie cojea- a todos los que destacan en su misma profesión por el solo hecho de que estos han hecho de esa profesión -de la que sólo comparten el título- un medio para investigar, dar conferencias, publicar sus trabajos, pelear por sacar a la luz las verdades que los jerifaltes del otro tapan, manipulan o se pasan por el arco del triunfo.

Se permite decir de uno que es un borracho, un ladrón, un sinvergüenza, un desacreditado socialmente (?)… claro, como que ése es doctor mientras él, y los que como él son, se ha quedado con su licenciatura rascada, haciendo de chupatintas tras opositar después de años de meritorio con sueldo…; te dice de la otra que es una vendida, una lame traseros, una hipócrita a la que todo el mundo conoce (?)… claro, como que esa otra tiene un puesto de gran responsabilidad dentro de la profesión, a la vez que está terminando su tesis doctoral… Tesis de la que ese infeliz envidioso se burla porque esa una lleva algunos años liada con ella, como si investigar fuera algo de hoy para mañana mismo, y menos cuando se compagina con dos trabajos…

Pero él, un hipócrita que debiera callarse porque en boca cerrada no entran moscas, cree que oculta lo que, sin embargo, todos sabemos: que maltrataba física y verbalmente a su ex mujer, a la que le debe haber llegado a donde ha llegado porque sin ella ni eso tendría; que sus hijos, que también sufrieron malos tratos, no lo tragan porque –sin respeto a su madre- lo han visto acaramelado con otras, pero se callan –los niños, niños son- porque a base de regalos, cuatro carantoñas, y dejarles hacer lo que les venga en gana compra su silencio desde hace años… menos el primogénito que, testigo de lo que padecieron su madre y ellos, le planta cara desde que alcanzó la mayoría de edad; que la gente le conoce de sobra, porque aunque presuma de que se codea con todo el mundo de su ámbito, ese “todo el mundo” sabe de sus meteduras de pata profesionales, amén de algún chanchullo de la mano de un compañero poco escrupuloso, o hasta falsificando la rúbrica de su mujer... Todo un firma el caballerete.

Profesionalmente, pues, un cero a la izquierda -con escasos decimales tras la coma, si es que la hay- que ha cometido más desaguisados que algún escaso contado acierto –a quién no le suena alguna vez la flauta y sobre todo si hay quien te arrope-; y humanamente, un acomplejado por desgracias y defectos físicos que, si en otras personas provocarían un alto grado de simpatía, en él, conociéndole, sólo provocan que se piense “el infierno está aquí en la tierra y aún puede dar gracias”.

El típico vanidoso sin fundamento que se las da de sabelotodo y que, en cuanto lo sacas de sus cuatro conocimientos sin reciclar, pone a caldo a cuantos se esfuerzan por avanzar en sus carreras –algunas con prestigio internacional-, sabiendo que a estos los recordará mucha gente el día de mañana por su buen hacer, mientras que él saldrá de este mundo con las piernas por delante sin pena ni gloria, cayendo en el olvido a causa de su trayectoria gris. Pero si, -¡oh, fatalidad!- encima no eres de la profesión, te esgrime despreciativamente el “¡tú que sabrás!”, enfermo de una titulitis que en él queda hasta ridícula por obsoleta, que se puede afirmar sin error que muchos aplicados autodidactas le dan cien vueltas, y alguna más, en cuanto a conocimientos.

Cualquier persona con sus carencias sería, como decía al principio, digna de simpatía o de lástima. Él, con su maldad manifiesta, y aunque trate de taparla -¿a quién engaña?-, no parece que merezca sino lo que tiene. Y es que, como siempre digo, de lo que se siembra se recoge… y él siempre ha odiado intensamente a cuantos han descollado en su entorno. Si se tratara de karma, visto lo visto, aún le quedaría mucho por pagar.

¡Qué desasosiego daría estar en su piel!

© P.F.Roldán

Rubén Blades:Camaleón

31 de diciembre de 2008

año nuevo... ¿vida nueva?

El calendario no deja de ser un gran invento para crear la ilusión de que, con el cambio de año, podremos llenarnos de buenos propósitos y deseos de una vida mejor cuando, dentro de unas horas, suenen las doce campanadas a medianoche.

No está mal que después de 364 días, cada Nochevieja nos incentive para que muchos ansiemos cambios o mejoras; para mandarnos infinidad de mensajes los unos a los otros, incluso a quienes tenemos algo olvidados el resto del año, en los que las palabras prosperidad y felicidad serán las más recurrentes. Resulta hasta casi perfecto que por unas horas rebosemos optimismo y buenas intenciones para todo el mundo; que la gran mayoría nos olvidemos por un rato de las guerras y hambrunas que asolan el planeta; que la crisis global lleva meses haciendo toc toc en nuestra puerta; que no soportamos a la cuñada o al yerno;… Por unas horas todos seremos más buenos, pero no nos llevemos a engaño: no habrá vida nueva por ser Año Nuevo. Tenemos una vida que se hace a sí misma cada día, independientemente de estos días de “amor y paz”, y las heridas de ayer no habrán cicatrizado mañana, y ganaremos sonrisas y otros las perderán. La vida fluye independientemente de los deseos, a su sabio ritmo, ajena a festejos y calendarios.

Mañana será el día festivo de transición –unos dormirán la resaca de esta noche, otros se plantearán objetivos que durarán unos días, tal vez unas semanas…- pero el día 2 de enero será como el 30 de diciembre, porque la vida sigue su curso.

Las buenas intenciones son cosas del día a día; del constante crecimiento personal; de tener un espíritu solidario durante cada día de nuestras vidas; de librar la batalla diaria para construir un mundo mejor…

Pero no dejemos del todo a un lado la tradición de desearnos lo mejor en una noche como ésta y que la buena voluntad sea la reina por un día para muchos.

Así que, desde aquí, Feliz 2009… deseando que alguien lleve a buen término sus propósitos y logre hacer de este mundo un lugar mejor, aunque sólo sea en su entorno y consigo mismo… que ya es mucho.

© P.F.Roldán

Vetusta Morla:Año nuevo

29 de diciembre de 2008

cuando los foros se convierten en letrinas



foro:3. m. Reunión para discutir asuntos de interés actual ante un auditorio que a veces interviene en la discusión.(DRAE)

Hace más de cuatro años que participo en los Foros de la edición digital del diario La Verdad, en la sección Cartagena, cosas de la ciudad, con mis nicks habituales de CTgenero o cruella, que uno no tiene empacho en desvelar su identidad y no agazaparse en anonimatos, como allí he dejado patente en más de una ocasión. Pero en muchos meses ya no escribía ningún post porque esos foros habían perdido su verdadero significado para convertirse desde hace tiempo en un vertedero de insultos y paranoias, fruto de ese mismo anonimato que da un nick a ciertos individuos nacidos sólo para provocar, intoxicar y calumniar, y que en muchas ocasiones no dudan en replicarse a sí mismos con otra identidad cuando no se les contesta para caldear aún más el mal ambiente, llegando a multiplicarse bajo el amparo de múltiples alias para seguir echando leña al fuego, con descalificaciones y manipulaciones interesadas, apaleándonos en nuestra propia casa y, por supuesto, consiguiendo que algunos, ofendidos, les entren al trapo que es lo que pretenden para seguir refocilándose en su basura mental.

Cuando se trata de exponer temas de interés general para la propia ciudad, que para algo la sección se llama como se llama, no han faltado voces foráneas atacando ferozmente a los que hablábamos de las cosas de aquí: de nuestras aspiraciones, carencias en infraestructuras, mala gestión política en inversiones municipales, el sentimiento cartagenerista ante la desidia casi completa y el centralismo feroz del gobierno regional…, convirtiendo los temas abiertos en un lugar en el que nombrar hasta a las madres ante la falta de argumentos para rebatir las opiniones que no eran de su agrado, o para tachar de “rojos” con los adjetivos más peyorativos imaginables a cuantos no estaban ni están de acuerdo con la forma de actuar de la alcaldesa o el presidente regional, ambos del PP, como si querer lo mejor para esta ciudad fuera cosa de siglas o de colores y no de personas.

Hace cosa de un año, más o menos, La Verdad –en un impulso, más pacato que objetivo, de frenar los insultos- creó un diccionario propio de palabras prohibidas, tan surrealista y aberrante que no conseguía nada positivo y por el contrario era risible por patético.
Por ejemplo, se prohibieron –entre otras- las palabras “puta” o “culo”, pero ¿qué pasaba? No se podía escribir palabras que las contuvieran. Así quedaban excluidas otras como diputado, reputar, disputa, ósculo, oráculo, etc… todas por contener en su grafía esos términos prohibidos. Y pronto surgió la picardía: para escribir una de éstas había que recurrir a los guiones que separan las sílabas de ese vocabulario vetado (dipu-tado), siendo de lo más necia, pues, esa solución adoptada por el periódico; y es que, por la misma regla de tres, la gente se seguía insultando intercalando el guión de marras, con lo que no se conseguía el efecto deseado. No era pues extraño leer “ma-ri-co-nes de mier-da””, “tu pu-ta madre”, y otros soeces e inapropiados etcéteras que nada tenían que ver con el objetivo de las discusiones abiertas.

¿Dónde empieza y dónde acaba la libertad de los internautas? Si nunca he sido partidario de censuras sobre las ideas, cuando éstas ya no son opiniones –que se puede disentir, cómo no, pero desde el respeto- sino un flagrante delito contra el honor de la personas en particular y de los ciudadanos en general, sí creo que es plausible un cierto control fiscalizador, que, sin vetarlos de antemano, modere los contenidos de los mensajes para que las respuestas a los asuntos expuestos se atengan a los mismos y no se ofenda grave y gratuitamente a nadie por pensar diferente.

Desde la segunda quincena de este mes, La Verdad, con más cordura, ha aplicado un sistema de registro de nick (que ya existía sólo para los que quisieran usar siempre un mismo seudónimo, sin que nadie lo pudiera suplantar y usarlo malintencionadamente) y un control de las IP para prevenir disuasivamente esos post vejatorios, que muchas veces podrían tener hasta la consideración de delito punible por la ley. Se pueden publicar todos los mensajes como antes, pero previo registro sin excepciones del nick, y asumiendo la responsabilidad de sus contenidos.

Esto ha causado un notable descenso de la participación, pero curiosa y precisamente en el sector de los que escribían de forma denigrante, que imagino que ya saben que no pueden hacerlo con esa impunidad del anonimato desde el que generaban continuos enfrentamientos con difamaciones y calumnias, enredando con embustes e insultos a cajas destempladas y consiguiendo que muchas charlas cambiaran hacia otros derroteros, que nada tenían que ver con el tema propuesto al principio, cargándoselas con toda premeditación.

Pero lo que aún resulta más curioso con este nuevo sistema -que recoge cifras desde que se reabrieron los foros- es comprobar que mientras que el de Cartagena tiene 5.339 temas abiertos con 45.201 mensajes, el foro de Murcia tiene 2.239 temas y sólo 11.762 mensajes. Y una de dos; o las gentes de Murcia ciudad son menos participativas, o los esfuerzos de algunos de allá se concentran en atacar a las de Cartagena; algo que sí hemos podido constatar todos los foreros de aquí en estos años. Los datos hablan por sí solos. ¿O los foreros de una ciudad que nos duplica en población tienen menos cosas que decir sobre ella? O les va excesivamente bien o es totalmente ilógico.

Esos ataques viscerales de algunos contra las cosas de Cartagena, que suponemos que provienen de unos pocos pero que se auto multiplican -como la Hidra de Lerna sus cabezas-, sólo merecen una respuesta quijotesca: “¿Ladran? Eso es señal de que caminamos”. Pero hay por esta ciudad a quien le hierve la sangre y, no pudiéndose contener, se sale de sus casillas y se pone a la misma altura que los otros, que ladinamente dan la vuelta a la tortilla y, haciéndose las víctimas o entre carcajadas despectivas, acusan después de radicalismo a quienes les responden.

Lo obvio es que se puede opinar diferente desde el respeto mutuo y nunca desde el insulto. Ahora, los que insultaban hasta extremos inaceptables, como si los foros fueran la letrina de todos sus complejos, frustraciones y fobias, dejan de escribir... y es que, aunque sepan que pueden seguir haciéndolo como antes, ¿les puede la cobardía porque saben también que lo harán, pero sin la impunidad que tenían antes si ahora se sobrepasaran?

La Verdad ha tenido el acierto de no empezar esta nueva etapa de sus Foros desde cero; así que se puede contrastar el antes y el después al conservar esos cuarenta y cinco mil y pico mensajes. Toda una antología.
http://foros.laverdad.es/cartagena-cosas-ciudad-f23.html

© P.F.Roldán

Astrud:todo nos parece una mierda

25 de diciembre de 2008

un mundo sin fin... paralelismos



Como ya comenté, me sentí bastante reacio en su día a empezar a leer Los Pilares de la Tierra, que acabó atrapándome del todo. Así que, después, no he podido resistirme a su segunda parte, Un mundo sin fin, que ya casi estoy terminando.

Apasionado por la Historia, y salvando la distancia en el tiempo, no he podido dejar de encontrar similitudes entre lo que Follett narra –qué maestría en cuanto a documentarse en absolutamente todos los aspectos sobre una época tan lejana- y lo que comentaba el otro día en la entrada acerca del libro de Iván Negueruela, Desmontando mentiras históricas…. Cómo la ambición de poder de aquellas jerarquías, eclesiástica y nobiliaria, inglesas de los siglos XII y XIII en nada se diferencia de la que aquí se tuvo que vivir en los mismos siglos.

Obispos corruptos y desalmados; priores subyugados por engrandecerse, dominando y sometiendo al pueblo; una aristocracia afianzada en sus prebendas para hacer valer unos derechos contra todo Derecho, y hasta la confrontación dinástica entre los novelescos rey Stephen y reina Maud, son casi un calco de lo que aconteció aquí cuando Sancho IV desposeyó de la corona a su padre Alfonso X.
El enfrentamiento entre el priorato de Kingsbridge, capaz de levantar una hermosa catedral tras la destrucción de la antigua, y el condado de Shiring; el obispo del priorato residiendo en el condado que, careciendo de Catedral, se plantea una y otra vez construirse una, o arrebatar a Kingsbridge sus fuentes de ingresos,… Ambiciones desmedidas que en nada se tuvieron que diferenciar del sempiterno, hoy por hoy, Murcia versus Cartagena que parece perpetuarse, aunque los usos y costumbres, y hasta la forma de hacer política, hayan cambiado con el paso de los siglos… pero uno no deja de preguntarse si, aunque hayan cambiado algunas de las formas que Ken Follett novela, el fondo no sigue siendo el mismo en pleno siglo XXI.

La historia, con las salvedades lógicas de tiempo y espacio y excluyendo a los personajes que se mueven en primer plano en ambas novelas, es tan similar que tal vez se podría extrapolar tan sólo con un cambio del nombre de los otros protagonistas –llamémosles secundarios, aunque tengan su peso- haciendo de la ficción un retrato de lo que tuvo que ser y sigue siendo la realidad.

Pleitos entre los Concejos de Murcia y Cartagena por los derechos de pesca en el Mar Menor; el litigio entre ambos por la posesión de Campo Nubla; el traslado del obispo a una ciudad sin diócesis nunca y sin catedral entonces… y que teniéndola después, sigue siendo la catedral de Cartagena, aunque esté allí el edificio, como un deán de la misma, Josef Escrich, reconoce en un documento del Archivo del episcopado cuando se compran unas campanas para la torre en 1815, declarándose Pro. (presbítero) Lectoral de la Sta. Yga (Iglesia). Catedral de Cartagena, sita en esta capital (de Murcia), pese a la falacia de los políticos de nuevo cuño y sin que la jerarquía diocesana los haya contradicho por vaya usted a saber qué motivos, aunque son presumibles: poder y dinero, para denominarla catedral de Murcia. ¿Cómo puede tener Catedral una lugar sin ser Diócesis de un Obispado?

Follett, en Los Pilares de la tierra y en Un mundo sin fin, de forma novelada, nos acerca a la realidad que hoy ya conocemos gracias al libro de Negueruela, Murcia por una mitra. Y uno se da cuenta como, en el trasfondo, qué poco se diferencian en muchas cosas ficción y realidad. Salvo en una cosa. Mientras que los habitantes de Kingsbridge alzaron murallas para frenar las pretensiones de Shiring, a los cartageneros se nos ha ido siempre la fuerza por la boca para que se nos devuelva lo que es nuestro… y las palabras se las lleva el viento.

Ahora que por fin conocemos la indiscutible verdad ¿no irá siendo ya hora de que esta ciudad entre en acción contra los usurpadores y ante las instancias que sean? ¿Dónde están las agallas que Cartagena siempre tuvo para defender sus Derechos a lo largo de los siglos? ¿Si no las tenemos ni para restaurar nuestra Catedral, como los personajes de Ken Follet, las tendremos para exigir que se nos devuelva lo que es nuestro, desde el regreso del Obispo a la restauración de la Provincia?

La Historia de Cartagena no es una novela basada en la ficción, sino una sangrante realidad de siglos, en los que se nos ha escarnecido, humillado y robado, y sólo nosotros, los cartageneros de a pie, podemos cambiar nuestro futuro. De los políticos -sean del signo y color que sean- ya conocemos sus buenas razones, pero la nulidad de sus obras.

¡Despierta, Cartagena, por lo que es tuyo!

© P.F.Roldán

Manu Chao & Inti Illimani:El Pueblo Unido

24 de diciembre de 2008

Feliz Navidad



Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad

Vivaldi:Gloria in excelsis Deo

23 de diciembre de 2008

desmantelando mentiras históricas (e histéricas)




Ayer noche estuve en la presentación del libro Murcia por una mitra, del doctor en Historia y ex director del Museo Nacional de Arqueología Submarina, que él consiguió para esta ciudad –cesado del puesto por una estulta ministra de Cultura-, Iván Negueruela, que ha editado Áglaya.

Llenazo de aforo y es que no era para menos. Si bien fuimos atraídos por el contenido del libro, algunos, además, porque gozamos de la amistad de Iván; pero lo cierto es que no se trataba tanto de arroparlo a él, que no lo necesita para nada pues méritos propios no le faltan, como por la rigurosidad documental con la que escribe siempre sobre la Historia de Cartagena, devolviéndonos mucha de la dignidad que nos han quitado los cuentacuentos al servicio del poder de la oligarquía capitalina murciana. Los cartageneros conocemos nuestra Historia, pero siempre se nos han escamoteado los documentos que hablan de ella. Y ha tenido que venir a afincarse entre nosotros un vallisoletano como Iván – hoy más cartagenerista que muchos cartageneros- para que se vaya haciendo la luz con su incansable trabajo -en este caso hasta en el Archivo vaticano- para desenmascarar las mentiras de la Historia oficialista murciana que durante siglos, aún hoy, tanto han perjudicado sin medida a esta ciudad.

Durante esos siglos, y arreciando sus despropósitos en estas tres últimas décadas los seudo historiadores “regionalistas”, que viven a la sombra de los políticos “murcianizantes” -me río yo de la tan criticada en Murcia inmersión “catalanizante” si las comparo y veo los antecedentes históricos, aunque aborrezca ambas por excluyentes-, mantuvieron la tesis de que en la época musulmana Cartagena sólo había sido “una aldea de pescadores”, y a nuestra Edad Media la dieron por llamar “la Edad Oscura” (“repite una mentira mil veces y acabará convirtiéndose en verdad”), algo inconcebible en uno de los puertos más importantes del Mediterráneo y de una ciudad que había sido capital de la Hispania cartaginesa, de la Carthaginense romana y de la provincia occidental del Imperio bizantino. Que los visigodos, Suintila a la cabeza, nos asolaran y nos robaran la mitra metropolitana a favor de Toledo, capital de su reino, no significaba que esta ciudad hubiera desaparecido del mapa en los siglos subsiguientes. Iván, tras un arduo estudio del Castillo de la Concepción –siempre datado como cristiano tras la Reconquista-, nos regaló un libro impagable: Qartayanna al-Halfa (propuestas sobre la Alcazaba y su pasado musulmán). Con él, y habiendo bebido de las fuentes islámicas de esa época (Al-Idrisí, Abd-Allah (último rey zirí de Granada), la Crónica del moro Rasis, …), además de en los posteriores estudios contemporáneos (Munuera, Pocklington, Ramallo, Torres Fontes,…), desmontaba esa falacia de la “aldea” para concluir que un lugar con tales defensas, tuvo que albergar una madina o gran ciudad mora, con su cadí (como lo fue el padre del poeta musulmán cartagenero Hazim al-Qartayanní, que de eso éste mismo dejó constancia).

Con Murcia por una mitra -que me recuerda aquello de “París bien vale una misa” de Enrique IV, que no tuvo empacho en abjurar de su protestantismo para ocupar el trono francés- Negueruela nos demuestra la falta de escrúpulos e inmoralidad de quien detenta el poder para llegar hasta falsificar la Historia, empezando por sus documentos, como hicieran el rey Sancho IV y el obispo Diego Magaz en 1291, con una falsa bula papal del pontífice Nicolás IV, para obrar a su antojo y aunque conculque hasta hoy mismo el Derecho Canónico que obliga a los obispos a residir en su Silla episcopal.

Algunos se dirán que qué más da que un obispo resida aquí o allá, pero no es ese el trasfondo real, sino las consecuencias: la codicia de quienes en más de 700 años siguen manteniendo la mentira para continuar gobernando, robándole sus derechos a quienes les corresponden. Y es que si la tal bula nunca autorizó el traslado, no es menos cierto que la presencia del obispo en Murcia le daba a ésta una primacía sobre Cartagena a nivel político y económico que hasta el día de hoy sigue vigente, y a pesar de que la Diócesis nunca cambiara su nombre, siendo siempre la Carthaginensis in Hispania. No hay que olvidar el poder que la Iglesia ejercía y su influencia en la res pública. Así, Cartagena dejó de percibir los diezmos que le correspondían, empobreciéndola, y que empezaron a beneficiar a Murcia, y con ello se vio abocada a un segundo plano, como una Cenicienta pisoteada por su madrastra, cuando en realidad esta ciudad episcopal ostenta el título de Cartaginesis Almae Eclesiae, como reza el lema diocesano en el escudo de su restauración en 1250.

La residencia permanente del obispo en Murcia nos ha robado todos los derechos históricos desde el siglo XIII. Sólo un amago de liberación de ese yugo nos vino cuando Isabel la Católica, en 1504, hizo a Cartagena Ciudad de Realengo, dependiente sólo de la Corona de Castilla, permutándoles el Señorío de la ciudad a los Adelantados murcianos del Reino, los Fajardo-Chacón, por el marquesado de los Vélez… Pero el obispo no regresó, lo que no invirtió los papeles otra vez a su estado natural, y así Murcia presume hoy de un patrimonio religioso que no es suyo, sino de la Diócesis cartagenera, y que ha tenido consecuencias nefastas para esta ciudad, tanto patrimonial como políticamente. Desde el desprecio del ministro murciano conde de Floridablanca rechazando que los diputados provinciales cartageneros acudieran a las cortes de Cádiz de 1812 –porque Cartagena fue constituida provincia en 1799 por Carlos IV-, la posterior promulgación de la provincia de Murcia, en 1833, por el ministro de Fernando VII Javier de Burgos, y hasta la declaración de la Comunidad Autonómica de la Región de Murcia, en el actual Estado de las Autonomías. Y es que tener viviendo entre ellos al obispo, aunque no les corresponda ni les pertenezca, les confiere un estatus superior, aunque sea usurpado a sus legítimos dueños.

Sin embargo, y aunque la ciudad de Murcia ostente la capitalidad regional “contra natura” por no decir contra el sentido común, la Asamblea Regional estatutariamente se ubicó en Cartagena, porque los políticos murcianos que solicitaron la pre-autonomía en 1978 lo hicieron basándose en la Historia de Cartagena y en la importancia secular de nuestro Puerto (ver el Real Decreto-Ley 30/1978 publicado por la Jefatura del Estado en BOE n. 242 de 10/10/1978), tal y como la Constitución ordenaba en sus artículos 143 y 147, en cuyo artículo 2º, apartado a. dice que la Comunidad deberá contener en su Estatuto la denominación que mejor corresponda a su identidad histórica, y esa identidad la daba Cartagena y su pasado casi trimilenario y no una ciudad de Murcia fundada en el siglo IX.

Así pues, seguimos viendo como pese a pedir la autonomía sobre la base de la Historia cartagenera, se sigue incumpliendo -por la ambición de una oligarquía metida en política- hasta la Ley de Leyes, la Constitución, robándonos hasta el legitimo nombre regional.

Si ha colado durante ocho siglos la mentira sobre el verdadero motivo del traslado del Obispo a Murcia, por qué no van a seguir conculcando las leyes hasta el punto de reducir el nombre de la región, a Región de Murcia, haciendo que se confunda la parte (la ciudad) con el todo (la Comunidad Autónoma) llamando a todo lo regional “murciano”.

Y lo malo es que cuando les demuestras con rigor documental la verdad, pasan de la falacia histórica que se han inventado a la actitud histérica del insulto y la descalificación. Han repetido tantas veces sus mentiras que para ellos son ya la única verdad. Pero hay que darle las gracias a Iván por darnos argumentos -tan pulcra, exhaustiva y eficientemente documentados- que ninguna patraña puede desmentir… pese a esas histerias.

© P.F.Roldán

Tomás Luis de Victoria:Tenebrae Factae Sunt

cuando uno se siente gris...


Hoy ha sido un día extrañamente triste. No había ningún motivo aparente para levantarse con el pie izquierdo, al menos de manera consciente, pero así ha sido por más que me he empeñado en buscar y encontrar un porqué sin conseguirlo.

Me he negado a pensar que es a causa de las fechas en las que estamos, ante la inminente Navidad, que siempre –aunque rechacemos de plano las sensiblerías- nos pueden jugar la mala pasada de pasar por nuestra cabeza, como una fugaz a la vez que intensa película, todo lo que añoramos en lo más recóndito de nuestro interior.

Me he negado a pensar en eso porque no soy de los que se detienen en tiempos pasados, que nunca fueron ni serán mejores o peores que éste, porque cada día es nuevo y lo hace todo distinto aunque pueda parecer una continuidad de ayer y de anteayer…; me he negado porque aquellos a quienes quise y están muertos siguen vivos en mi corazón; porque los vivos que enterré, desterrándolos de ese mismo corazón, están muertos en mi olvido.

He salido a primera hora a tomar unas fotos y a comprar tabaco –que inconstante o necio me vuelvo para dejar de una vez la nicotina, por mucho que haga el propósito y aunque sepa que me acabará haciendo daño-; he vuelto después a salir simplemente a pasear un rato, a ver si este tonto nubarrón se alejaba tal y como ha venido, y casi por todas partes llegaban las voces de los niños de san Idelfonso cantando las últimas bolas del sorteo de lotería navideño, desbaratando a la vez las ilusiones de quienes tenían puestas sus esperanzas en unos números para paliar sus maltrechas economías; he regresado a casa sin apetito –mi cuerpo está algo anárquico estos días con los horarios de comidas y las horas de sueño- y me he dedicado a esas tareas domésticas que siempre se aplazan –el polvo sobre los innumerable libros, ese suéter de lana que hay que lavar a mano, los altillos de los armarios…-; he comido casi a las 6 de la tarde, y ya me he puesto a contestar correos, aunque no he mandado ninguna felicitación de prósperos años nuevos a nadie… No estaba de humor, y además cuanto más lo pienso más absurdo me parece. ¿En qué se diferencia un 3 de enero de un 29 de diciembre aunque tengamos que comprar agenda o calendario nuevos? La prosperidad se la labra uno a diario, no viene sola porque cambien los dígitos del año y a la gente que quieres le deseas lo mejor cada día.

Y de repente entras tú en el messenger y he aparcado esto. También estabas triste y, sin embargo, a los diez minutos ya estábamos a carcajadas entre iconos… Qué sana es la risa, y sobre todo entre amigos que dejan que se disparaten las lenguas y los dedos en el teclado. Todavía estoy riéndome…

Ahora, después de cerrar la ventana de conversación, no sé cómo estarás. Espero que bien. Yo pensando que sólo ha sido un día bobo sin más y que no pasa nada por no estar exultante, ni siquiera medianamente contento. Que, como comentábamos, es bueno bajar un poco de vez en cuando para valorar el estar más arriba y que darle vueltas a las cosas sólo lleva a enredarse más y más, sobre todo cuando son jugarretas del subconsciente y no está en nuestras manos ni entendederas ponerles solución, porque no son reales en sí mismas. Que la melancolía, la tristeza, la nostalgia… también son estados naturales en cada ser humano y que lo único importante es no quedarse estancado en ellas.

Sólo ha sido un día nublado dentro de uno mismo y, sabiendo que mañana volverá a salir el sol, confiar en que sea el pie derecho el primero en salir de la cama… y que nuestras neuronas no se dejen arrastrar a nuevas pesadumbres sin sentido cuando hay tanto por hacer más positivo que tratar de batallar con todos esos instantes grises que, sin fundamento, no conducen a ninguna parte.

© P.F.Roldán

Facto Delafé y Las Flores Azules:La luz de la mañana

22 de diciembre de 2008

el pico esquina


En Cartagena a las esquinas no se las llama tales, sino un pico esquina. Así, cuando se cita alguien lo hace en tal o cual pico esquina, y en la mayoría de las ocasiones ni siquiera se nombra la calle sino el nombre del edificio, organismo o comercio que haya en ella. Por eso, es habitual oír por acá “nos vemos en el pico esquina de Hacienda, o en el de Correos”.

Es la nuestra un habla peculiar, llena de modismos locales, que nuestro admirado Isidoro Valverde, y para muchos querido y apreciado amigo, dejó plasmada en uno de sus libros, “Cartagena entrañable”, –uno de los muchos que escribió, pues fue literato incansable y apasionado sobre “nuestras cosas”, además de coronel jurídico de la Armada y Cronista de la Ciudad-. http://www.comarcacartagena.com/el%20habla%20de%20cartagena.htm
(En esta web podéis encontrar muchas de esas palabras en un extracto del libro citado.)

Un pico esquina como el del Taibilla (edificio de la Mancomunidad de los Canales del Taibilla, en la confluencia de las calles Mayor y Cañón con la plaza del Ayuntamiento) es de merecida mención pues por aquí discurren, o pueden verse, todos los eventos más populares de Cartagena: los pregones desde el balcón principal del Palacio Consistorial, las procesiones de Semana Santa (esquina privilegiada para verlas girar por la calle del Aire y bajar, con una perspectiva magnífica, la rectilínea cuesta del Cañón), los desfiles de Carnaval, de las tropas y legiones de las fiestas de Cartagineses y Romanos, la cabalgata de Reyes, los pasacalles de los domingos de cuaresma de granaderos y “judíos” de las Cofradías “semanasanteras”, la salida de las ofrendas florales a La Caridad, el viernes de Dolores, o cualquier otro acontecimiento callejero de envergadura como fue hace unos meses, por ejemplo, La perle, de Les Plasticiens Volants, siendo como es la calle Mayor paso obligado en los itinerarios.

Pero si hubo una cabalgata entrañable y secular, y suprimida hace poco más de década y media, fue las de La quema de Judas, acto que se celebraba en la noche del Domingo de Resurrección y en el que se quemaba la figura de cartón de Judas para poner fin a la Cuaresma y a la Semana Santa. Dicha figura cerraba el desfile de siete magníficas carrozas que representaban los siete pecados capitales, que junto a los gigantes y cabezudos portadores de bengalas multicolores, desfilaban por la ciudad hasta la plaza de los Héroes de Cavite, en el Puerto, donde se quemaba “al” Judas mientras se disparaba un castillo de fuegos artificiales.

El evento resistió las dos primeras décadas de la dictadura franquista, pese a su carácter profano y carnavalero en una España que había visto prohibidas muchas de estas celebraciones, como los Carnavales. Y también, finalmente, eso ocurrió a fines de los cincuenta con la Quema, que al final fue suprimida sin que volviera a recuperarse el desfile hasta 1989, y sólo por tres años. En 1992 dejó de salir a la calle definitivamente.

Tuve la suerte y la desgracia –tener cierta edad nos da estas cosas- de verla cuando ya daba sus coletazos antes de su supresión, de la que se dice que tuvieron que ver en ella los procesionistas de cierta prosapia y afines al Régimen que veían con malos ojos que la Semana Santa tuviera como colofón un acto que consideraban grotesco y poco acorde con las procesiones, pero que, para el pueblo que salía masivamente a la calle a contemplarlo, era motivo de fiesta grande en una ciudad entonces plagada de sotanas y la parafernalia de viáticos por las calles, y uniformes que paralizaban a todos los ciudadanos a cada izada y arriada de la bandera en sus cuarteles, y con muy pocas diversiones.

Tengo grabada en esa parte más atávica de la memoria que nos evoca recuerdos de la infancia más remota cómo me asustaban los gigantes y cabezudos, especialmente estos con aquellas enormes cocorotas de cartón piedra de semblantes que me parecían terroríficos, y sobre todo, llorando a moco tendido en brazos de mi padre -yo solo tenía 4 años-, el espectáculo pirotécnico final en el que las cañas y carcasas de los cohetes caían indiscriminadamente, a cada explosión, sobre el público que abarrotaba la plaza del Ayuntamiento si la brisa soplaba de lebeche.

Pesaombre, maica, gumia, falluto, chuchurrío, gilillero, abonico, icue,… Vocabulario que conforma parte de la identidad cartagenera, entre otras muchas cosas, como aquellas fiestas que nos escatimaron un día pero que permanecen en la memoria colectiva de muchos: la Quema del Judas; la Feria de Cartagena en el muelle, los diez días entre el Carmen y Santiago, que eran las fiestas de la ciudad, con las batallas de Flores o la Velada Marítima (desfile náutico de carrozas sobre barcazas por la bahía, la noche del 25 de julio); los Juegos Carthaginenses de atletismo; los Caballitos, con su noria, carrusel, coches de choque, el tren de la bruja, los tiros al blanco…

Muchas historias, anécdotas y recuerdos de esta trimilenaria Cartagena; pero un día quedamos en el pico esquina del bar Sol, qué sabrosos sus asiáticos, o en el de La Viña, mientras bebemos unas láguenas o unos reparos, y te las cuento.

© P.F.Roldán

Cartagena (Viernes Santo 1927): Marcha - Nuestro Padre Jesús

18 de diciembre de 2008

"no estás deprimido, estás distraído..."


Guardo un recorte de prensa de El País (28.07.1992), sobre un informe de la UE, desde Bruselas, -y del que copio tres párrafos más abajo- en el que se dice que la depresión afectaba ya entonces a varios millones de europeos.
Dieciséis años y medio después no sólo me parece de absoluta vigencia, sino que, además, el deterioro de las relaciones personales, que se subestimaba en aquel tiempo para diagnosticar muchos casos de depresión –según dicho artículo-, ha ido a más, agravándose las consecuencias, y habiendo aparecido otros factores en estos años que también son causa de una enfermedad que nos negamos a reconocer la mayoría de las veces como tal. Y es que para muchos aún sigue siendo un tabú lo de ir al psicólogo o al psiquiatra, y hasta se oye aquello de “oye, que yo no estoy loco…”

“El campo relacional, que se define como el conjunto de intercambios que un sujeto mantiene con el exterior, concierne no sólo a las personas más cercanas, sino también a los objetos y los “códigos” de la vida social tales como la comunicación (…) En la depresión, el repliegue sobre sí mismo es un signo bien conocido de la enfermedad. La inapetencia por las relaciones que le sucede, se traduce por un desinterés global por las personas, por los focos de interés habitual y por la vida social.”
“La inapetencia relacional hacia los seres humanos se traduce por tristeza, irritabilidad y disminución de la actividad sexual. La fatiga, el enlentecimiento físico y psíquico reflejan las dificultades que tiene el deprimido para establecer una relación con su entorno (…) El paciente se vuelve incapaz de manejar los instrumentos indispensables para el intercambio: el lenguaje, por ejemplo. Deja de comer –o lo hace de forma anárquica-, pierde el sueño –o duerme demasiado- y deja de atenderse a sí mismo en los cuidados cotidianos.”
“El desarrollo de los grandes centros urbanos, que ha hecho desaparecer figuras fundamentales para la comunicación, así como la disgregación familiar y la distensión de la red social, son en parte responsables del aumento de la frecuencia de las depresiones. Los expertos se preguntan, por ello, acerca del papel que está jugando el aislamiento en la génesis de la depresión.”


A punto de comenzar el 2009, se han empobrecido más no sólo las relaciones personales, algo que sigue siendo clave en los estados depresivos, incluso con el trato de los más allegados a quienes los padecen -porque, desde fuera, muchos ven a los deprimidos como hipocondríacos, enfermos imaginarios que simplemente se han dejado caer en la desidia, inventándose males que no conciben los “biempensantes”-, sino que la sociedad ha cambiado sus valores para mal haciendo del “tanto tienes, tanto vales” el lema a seguir aborregadamente. Porque si eso viene ya de lejos, nunca como ahora se hace más patente inmersos como estamos en una voraz sociedad de consumo. Y si a las personas más próximas les resulta muy difícil comprender a menudo esta incapacidad que tiene el deprimido para interesarse por algo en particular y esta incomprensión no hace más que potenciar el aislamiento del enfermo, será éste quien deba remediarlo.


Hoy la mayoría de gente ya no trabaja para vivir, sino que vive para trabajar. Nos aterrorizan la muerte, la soledad, la pobreza, la pérdida de seres amados... Si tienes menos que el vecino eso es causa de frustraciones. De cada vez se cree menos en principios como la fidelidad o la lealtad, y todo vale si es para autosatisfacernos, pasando por encima de quien sea, aunque se haga daño. En los trabajos se acosa cada día más y de diversas maneras, sea para aumentar la productividad que enriquece sólo a unos pocos, sea para quitarse de encima a quienes levantan un poco la voz cuando se sienten avasallados o explotados... Y se huye, como si de apestados se tratara, de aquellos que tienen problemas de cualquier índole, sumiéndoles aún más en la tristeza al no poder confiarse a nadie, porque es más cómodo ignorar que escuchar y echar un capote aunque sólo sea con una parte de nuestro tiempo que tanto desperdiciamos en estupideces. La sociedad, generalizando pero en gran medida, se ha vuelto sumamente egoísta.

Pero nada es irresoluble. Si resulta recomendable ir a un especialista a que diagnostique, no lo es tanto que la solución nos venga dada en forma de cápsulas o grageas; de largos tratamientos que enmascaran los síntomas con euforias efímeras pero no van a la raíz del problema, convirtiendo a muchos en dependientes de sustancias farmacológicas para sentirse mejor.

El remedio está dentro de nosotros mismos una vez conocido el origen de esa melancolía que parece quitarle sentido a todo. Está en aprender a quererse, asumirse, valorarse, recuperar la autoestima… y parece fácil decirlo, pero lo que es fácil es hacerlo si sabemos cómo y, ante todo, queremos salir del pozo. Y lo principal es empezar por dejarse de mirar el ombligo y ver todo lo que nos rodea, porque hay más bueno que malo en torno nuestro, pero la depresión genera una ceguera llena de autocompasión que nos disculpa de nuestra apatía y de un victimismo que culpa a los demás, al exterior…

He encontrado en Youtube un poema del cantautor Facundo Cabral que lo expresa muy bien y no es un placebo. Os lo incluyo –en su voz- en el enlace de abajo. Es sólo la manera más eficaz de combatir esos estados que nos anulan hasta extremos lamentables. Sólo se requiere que el deprimido quiera verdadera y contundentemente salir de su depresión en vez de abandonarse a ella porque le sea más sencillo no hacer nada por sí mismo, esperando un santo advenimiento que le sane, pero que, dadas las actuales reglas del juego social, no llegará casi nunca, por no decir nunca.

A mí me sirvió salir de la espiral hace algunos años y ni conocía esos versos, que cuánto me habrían hecho recapacitar en el principio de lo que solucioné por pura intuición, cuando estaba llegando a extremos que parecían irreversibles. Dentro, en el centro de esa espiral se estaba aparentemente tranquilo, aunque fatal en realidad. Pero era mi espiral y, por tanto, desde dentro sólo yo tenía el camino de salida.

Y qué alegría ver la luz de nuevo…

© P.F.Roldán

Facundo Cabral:No estas deprimido estas distraído

16 de diciembre de 2008

entre azules, despierto está el olvido


Bajo el cielo, sobre la tierra, voces muy lejanas que cruzan laberínticos espacios; miradas que, sin verse, se tropiezan. Vuestro silencio más locuaz que todas las palabras contenidas en un diccionario. Susurros de la mar en calma; olas que acarician la arena, la huella de vuestros pies en ella. Coge tu mano. La entrelazas con la suya. El vello que se eriza. Sobre su hombro reposas tu cabeza. Noche estrellada, llueven veloces las perseidas. Un gemido apenas contenido. Cierras los ojos. Buscas sus labios con los tuyos. Los besas. Te desea. Le deseas…


Te despiertas. Ya amanece. Notas una humedad viscosa sobre tu vientre. Aún desconcertado, no atinas a desperezarte. Incómodo, los párpados todavía entumecidos y cegados por la luz del alba y el azul violáceo de la paredes. Oyes la sirena de los astilleros. Algo te hiere. Es esa consciencia de haberle soñado y saberlo ausente. Te adelantaste a los dos relojes. Suenan ahora las alarmas. Las apagas. Son las siete. Necesitas ducharte y tu habitual café con leche, pero, pese a todo, algo te retiene. Ni ese humor que ahora, frío, se licua en tu pubis, ni el zureo de las palomas que cada mañana se atreven a invadir tu pequeño jardín, te impelen a saltar de la cama. Permaneces inerte.

Quisieras cerrar de nuevo los ojos. Retomar el sueño. Volver a tenerle. Azul es todo lo que te envuelve. De azul ultramar las sábanas; las flores del plumbago, que ves tras los cristales, de azul celeste. Le intentas pensar en el gris azulado de sus ojos. Casi consigues entreverle… pero el sueño no regresa por más que te empeñes. Sin quererlo, desistes, pero continúas sin moverte. Las siete y veinte.

A cada minuto se desvanece la irreal alegría soñada. Se hace más cierta la lejanía de su piel hecha ilusoria verdad entre tus manos ahora vacías. Ya adivinas que arrastrarás todo el día la melancolía de haber tenido lo que no tienes. El deseo que, sin haber sido, es tan patente como ese primer rayo de sol que, a través del ventanal, te acaricia en este instante la frente.

Y despiertas del todo al fin. Y, como cada mañana, abandonas la inmensa cama, balsa de náufrago a su suerte en estas largas noches sin su compañía.

El temporizador habrá encendido la calefacción del baño. Afeitarte. Una ducha tibia. El desayuno con tostadas –hoy no sabes si mermelada o con sal y aceite-, un vaso de zumo y café caliente. Camisa blanca; traje azul marino… te vestirás pausadamente. Mientras, como cada día desde hace tres meses, te pondrás a pensar cuándo o cómo fue que os hicisteis daño –“todavía te amo”- para que se alejara de ti –“todo te lo di”- con esa inexplicable indiferencia que, aunque ya no te duele, despierta al olvido cada mañana y no te impide que, entre infinitos azules, cada noche le sueñes…

© P.F.Roldán

Luis Eduardo Aute:De alguna manera

13 de diciembre de 2008

versos de la espera


Te quiero,
siento que te quiero,
y callo para no perderte
y finjo y fingiré,
-hasta que aprendas a amarme-
que no siento lo que siento

Te espero,
sabiendo que no quisieras que te esperara
aunque sin querer lo esperas,
-tan grande es tu duda,
tan enorme tu desconcierto-
para hacerme tuyo,
sin que sepas que ya te siento mío,
porque ya te llevo dentro,
yo, guardián de tus secretos,
cómplice de tus anhelos,
–tú, inalcanzable cielo hoy
al que tiendo mis manos
mientras raudo entras en mi vida–,
descifrando tus recónditos misterios.

Y ya te quiero,
sí, te quiero,
y no supliques que renuncie
porque no me arrepiento,
aunque, sin huir, huyas,
cada día, cada noche,
noqueado por lo inesperado
del sosiego que te ofrezco.
Y, queriéndote, no me duele
la inexistente herida que abriría
el contradictorio vaivén de tus deseos
que sólo habita en tus temores.
Temor que yo no siento.

Y sé que me querrás,
aunque creas hoy difícil quererme,
-qué tópicos los prejuicios,
qué lógicos los miedos-
y que todo es cuestión de tiempo,
sólo tiempo,
para vencer las paradojas,
que como coraza llevas dentro,
para reconocer que hay en mí
la paz que hasta ahora te faltó
y que añoras desde siempre
en el mundo de tus sueños.

Dame tus manos, pues,
para que lea en ellas nuestro destino;
dame tus labios
para poner en ellos el futuro...
pero no hay prisa, amor,
-desde el silencio aguardo-
para que la incertidumbre que aún sientes
por ser yo quien soy
-quien nunca fue esperado-,
se desvanezca en el olvido,
mientras encuentras el camino
que te lleva hasta mis brazos,
a tu país de las hadas,
a tu futuro soñado.

© P.F.Roldán

Jorge Drexler:La Edad del Cielo

11 de diciembre de 2008

mi obsesión por la lectura


Tendría alrededor de diez años cuando mis padres empezaron a esconder libros que no consideraban apropiados para mi edad. Devoraba todo, absolutamente todo lo que caía en mis manos y creo que la culpa la tuvieron en el colegio porque a los nueve años, en el curso de ingreso a bachillerato, ya se nos daba a leer El Quijote. Cada día un capítulo. Aquello, a mí personalmente, me marcó para no dejar ya de amar la lectura.

Me aficioné a leer a cualquier hora. Prefería los libros a los indios y vaqueros de plástico o al tren eléctrico, que me traían los Reyes desde la juguetería San Miguel, Y tanta fue mi obsesión por coger todo lo que estaba a mi alcance, que hasta mi madre, alarmada y sin saber qué hacer porque por aquella época mi padre estaba o embarcado o destinado en la Escuela Naval, de Marín, la preocupada mujer no encontró otro “remedio” que llevarme al psiquiatra porque yo era, para ella, “raro”. Dí negativo a su pesar, madre atribulada.

A veces ni entendía lo que leía, porque lo mismo me cogía a Bertrand Russell, qué humorada a esos años, que a Bernanos. Lo que fuera. De hecho recuerdo que releí, de la colección de premios Nobel, La Risa, el ensayo de Bergson. No tenía aún mucha capacidad de comprensión pero captaba ideas y me gustaba pensar, mientras mis amigos se pasaban las horas en la calle, a la que bajaba muy poco y casi obligado porque no les parecía muy sano aquella filia mía, que hasta los periódicos no se salvaban…

El día que me cogieron leyendo Los cipreses creen en Dios, el primer tocho de la trilogía de Gironella sobre la República, la Guerra Civil y las posguerra casi les da un ataque e hicieron una purga de la biblioteca de mi padre, guardando bajo llave otros libros como el Decamerón, el teatro de Shakespeare, Las mil y una noches… que yo aprovechaba en sus descuidos para sacar y volver a guardar… Iba ya por los trece años y como si apenas podía leer en casa, me pasaba a veces por la de mi abuelo, menos pacato que mis padres y gran lector. Fue cuando empecé a escribir los primeros poemas, que hoy releo y casi no salvo ni tres de lo cursis que eran.

Y cumplí catorce y pedí por Reyes libros, que lógicamente no me compraron, encontrándome en su lugar un Scalestrix al que no hice caso nada más que aquel día y por no hacerles el feo. Mi abuelo, que me regalaba dinero, me aconsejaba libros y yo me iba a Escarabajal o a la desaparecida Isaac Peral, ambas en la calle Mayor, y lo que diera de sí aquel aguinaldo volvía en forma de libros que dejaba en su casa ante el temor de que en la de mis padres fueran a parar con los otros, bajo siete candados. Y por otro lado era un contrasentido por su parte, porque mis padres eran buenos lectores, pero me da que no creían que fuera lo apropiado para aquella edad mía, en la que se suponía que tenía que salir en pandilla, jugar y triscar, algo que sólo consiguieron del todo cuando me compraron mi primera bicicleta… Lo que no imaginaban es que yo me iba con ella al faro de la Curra a leer, porque disimulaba preparando cebos y llevándome la caña de pescar.

Así creció mi afición por la lectura y ya no la he abandonado nunca en los últimos 46 años. Creo tener una mediana y aceptable biblioteca que aún sigue creciendo cada vez que puedo permitirme comprar un libro, porque están por las nubes y casi, aunque sea con retraso, me espero a que impriman las ediciones de bolsillo mucho más baratas; o son bienvenidos como regalo de cumpleaños o Navidad. El caso es leer, pero no a tontas y a locas como en aquellas edades en las que cualquier libro me resultaba atractivo. El tiempo te hace más selectivo, aunque sigo devorando desde los clásicos a las últimas novedades –siempre que éstas no sean fruto de pura mercadotecnia, porque hoy tratan de colarte hasta lo más infumable con una buena promoción que comienza, incluso, antes de que el libro llegue a las tiendas-.

Y como apunte -al hilo o al margen, como se prefiera-. Al recordar antes el ensayo de Henri Bergson, el de La risa, me ha venido a la cabeza todo lo que me río últimamente desde que conversamos… y me vuelve a asomar ahora otra vez releyéndonos porque no es un tópico decir que me parto hablando contigo, y con la tuya. Sobre todo porque el verdadero sentido del humor es el que empieza por la capacidad de saber reírse primero de uno mismo. Que quien se ríe, pero no acepta una broma o un comentario ácido cuando nos las “ponen a huevo”, no se ríe de verdad; sólo se burla de los demás y se ofende por alusiones que sólo son producto de su soberbia.

Tenemos que hablar de tantas cosas y hay tanto tiempo por delante… Poco a poco irán saliendo esas afinidades literarias, o no –que es muy sano no ser tan almas gemelas ¡qué aburrido no poder debatir, comentar y opinar!-, como ya vamos descubriendo la música que nos gusta y que en ocasiones compartimos, o tal vez en otras sea que no. Nunca hay nada preestablecido para esto y enriquece aportarse pareceres. Tampoco hay prisa. El tiempo va descubriendo a su ritmo y mientras tanto la risa nos acerca tanto, o más, como saber cuál es nuestro escritor predilecto.

¿No te partes con la corrosividad de Mafalda y compañía? Jajaja Intuyo que sí. Es parte de nuestra otra “literatura”, aunque seamos forofos de Leavitt o de Follet o de Isabel Allende… y aunque nos prive, al contrario que a la niña madura de Quino, una sopa caliente con este frío que pela.

© P.F.Roldán

Kate Havnevik:Timeless

10 de diciembre de 2008

cae la noche... se hace el color


En un par de horas comenzará el silencio. Para entonces, habré conversado contigo entre decenas de risas, porque tienes el don de hacerme reír con tu sentido del humor, y me pondré a imaginar de nuevo colores en la oscuridad. Me alientas a que lo haga, que no tengo nada que perder, que coja confianza en mí y salte…

Es curioso que siendo tan seguro para tantas y tantas cosas, en lo que se refiere a cuanto hago, -sean mis prosas, sean mis dibujos- tengo desde hace muchos años una barrera hecha de inseguridades que, sin ánimo de justificarla, sé que ya sólo está dentro de mí pero me cuesta traspasarla por no sé que atavismo sin sentido.

Y es que para justificarla tendría un montón de argumentos, pero, si lo pienso, todos acaban, en tiempo presente, cayendo inconsistentes por su propio peso porque pertenecen al pasado; así que de qué sirve seguir aferrándome a ellos, aunque sea inconscientemente. No vale lo de decir que tuve ese dilatado pasado en el que me hicieron dudar de lo que hacía. Unos porque me reprochaban ferozmente su inutilidad, que nunca llegaría a ningún sitio, que perdía miserablemente el tiempo. Otros porque, aun diciendo que les gustaba al mostrárselo, se desinteresaban instantes después, como si les enseñaras un suéter nuevo y no les llegara que les querías transmitir algo, con lo que perdía bastante de su sentido lo que hacía. Y quienes lo miraban con indiferencia porque no les interesaba lo más mínimo que alguien pudiera hacer algo que ellos no harían nunca o porque ni sabían apreciar lo que veían sin detenerse a mirarlo.

Eso desanima a cualquiera, sobre todo cuando era un tiempo en el que había circunstancias demasiado adversas que urgía solventar; pero ¿por qué no he sido capaz de pensar en todo este otro tiempo que aquello quedó atrás? ¿Tanta mella causaron aquellas actitudes que aún hoy sigo debatiéndome entre si tiene valor o no lo que siempre he hecho porque me nace de bien adentro? ¿Acaso no lo tiene ya por el sólo hecho de ser parte de mí?

Es la única secuela de la que no he logrado librarme en estos años, aunque haya superado cosas infinitamente peores. Y, de repente y sin esperarlo, me empujas, me incitas, me insinúas que abra una puerta, quizás la única, que he tenido cerrada porque tal vez no había encontrado alicientes para volver a cruzarla, ni siquiera pensando en mi propia alegría de poder crear.

Uno se escuda en que tiene otras expectativas más gratificantes o en que está saturado por otras cosas; pero lo que en realidad subyace es la falta de confianza en sí mismo para retomar lo que en otro tiempo tanto satisfizo.

Y me he decidido a sacar todos los bártulos que preciso para ponerme de nuevo manos a la obra… Sé que no empezaré hoy, pero a su sola vista llegará el momento en que me entre el deseo irrefrenable de volver a cogerlos para dar rienda suelta a mi imaginación, a las ganas de plasmar en un papel todo lo que me apetece decir con imágenes salidas de mis propias manos.

El silencio de la noche está al caer. Siempre ha sido buen compañero para escuchar sin interferencias lo que hay dentro de mí, pugnando por salir, sin que nada dé alas a los miedos, a las dudas, cuando me encare a solas a esa hoja en blanco y empiece a surgir, color sobre color, todo lo que quiero expresar para que alguien sepa mirarlo, sentirlo y compartirlo...

Algo me dice que he entreabierto esa puerta y que quiero volver a entrar y encontrarme con esa parte de mí, la única, que no he sacado en mucho tiempo aunque me lo haya planteado alguna vez, dando carpetazo tras esbozar simples trazos porque seguía varado en viejos complejos, más imaginarios que reales a estas alturas si me detengo a pensarlo.

Tu convicción se hace mi convicción.
A veces sólo es necesario que alguien, con firmeza, te saque de esa apatía -en la que caíste porque llegaste a sentir que nadie creía en lo que hacías, llenándote de inseguridades absurdas- sólo con decir que ante todo confíes en ti antes que en los demás y que ya basta de guardar por los cajones lo que, aunque algunos no lleguen a valorar, también forma parte de tu mundo y has de expresarlo con todos los medios a tu alcance. El triunfo no es ser reconocido por nadie; es hablar como sabes hacerlo con un don que se te dio y has estado desperdiciando.

Los lápices me esperan tras años de abandono. Mi cabeza empieza a bullir.

© P.F.Roldán

Sinead O'Connor:Thank You for Hearing Me

8 de diciembre de 2008

todo se transforma...



“Nadie sabe por qué un día el amor nace; ni sabe nadie por qué muere el amor un día…”

Escucho a Drexler. Pura música; pura poesía… Siempre me llega, sea cual sea mi estado de ánimo, porque encuentro las palabras que, estando yo bien o mal, expresan lo que en cada uno de esos diferentes momentos me gustaría hacer mías con esa credibilidad del que siente lo que dice y que pone en su voz, sin estridencias, siempre con ternura, aunque hable del amor o del desamor; aunque lo haga al cielo y su edad o al que vive en tierra de nadie, o es nadie en su propia tierra…

Hace años que no me deja indiferente porque en cada uno de los versos que canta me toca dentro, y sólo le he visto en directo una vez, cuando vino a Alhama en febrero de 2005, antes de ser “oscarizado” aunque nos regaló en un bis Al otro lado del río, sin saber que meses después se llevaría la estatuilla dorada gracias a esa canción, no sin que la soberbia de los hollywoodienses le hiciera el desaire de no dejarle cantar, sustituyéndole por Antonio Banderas y un Santana que no acertó un solo acorde con la guitarra –quién lo ha visto y quien lo conoció en mejores tiempos-. En aquel concierto disfruté como si estuviera en otra galaxia… y no exagero. Su sola presencia ya lo llena todo como si no existiera nada ni nadie más. Es carismático siendo sólo un hombre más.

Tengo toda su música. Es quizás de los pocos cantautores que me han despertado la compulsión de hacerme con todo lo que edita. Frontera, Llueve, Vaivén, Eco… sin que haya podido encontrar nunca, entre los miles de videos de Youtube, la canción Crece del álbum Sea… canción que alimentó una breve pasión por quien me descubrió a Jorge, con quien tenía cierta amistad, y que tuvo que regresar a Uruguay por motivos familiares, dando al traste con una bonita historia que, a la sombra de las canciones de su paisano, creció sin que nos diéramos casi cuenta y murió de igual manera… y que a veces recuerdo sin ningún dolor, porque el pasado siempre queda atrás, cuando escucho Transoceánica.

No sabría elegir, si me pusieran en la tesitura de hacerlo, qué canción me gusta o me seduce más. Todo se transforma, Deseo, El Pianista del gueto de Varsovia, Mi guitarra y vos, Milonga del moro judío, Crece, Polvo de estrellas, Me haces bien… y no pararía.

Jorge Drexler me produce la misma serenidad que cuando me siento a orilla de la mar en calma, y dejo pasar las horas en silencio. La misma que sentí cuando desde el Monte de las Cenizas, en otro de esos infrecuentes y absolutos silencios, me quede extasiado en un atardecer único y del que ya hablé hace unos meses.

Siempre que viajo me llevo el discman y nunca me dejo ninguno de sus discos, entre otros que también escojo por aquello de que cada música tiene su momento. Y no sé si encontraré, donde vaya, el lugar para escucharle, pero siempre lo hay. Me pasa lo que a la literatura con los libros de Auster. No me apetece si hay trasiego a mi alrededor.

En este instante me quedo con Sanar… Me recuerda tanto de lo que digo en este blog… “Tu corazón va a sanar, va a volver a esperanzarse…” porque “Todo se transforma”… Y es que todas sus canciones parecen seguir un mismo hilo conductor, aunque ninguna sea igual a otra, ni tengan nada que ver entre ellas.

© P.F.Roldán

Jorge Drexler:Sanar

"el día de la madre"


Hay festividades con las que no ha podido en mí el mercantilismo interesado de las llamadas “grandes superficies”, aunque cuando se decidió cambiar la fecha del día de la madre sólo existían dos cadenas de grandes almacenes, que impulsaron que esa festividad se celebrara en mayo, porque en diciembre quedaba demasiado cercana a la Navidad y en primavera, excepto el día del padre, por san José, no había más fechas para incentivar el consumo con otras festividades multitudinarias.

Desde bien pequeño siempre se había felicitado a las madres el día de la Inmaculada, y así lo he seguido haciendo diciembre tras diciembre, el día 8. Me viene a la memoria como los libreros y estanqueras de aquellos años sacaban a la venta postales de la archiconocida imagen de esa Purísima de rostro infantil, de Murillo, a las que para compensar un poco las carencias de aquel tiempo de una España todavía pobre y en el que apenas se gastaba en perfumes –el recurso más habitual a día de hoy-, las adornaban con aureolas de purpurina plateada, que la mitad se quedaba en el sobre, y garabateábamos con la mejor y más cursi de nuestras letras un “felicidades en tu día con mil besos de tu hijo que te quiere”… Eran absolutamente kitch, pero lo que estaba nuestro alcance…

No es que sea convencional o tradicional; simplemente no he sucumbido a la fiebre despertada por los spots de perfumes y colonias que empiezan un mes antes a recordarnos que llega el primer domingo de mayo, como un mes antes del 19 de marzo se nos bombardea para que los padres huelan mejor, o dos meses antes, recién pasados los Reyes, a que los enamorados se regalen por San Valentín, el 14 de febrero, completando mes a mes el ciclo que han impuesto esos mercachifles para que cada mes “te obligues” a comprar. Y es que para abril, el día del libro y los reclamos para primeros comulgantes de mayo. No te olvides en junio de los miles de Juanes o Juanas, y de premiar a los niños por sus aprobados –vuelta a los anuncios de juguetes-, y en julio las rebajas que, cuando te has venido a dar cuenta, ya está la campaña de la vuelta al cole en marcha y las navidades al volver la esquina…

Nunca he sido de regalar a piñón fijo porque sea lo que manda el calendario... exceptuando los cumpleaños de quienes quiero.
Me satisface más sorprender a otros con un regalo, aunque sea un pequeño detalle sin importancia, cuando me viene en gana, sea el día que sea. Y me satisface porque me alegra ver sus caras de alegre sorpresa ante lo inesperado.

Blanca y yo, tal vez influidos por la diferencia generacional con nuestro hermano o hermanas, más pequeños –que sí pillaron la época de ese cambio-, siempre conservamos el 8 de diciembre como el día “de siempre” para sorprender a nuestra madre -que nunca se acuerda de que ya está aquí la fecha-, haciendo caso omiso de las consignas mercantiles de quienes no voy a hacer publicidad gratuita pero están en la mente de todos.

A medianoche, en cuanto dan las doce, lo primero que hago es felicitarla. Ya no tengo a Blanca para que nos pisemos la llamada telefónica a ver quien llega antes –cuántas veces llegamos a reírnos los dos de eso, de lo que nos chinchaba ver que mi madre estaba comunicando por culpa del otro-…En días así me acuerdo más especialmente de ella y de nuestras complicidades, aunque no la olvido ningún día -sin la pesadumbre de quien ha perdido sino con la alegría de lo que permanece vivo dentro de mí- desde el año en el que se fue. Pero esta noche aún menos…
No sé quién se lo habrá dicho pero mi sobrino, su hijo mayor, ha felicitado a la abuela en nombre de su madre antes de que yo lo hiciera y he vuelto a sonreír porque sigo teniendo competencia, mientras que a mi madre se le han saltado las lágrimas, según me ha dicho después, con la salida que ha tenido el crío. Mitad de añoranza de su hija, mitad de alegría por el gesto de su nieto.

Mañana comeremos juntos, pero será diferente a los otros días en los que también lo hacemos, y que no son muy frecuentes; tendrá un pequeño detalle -mi economía en estos momentos no da para mucho- y sé que será feliz sólo por el hecho de que alguien piense especialmente en ella cuando ya otros decidieron que en mayo les venía mejor para hacer negocio, sin que comprendieran que el cariño no entra en el juego de sus componendas.

© P.F.Roldán

Eddie Kilgallon:Happy Mothers Day

5 de diciembre de 2008

manipulaciones arqueológicas


Llega a mis manos el último número de la revista CLÍO, el 86, y, en principio, me encuentro con la grata sorpresa de encontrar un extenso artículo sobre la Cartagena romana de ocho páginas, extendiéndose sobre el Teatro romano y su Museo.

Veo que lo firman los que tuvieron la fortuna de descubrir el Teatro, toda una sorpresa porque no existía referencia histórica acerca de su existencia, Sebastián Ramallo, al que respeto mucho, y Elena Ruiz Valderas, por la que no siento ningún aprecio personal en cuanto a que la veracidad profesional de bastantes de sus declaraciones dejan mucho sabor agrio a los que no somos tan indocumentados como ella nos considera, desde su argumento de la “titulitis” para que tengamos derecho a hablar. Porque ya ha tenido alguna con algún arqueólogo al que ha hecho callar diciéndole que ella es doctora y el otro un “simple” licenciado. Cuanto más no va a despreciar despectivamente la opinión de los que no hemos cursado esa carrera, por mucho que sepamos, si cierra la boca así a sus propios compañeros.

Para empezar, el empeño de esta señora en llamar “Iglesia” de Santa María la Vieja a nuestra Catedral de la Diócesis de Cartagena, que como tal es considerada no sólo por la consejería de Cultura de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, sino también por el Ministerio de Cultura, que la tiene incluida en su Plan de Restauración de Catedrales, y que fue declarada BIC también como Catedral en 1931, siendo ratificado ese BIC en 1972, sin que hasta la fecha, como ya apunté en otra entrada, se haya solicitado jamás la más mínima ayuda para esa restauración por las autoridades locales o regionales. Pero de esta arqueóloga no se puede esperar menos que el que siga las consignas del Partido por el que ha ido ascendiendo puestos vertiginosamente a dedo –pasando de ser una arqueóloga más, por encima de escalafones, a coordinadora municipal de arqueología, después a directora del Museo Arqueológico Municipal y ahora del Museo del Teatro Romano-, y poco estimada por la mayoría de colegas de profesión, que la consideran -soto voce por temor a no trabajar en sucesivas excavaciones si se le encaran- una trepa.

Veo también en este artículo que declara que el Museo es monográfico de los hallazgos en el Teatro, cuando se expone el togado capite velato, encontrado en el Cerro de El Molinete, entre la Curia y el Templo Capitolino y que, por tanto, nada tiene que ver con esas excavaciones del Teatro. Manipulación habemus.

Recuerdo una conversación con ella, estando presentes los arqueólogos que trabajaban en las excavaciones de lo que se dio en denominar la zona industrial portuaria de Carthago Nova, en la calle de la Morería Baja y adyacentes. Entre otras cosas, estuvimos hablando de la oportunidad de conservar aquellos restos, a los que ella no daba valor, pero entre los que se encontró en muy buen estado una calzada romana de punta a punta de la calle, y algunos muros de importantes dimensiones, algún fuste de columna, así como un par de mosaicos que enseguida se cubrieron con plásticos. Su argumento es que no hay que reinventar nada, cuando la mitad de la columnata del principio de la Morería, es más falsa que judas ( tres fustes incompletos y un par de basas originales y el resto sólo añadidos modernos para darle más empaque), y ahora se inventa una presunta exposición monográfica con piezas, el togado no es la única, que en nada guardan relación con el Teatro y que se han sacado de los fondos del Museo Arqueológico Municipal.

Cuando Blanca y Luis de Miquel encontraron el Templo de la Tríada Capitolina, ya Ramallo, según los libros de Mediano Durán, dijo que se encontraban ante una nueva Pompeya en el centro de Cartagena. Frase que ahora se arroga como propia el ex director regional de Cultura, Noguera, trece años después como si fuéramos olvidadizos. Ya entonces se supuso, por Blanca y por Luis, que estando el Templo allí, no lejos estaría la citada Curia, algo que vinieron a confirmar los descubrimientos del Augusteum y del capite velato.

Ese día que Elena y yo coincidimos en la Morería, no me reconoció en principio porque traía la ceguera de la euforia en la cara: “Vengo de descubrir la Curia” y ahí nos enzarzamos en una discusión bizantina, porque la Curia ya estaba datada y porque eran otros los arqueólogos que trabajaban en ella, y que acabó desviando hacia su última visita a los Foros de Roma, al decirle uno de los arqueólogos allí presentes que yo era hermano de Blanca cuando se me puso gallo para callarme... A mí que hablo hasta debajo del agua si tengo pruebas irrefutables.

Pero la discusión más fuerte, que zanjó trepando tacones arriba por las gradas del Teatro otro día que estábamos de visita con el concejal del Movimiento Ciudadano un grupo de patrimonialistas, fue en la que le espeté que cómo se atrevía a negar rotunda y gratuitamente que la Catedral no era Catedral y que la necrópolis paleocristiana, que ella databa de entre los siglos V y VI, no pudiera haber sido de origen bizantino, o tener enterramientos de esa época, ya que estos conquistaron Cartagena, convirtiéndola en la capital de la provincia occidental del Imperio, Spania, con el nombre de Carthago Spartaria a mediados del siglo VI; provincia bizantina nada despreciable ya que en su época de mayor extensión, durante el reinado de Justiniano I, abarcaba casi todo el sur de España y parte del Algarve portugués, con ciudades tan importantes como Corduba (Córdoba), Malaca (Málaga), Begastri (Cehegín), Tingis (Tánger) o Illici (Elche), siendo sede Metropolitana y por tanto, indudablemente, con una Catedral que fuera silla del Arzobispo metropolitano. Curioso resulta que como tal conste en actas san Liciniano, y que, en el palacio episcopal que se encuentra en Murcia, haya un retrato antiguo de san Fulgencio, patrón de la Diócesis y santo cartagenero, en el que figura la leyenda “Arzobispo de la Carthaginense”.

Pero aún hay más. Desde Murcia, los historiadores regionales han dado por sentado siempre que Cartagena dejó de existir totalmente tras la destrucción de la misma, para convertirse en una aldea de pescadores, una vez conquistada a los bizantinos en el año 622 por el godo Suintila, apoyándose en un texto de san Isidoro, que no estaba aquí para cerciorarse de que tal destrucción fuera tan extrema, y cuando en 675, Munulo, obispo de Cartagena, aparece firmando una de las actas de los concilios de Toledo, lo que demuestra que 50 años después de su toma por los visigodos, había un obispo con su sede en la ciudad. Y un obispo siempre tiene su sede diocesana en una Catedral.

Así que ¿”iglesia” de Santa María la Vieja? No, señora Ruiz Valderas, Catedral de Santa María, le digan lo que le digan que tiene que decir los políticos de turno. No manipule. Y, de paso, devuelva el togado al Museo Arqueológico pues nada tiene que ver con el del Teatro, y que en todo caso se ubique en su día en la Curia que se está musealizando debajo del aberrante Centro de Salud, por obra y mandato de su Ilma. Barreiro, en el Parque Arqueólogico de El Molinete, que va desde el Decumano de la plaza de los Tres Reyes y las Termas, pasando por el Templo Capitolino, hasta la mencionada Curia.

© P.F.Roldán

Paco Ibañez:Es Amarga La Verdad

me reitero, te insisto… ¿quieres escuchar!


¡No has perdido nada! ¡No has perdido nada! ¡No has perdido nada!
Al contrario. Se te ha dado la oportunidad de reencontrarte y ser feliz contigo mismo lejos de quien te ha hecho sufrir hasta la saciedad durante años; de quien por cada rato de felicidad te ha dado cien de amargura y decepciones de cien diferentes maneras; de quien nada te ha aportado ni reportado.

¿Por qué lloras si has recuperado tu libertad en vez de alegrarte por ella? Piensa si se merece tus lágrimas, tus malas noches de pesadillas, tu tristeza, pero sobre todo indaga en tu inteligencia, que la tienes –los dos lo sabemos y quienes te quieren también-, si te mereces tú padecer de esta manera por quien nada hizo por ti cuando le diste tu vida entera mientras estuvisteis juntos sin que nunca hubiera nada recíproco que te pudiera hacer feliz.

Sólo existió lo que pudiste sentir en tu corazón por quien tanto mal te ha devuelto. Ahora sabes que ni eso queda dentro de ti. ¿A qué, pues, ese duelo? ¿Por qué esas ganas de revolcarte todavía en un fangal del que se te dio la oportunidad de salir y que sólo es ya como agua pasada que no ha de volver? ¡Déjala correr y tú vive! Porque quien te ha abandonado está viviendo sin acordarse ni de que existes si no es para reírse malvadamente de ti cuando le llega a sus oídos que estás al borde de la depresión. Sin embargo, tú sigues en pie entre tanta ruina y ruindad. ¿No eres capaz de verte erguido hacia el cielo mientras todo queda asolado a tus pies? ¡Detente a observarte y niega, si puedes, cuánto vales!

¿Depresión? ¿Por causa de qué? Si desde hace años no eras libre… Algún día no muy lejano agradecerás que todo haya sucedido así aunque ahora te parezca imposible.

Mira por ti. Vive para ti. Pensarás que es fácil decirlo viendo los toros desde la barrera, que no es a mí a quien le duele, pero piensa que con eso mismo hemos lidiado todos en alguna ocasión y que, aunque seamos todos diferentes, la meta es la misma para cada uno de nosotros, y que no me merece la pena alargar en demasía el tiempo, si no del olvido, el de la propia rehabilitación de nuestra mente y de nuestro corazón cuando han sido destrozados. Cuanto más dejes pasar más deteriorado se volverá todo y el precio a pagar será más alto. ¿Quieres pagar ese precio por algo que no tiene ya ningún valor o gastarlo en ti para enfrentarte en perfectas condiciones a lo bueno que esté por sucederte de ahora en adelante?

Sólo cuando uno se quiere de verdad puede llegar a ser querido en igualdad de condiciones por quien sepa ver todo lo que hay en nuestro interior. De otra manera evitarán nuestra compañía al vernos desolados. ¿Quieres que te rehúyan los que podrían llegar a amarte como siempre has deseado? Está en tus manos, en tu voluntad, salir de ese círculo vicioso en el que te han mantenido tanto tiempo y en el que te han dejado solo…

¿Solo? Sabes que no lo estás. Piensa en tus amigos de verdad; en todos los que te han sido leales siempre; en los que nunca has dejado de confiar… Son mil veces más importantes que un solo segundo de lastimosa autocompasión y en ellos encontrarás una parte del sosiego perdido. El resto depende de ti. De cuando a solas puedas ser capaz de decirte cuánto vales y que mereces una vida mejor que la vivida.

Nada hay peor en esta vida que una sola lágrima derramada por causa de quien no la ha merecido nunca, por mucho que nos trastornara el corazón, y menos cuando nos vuelve del revés la inteligencia, negándonos así la posibilidad de mirar el porvenir con esperanza. Si hay quien puede creer que disfruta con tus derrotas, alégrate pensando que no son tales. Es tu victoria para seguir adelante sin cargas.

¡No has perdido nada! ¡No has perdido nada! ¡No has perdido nada!... y nunca perderás nada mientras logres estar en paz contigo mismo. ¡Vive, joder! Que sólo tienes esta vida y no merece la pena desperdiciarla ¿o acaso lloras por la bolsa de basura cuando la llevas al contenedor?

© P.F.Roldán

Joaquin Sabina:La Bien Pagá

4 de diciembre de 2008

girasoles


Terminé anoche de leer Los Girasoles Ciegos, de Alberto Méndez. Qué buen y emotivo libro. (Gracias por descubrírmelo, como hiciste con El Libro de la Ilusiones, de Auster… aunque he de confesarte que no te hice mucho caso con El niño con el pijama de rayas, de Boyne, que leí la semana pasada y que a mí si me ha gustado, como un terrible cuento de Perrault, aunque no tanto como “los girasoles”; en esto te doy la razón.)

Cuando regresaba de León hace un par de meses, tomé desde el bus una fotografía de un campo de girasoles que salió movida porque la cámara que llevaba no está preparada para captar fotos a mucha velocidad. A punto estuve de eliminarla cuando empecé a seleccionar de las fotos del viaje las que merecía la pena guardar, pero ésa en concreto, pese a estar desenfocada, me resistí a borrarla sin saber entonces porqué.

Siempre que he pasado por Castilla a principios de otoño, me ha gustado contemplarlos; ese amarillo brillante que dan a los páramos de la meseta, a veces pardos de infinitos matices, en ocasiones marrón oscuro -como humoso-, salpicados de exiguos verdes –alguna pequeña pinada solitaria- según otras épocas del año, porque son tierras llenas de contrastes según sean los cultivos (viñedos, trigales, olivares, pastizales…)
Ese amarillo de una flor a la que, aun hermosa en plena floración, no había dejado de considerar hasta ahora algo “tonta”, tan prendada del sol que lo va siguiendo durante todo el día sin voluntad propia.

Ahora, al terminar el libro, intuyo que realmente es una flor condenada, para subsistir, a seguir de por vida -como sometida a él, no enamorada- el decurso de la luz diurna… como los personajes vencidos de los cuatro relatos del libro.

Me ha emocionado especialmente la historia de Lorenzo, el niño del último de los relatos que da nombre al libro, aunque no dejan de hacerlo igualmente el capitán Alegría, Eulalio, luchando por la vida de su hijo recién nacido, o Juan Senra. Vencidos y humillados hasta extremos inhumanos, que en un momento crucial y al límite encuentran la dignidad, que les han robado, en dejar de someterse a pesar de saber que les espera el más indeseable final, en una voluntaria y suicida ceguera.

Cuántos girasoles ciegos nos rodean cotidianamente sin que sepamos nada de ellos hasta que salen en las páginas de sucesos. Nos cruzamos con ellos por las escaleras, en los autobuses urbanos, en el supermercado… y nada sabemos del sufrimiento que arrastran, escondidos en un disimulado armario, como una tumba en plena vida. Mujeres, y también algún que otro hombre porque no sólo ellas sufren la violencia llamada de género, sometidas y apaleadas por sus parejas o ex parejas; verbal y físicamente vejadas, hasta que un día se revuelven contra una vida que les niega hasta la alegría más pequeña en manos de un sujeto atroz, del que sus vecinos siempre dicen, sorprendidos -aunque cueste de creerles-, que jamás sospecharon de su violencia y crueldad como si esos síntomas esquizoides surgieran por generación espontánea en un funesto segundo inconcreto.

Y es que existimos otros girasoles ciegos, pero sin la dignidad de aquellos. Los de la falsa ceguera; los que cerramos los ojos a los que nos rodean, siguiendo mecánicamente -por miedo o por comodidad- nuestro incesante rotar diario… aunque a través de las rendijas de las ventanas y puertas, de los tabiques o respiraderos comunitarios, nos lleguen, desgarradores, los gritos y lamentos de aquellos que acabarán sucumbiendo a manos de sus tiranos.

© P.F.Roldán

Luar Na Lubre:Domingo Ferreiro (imágenes de "los girasoles ciegos", de J.L.Cuerda)

Bebe:Malo

3 de diciembre de 2008

llevarse palos... no siempre duele


A veces nos vapulean, pero no está mal a pesar de que nos podamos sentir fuera de órbita en los primeros momentos, y aunque sea duro si sobre todo sabemos que no nos merecíamos que se nos tratara así.

Cada cosa que nos acontece no es solamente una nueva experiencia que almacenar en el chip de la memoria. Es una nueva lección que, sabiendo asimilarla, nos ayudará a no sobrestimar nada y a nadie por encima de su auténtico valor guiados más bien por las emociones que por la razón.

A final todo acaba poniéndose en su lugar porque, no existiendo las casualidades -al menos para mí-, el destino te acaba cruzando con quienes te dan la respuesta a lo que pareció un sinsentido. Y es que estos te confirman que algunos no son lo que aparentan para hacerte creer en ellos, fingiendo una imagen tan edulcorada artificialmente sobre su personalidad cuando sólo es simplemente una tramoya que consigue que tu sexto sentido deje de funcionar para caer en la trampa que ladinamente han ido tendiendo con premeditación, estudiándote antes a fondo para encontrar tu talón de Aquiles.

Cuando te abren los ojos a la verdadera realidad –nunca es tarde si eso libera y enseña- empiezas a comprender que los primeros análisis que hiciste al recibir el varapalo no iban muy desencaminados aunque en un principio el sentido común estuviera tan obnubilado como para aceptarlos como acertados o verosímiles. Pero, después recuerdas que hasta te negaste incluso a escuchar a los que veían de antemano la que se te venía encima, porque uno mismo, erre que erre, eligió la ceguera y la sordera bajo los efectos adormecedores de la conciencia que los anhelos del yo más primario despliegan, ofuscándote.

Es cuando ya te has llevado el palo que recobras la sensatez y escuchas y ves lo que no quisiste aceptar en un primer momento, y te das cuenta de que también tus alarmas sonaron entonces porque había cosas que te descuadraban lo que ya tu experiencia sabía, pero las desoíste porque deseabas confiar en tu fuero interno que, aun estando escaldado, esa vez todo era creíble. No era posible que nadie pudiera mantener una mentira tanto tiempo. ¿No tienen las mentiras las patas cortas, dicen?

Pero, de sopetón, cuando ya has recibido la bofetada y se ha pasado esa euforia, más propia de primerizo, y has bajado del cielo a la realidad en un santiamén y los sentidos vuelven a ponerse en marcha, incluido el sexto –al que anestesiaste con tu afán de creer un poco a tontas y a locas-, vuelves la vista atrás y entonces recuerdas que no ha sido la primera vez que caíste. Que siguen existiendo los embusteros profesionales, bien pertrechados en su dilatada experiencia con artificios que ignorabas porque eran nuevos para ti, aunque siempre tengan alguna pieza que no encaja porque ya es tan vieja como sus artimañas compulsivas. Era la pieza que no te encajaba en el rompecabezas, la que te descuadraba el puzzle y que preferiste obviar porque las otras eran más atractivas por novedosas para tu credulidad, pero ésa ha sido la que finalmente te ha acabado dando la clave cuando has quitado cerrojos a tu recaída en la estupidez y has escuchado a los demás y, sobre todo, a tu interior que cada día se va volviendo más prudente.

Ahora eres consciente, al fin, de sus carencias emocionales y hasta culturales; de su vacuidad disfrazada con arrumacos que te atontaban; de su pretenciosidad que sólo era la máscara de su pobreza en principios esenciales… Y disculpabas todo eso, que presentías sólo fachada pero te negabas a ver, porque querías amar y el amor lo disculpa todo… aunque ahora reconoces lo poco que habría durado, de haber continuado, al no poder existir una reciprocidad que os hiciera cómplices más allá de las caricias o los besos, en esas otras horas en las que la comunicación no habría sido posible al estar en diferentes planetas a años luz el uno del otro. Y en vez de entristecerte, hasta te sientes aliviado y contento de que te hayan apaleado

Y por eso decía al principio que no está mal llevarnos un palo, aunque cada vez sea más de tarde en tarde, porque nunca seremos lo suficientemente experimentados en toda nuestra vida para saber protegernos siempre de las asechanzas de algunos. Esta nueva lección nos ha servido de mucho como para no apreciarla, dejándonos arrastrar por la iracundia del sabernos estafados.

La rabia no conduce a ninguna parte; pero reconocer con humildad que seguimos y seguiremos siendo vulnerables, pese a todo lo vivido, y que hemos de seguir aprendiendo cada día hasta el final nos hará aún mas fuertes y un poco más sabios.

© P.F.Roldán

La Lupe:Teatro

1 de diciembre de 2008

la alegría de ser yo mismo


Con mis virtudes y defectos, sé quién soy, lo que quiero y lo que espero. Y estoy alegre porque, aunque me caiga cien veces, cien veces sabré levantarme, porque soy consciente de que aún me caeré muchas más, pero tengo la valentía de enfrentarme con todo lo que la vida quiera ponerme a prueba.

Nunca me han faltado arrestos para encarar cualquier situación difícil, por el contrario me crecen en valor y fuerza; al revés de lo que hacen otros que se las pasan lloriqueando sus males y siempre sintiéndose fatal… incluso con fingimiento a veces porque no es para tanto, sobrecargándote.

Tal vez aprendí hace tiempo a no entrar en según qué juegos a varias bandas, como si vivir fuera una mesa de billar en la que te llevas tacadas por todas partes, ni a dejarme avasallar por unos y otros, como si fuera un pelele sin cerebro ni sentimientos, porque algunos vivan sólo pendientes de su entrepierna sin saber lo que significan palabras como respeto, lealtad o sinceridad. Vocablos que sí están en mi diccionario cotidiano y que practico, proporcionándome una existencia más llevadera cuando vienen mal dadas y te quedas un poco fuera de juego por unos instantes cuando las circunstancias te sobrepasan, a la vez que me hacen sentir un poco más libre que quienes viven esclavizados por sus instintos, mintiéndose y mintiéndote..

Y es que también he aprendido a sobreponerme enseguida de esas situaciones. Hace mucho que supe que es una inutilidad alargar sine díe los duelos; que es estéril llorar por una planta, aunque fuera muy valiosa, que se ha secado y que por más que la riegues nunca retallará. Quien jugó a perderme perdió más que yo. Sólo hay que volver a recordar el poema de los Epigramas de Ernesto Cardenal. También me libera.

Al menos a mí me queda lo que siempre he conservado como oro en paño, lo que cuantos me habéis leído ya sabéis: mi sonrisa. Esa sonrisa que puede hacer sonreír a otros –lo que ya es suficiente para llenarme de alegría- porque la vida no vale nada si nos quedamos impasibles ante quien precisa de nosotros. Ella es la que me sigue manteniendo lúcido ante los desatinos ajenos y llenándome de coraje para vivir y ser útil a quienes de verdad me necesitan. Quizás por eso colaboro en la medida de mis posibilidades con varias organizaciones, que sería una presunción citar.

¿Recordáis el cuento “La camisa del hombre feliz”? Al final resultaba que tras mucho buscarle, el hombre feliz no tenía camisa. Pues así me siento en cierto modo. Despojado de todas las cosas superfluas que, como cadenas, me impedirían ser algo más feliz algún día de estos. La moraleja de aquel cuento era ésa. Se alcanza la armonía interior cuando no se alberga dentro de uno ni rabia, ni odio, ni envidia, ni resentimiento, ni penas incurables, ni tantas de esas cosas que nos hacen desgraciados porque otros sean felices… o porque tomamos como excusa que otros nos impiden ser felices porque nos odian, nos envidian, nos rechazan o nos hacen la vida imposible, alimentando con ello un insano victimismo. Sólo se puede alcanzar un poco más de felicidad cuando, liberados de todas esas triquiñuelas que se inventa nuestro egoísmo o nuestra cobardía, somos capaces de ser generosos con los demás sin esperar nada a cambio.

En nuestras manos siempre tenemos el poder contrarrestar todo el mal que pretenden hacernos, sobre todo emocionalmente, las gentes vacías si sabemos quienes somos y que nada puede desbaratar nuestra paz interior… y a pesar de que, humanos, suframos raptos de impotencia y anonadamiento, no exentos de justa ira, ante la perfidia de otros. Pero sólo de nosotros depende que duren lo preciso para no ir a la deriva a causa de ellos, dejándonos arrastrar por esas marejadas, y coger el timón para virar a tiempo antes de encallar en peligrosos arrecifes que sólo conseguirían ahogarnos en un mar de sufrimientos.

En nuestro poder está la balanza para conocer el peso justo de las cosas y su verdadero valor. A quien darnos y a quien no, y a veces, a nuestro pesar, no será tanto como creíamos; otras valdrá más de lo que esperábamos. Lo único importante, sin resignarse –nada más triste y patético que la resignación, más propia de coplas y boleros desfasados-, es aceptar las cosas como vienen, poner de nuestra parte para saber vivirlas tal cual e intentar asumir que la vida, como las rosas, no deja de tener también sus espinas, y que unas veces la disfrutaremos y otras nos herirá, pero no por eso dejará de ser hermosa si la vivimos hacia afuera.

Cuando uno es uno mismo, y vive como es y es como vive, no hay espina que se pueda clavar tan hondo como para dejarnos maltrechos indefinidamente, aunque queden cicatrices. Sólo los débiles, los cobardes, los faltos de identidad, los que se ignoran a sí mismos, los que se encadenan a su ego, los que se dejan maltratar… nunca tendrán la fuerza suficiente para encontrarle valor a su existencia y sobreponerse a cualquier desafortunado avatar, del que no estamos libres ningún ser humano pero algunos sí tendremos la capacidad para superarlo.

La diferencia estriba en querer vivir hasta la muerte o vivir muertos en vida.

© P.F.Roldán

Pablo Milanés:la vida no vale nada...

30 de noviembre de 2008

la vida continúa



Hace años, una mujer culta y ama de casa de lo más corriente, mi abuela materna –de la que heredé cierto don, uno de esos en los que nadie cree hasta que los pasmas con un augurio que se cumple- me enseñó una especie de ritual para alejar a las personas que no son buenas para tu vida. Y lo extraño del caso para los incrédulos es que siempre que lo he puesto en práctica ha funcionado en menos de 72 horas.

No es nada perverso ni tiene que ver con magias negras puesto que no se le desea mal a nadie. Que el Cielo nos libre de que se nos devuelva con creces aquel daño que se pueda desear a alguien. Es únicamente una oración –qué cosa más simple ¿no?- para apartar de nuestro lado a quienes no son positivos para nuestra evolución y que, a veces cegados por los sentimientos de amor o de amistad, no pensamos en que lo sean.

Son esas raras cosas que parecen impropias de una persona con una cierta cultura, pero que se han transmitido durante generaciones y, sin que por ello uno sea un analfabeto, porque ahí está la experiencia para demostrar que funcionan. Cada equis tiempo, cuando son tiempos revueltos, las suelo poner en práctica y nunca han dejado de ser eficaces. A la vista salta a raíz de los hechos más recientes.

Fue curioso encontrar ese mismo ritual en un recopilatorio de América, la madre de Olvido Gara, Alaska, que también ésta aporta al libro el suyo propio. Así que, por lo visto, es algo que viene de lejos.

Habrá quien piense que son supercherías, pero nada más lejos de la realidad. Son ritos que se vienen practicando ancestralmente, desde las distintas formas de cultura y por diferentes motivos, desde que el hombre pintaba en las cuevas para atraer la caza. Pero los hombres del siglo XXI sólo solemos creer en lo que vemos o es tangible.

Anteanoche, cuando tuve el rifirrafe con el de los sms, me acordé de que hace tiempo que no lo ponía en práctica y me puse a ello, porque tal vez -por esa dejadez- vengo cayendo últimamente en manos de algún otro desaprensivo o sin las ideas claras –digámoslo así por ser piadoso, porque a cierta edad ya no somos niños- que juegan con los buenos sentimientos y la confianza de los demás.

Para los que no lo vean una estupidez, transcribo este ritual, nada complicado de ejecutar y que sólo requiere creer en su efectividad.

Una cuartilla de papel, en blanco, sobre la que vamos escribiendo en el anverso –a ser posible con lápiz, que es un medio menos artificial- los nombres de todos, absolutamente todos, los que conocemos, incluidos los familiares, los amigos de siempre, los nuevos, los simples conocidos… y en el reverso una sencilla oración: “Ángel de mi Guarda que me proteges siempre, líbrame de aquellos que, de entre todos estos aquí nombrados, sean un obstáculo para mi vida o me deseen algún mal. En ti confío para que los alejes y me libres como hasta hoy de quien no me quiere. No les deseo ningún daño. Al contrario, te ruego que su propio Ángel les ilumine. Amén.”.
Acto seguido encendemos con cerillas, nunca con mecheros, una vela blanca, a ser posible de las que dan en el Oficio Pascual del Sábado de Gloria (siempre tengo la de un año para otro), aunque vale cualquier otra mientras sea blanca, y en un cuenco de barro le prendemos fuego al papel. Una vez quemado se arrojan las cenizas a una corriente de agua, que en casa se sustituye por el inodoro, concentrándonos en que desaparezcan de nuestra vida todos aquellos de ese listado que no son benéficos para nosotros a la vez que agua arrastra esas cenizas. Pasados unos minutos, apagamos la vela, nunca soplándola sino con las yemas de los dedos humedecidas previamente.

Hace no más de dos horas se despedía de mí alguien por quien yo sentía mucho, intentando –como todos- venderme como premio de consolación la moto de lo del amigos para siempre (que de esos y buenos tengo los suficientes), pero de quien dudaba desde que le vi por última vez por una serie de historias raras a medio explicar poco convincentemente, esperando que tal vez otro día serían más clarificadores sus argumentos. Ahora ya sé que, como supuse, ese día no llegará porque todo él me ha demostrado que es una mentira tras otra (y eso que no quise escuchar a quien quería ponerme sobre aviso porque aborrezco los dimes y diretes de gentes despechadas). El tiempo es maestro y, además, estoy bien protegido como vuelvo a comprobar para que me hieran de forma gratuita.

Reconozco que soy muy crédulo a veces y no niego nunca la oportunidad de que la gente se pueda sincerar. Es una oportunidad que no se le puede negar a nadie y menos cuando deseas quererla. Lo he repetido muchas veces. Me tienen que dar tres patadas para que me dé cuenta de que van a por mí. La primera siempre la interpreto como algo accidental; la segunda, me da qué pensar pero la disculpo; la tercera me empieza a abrir los ojos… la cuarta llega cuando ya no pueden hacerte daño porque te has protegido, aunque incluso sin daño puede llegar a doler porque no somos de piedra… El caso es que se ha despedido y, aunque el corazón se ponga renegón, la razón sabe que ha sido lo mejor porque ya me costaba confiar en él.

Soy de mucho razonar y analizar, así que cuando me ha ofrecido simplemente su amistad, no he tardado ni una hora en concluir que no me interesa para nada seguir en tratos con alguien del que ya dudaba como persona y por qué no entiendo que se cree la gente que es una amistad de verdad, cuando ninguno de sus actos en estas semanas me han demostrado que sepa lo que es y a pesar de mi absoluta incondicionalidad que no le ha pedido explicaciones en ningún momento. En fin. Seguimos aprendiendo día a día.

Y la vida continúa. No se queda atascada en una historia que en breve es agua pasada, y porque de esas historias hemos vivido muchas, demasiadas, como para recaer en estados indeseables. Por mucho que se haya llegado a sentir y a querer, abandonarse a la melancolía es una pérdida de tiempo cuando detrás de ella suelen venir las lágrimas y la tristeza. A veces, sin ser insensible, se me hace incomprensible el verso de Neruda: “es tan corto el amor, y es tan largo el olvido”, porque, por romántico que sea, no resulta nada práctico para la salud mental. Y sin ésta dudo que pueda volver a sentirse amor de nuevo.

Por el contrario. Hay que seguir conservando ese otro don: el de la sonrisa, porque mañana volverá a salir el sol, seguiremos viviendo y hay que ver el lado positivo de las cosas. Aunque no nos haya gustado perder lo que creíamos real y nos hizo felices, hay que pensar que si ha ocurrido así es porque se nos ha liberado de un lastre, uno menos, para nuestra vida.

Dejé claro que soy muy heterodoxo en cuanto a mis creencias, pero nunca dejo de tener en cuenta que tengo un Ángel de la Guarda que vela por mí. Tenga la forma que tenga y sea quien sea, el caso es que nunca he dejado de sentir su protección desde bien pequeño.

¿Supersticiones? Afirmo rotundamente que hasta ahora “ese Alguien” me ha ido librando de todo mal, sacando de mi vida a quienes no merecen estar en ella. Y puede que mi corazón no lo entienda, pero siempre me queda la sensación de una inmensa paz. ¿Paradoja o simplemente el sentido común?

© P.F.Roldán

Astor Piazzolla:milonga del ángel

están ahí...



Desde hace unas tres semanas, ha comenzado el bombardeo televisivo de anuncios de turrones, juguetes mil, colonias y perfumes, sidras o cavas… anunciando que se acercan las navidades, y con ellas el estímulo a un consumismo desaforado, como si fueran los únicos trece días del año en los que podemos ser felices si nos dedicamos a echar la casa por la ventana.

Si ya de por sí se había desvirtuado en años anteriores la cosa, porque invitar a comprar por encima de nuestras posibilidades es llegar al mes de enero con los bolsillos vacíos –al menos el españolito de escaso sueldo-, ahora, con la crisis esa incitación al consumo es no sólo aberrante sino inmoral, porque la gente nos solemos dejar llevar y parece que si no gastamos no estamos a la altura…

¿A la altura de qué o de quién?

Hay quien dice no creer en la Navidad y hasta que odia estas fiestas, pero no se priva de comprar cuanto pueda “porque es lo que toca” en estos días. Así que nadie está a salvo del despilfarro incontrolado, que ha ido creciendo a lo largo de estos últimos años mediatizados por el exceso de publicidad. ¿Será que esa manera de gastar compulsivamente nos evade de los problemas reales?

Recuerdo cuando a los que sí creemos en la Navidad nos hacía felices que esas fechas fueran el motivo o la excusa para que toda la familia se pudiera reunir en torno a una mesa a cenar o comer; que no existía Papá Noel para volver a gastar en Reyes otro tanto, y que nos alegraba que esos Reyes Magos nos dejaran cualquier cosa, de las muchas que les habíamos pedido, y un poco de “carbón” para recordarnos que no habíamos sido del todo buenos. Pero los niños de ahora, maleducados en una sociedad en la que eres más cuanto más tienes y más puedes presumir antes los demás, patalean sino se les compra el último modelo de videoconsola o de muñeca que eructa, hace pis y te llama “mamá” cuando la achuchas contra el regazo. Y los padres no contribuyen a que sepan que no todo es tener y tener, aun sabiendo que muchos de esos juguetes quedarán arrumbados a los pocos días, cuando sus criaturas se aburran de ellos, por mucho dinero que se hayan gastado en comprarles lo mejor del inmenso mercado que se monta de cara a estas fechas.

No van a ser unas navidades tristes para la inmensa mayoría, y aunque nos cueste pagar la hipoteca. Seguiremos consumiendo podamos o no podamos. Hay que ser forzosamente felices en estos días porque así lo pregonan los grandes almacenes y las afamadas marcas de productos inútiles… si no lo haces serás un pringadillo, y eso no le gusta a nadie, aunque vaya en contra de lo que sería racional.

No nos conformaremos con montar el árbol de siempre, o el belén aquellos que lo pongan. Hay que llenar hasta lo increíble las mesas de manjares exquisitos, aunque queden sobras que irán directamente al basurero; nos daremos regalos en los que, por otra parte, no solemos atinar mucho aunque nos hayan costado un dineral pero es la norma no escrita del “quedar bien”, y cuanto más caro sea el regalo –por muy inadecuado que sea- más demostraremos que somos, no generosos, sino más pudientes que el que compró algo más acorde con su economía.

La Navidad se ha convertido en la fiesta del aparentar y a mí, que personalmente sí me gustaban esos días, me entran ya ganas de odiarlos porque es como si dejáramos de ser los que somos para convertirnos por casi dos semanas en tristes marionetas de una sociedad de consumo de un mundo globalizado para peor, con un gordo barbudo y flatulento, vestido de rojo, imagen publicitaria de un refresco made in USA, al que ya muchos horteras cuelgan de sus balcones convertido en símbolo de estas fiestas.

Si nuestros abuelos levantaran la cabeza seguro que se sacaban el cinto y nos corrían a zurriagazos por descerebrados porque la felicidad no es tener más y más, y por encima de nuestras posibilidades, sino ser feliz con lo que ya se tiene... y sobre todo con el amor de los tuyos.

© P.F.Roldán

Marlene Dietrich:Little Drummer Boy


29 de noviembre de 2008

ya sin paños calientes



Esto es como un epílogo a los textos sobre el estoicismo y los límites de la paciencia.

Uno a veces se equivoca al pensar que a la gente, a “esa gente”, le queda un mínimo de dignidad para comprender que no quieres nada con ellos cuando les cortas el teléfono seis veces en diez minutos escasos; cuando ya los eliminaste de tu messenger y de tu vida.

Este individuo no es así. Es un obseso que debió de perder la cabeza en cualquier parte, un enfermo mental con manía persecutoria, porque al ver que no le daba cancha se dedicó a mandar sms, hay veintiuno contados en menos de hora y cuarto, uno tras otro, a cual más insultante e incluso gravemente amenazadores. Tanto que tuve que llamar al 091 y presentar una denuncia por esas amenazas y por el acoso continuo que hizo durante horas… y que ya venía de dos días atrás, sin que le diera mayor importancia, pero ayer fue la traca final al ver que no se salía con la suya.

Con todo lo que ya conté anteriormente, y lo que por respeto me callé, quedaba bien claro que es una persona indeseable, egocéntrica, insegura, acomplejada, cargante, exigente con los demás; de esas que no saben asumir que les dices que NO y te persiguen sin tregua porque no les entra en su desvarío que quieras huir de ellos como de la peste. Se creen divinos y que los demás hemos de ser planetas alrededor de su ego.

Y hoy ya no me callo, ni por respeto, porque no lo merece un tipo así. Se acabaron con él los paños calientes.

Si ya te enteras de que ese tío es un ladrón que ha desfalcado varios miles de euros de la cuenta corriente de su propia madre, al poco de que ésta enviudara hace unos meses; si encima te desmiente lo que muchos te cuentan de que es un puto o chapero para costearse las pijadas a las que no tiene acceso con la miseria que le saca mensualmente a la familia, que no puede ni pagarse el alquiler, pero acabas encontrando a los que te lo confirman con pruebas; si encima sabes que de licenciado en geografía tiene lo que yo de astronauta; si sólo te persigue para ser el centro de tu propio universo, tratándote como a una mierda porque sólo cuentan él y sus cosas… Más motivos aún para haberle eliminado del todo. Y ya el redoble de tambores llega anoche, en mitad de la persecución, cuando dice que se viene desde Murcia a mi casa, 40 kilómetros, muy cabreado y que no sabe lo que será capaz de hacerme si no le doy explicaciones satisfactorias… ¿Qué es el concepto de satisfactorio para una cabeza extraviada? Vamos que los pobres enfermos mentales a su lado están más que cuerdos.

Con su cuerpo puede hacer lo que guste. Nunca he pedido ni pediré explicaciones, ni me asombro ni me hago cuces con nada. Cada uno es libre de hacer lo que le dé la gana con él, hasta de ponerlo en venta, si quiere, para ganarse la vida fácilmente ya que lo de trabajar, según sus palabras, no es lo suyo. Pero lo que no consiento es que entre en mi vida privada como un elefante en una cacharrería un niño tonto e infeliz, incapaz de comprender en su hueca cabeza que cuando has decidido tomar el camino del distanciamiento es porque hay sobradas razones.

Para qué repetir aquí sus improperios si sólo es el triste autorretrato de su propia vida lo que suelta por esa lengua viperina. Sus complejos, carencias, envidias, inseguridades,…

Entre tantas miles de personas, me tenía que tocar a mí dar con el esquizofrénico de turno, que se sabe vender muy bien, rogándote que le ayudes, que tú puedes aportarle luz a su caótica vida… y uno como un tonto cae en la trampa. Pero luego también te enteras de que no eres el único. De que esto mismo lo ha hecho y lo sigue haciendo con decenas de personas.

Quería mis predicciones, creyente de mi sexto sentido, y las tuvo. Quería saber como resolver sus problemas y le di soluciones. Pero nada fue de su agrado porque no era lo que quería oír. Pues aún me faltaba un último augurio y no soy yo el que lo lanza como si fuera mi venganza, sino él mismo como consecuencia de sus actitudes.

Con su rencor y su odio se ha quedado desprotegido de todo bien que hubiera podido llegarle. Es como si hubiera cerrado las puertas al cambio favorable de sus circunstancias actuales y la vida le devolverá cada maldad de su corazón con un pedazo de infierno, hundiéndolo más en sus miserias hasta que encuentre una chispa de bondad en su interior para volver a salir a flote. Porque el infierno no es ese lugar de llamas eternas, sino que está aquí, en la tierra, y es la consecuencia de cada una de nuestras acciones.

No me da lástima ninguna. Él supo el camino a tomar pero se ha negado a seguirlo. Es su libertad para escoger y ha escogido. A partir de ahora que no se extrañe si todo le va de mal en peor, si es que ya le podía ir aún más pésimamente, porque va a recoger lo que está sembrando. Es ley de vida.

Mi conciencia está tranquila. Sé que hice, tanto antes como después, lo correcto. Mi ánimo hoy también está sereno, aunque no le deseo a nadie la desazón, y he de reconocer que hasta miedo por su imprevisibilidad, que anoche me generó tanta estúpida e infantil rabia por su parte cuando en sus circunstancias cualquiera rogaría que la tierra se lo tragara. Sobre todo por lo que le ha hecho a su madre. Es cuestión de vergüenza y dignidad… pero cuando no se tienen ni se conocen…

No cabe en cabeza humana que un individuo que, en apariencia –por lo visto sólo en apariencia-, parece un tipo corriente y hasta agradable sea capaz de guardar dentro de sí tanta descerebrada maldad.

© P.F.Roldán

Fangoria:Hombres

26 de noviembre de 2008

¿efectos secundarios?


Enamorarse no tiene efectos secundarios como se suele creer.

Muchos dicen que idiotiza. Yo creo que sólo vuelve más idiotas a los que ya lo eran antes. No nos hace ser más crédulos o ilusos, sino que potencia la capacidad de tener fe en alguien, no que se comulgue como con ruedas de molino lo que nos pretendan hacer creer si no es verdad. No nos vuelve ciegos ni es causa de desesperación. No es sometimiento por egoísmos sino entrega generosa… Es decir que lo único que hace, en todo caso, es aumentar las deficiencias personales que ya se tenían antes de caer en ese estado, no generarlas.

Llevo muchos años repitiéndome que si el amor nos hace sufrir, aunque sea el más leve dolor por vaya usted a saber qué, eso no es amor, y el que cree que amar conlleva sufrir no hace sino vivirlo en un estado patológico de quien no tiene claro lo que es amar y ser amado.

Es cierto que, enamorados, podremos pasar por alto algunas cosas que nos parecen poco ortodoxas a primera vista; que aceptamos otras que no consentiríamos en otras circunstancias; que intentamos ser más comprensivos de lo habitual… pero que nadie se lleve a engaño. Lo que hay es lo que hay, que obras son amores y no buenas razones, y esto lo sabemos sobradamente los que vinimos de pasar las de san amaro en ocasiones anteriores, aunque ya no signifiquen nada, y aunque demos la apariencia de bobos porque callamos bastante más de lo habitual... pero lo hacemos un mucho por respeto y bastante por el desconocimiento que todavía hay del otro, cuando la realidad es que estamos muy lúcidos para ese proyecto en común, con la esperanza de irse descubriendo.

Lo que tratamos es que el pasado no se interponga y nos vuelva suspicaces o recelosos, incluso ante lo que podríamos ver, a veces, como obviedades que ya conocimos. Simplemente nos damos tiempo para conocer al otro y que nos vaya mostrando sus verdaderas intenciones para con nosotros, porque eso es enamorarse. Saber que alguien nos emociona como para que lleguemos a quererle, con miras a un proyecto en común; la aceptación de alguien con todas sus virtudes y, así mismo, con todos sus defectos, sin emitir juicios de valor anticipadamente influenciados por experiencias que nos dejaron marcados con toda clase de cicatrices que a día de hoy ya no tienen valor alguno ante quien nos llena el alma.

Pero el amor tampoco es un parche en nuestras vidas para tapar los agujeros que otros dejaron antes, dejándonos vacíos. Así que no es una vieja hermosa fachada apuntalada, vestigio de aquel otro pasado, tras la que no hay nada más que un solar en el que no sabemos cuándo construiremos algo sólido si desde el comienzo no nos ponemos manos a la obra aunque sea lentamente y nos lleve su tiempo. El que haga falta para que sus cimientos sean inamovibles y perduren por encima de todas las vicisitudes.

Se puede estar muy emocionado, porque eso es innato en quien se enamora, pero a la vez muy consciente de lo que el otro también va aportando a esa fase en la que mutuamente han de ir sembrando la semilla de la reciprocidad, esperando que llegue a germinar. Es un arduo proceso que no admite frivolidades ni ligerezas, porque de él depende el futuro en el que intervienen dos al unísono… y la recompensa es el mañana juntos, unidos para todo lo bueno y todo lo malo, sabiendo que nadie habrá más importante en nuestra vida que quien decidió compartir la suya con la nuestra.

No. El amor no tiene efectos secundarios, sino al revés. Es como nosotros vemos la vida y como la vivimos lo que puede generar desagradables efectos secundarios para que el amor prospere.

© P.F.Roldán

Mina e Tiziano Ferro:Cuestion de feeling

25 de noviembre de 2008

cualquier parecido con la realidad...


Cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia muchas veces. Que uno por pudor o respeto se guarde los nombres propios a los que muchas de estas historias atañen; que incluso se juegue literariamente a cambiar las situaciones en la forma aunque el fondo sea el que es, en nada desvirtúan esa realidad.

Siempre hago mucho hincapié en el respeto a los demás, y por eso me reservo dar pelos y señales que a nadie le importan si no es la historia en sí. Y es que las historias son verídicas porque, además de presuntuoso, resulta muy atrevido escribir sobre lo que no se sabe o no se siente. La finalidad última es contar cosas que nos conciernen, aunque dejemos que la imaginación, o la fantasía –como el lector guste-, es relatar sin delatar. ¿Qué se gana con poner en evidencia a nadie ante los demás?

A veces escribimos sobre deseos, ilusiones, esperanzas… Dejamos que salgan a flote los anhelos personales que todo hombre lleva dentro en forma de sueños… pero cuando narramos esas otras historias que hacen referencia directa a ciertas situaciones y a ciertos individuos sin nombrarlos, esos relatos suelen tener sus protagonistas de carne y hueso.

También es cierto que en ocasiones tomamos como referente retazos de las experiencias ajenas, sin que por ello nadie se haya de sentir aludido porque no hay intencionalidad de desvelar la privacidad más íntima de nadie, y menos cuando son personas a las que queremos en diferentes grados. Se utilizan sus vivencias exclusivamente como recurso literario porque éstas también nos enseñan o nos abren caminos para contar, generalizando, lo que nosotros no hemos tenido como experiencia propia. Es algo intrínseco al que escribe, independientemente de que lo haga bien o mal.

Y cuando ha podido surgir un malentendido a causa de esto con alguien por el que tienes un especial afecto, nada hay mejor que hablar y aclarar los motivos que nos llevaron a usar lo que nos reveló y explicarle que no ha existido nunca el ánimo de que se llegara a sentir ofendido, sino al contrario. Lo que aquellos nos desvelaron nos sirvió de gran ayuda para poder expresarnos con propiedad y no desde la ignorancia.

Ni Falcones construyó Santa María del Mar como tampoco Follet levantó ninguna catedral –ni en Kingsbridge ni en ninguna parte-, ni Boney vistió jamás un pijama a rayas como Shmuel, pero seguro que han buceado en libros de Historia, en los testimonios y vivencias de otros, en la tradición oral que ha pasado de generación en generación o en hechos actuales… Y así todos los que, mejor, o pésimamente –porque ya quisiera uno ser un Auster, y con las ganas se queda- , tratamos de decir algo y, vividos o no en primera persona, los relatos se basan sobre anécdotas o acontecimientos verídicos aunque la trama sea una ficción… o guarde esa veracidad tras una apariencia que no menoscabe a nadie, por mucho que alguno de esos alguien en concreto y que suelen ser una exigua minoría merecieran que se colgaran libelos por todas las esquinas de su ciudad porque demostraron ser personas sin honor. Pero ¿quién es nadie para difamar a otros, aunque tampoco sea lo mismo que calumniar? Porque difamar es revelar verdades que acaban con la fama de alguien, mientras que la calumnia siempre está fundamentada en la mentira. Y si cometo la inmodestia de aclararlo es porque no dejo de comprobar que hay demasiada gente que confunde ambos términos, como otros muchos… Que cómo se está empobreciendo el vocabulario y perdiendo hasta el hablar con propiedad.

Siempre defenderé que la conciencia es algo individual y que no todos estamos al mismo nivel de evolución y que somos diferentes en muchos aspectos, lo que no es óbice para que discernamos con quien queremos o no llegar al complejo y en muchas ocasiones incomprendido ámbito de las complicidades compartidas. Eso siempre será una elección fundamentada no sólo en la empatía sino también en la honestidad de los actos de otro.

Y es que cada uno en nuestros pecados, por llamarlo de alguna manera, llevamos implícita la penitencia, y aunque unos pensemos que no exista un Dios que todo lo ve y aunque otros creamos que nadie conoce nuestros secretos, sí que hay quien está al corriente de nuestros entresijos más ocultos y que nos castiga: nuestra propia conciencia… si es que se tiene despierta. Ella es quien nos exigirá cuentas. Ya exhortaba Jorge Manrique a ello en las Coplas a la muerte de su padre, y algún momento habrá en que se nos despierte el alma dormida… pero siendo cosa de cada cual, no me gusta la gente sin conciencia y falta de escrúpulos.

Sólo cuento historias o me abandono a ensoñaciones, y cuando me permito dar nombres, rara vez, es porque son personas públicas que todo el mundo conoce y sobre las que no miento porque es del dominio común su forma de actuar, y esa forma afecta a miles de personas. Si no les gusta que les critiquen su incompetencia que se queden en su casa a vivir privadamente como hacemos los demás, que ya se dice que el que no quiera polvo que no vaya a la era… pero a ver quien de ellos renuncia a sus sueldos millonarios y aunque hasta la Prensa se haga eco un día sí y otro también de sus despropósitos.

Los demás, con sus virtudes y defectos, permanecerán siempre en el anonimato. Unos por afecto sincero, que son quienes de verdad me importan para llegar lejos; otros porque bastante tienen consigo mismos y no me llevarán a ninguna parte.

© P.F.Roldán

La Ley & Amaral:Más allá

el tren de las mareas de la luna llena (y 2)


Alrededor de mi casa, cercana al mar del que me costaría vivir lejos a no ser que fuera inevitable, plañen en círculo las gaviotas. Cada día se aventuran un poco más hacia el centro de la ciudad, merodeando en busca del alimento que ya no encuentran en su hábitat marino.

De la mar guardaré ya eternamente el mar de nuestras miradas compartidas, la tuya y la mía, paseando por un espigón del puerto, contra el que rompen las olas, un anochecer en el que veremos, por fin juntos, el mismo oleaje; el que hace tiempo se entrecruzara ignorando su destino -tal y como lo presentí al regresar aquí hace cinco años, cuando supe que al volver había cambiado el mío elegido por el verdadero destino, ignorando a qué hora, en qué día sería- y que, desde esa noche, conseguirá que mi corazón me susurre, con tu nombre -que ya conozco- a todas horas, que los mensajes han llegado al final de su viaje hasta quien tanto anhelé en aquellos aciagos días, y durante tanto tiempo esperándote.

Porque mi piel ya te ha reconocido en tu piel, suave; mi verde mirada, en tu mirada –oscura y a la vez transparente como tú–, penetrando en mi interior con la sabiduría que sólo da el corazón; mis labios, en tus labios,... y se han hecho por fin reales tus manos a través de tus caricias, y tu aroma es ya mío, fundido con el conoces de mí. Sé a que sabe tu cuerpo porque mi cabeza ha reposado en tu pecho y mis manos y mi boca lo han recorrido con ternura y con deseo, como tú el mío.

La luna estará creciendo ese atardecer como van creciendo cada día los sentimientos.

Pero ¿sería posible todo eso si no fueras tú, sólo tú, tal como eres? Podrá ser, es, será, porque siempre has sido. No imagino ya otro futuro en mi tiempo aunque el destino, siempre imprevisible, pudiera negarme un aciago día tu presencia...

Cherchez la femme, escuchaba de adolescente, allá por el 68, cuando todavía mis deseos no miraban hacia otro lado... y al fin te he encontrado.

Inequívocamente, me emocionas y me conmueves; hermoso por fuera lo que veo y más aún por dentro lo que te hace real en mi interior, que te intuye en cada gesto. Pronuncio tu nombre decenas de veces al día, al unísono del latido de mi corazón que bate descontrolado cuando pienso en ti y sabiendo que con el tuyo compartiría cuanto soy y tengo.

Y es que, desde nuestro primer encuentro pienso en ti cada vez más, a casi todas horas, porque ya sé de tu existencia, tanto tiempo aguardada sin impaciencia, que ahora tampoco tengo. Todo ha de llegar y ser a su debido momento para que no sea sólo la consecuencia de un vehemente arrebato, y sin que voces ajenas empañen lo que he de ir descubriendo de ti por ti mismo, porque solo tiene valor lo que desde ti me llegue.

Aun así ya sé que quiero poder amarte sin límites, me repito. Ojalá pudieras llegar a amarme, deseo en todo momento. Y, si en mis manos estuviera el inexistente libro de los sortilegios, buscaría el que te rescatara de las dudas y de las penas pasadas para leerlo a pleno pulmón y que mi voz llegara a todo rincón del mundo, si no bastara con decir ese "te quiero" que ya ves reflejado en mis ojos cuando los miras en silencio. Que, poco a poco, sin prisa pero sin pausa, día a día, con esas tantas pequeñas y grandes cosas que escriben indeleblemente los prolegómenos del amor, te vas adentrando en ese territorio profundo de mi alma que ya sólo creía mío por siempre de tanta vacuidad a mi alrededor.

Estoy cogiendo ese tren que, detenido en mi estación, sé que apenas si pasa una o dos veces en toda una vida, y cómo deseo que lo cojas conmigo. Yo, al menos, no quiero perderlo... para poder ser como Prometeo, tú mi Pegaso alado, cabalgando en un vuelo interminable hasta el cielo, al encuentro de nuestra propia luna llena, camino del sol en busca de nuestro eterno e inextinguible fuego.

(1ª parte editada el 27 de junio)

© P.F.Roldán

The Platters:Only You

23 de noviembre de 2008

el tiempo pasa... el tiempo sigue...



Esta tarde me ha dado por escuchar música tranquila mientras no paro de escribir o de dibujar, pasando de esta mesa a la otra.

Escucho sobre todo aquellas baladas que en otro tiempo me habrían llenado de melancolía, pero que ahora me relajan y hasta me inspiran.

Cada minuto que se va es el predecesor del que viene. El tiempo no pasa en vano y la vida nos va transformando hasta tal extremo que, aunque a veces podamos evocar viejos recuerdos, cómo percibimos cuántas de aquellas cosas quedaron atrás y se quedaron alojadas en la memoria sin que hoy puedan ya ejercer apenas ninguna influencia sobre uno porque, aun siendo ya parte de nuestro inseparable equipaje, las fuimos sobrepasando con la edad. Cumplieron su misión y quedaron guardadas con las que les sucedieron sin que nunca hayan sido un lastre para las que han de seguir viniendo.

Cada una, todas ellas, me fueron mostrando el camino al hoy y para el mañana; fueron maestras y compañeras pero a la vez pasaron a formar parte de mi yo más íntimo y, sin olvidarlas por completo, les agradezco cuanto han hecho por y en mí, formando parte del que cada día va intentando superar cada etapa de la vida… tal vez muy extensa ya y al mismo tiempo cada día un poco más corta, sin que esto me afecte para nada. Es el ciclo vital que, inevitable, se cumple en cada ser humano.

Infinitos recuerdos de infancia, cuando vivir era un juego y una aventura sin consciencia del futuro; de adolescencia, despertando a experiencias nuevas a veces felices, a veces con el dolor de la inexperiencia; de los primeros años del adulto que se formaba para ser hombre…

Si el tiempo pasado nunca regresa, hay un tiempo por venir que nos seguirá dando cosas por las que reír o llorar, pero siempre lleno de esperanza porque si bien aquel que se fue se pudo llevar con él muchas cosas, nos dejó también otras; y entre ellas la de poder seguir conservando la mirada del niño que fuimos para continuar sorprendiéndonos por la vida cada nuevo día.

Y el día que sienta que he perdido esa mirada sabré que ya ha llegado la hora en la que habré empezado a morir… aunque mi cuerpo siga viviendo…

© P.F.Roldán

Serrat:Barquito de papel

22 de noviembre de 2008

nada es verdad, nada es mentira...


Nada es absoluto en sí mismo. Todo es según del color del cristal con que se mira.

Mi verdad es sólo mía. A mí me sirve y le soy fiel. Puede que la compartan otros también, pero cada uno ve las cosas desde su propia óptica. Me reservo la opción de aceptar o no otros pareceres, siempre y cuando no vayan en contra de lo que ya está afianzado en mí mismo, lo que no significa cerrilidad por mi parte pues siempre he estado y estaré a dispuesto al diálogo y desde el respeto a los puntos de vista ajenos. Pero huyo de esa especie de gurús –cada día más que se arrogan ese derecho- que se creen por encima del bien y del mal y tratan de imponerse al resto de los mortales, creyéndose inspirados por no sé qué especie de un inexistente don que no suele reflejar en su manera de actuar la supuesta grandeza de sus pensamientos, haciendo que la gente buena parezca que es tonta o que no tiene cabida en su mundo imaginario.

Son como esos “creyentes” de golpe de pecho y misa diaria, que no acompañan su fe con obras, y de los que san Mateo, en su evangelio, dijo que esa fe era una fe muerta y que no todo el que dice “Señor, Señor” se salvará. Pero persisten en su hipocresía y en juzgar con desprecio al que no es ni piensa como ellos.

En esto nada se diferencia un no creyente del que lo es. A fin de cuentas, ante todo somos personas e independientemente de las creencias son nuestros actos los que inequívocamente hablarán bien o mal de nosotros. Por eso me hace gracia –un decir porque más bien me indigna- la facilidad con la que tanto unos como otros se critican por no comulgar con el mismo ideario, sin que haya tela que cortar para emitir juicios de valor, usualmente viscerales y más bien hechos desde el desprecio a lo que no se comparte, y muchas veces con total desconocimiento los unos de los otros.

Nadie puede estar dentro de la conciencia de su vecino para saber hasta qué punto es coherente entre lo que cree y lo que hace, sea cual sea su opción. Sólo cuando su forma de ser entra en contradicción radical con lo que postulan y somos sabedores de ello porque nos lo demuestran en cada cosa que hacen, nos cabe el derecho de apartarnos de quienes pueden ejercer una influencia negativa, y hasta destructiva, no sólo para nuestros principios, sino para nuestra salud mental.

A veces se siente cierta cobardía para dejar en la cuneta a esos pocos que pueden desequilibrar. Influyen tantas cosas en este mundo que parece perder el norte… Desde una mala entendida forma de lo que es amar, sometidos por pánico a la soledad, hasta los escrúpulos de ser completamente sinceros, confundiendo la prudencia con crearse la obligación de tener que tragar carros y carretas por no ofender a quien no guardará nunca el mínimo respeto por los demás.

Es cierto aquello que cuando uno no quiere dos no riñen, pero también hay que discernir sobre quien no riñe porque sutil y soterradamente abona el terreno para llevarnos a su huerto. Casi me asustan más estos falsos complacientes que quien expone su ideología sin tapujos. Con aquellos nunca sabré a qué atenerme porque a saber por donde encontrarán un punto vulnerable en nosotros –que todos tenemos alguno-, mientras que con los últimos siempre podré o dialogar o capear el temporal.

Y es que si hay alguien peor que el recalcitrante en su forma de pensar, es el que usa las malas artes de la mentira para intentar ganarse voluntades. Prefiero al que me viene de frente, aun cuando estemos en desacuerdo, que al que utiliza todas las artimañas habidas y por haber para terminar desplegando todo su afán de posesión, tratando de seducirnos para atraparnos en su telaraña.

Nada hay absoluto, pero lo único que para cada uno es válido es lo que nos hace obrar con la conciencia tranquila, y aunque algunos se hagan los escandalizados y nos tachen de carcamales o desfasados. Estos suelen ser las más de las veces los inseguros de sí mismos, que como único argumento tienen el ataque como mejor defensa a su falta de ética, o los prepotentes que en su egolatría se creen con derecho a tratarte como a basura porque se consideran mejor que los demás, criticando todo lo ajeno… hasta las baldosas que pusiste en tu casa cuando a lo mejor no tienen ni techo propio. Ni unos ni otros conocen lo que es el respeto a los demás.

Por eso, ni unos ni otros. Ante todo, siempre nosotros mismos que somos con quien dormimos cada noche. La elección es tan simple como desear tener sueños o pesadillas, y eso sólo depende de seguir siendo quienes somos desde la coherencia en todo lo que hacemos.

© P.F.Roldán

Ana Torroja:Ya no me quema

la amoralidad de los políticos


Es bochornoso leer la prensa local y encontrarse con que hay otro cargo del PP, el alcalde de Librilla, detenido por corrupción urbanística… ¿Y van? Porque ya se ha perdido la cuenta. Más de la mitad de los ayuntamientos de esta región tienen imputados por los mismos asuntos o por otros no menos inmorales como la compra de votos, como es el caso del PP de Archena. Región de Murcia= la vergüenza autonómica de España.

Pero lo más aberrante lo tenemos representado en la que parece en este momento intocable alcaldesa de Cartagena, Pilar Barreiro, también Diputada a Cortes por esta Región. Ya me referí a sus “sueldos”; uno de ellos, el de alcaldesa, al que tuvo que renunciar por incompatibilidad con el de Diputada, eligiendo el más alto, pero que su grupo de gobierno municipal, también del PP, le "premió" esa “pérdida” con una indemnización de mil quinientos euros por asistir a los Plenos del Consistorio cartagenero, como si no fuera su obligación como alcaldesa electa.

Y es aún más aberrante porque no dejan de publicar en la noticias del diario La Verdad sus exigencias al Gobierno Central de más dinero para Cartagena, a lo que éste, nada idiota en estas lides, le replica que se lo dé su compadre político el también popular Valcárcel, presidente del Ejecutivo murciano. Y es que de todos es bien sabido la mala gestión económica y las inversiones sin sentido de esta señora –por darle un calificativo acorde a su cargo- que en tiempos de crisis como única medida se vanagloria de ahorrar noventa mil euros en alumbrado navideño, pero se gasta días después setecientos mil en una estatua. Una señora –por no pecar de llamarla individua- que cobra lo que un Secretario de Estado y que ha bajado a Cartagena en el Grupo de Grandes Ciudades desde el puesto decimocuarto al vigésimo quinto en sus años de mandato, especulando o dejando que especularan con suelo público los “señores del ladrillo” de la ciudad, de la Comarca y hasta de la Capital. Pero que no se priva de hacer viajes a París con su concejala de Cultura, con la excusa de ver bailar a un cartagenero; que despilfarra en mandar séquitos afines a su siglas a los países a los que se invita a participar en La Mar de Músicas; que acomete obras innecesarias, mientras tiene a medio municipio casi a oscuras y con unos pavimentos tercermundistas y un mobiliario urbano más propio de cualquier país del África más subdesarrollada.

¿Cómo no es de esperar que le nieguen fondos en Madrid cuando de sobra es conocido el despilfarro que lleva en sus legislaturas?

Esa foto de cabecera lo dice todo. No se cansó de expropiar en el Monte Sacro durante la bonanza ladrillera, como hizo en El Molinete o en el llamado Barrio Universitario (en el que se iban a construir viviendas de bajo coste por la proximidad de la Universidad Politécnica y que con “su socio”, el ex alcalde socialista Alonso, metido también a ladrillero, han transformado en el Residencial Puerta Nueva con viviendas multimillonarias). El Monte Sacro que dejaron degradar para poder especular con él, después de varios años, se ve como esa imagen muestra, a escasos metros de la calle de la Serreta y de la Iglesia más emblemática de Cartagena, porque allí se venera a la Patrona de la ciudad, la Virgen de la Caridad, en pleno centro urbano.

La crisis económica, que ha arrastrado sobre todo al hoyo en esta región a la política del ladrillazo, ha paralizado toda intervención constructora en esas zonas, que se han convertido en refugio de inmigrantes sin papeles entre las pocas ruinas que quedan por demoler, y en las calles adyacentes –presumiblemente preservadas para su rehabilitación porque ya habría sido escandaloso que desapareciera con la especulación un tercio del Casco Histórico- se han llenado de prostíbulos en las trastiendas y en los locutorios para extranjeros, siendo noticia también en los periódicos locales las movilizaciones de vecinos y comerciantes del barrio que ven como crece la inseguridad y sus negocios se van a pique porque los ciudadanos evitan esas calles.

No, hija, no. En Madrid no son idiotas y saben de las componendas amorales de los políticos de esta ciudad. Unos por obra y otros por su ominoso silencio, ya que no ejercen oposición alguna, Cartagena se ha convertido en una de las ciudades más ruinosas y sucias de España. Y si encima tenemos a su concejal de Hacienda, el tal Cabezos, que cuando se le pide una bajada del sueldo de los ediles, justifica lo que ganan porque ellos tienen que pagar hipotecas y hacer la compra en el supermercado, y apaga y vámonos. Por lo visto ese individuo no sabe que el resto de los ciudadanos también tienen casas que pagar y que solemos comer todos los días con unos sueldos ínfimos en comparación a los de ellos, que –viendo su gestión- no merecen ni por asomo.

Y encima le pide más dinero al Estado cuando si no fuera por las inversiones que éste ha hecho en la ciudad ni siquiera tendríamos industrias con las que salir adelante. Por no tener ni tendríamos rehabilitado el Palacio Consistorial, del que se tuvo que hacer cargo el Ministerio de Fomento porque se caía a pedazos, mientras que las obras públicas dependientes del Ayuntamiento (Auditorio, Palacio de Deportes, Anfiteatro, MURAM,…) arrastran años de retraso porque ni se le pide dinero a las Consejerías regionales, no vaya a ser que se creen enemistades con la ejecutiva regional de su Partido y no se le dé opción a ser Diputada, y porque se malgasta el erario de la ciudad en estupideces que hacen que los ciudadanos menos informados y con una gran incultura política, basada más en las siglas que en la gestión de los políticos, crean que aquí todo va bien porque se invierte en el eje de las calles más visitadas de la ciudad, media docena, que es donde están las tiendas de las franquicias y las entidades bancarias, además de ser paso obligado para los paseos dominicales al Puerto. Que la “señora” explique como la iniciativa de unos ciudadanos ha creado la “ruta turística del andamio” en contrapartida a la del Puerto de Culturas.

Y quiere inaugurar el MURAM y en vez de exponer la obra legada para el mismo por Marifí Plazas antes de su fallecimiento, lo hará con una muestra del escultor González Moreno, porque los desencuentros con el albacea –su viudo- de la colección Plazas (Canogar, Dalí, Tápies, Equipo Crónica, etc.) han sido constantes hasta el punto de que posiblemente nunca veamos esa gran colección de Arte del siglo XX colgada en nuestra ciudad. Porque él ya ha dejado claro que en el MURAM o en ninguna parte, fiel a la voluntad de su esposa.

Si no consigue engañar a los cartageneros con su incompetencia ¿va a engañar al Gobierno de la Nación que tendrá sus buenos canales de información?

© P.F.Roldán

http://www.laverdad.es/murcia/20081122/cartagena/barreiro-pide-otra-dinero-20081122.html
(Barreiro pide otra vez más dinero del Estado y los socialistas replican que se lo dé Valcárcel.)

Cartagena se pudreII:La obra de Pilar Barreiro en Cartagena: La destrucción del centro urbano

La culpa es del 'flamencó':La obra de Pilar Barreiro en Cartagena: La destrucción del centro urbano

21 de noviembre de 2008

¿estoicismo vs. los límites de la paciencia? (y 2)


El domingo 16, escribí sobre el estoicismo y la paciencia. Quería encontrar una solución que no fuera ni agresiva –que no es mi forma de ser con la gente- ni ofensiva –para quien pueda ofenderse con un quítame allá esas pajas-. Suelo ser paciente, por muy agobiado que me sienta, hasta que encuentro una fórmula que no haga daño gratuitamente y a la vez que no vaya contra mis principios. Y el martes 18, a media tarde, la encontré vía sms, lo que me evitaba una llamada y, con ella, otra larga charla de escuchar estupideces… (Aunque ahora, después de saber lo que sé y quiero contar, quizás habría sido más drástico.)

“Perdona si no he contestado antes a todos tus mensajes. Fin de semana fuera. Mentalmente estoy agotado. Necesito un pequeño aislamiento temporal. Espero que lo comprendas. Hasta pronto.”

¿Respuesta?: “OK. NO PROBLEM. ABRAZO”.

Y eso terminó de darme la medida de lo que los demás le importan al individuo éste. Ni una sola palabra de ánimo, o de inquietud por mí, tras más de un mes de aguantarle. Cuatro palabras nada más. Pero es que había encontrado ya sustituto como ahora se verá.

He de insistir de nuevo en que el destino es sabio y en que no creo en las casualidades. Mira por donde, la noche del miércoles me presenta un amigo a un conocido suyo que, a su vez y a lo largo de la conversación ante unas cañas, saca a relucir el tema sobre un individuo que encajaba completamente con el iluso desequilibrado que me había puesto del hígado durante semanas. Cómo ese tipo el día anterior había contactado con él –de ahí que se permitiera el lujo de pasar olímpicamente de mí- a través de un conocido común, teniéndole casi cuatro horas colgado del móvil, contándole sus “inquietudes” sobre si acabaría comprando un Ferrari descapotable, si acabaría comprando un tríplex en la playa, si le convenía más mengano o zutano, si tenía un espíritu vagando por su domicilio actual… y también esa misma mañana del 19, en la que ya no había dudado en despacharlo con cajas destempladas, había vuelto a la carga con los mismos temas y dándoselas de clarividente que necesita que alguien le reafirme en sus intuiciones de las que no duda pero necesita confirmación…

Este chaval, automáticamente, llamó acto seguido a quien le había dado su teléfono al obseso -y a quien también conozco, mira por donde- el cual le confirmó que, aun sabiendo que había hecho mal, se lo había proporcionado porque el otro le suplicó que ya que él no quería o no podía ayudarle, que le pusiera en contacto urgentemente con alguien que echara las cartas, o fuera vidente, o fuera capaz de predecir porque seguía desesperado “por saber” sobre su futuro…y como no tenía manera de quitarse de encima a ese tipo, que meses atrás -antes que conmigo- se había estado cebando con él con las mismas soberanas estupideces, terminando por sacarle también de quicio, y ante el temor de que volviera a las mismas andadas otra larga temporada, después de no haber sabido nada de él en mucho tiempo, en un acto reflejo e inconsciente, le había pasado el teléfono.

La conclusión de este chico, al contarle después mi experiencia, es que ese tipejo es un adicto, con delirio paranoide, a las “-mancias”, sean cartomancias, quiromancias, o cualquier otra arte adivinatoria capaz de predecir el futuro, no quedándose nunca satisfecho si las respuestas no son las que pretende escuchar, y que anda detrás de unos y otros, esperando que se le confirme lo que se ha propuesto como iluso futuro a su vida vacía. Una vida en la que cabe de todo menos trabajar y plantearse unos objetivos realistas. Pero aún hay más porque, siendo el mundo pequeño y los desequilibrados de este tipo bien conocidos en según qué círculos, esa tarde había comentado también todo esto con un amigo y le había dicho que conocía también al susodicho vampiro energético; que él también se lo quitó de encima y que le aconsejaba que rompiera todo contacto porque es una persona oscura que sólo puede causar quebraderos de cabeza. Que cuando se queda sin dinero, algo más que frecuente, se prostituye o hace de escort, con derecho a roce, a gays maduros que se lo llevan a sus viajes al extranjero. Lo que sea menos buscarse un trabajo digno.

Ya intuimos, entre sonrisas un tanto impías –cuesta ser piadoso con gente de esta calaña-, como quiere obtener el descapotable o el gran chalé.

Encontré explicación, pues, a muchas cosas de lo sucedido durante las últimas semanas y lo que tuve más que decidido al regresar a casa es que le denegaba la admisión a mi website para no volver a recibir mensajes suyos y que lo borraba de mi messenger, no sin antes copiar el historial de nuestras charlas para que nunca me pueda llamar mentiroso aunque haya quienes me avalen por haber padecido lo mismo, porque al no cerrar nunca mi ordenador estoy siempre vendido a que me vea conectado y, por tanto, expuesto a que trate de reiniciar sus monólogos agotadores. Si llamara al móvil -cosa que no es improbable cuando transcurra un tiempo y no haya encontrado otra víctima- nada más fácil que darle a la tecla de colgar. Es tan mezquinamente orgulloso que no repetirá la llamada.

No. La paciencia no es que tenga límites, concluyo. Lo que tiene un límite es soportar -por bondad o lástima, y aunque sea estóicamente- a cierta clase de individuos, que a Dios gracias son uno entre muchos miles, más semejantes a ciertas alimañas y con los que –como única medida resolutiva- hay que poner tierra de por medio como lo haríamos ante una serpiente de cascabel, dejando que sigan viviendo en sus desérticos hábitats, antes de que suframos una mordedura fatal.

© P.F.Roldán

Ethel Castro:Veneno para las hadas

el precio de la credulidad


Te llamo, alarmado por tu inusual silencio, y me dices que no sonaban los teléfonos desde hace muchos días.
Que hay quienes disfrutan desde su privilegiada posición, creyendo que estás tocando fondo y se regocijan sabiéndote abandonado para que termines por recurrir a ellos otra vez; que están esperando impacientes tu S.O.S., que no emites por orgullo, para humillarte una vez más cuando les pidas ayuda porque hay quien no conoce el límite de la crueldad.

¿Qué esperabas? ¿Qué esperas?
Te has rodeado de gente sin escrúpulos porque te aportaban -te hicieron creer- un estatus social en el que pensabas medrar y que los demás no podíamos darte, ofreciéndoles lo mejor de ti a la vez que menospreciabas el valor de la auténtica amistad. Según tú, es gente de elite, una selecta minoría, pero que siempre te pedirá que pagues un alto precio porque nada te darán gratuitamente. Sin embargo, tus amigos seguimos aquí, y con una sola llamada tuya acudiríamos sin pedirte nada a cambio. De hecho, ya ves. Acudimos aunque no llames; y no lo haces porque ahora te avergüenza hacerlo, idiota.

¿Por qué te abandonas a la desidia? ¿Porque ya no te llaman y eso te hace desgraciado? Las falsas adulaciones duran lo que un suspiro mientras puedas serles útil a sus intereses. Cuando te hayan usado harán lo que ya están haciendo: dejarte a tu suerte para que seas tú el que busque su auxilio cuando ya no puedas más, y vuelta a sangrarte… ¿No ves que son como sanguijuelas que sólo te utilizarán cuando necesiten tu sangre para alimentarse? Y tú, crédulo, confiarás de nuevo en sus mentiras. ¿No has tenido suficiente con ser engañado tantas veces? ¿No escarmientas?

¿Acaso se te ha pasado por la cabeza a estas alturas rendirte, cegado por el artificial brillo de los que nada han de aportarte?
No eres de esa clase de hombres. ¿O es que ya olvidaste lo que te costó llegar a ser tú mismo antes de caer en sus redes? Ahora no les sirves para nada; ya les diste lo que podían sacar de ti… y hasta la próxima.

Cuanto más te dejas en tus cosas cotidianas, más avanzas hacia la depresión y peor va tu vida, como si te hubieras encerrado en un laberinto sin salida. ¿Para eso te dejaste la piel en el camino, después de haber luchado en circunstancias más adversas, antes de caer en sus trampas?

Sal de esa ceguera. Su mundo no es el tuyo porque no eres como ellos. Muévete. ¡Vive!

© P.F.Roldán

"Sweet dreams are made of this
Who am I to disagree?
I travel the world
And the seven seas
Everybody's looking for something
Some of them want to use you
Some of them want to get used by you
Some of them want to abuse you
Some of them want to be abused
Hold your head up...”
Keep your head up
Movin' on"

(Eurythmics)

Diego Torres:Que no me pierda

20 de noviembre de 2008

¡tierra a la vista!



Como Rodrigo de Triana, desde la Pinta en 1492, con su grito esperanzador tras casi dos meses y medio de navegación en el piélago atlántico y casi tomada ya la decisión de no seguir adelante, así me siento. Alborozado, con la única diferencia de que nunca hice planes de dar marcha atrás en la continua aventura del vivir.

Todo llega cuando no reniegas de la esperanza. Mil cosas, por no decir muchas más, nos quedan por descubrir y sólo el que se desespera y se rinde antes de tiempo nunca tendrá el inmenso gozo de verlas convertidas en realidad.

Puede que al primer vistazo esa tierra nos parezca sólo un árido y desértico islote, pero siempre es el preludio que nos anuncia la existencia de tierra firme y hay que proseguir hacia delante para encontrar lo que nos aguarda, lo que lleva años esperando nuestra arribada.

Si Colón y quienes le asesoraban dos días antes de ese grito hubieran virado, como llegaron a pensar, hacia el punto de partida, habrían perdido la gran oportunidad de desembarcar en un nuevo mundo… por eso no hay que escuchar a esas voces que se las dan de avezadas y que de lo único que entienden es de tirar la toalla por vete a saber qué estúpidos e incomprensibles prejuicios, más propios de agoreros. Incluso cabe pensar en el que en su interior desea que se fracase, bien sea por envidia, bien porque espera su oportunidad de ganarse más tarde la gloria para él solo… que de todo hay en la viña del Señor, aunque estos sean los menos.

He avistado tierra firme. No sé qué encontraré en ella, aunque ya haya encontrado motivos para alegrarme de haberla hollado, porque dejo que la vida me sorprenda sin perder nunca la confianza en que merecía la pena esa travesía del desierto.

Metafóricamente, he pasado hambre y sed, amén de otras penurias, pero una voz me decía que continuara, que no perdiera la fe. Y esa fe hoy está siendo recompensada.

Así es en cada acción que emprendemos. La constancia siempre tiene su premio porque de una u otra manera nos habrá enseñado algo nuevo, que si nos era desconocido es porque nunca fuimos a buscarlo.

La mayoría de las veces no se trata de ganar una fama cargada de falsos oropeles, sino la lección que aprendamos de haber sido tan valientes como para no asustarnos de cuantas dificultades u obstáculos nos pintaron o nos salieron al paso, no renunciando nunca a nuestro sueño.

Siempre adelante, que como decía Paul Élouard: "Hay otros mundos..., pero están en éste" y hay que salir a buscarlos porque no van a venir ellos hasta nosotros.

© P.F.Roldán

Israel Kamakawiwo Ole:Somewhere Over the Rainbow

la sinrazón de quienes no aceptan un NO


Hay quien se empeña en no dejar vivir porque no sabe vivir su propia vida y te bombardea a mensajes o llamadas para sembrar cizaña, incapaces de aceptar que su pasado y su presente son tan calamitosos que han hecho de la venganza su única arma para seguir respirando, estando como muertos en vida. Y, como no son capaces de vivir su realidad y asumir los acontecimientos que le han llevado a donde están, su único afán maniaco depresivo es impedir que los demás vivan tranquilos, alimentándose del rencor y de la irresponsable actitud de querer insistentemente hacerte cómplice a toda costa de sus neuras.

A mí, personalmente, no me desquician ni me afectan porque tengo las ideas muy claras, y por tanto no entro en su juego de mono neuronales. Sólo me resultan molestos, como lo sería una mosca cojonera, cuando no paran de enviarte mensajes tratando de involucrarte por todos los medios en sus neuróticas obsesiones.

Suelen ser individuos enfermizos que nunca podrán aceptar que otros puedan llegar a ser felices sin ellos y tratan de envenenar con todo su odio cualquier intento de que quien amaron, si es que de verdad le amaron con un amor sano y desprendido, rehaga su vida sin ellos.

Acosan, maltratan psicológicamente, amenazan hasta extremos inconcebibles y hasta susceptibles de que se les presente una denuncia; llegan a descubrir con malas artes quien puede ser quien ocupa ahora su lugar en el corazón del otro y, con la falsa excusa de aleccionarlos y prevenirles, desfogándose humillando a quien estuvo con ellos, entonces empiezan a acosar a éste también a ver si lo alejan, porque les puede más la sinrazón de sus deseos que los de los demás. Y al no respetar el de los otros no son conscientes de que están perdiendo su dignidad cada día más.

Vive y deja vivir. Su eternidad, esa eternidad que vivió con quien le ha dejado, ya se acabó porque duró lo que tenía que durar, así que debiera intentar empezar de nuevo a ver las cosas con otros ojos y hacia el futuro, que agua pasada no mueve molino.

Que no se empecinen en hacer daño a quien ya no quiere ni puede quererle: primero porque así lo ha decidido, le guste o no y quiera o no quiera el que ha sido abandonado, y segundo porque a cada paso que da para dañarle lo aleja más de si y peor se enfrenta con su propia existencia, limitándola, empobreciéndola, alimentándola de inquina y sed de hacer mal por despecho.

No cejo en decirlo: el amor es cosa de dos. Cuando tratamos de imponer el nuestro a otra persona contra su voluntad, la ofendemos al perderle el respeto y nos humillamos a la vez, empezando con lisonjas y chantajes emocionales para terminar soltando sapos y culebras por la boca. ¿Es ésa la vida que quiere llevar de ahora en adelante? ¿Seguir persiguiendo a quien le gritó "fuera de mi vida" y si no vuelve al redil machacarlo hasta el infinito? ¡Qué tristeza de vida entonces!

Me arrepiento de haberles descubierto a ciertos individuos -antes de conocer sus intenciones- que que existen los blogs y que no sepan darles un uso correcto, porque en vez de ver en este caso, leyéndolo, todo lo que trato de expresar para que la vida sea una vida en paz con uno mismo, la búsqueda de la serenidad interior, lo deforman viendo que un blogspot puede ser el arma perfecta para hacer daño y afrentar al que ya no le quiere ante el resto del mundo. ¿Realmente encontrará satisfacción en esa venganza sólo porque hay alguien que ya no quiere nada con él? ¿No será capaz de ver que el que se pone en evidencia ante los demás es él mismo? Ya se dice aquello de que “quien escupe para arriba encima le cae”. No sólo alejará a la gente que pueda tener interés en conocerle al ver con qué clase de individuo lleno de rabia y con unos sentimientos enfermizamente obsesivos se enfrentan, sino que para otros será el hazmerreír porque, por mucho que quiera vejar a quien ya no le acepta en su corazón, puede que le vean más como a un triste hombre incapaz de asumir la realidad, hasta el punto de haber maquinado una vendetta rayana en lo tragicómico y sin sentido. ¿O lo tiene quedarse anclado en un pasado que nunca volverá, exponiendo sus miserias al mundo? ¿Tanto vale su orgullo herido que no le da valor a su dignidad para comenzar a vivir de nuevo lo que la vida le haya de traer? Quizás ni despierte siquiera pena, sino el que los demás le rehúyan, y todo lo que intente y haga se revolverá contra si mismo porque la vida nos devuelve cada cosa con la misma moneda. Nada queda impune porque el destino es sabio e implacable.

El resentimiento sólo engendra odio, y el primero que acabará odiándose será él mismo si algún día llega a comprender hasta dónde le ha conducido la sinrazón que alienta con más furia cada día que pasa contra quien ya no quiere amarle sin haberse preguntado jamás que fue lo que les condujo a esa separación y hasta qué punto tuvo su parte de responsabilidad.

Él sabrá como desea vivir. Si mirando el tiempo que le queda por delante con sosiego y esperanza en un futuro que le devuelva la alegría perdida o prefiere que ese tiempo se quede detenido en imposibles que le amargarán por el resto de tus días, en una eterna noche de pesadillas y pesadumbres en la que cada cuchillada que aseste le herirá a él más que a nadie.

El tiempo no se detiene jamás. Somos nosotros quienes detenemos nuestra vida cuando nos negamos a vivirla tal y como es.

© P.F.Roldán

Valeria Lynch:Fuera de mi vida

17 de noviembre de 2008

feliz cumpleaños


Pasa el tiempo, pero las edades se llevan en el espíritu. Estoy seguro de que, hoy ya, tus 42 no cambiarán en nada al que eres interiormente.

A veces nos desconectamos de los amigos por equis circunstancias, pero ése es el auténtico valor de la amistad: que, a pesar de esas etapas de silencio, parece que fue ayer la última vez que nos vimos.

Me alegra haber conversado contigo y saber de ti… Y con mis mejores deseos, un fuerte abrazo y un humilde regalo virtual en forma de foto y canción.

Fran

Loreena McKennitt:The Mystic's Dream

16 de noviembre de 2008

¿estoicismo vs. los límites de la paciencia?


No sabía en dónde me metía. Me siento mentalmente seco.

A veces te borrarías del mapa cuando das con personas que confunden tu bondad y generosidad hacia ellas con el que tienes que estar a su disposición a las horas que les dé la gana, cuando se les ocurra, sin que les dé por pensar que uno también tiene su vida, sus circunstancias, sus problemas, sus momentos de intimidad…

El colmo fue ayer. Sonó el teléfono bien pasada la medianoche, cuando ya estás dormido porque el gripazo que arrastras desde hace varios días te tiene somnoliento y débil a casi todas horas. Sabe, porque se lo has reiterado, que estás enfermo y medio tirado, pero le es igual. Con disculparse ya lo ha arreglado todo. Y suena otras veces cuando, a medio vestir, estás a punto de salir de casa a toda mecha porque te cierran el supermercado y la nevera empieza a tener telarañas. Y suena cuando estás conversando con tu madre o con quien te tiene trastocados los sentidos y, aunque lo dices y lo repites, sólo recibes por respuesta un “joder, macho que te necesito”… “¿no terminas?”… “pues no le respondas que no tienes obligación…”, anteponiéndose a todos porque no le cabe en la cabeza que haya otras cosas o personas muy importantes en tu día a día además de él.

Y estás en el messenger con una persona que sí que realmente te necesita y entra justo en ese momento, ley de Murphy dichosa, y te dices que luego le contestarás. Pero no. Insiste, insiste. “Nunca estás cuando te necesito”… “dónde te metes”… y pitido va y viene de sus mensajes, y hasta el puñetero zumbido suena varias veces sin que tenga la delicadeza de pensar que no respondes porque no puedes, porque cuando otras veces le has contestado y le has dicho “ahora vuelvo”, no ha parado de seguir insistiendo… “¿Que no terminas…?” y tú de los nervios porque no puedes dedicarte a quien está contigo con problemas más serios…

Ahora mismo. Mientras escribo, no para de mandar frases y más frases, a pesar de tener puesto el “ausente” porque son las 14.45 y escribo esto entre visita y visita a la cocina, que estoy terminando de preparar la comida, corroborando cuanto digo.

Realmente no te necesita tanto, por no decir nada que no sea producto de sus fantasiosas elucubraciones, como para insistir con esa premura. Sólo es un ególatra que te cuenta con pelos y señales que es un dios en la cama y a quien se tiró ayer y anteayer y a quien se tirará mañana; que cómo preveo su futuro emocional; que cómo intuyo su economía en los próximos meses; que si ha visto un descapotable impresionante (del que envía media docena de fotos) que por lo menos debe de costar sesenta mil euros tirando por lo bajo, pero que ha de ser suyo porque ha puesto todos sus deseos en tenerlo -cuando no puede tener ni línea de teléfono en casa- al igual que hace un mes escaso se encaprichó de un súper chalé. En cuatro horas de charla, tres y tres cuartos se van sólo hablando de él.

Desde el primer día has sido claro y franco con él. Concluyes diciéndole que “la mejor lotería es el trabajo y la economía”, pero no quiere trabajar, esperando que le lluevan millones del cielo con una Primitiva. Y sigue insistiendo, pese a tus repetitivos y sensatos argumentos, y al final sólo te añade que sabe que es un poco “pesadito” pero que está seguro de que yo eso lo perdonaré y que me mejore del trancazo griposo… Única referencia a mí.

Pues no sé ya a estas alturas, tras un día y otro, si me costará soslayar esta pesadilla, a la que di pie con mi mejor voluntad de servir de ayuda. Me deja seco de energía, insistiendo siempre sobre lo mismo como si no te escuchara lo que ya le has repetido decenas de veces hasta el hartazgo y es que antepone sus deseos y sus ilusas aspiraciones a lo que le puedas decir. He perdido la cuenta de lo que le he insistido hasta la saciedad y ya me da por pensar que en vez de buenazo soy tontucio por no haber frenado antes su auto endiosamiento que le lleva a ver grandes tormentos en conseguir lo antes posible lo que sólo son niñerías de caprichoso con ínfulas de grandeza de quien pretende tener de todo pero sin dar palo al agua.

Me ha tomado la medida. Sabe que soy paciente -o en este caso estoico- y respetuoso, y que no voy a soltar una palabra más alta que otra. De haber dado con otras personas posiblemente ya lo habrían mandado a freír gárgaras, pero yo aguanto y aguanto… aunque mi paciencia empieza a conocer en este caso que a veces existen límites… y no sé cómo decírselo, aunque parezca bobo, yo que no me callo una, aun sabiendo que está confundiendo la amistad que le brindé con un uso avasallador e indiscriminadamente egoísta de mi buen talante.

En el fondo me da lástima, porque es como si se hubiera creado un mundo irreal y enfermizo, y a lo mejor es por eso por lo que aguanto tanto; porque en el fondo creo que se siente terriblemente solo y con la vida completamente descuajeringada… pero empieza a desesperarme… y mira que cuesta llevarme a esos extremos.

Y ahora suena el teléfono. Cómo no, es él, que me coge a medio comer, y ya el hígado es un cúmulo de bilis… y me debato entre ponerme de una vez rojo o seguir poniéndome amarillo… Aunque sepa que no lo entenderá ni lo perdonará. Él, para él, es lo más de lo más y no creo que le quepa en su pensamiento que alguien se sienta tan agobiado con su desmesurado ego.

© P.F.Roldán

La Shica & Jarabe de Palo:Déjame vivir

a las 7 de la mañana...




Llevo una semana descubriendo sin prisas la ciudad al amanecer. El reflejo del sol que del primer tono rojizo va pasando al dorado, dándole a las cosas por unos instantes otras formas que, siendo las mismas que a lo largo del día, parecen distintas en juegos de luces y sombras, disfrutando de la quietud de las calles desiertas, salvo algún coche de los más madrugadores que rompe brevemente el silencio.

Me gustan cada día más estos paseos recién estrenados. Acercarme al cantil del puerto y pasear solo por los jardines de los alrededores – Cavite y Alfonso XII, al pie de la Muralla- sin el agobio del tráfico intenso de treinta minutos después, cuando la gente va a toda pastilla y con el tiempo justo para llegar a sus trabajos; cuando empieza el trasiego de un par de jardineros y de algún pequeño vehículo de limpieza y riego de las calles. En ese momento emprendo el regreso por la plaza del Ayuntamiento y la calle Mayor, que también empiezan a despertar con los camareros colocando las sillas y las mesas y los limpia cristales lustrando los escaparates. En una hora abrirán las entidades financieras y en otra hora más los comercios.

En esa plácida calma de minutos, la ciudad parece otra. Es esa luz indudablemente. Es casi mágico ver en poco como se van tiñendo los árboles, las estatuas, los edificios de la zona de anaranjados cambiantes por segundos y casi imposibles, hasta en los mármoles más blancos, reverberando en las aceras y en los escasos objetos metálicos del mobiliario urbano. En nada todo habrá pasado, pero esos instantes, que cada mañana me parecen más cortos porque va amaneciendo más tarde y parece comenzar antes el tráfago humano, me llenan de una paz interior que no sabría describir con cuatro frases.

Sólo se me ocurre decir que es como si la vida lo inundara todo por completo y sin testigos, volviéndose uno de los momentos más intensamente íntimos del día, y que agradeces por ver una mañana más el sol, que parece llenarte de una energía especial para todo el resto del día.

¡Cuántas cosas nos pasan desapercibidas en este mundo al borde del vértigo y la prisa!

Ahora sólo sé que, si los atardeceres siempre me ha gustado compartirlos, estos amaneceres urbanos son únicamente míos, cómplices la soledad de la ciudad dormida aún y la mía propia.

© P.F.Roldán

Carlos Núñez:Amanecer

15 de noviembre de 2008

¿liquidación por fin de temporada?... no, gracias


En el terreno de los sentimientos soy difícil, dicen. Lo sé. En apariencia soy difícil en cuanto a que no me dejo seducir fácilmente por quien primero hace toc-toc en mi puerta y ¡hala! ¡Ancha es Castilla!

Como siempre he dicho, la carne no está en plato por falta de gatos, pero es que no es un gato lo que espero para mi vida sino una persona. ¿Tan difícil resulta esto de comprender a algunos? Porque he oído argumentos de todas clases, pero el que más gracia me hace es el de que cuanto más mayor te haces –como si tuviéramos fecha de caducidad como los yogures- más asequible has de ser y más facilidades has de dar porque si no, no te comes una rosca. ¿Y quién ha dicho que me apetezca comer sólo roscas?

En los tiempos que corren, nada es más fácil que ligar con cualquiera. Quienes sólo pretenden algo esporádico –tan esporádico que a veces se reduce a tan sólo una noche- abundan como las setas en otoño. Mis respetos a su elección si eso les llena y les hace felices. A mí me produce un vacío tremendo porque no encuentro sensación más vacua que la de ir de mano en mano como “la falsa monea” que ninguno se la “quea”. Es mejor estar solo que sentirse un trozo de carne con ojos para un rato.

Hay quienes te venden la moto del amigos para siempre con tal de engatusarte, pero la realidad es que una vez satisfechos los instintos más primarios nada más que queda el “si te vi ni me acuerdo”. Hay quienes se presentan como los príncipes azules de tu vida y después del primer beso o siguen siendo sapos o destiñen al segundo lavado. Luego tenemos a los que se promocionan como la maravilla entre las maravillas y al poco te das cuenta de que sólo hablan de sí mismos sin parar, egocéntricos, haciendo de cada nimiedad de sus vidas un acontecimiento sublime cuando no son más que estupideces de gente inmadura que ni te escuchan nada de lo que pudieras contarles porque sólo se escuchan a sí mismos, sin mostrar ningún interés por ti. Para terminar por quienes confunden los verbos “enapollarse” y enamorarse.

Soy difícil ¿o tengo las ideas muy claras al respecto? Depende de quien me mire, así dirán. Lo soy para quienes buscan el sexo como una finalidad y no como la consecuencia de otras cosas tantas veces repetidas: complicidad, respeto, fidelidad, reciprocidad, sinceridad absoluta,… Valores devaluados para muchos en el ansia de vivir cada día como si fuera el último.

Me cansa oír el dichoso carpe diem usado por quienes buscan lo facilón en un afán de sexo exprés, para dar rienda suelta a unas necesidades más pensadas del ombligo para abajo que con el cerebro, porque no quiero ceñir mi vida sentimental a un momento inmediato y mañana encontrarme peor que ayer.

No soy frailuno o mojigato al respecto. En absoluto. Simplemente he llegado a la conclusión de que sólo me hace feliz entregarme por completo y sin límites a quien quiere compartir un camino mutuo, y aunque el destino pudiera separarlos un día porque nadie puede afirmar que será o no eterno, aunque sea lo que se desee desde el primer día. Y ese alguien tiene que ser consciente de que entre los dos no hay cabida para los celos, para las heridas gratuitas contra el otro, para intentar cambiar a quien tiene a su lado porque lo quiere de otra manera y no tal y como le conoció. Si no hay confianza, lealtad ni honestidad entre ambos, más vale que cada uno siga su camino.

Lo que no voy a ser nunca es carne de cañón para satisfacción ajena mientras yo me siento un perdedor por no ser fiel a mis principios. Cada cual tiene los suyos y yo sé cuales son los míos, y tan sólo aspiro a que se me respeten como yo respeto los de los demás, aun no compartiéndolos. Cada cual de su capa hace su propio sayo y yo soy el sastre del mío.

No me cabe duda de que habrá quien lo comprenda y lo comparta porque confiaré siempre en que todavía quedan personas con la cabeza sobre los hombros, y no en la entrepierna, y con las ideas claras.

© P.F.Roldán

Jorge Drexler:Antes

9 de noviembre de 2008

la lúcida borrachera


Hurgando entre mis viejos papeles, me he encontrado con un texto que escribí allá por abril de 1977 y que ahora rescato porque, después de treinta y un años, me dice bastante de lo que ya entonces despuntó como punto de partida del que ahora soy.

“El alcohol invade mis sangre. Se mezcla con ella y me conduce a otros mundos. Perdida la consciencia descubro, si embargo, el que he estado albergando en mí en mis pocos años. En mi delirium tremens algo me delata que me río porque llorar sería de una estupidez estéril. Sí. No estoy consciente, pero algo me dice que soy capaz de reconocer lo que he estado intentando ignorar para no caer en el vacío de lo que las gentes llaman inadaptados; y me debato, ignorando qué pasará cuando vuelva a la realidad, para que se rebele mi instinto contra la autodestrucción que no supe reconocer como tal durante todos estos años.
No puedo moverme, inerme, inerte, pero sé que levanto un brazo hacia ti, completo desconocido, invocando un nombre que no reconozco a la vez que impetro tu consejo mientras mis otros dedos se deslizan desde mis ingles hasta mis genitales, con una nueva ternura, queriendo conjurar las tempestades de prejuicios que otros sembraron en mi adolescencia acerca de gozar de ellos fuera de sus normas en cuanto al deseo… y me encuentro conmigo mismo y me siento crecer por momentos.

Antes yo era, pero sólo era el que otros deseaban que fuera, sumergiéndome en la dulce ignorancia de una castración de la que desconocía, o prefería no conocer su significado. Así fue durante años, mientras cada amanecer tomaba posesión de la tierra sin que yo supiera entonces que era como un moribundo que no disfrutaba de la restallante euforia del sol, viajando en una nebulosa hermética, en la que había sido encerrado por las mentalidades obtusas que me rodeaban. Pero ahora aquella pesadilla se va haciendo sueño.

En ese sueño, me despierto a la vida una mañana de primavera -mi sangre sigue su apareamiento de mestizaje con el alcohol-, riendo de felicidad porque nunca antes me he visto con tanta nitidez, llegando hasta dentro de mi auténtico yo con la sinceridad que hubiera querido poseer en estos años en cada paso dado.

¡Que importan los demás! Sólo me digo que un día te conoceré y me pregunto como será la vida contigo o sin ti. Elijo pensar en ti y en el lugar donde ahora posiblemente habitas. Dejo vagar mi sueño por tu planeta, para mí aún desconocido, y me fundo en tu existencia sin temor. Y ahora sé que soy porque tú serás, y que tú serás porque yo seré, y en ese instante de mutua conjunción ya nada podrá separarnos pues residiremos el uno en el otro y, abrazados en nuestra desnudez, nuestra realidad se hará constelación inviolable por la huella implacablemente hipócrita de los demás hombres y la palabra, tuya y mía, alimentará un amor sin espejismos.

Me remuevo inquieto. Este desdoblamiento entre la borrachera y la lucidez no puede ser normal, en el concepto de normalidad en el que he sido imbuido desde niño. Me vuelvo a abandonar al sueño. En él, mis labios recorren poro a poro lo que todavía eres una fantasía. Mis manos se estiran para alcanzarte, y tu piel se va convirtiendo en ellas en pequeñas escamas plateadas que, revolviéndose en nueva pesadilla, se tornan en afiladas punzantes astillas de cristal que hieren hasta hacer sangrar mis dedos. ¡No te vayas! Sólo son residuos atávicos. Deseo besar tu corazón, único entre cientos de miles de corazones, pero ahora no lo encuentro mientras el gozo que hace unos segundos se anudaba en mi garganta se vuelve en mudo grito. ¡Dónde has ido!

Y despierto a la realidad con la cabeza embotada. Tú todavía eres. Sé que lo seguirás siendo por el resto de mi vida aunque ahora ya no estás a mi lado como cuando dormía. Pero te he presentido enjugando mi sudor, gota a gota; humedeciéndome la frente con tus besos y acariciando mi piel, apoderándote de mí que ya no dejaré de buscarte incansable, incesantemente, porque sé que he de reencontrarte… aunque ahora no sepa ni cuándo ni cómo ni dónde.

Me niego a pensar que sea la embriaguez. No es producto de ningún estado febril. Eres real y no una distorsión de los delirios de una primera borrachera. No es el alcohol, excusa facilona siempre en estas tesituras. Soy yo.

He dado gracias porque ahora soy consciente de valer más que todos los amaneceres de miles, de millones de soles que nunca tendrán la dicha de saber que existen y que pueden amar como yo. Y se me han saltado unas lágrimas serenas de la reafirmación recién descubierta. Y he sonreído porque he sabido que soy capaz de llorar, de sentir, de vibrar… creyendo firmemente en el futuro, aunque ya sepa que seré un hombre diferente para los demás… Y me he reído a carcajadas porque he sabido que mis labios podían al fin sonreír a lo que ha de ser real un día.

Estoy convencido de que he de volver a encontrarte cuando haya crecido interiormente y se hayan mitigado mis ansiedades de adulto adolescente. Entre los sedimentos de la batalla librada esta noche entre los sueños y las pesadillas, he salido indemne, sin cicatrices que pugnen por sugerirme que sólo ha sido todo producto del alcohol, ingerido anoche sin mesura para hacerme el machito ante el grupo de amigos.

Mi verdad anterior ya no es verdad. Ahora sé que, aunque pueden pasar muchos años, sólo encontraré respuestas a la verdad que ahora sí siento mía cuando encuentre tu pecho y repose en él, y nos demos calor mutuamente como nadie nos lo dará jamás.

Me levanto a trompicones. Voy al baño y el espejo me devuelve mi imagen. Parezco una sombra, un espectro, con un cansancio casi infinito marcado en mis ojeras. La cabeza aún me da vueltas y cierro los ojos por un instante. Sé que he de volver al mundo, pero ya no será el mundo que conocía. Y, con los párpados apretados, me abandono a una última ensoñación antes de asearme y tener que salir a encararme con lo que otros verán como fatalidad y que para mí es el comienzo de la alegría.

Por un momento, es como si me encontrara sumergido en un carnaval. Me he quitado el disfraz de payaso que he llevado tanto tiempo y no hay confeti. Vuelan en cambio, surrealistas, sobre los rostros enmascarados, miles de palomitas de maíz y brillan luces de colores que nos envuelven. Busco tu cabeza, tu rostro entre cientos. Quiero entrelazar mis dedos en los tuyos…. Pero no te encuentro. Aún no. Todo parece un decorado de cartón piedra made in Hollywood. Veo un arco iris, pero va desapareciendo conforme avanza por él Dorothy con sus zapatos rojos, cantando. ¿Estarás al otro lado?

Oigo un grito. Mi madre a punto de recriminarme.. Sé que mi aspecto es lamentable. Sin apenas prestarle atención, le digo lo que sé que antes o después habré de decir antes de que le llegue a través de extraños. Suelta otro grito, pero esta vez, los ojos desorbitados, es desgarrador no de enojo.

Sus gritos me han devuelto a la realidad y ahora echo de menos las horas pasadas en la oscuridad del dormitorio, reposo de la embriaguez en el que adivino que bullían palabras -no pronunciadas quizás en voz alta- sólo para ti que, invisiblemente, sentado al borde de mi cama velaste mi intranquilo y a la vez plácido sopor.

Un remolino de una pasión antes desconocida arrebola mis mejillas y hace palpitar mi cuerpo a más de un centenar de pulsaciones por minuto. Al segundo grito materno han aparecido otros, pero no veo ya a nadie. Sólo pienso en cada palabra suspirada la noche anterior; cada deseo silencioso que tardará en realizarse; cada beso, recomido en mi imaginación sin consciencia; cada abrazo inconcluso…

Sé ya que soy diferente. Nada me importan las miradas, sean atónitas, desagradables o embobadas, de quienes me rodean. Como la sangre agolpada en mis sienes, tu imagen está en mi interior y me dice que no pronuncie otros nombres porque sólo existe el tuyo. Tu nombre ya es un estigma en mi lengua y he pasado a ser un chico malo de casa bien.

Ahora he sido yo el que ha lanzado un grito contundente para rebasar el círculo que, entre morboso, indignado y hasta compasivo, trata de engullirme. Y escapo a la claridad de lo que ellos considerarán desolación y que para mí es el comienzo de la felicidad.

He destrozado la fingida magia de sus principios deformantes. Y mientras que ellos me verán como a un triste hombre alejándose de sus obsoletos principios, yo siento la satisfacción de ser por primera vez yo mismo, obstinado ya en salirte al encuentro sin prisa, convencido de que te encontraré, y renunciando de una vez a las falsas quimeras tantos años creídas a ciegas. Esa obstinación sé que me cerrará muchos de los corazones de quienes me han querido hasta ese momento, pero yo ya soy libre para encontrar un día el tuyo, enamorado de ti que todavía no eres, para hacerte sentir desde el primer minuto junto a ti que no habrá nadie tan especial como tú.

Mientra tanto, todavía tengo tiempo suficiente para ir madurando y ser para ti como nunca lo fue ni lo será ningún otro… y sabremos reconocernos entre toda esta multitud que finge ignorarnos porque no nos sumamos a su dinámica adocenada y devastadora, pero que en su fuero interno no dejarán de envidiar nuestra felicidad.”

(Murcia, 1977)

© P.F.Roldán

La Oreja de Van Gogh:Apareces Tú

8 de noviembre de 2008

cerrado por vacaciones forzosas...



De repente, problemas con mi equipo informático me van a tener una temporada desconectado de este ordenador, así que descansaréis un poco de mí verborrea aquellos que me leéis en este blog, que no hay poco escrito por otra parte, y yo aprovecharé para aumentar mi álbum de fotografías por un lado, escribir como un poseso, y dibujar para preparar una exposición que tengo prevista en unos meses.

Pero si algo me molesta es perder la comunicación en este lapsus forzoso con todos los que converso, ya que pasaré este tiempo a depender de un cibercafé, que me pillan todos en la quinta porra, o cuando vaya a invadirle el portátil a mi hermana, lo que no será a diario.

Para cuantos tenéis mi teléfono no supondrá ningún problema. Para quien está fuera de España será más incordio coincidir, pero aunque sea a través del correo electrónico no pienso abandonaros así como así. Algún mail que otro os llegará, que me cuesta callarme hasta debajo del agua. Siempre hay cosas que contar, aunque no sea con la inmediatez del messenger, así que no os libraréis de mí tan fácilmente. (Se me ha puesto un cierto rictus perverso en los labios.)

Espero que pronto esté solucionado todo, pero ya se sabe como son estas cosas. De todas formas, nunca se deja de lado a los amigos, así que seguimos en contacto aunque sea de otras formas. Lo mismo es una semana, que dos, que id a saber, pero seguiréis teniendo noticias mías.

¡Un fuerte abrazo a todos!

© P.F.Roldán

Santiago Auserón:No Se Ría

7 de noviembre de 2008

nos negamos a viajar...


Qué ceguera alimentamos muchas veces porque los acontecimientos del pasado nos sobrepasan. Cuántas veces nos negamos a la alegría de vivir porque nos da pánico que nos vuelvan a herir, cuando aún no han cicatrizado posiblemente las heridas que otro nos dejó.

Y ahí lo tenemos, con los brazos abiertos hacia nosotros, esperando poder darnos los que aquél nos escatimó… pero seguimos sintiendo miedo y dejamos que una tristeza indeseable nos siga atormentando el alma sin ser capaces de correr a estrecharnos contra su pecho, aun sabiendo que nos quiere, nos respeta y jamás nos hará daño.

Sí. A ti te lo digo. Yo regresé de ese infierno hace muchos años y, porque en ellos he aprendido a quererme, hoy puedo querer mejor de lo que lo hice en el pasado. Pero estoy también aprendiendo a que llegues hasta mí, respetando tu duelo, y que no te quepa duda alguna de que no estás solo. Sabré esperarte.

Poco a poco... Pues poco a poco será. Pero estaré aquí. Tenemos tanto por viajar juntos…

Qué más da el tiempo que haya de transcurrir antes de que llegues por completo hasta mí. Lo único importante es que llegues, sabiendo que estoy por ti incondicionalmente, sea cual sea tu pasado, vivas como vivas tu presente… Miro sólo hacia el futuro y poder sentir tu mirada cada día de mi vida y no perderla jamás.

© P.F.Roldán

Fangoria:Soy tu destino

6 de noviembre de 2008

la vida no es un juego


Hace ya muchos años que me propuse que no dejaría a nadie jugar nunca más con mis sentimientos. Sé lo que fue perder la lucidez en el pasado por causa de ellos y llegué, después de mucho batallar conmigo mismo, a la conclusión de que quiero vivirlos con serenidad, sin que nadie vuelva a desquiciarme hasta el punto de perder mi paz interior.

En muchas ocasiones, en casi todas, los hombres dejamos que el corazón tome las riendas de nuestras vidas y eso es bueno y positivo cuando se vive en mutua correspondencia, dando paso a que la razón, día a día, vaya asimilando que el camino es compartido por dos, por diferentes que sean pero en igualdad de deseos por llegar a una meta común. Cuando no es así se corre el riesgo de acabar sometido a la voluntad ajena y hay que ser inteligentes para no convertir nuestra vida en una continua, larga y hasta deprimente espera, aguardando a que el otro equilibre sus supuestos vaivenes emocionales, que excusan con mil mentiras, mientras ellos tratan de aprovecharse de que te creen seguro de tus emociones e ilusionado con algo que parece no llegar nunca… y que lo más seguro es que nunca llegue porque nunca tuvieron intención de que así fuera, convirtiendo muchas vidas en un infierno del que no se sabe cómo salir ni qué camino tomar, cegados los que creen que es amor por lo que no es más que una estafa emocional.

Son quienes sólo conocen las palabras “yo, mí, me, conmigo”, aunque susurren palabras de amor en otros oídos. En el mundo, por desgracia, abundan los egocéntricos que anteponen sus necesidades particulares como única prioridad en su relación con los demás y uno, que es paciente, educado y tolerante por naturaleza y en grado sumo, les escucha e intenta ponerse en su lugar, pero al final siente como poco a poco aquellos se van convirtiendo en vampiros energéticos, a los que sólo les importan su ego y sus circunstancias por encima de cualquier otra cosa que afecte a quien les escucha diariamente con todo su afecto. Exigen que estés cuando te necesitan, pero pocas veces se les encuentra cuando ellos hacen falta, si es que no te dan la patada antes una vez satisfechas sus inseguridades o porque, insatisfechas, buscan una nueva víctima con la que empezar desde cero su maquiavélico juego egocéntrico. ¡Qué tristeza de vida! Y el caso es que esa misma vida, antes o después, les devolverá como un bumerang todo el daño que, inconscientes en su egolatría, hoy hacen.

Pero, personalmente, de ese color ya vi muchos trajes y sé que ni su vida es más importante que la mía ni que la de cualquiera, ni sus avatares mejores ni peores que los de los que les quieren. Todos valemos lo mismo y no me dejo engatusar, aunque dé la impresión muchas veces de lo contrario, por esos que, como niños mal criados, son ludópatas de los sentimientos de forma compulsiva, jugando con los corazones ajenos como quienes acuden horas y horas cada día a un bingo a poner cruces en casillas, dejándose incluso lo que no tienen en ello hasta caer en un pozo sin fondo. ¿Será ese desbarajuste destructor de la vida propia, que ven desde una óptica fantasiosa, lo que les lleva a intentar destrozar las de los demás?

No, la vida no es un juego en el que uno, impotente perdedor en muchas cosas, gana fácilmente a costa de otro, poniendo a quien creyó en sus palabras al borde de una profunda tristeza, cuando no de una depresión, con sus caprichosos y desestabilizadores altibajos y retorcidos embustes, porque supieron ganarse su voluntad con hermosa verborrea seudo sentimental… y es innegable que vivimos en tiempos en los que el empobrecimiento de las relaciones personales nos hacen ansiar a alguien que nos quiera.

Si aprendiéramos de una vez que la soledad no es mala; que lo peor es caer bajo las garras de esos desaprensivos… ni perderíamos la sonrisa ni la autoestima.

No creo en esos tahúres de los sentimientos, que una cosa es escucharles y decirles que sí a todo por contentar su ego, sin que merezcan un ápice de sinceridad, ya que nunca aceptarían una verdad como cualquier adicto a lo que sea y no merece la pena intentar abrirle los ojos a quien no quiere y encima se regodea en sus actitudes, y otra muy distinta rendirse ante unos encantos que no tienen ni por asomo porque son unos auténticos desconocidos a causa de deformar continuamente su paupérrima realidad por aparentar que son maravillosos, cuando en verdad no dejan de ser unos infelices que te creen un trofeo más del único juego en el que no suelen perder… si te dejas.

Por eso insisto tanto en el poder de la mirada mutua y compartida como la única manera de despertar mi fe. ¿No se dice que la cara es el espejo del alma?

No, la vida no es un juego como para perderla a mitad de camino por culpa de cualquier trilero emocional.

© P.F.Roldán

Pitingo:Quisiera amarte menos

5 de noviembre de 2008

la crisis y los virtuosos del cinismo


Me irrita escuchar a muchos políticos populares hablar de la crisis manipulando al ciudadano. Me irrita que entre ellos se contradigan, variando el discurso sea en una Autonomía o en otra. Me irrita que habiendo estado en el poder durante ocho años en los que pudieron hacer y no hicieron, culpen al actual Gobierno de no llevar a puerto compromisos que ellos adquirieron y que nunca llevaron a cabo. Me irrita que en vez de colaborar, encizañen para trata