2 de enero de 2009

la marca de Caín: la envidia

Esta es la historia de un triste pobre hombre, menos digno de lástima que de desprecio. Un pobre don nadie que sólo es lo que es: un funcionario gris al servicio de los que le dan de comer sin mojarse el culo jamás, el muy cobarde, para vivir plácidamente, sin correr el riesgo de que le compliquen la vida por implicarse por lo que es justo, escudándose en que no es su cometido ni de su incumbencia. Que lo suyo es dedicarse a la investigación exclusivamente… ¿de qué! Porque hasta ahora no se le conoce nada en los últimos cinco años, si no es su silencio cuando se han verificado irregularidades hasta por el ciudadano más profano de tan evidentes, porque tragaderas no le faltan si se asegura con eso que no le amarguen el plato de lentejas, como buen estómago agradecido... y aunque sea a costa de no tener dignidad.

Anquilosado tras su mesa de despacho, desprecia altaneramente y de la forma más cainita –porque si mostrara la envidia que le reconcome se descubriría de qué pie cojea- a todos los que destacan en su misma profesión por el solo hecho de que estos han hecho de esa profesión -de la que sólo comparten el título- un medio para investigar, dar conferencias, publicar sus trabajos, pelear por sacar a la luz las verdades que los jerifaltes del otro tapan, manipulan o se pasan por el arco del triunfo.

Se permite decir de uno que es un borracho, un ladrón, un sinvergüenza, un desacreditado socialmente (?)… claro, como que ése es doctor mientras él, y los que como él son, se ha quedado con su licenciatura rascada, haciendo de chupatintas tras opositar después de años de meritorio con sueldo…; te dice de la otra que es una vendida, una lame traseros, una hipócrita a la que todo el mundo conoce (?)… claro, como que esa otra tiene un puesto de gran responsabilidad dentro de la profesión, a la vez que está terminando su tesis doctoral… Tesis de la que ese infeliz envidioso se burla porque esa una lleva algunos años liada con ella, como si investigar fuera algo de hoy para mañana mismo, y menos cuando se compagina con dos trabajos…

Pero él, un hipócrita que debiera callarse porque en boca cerrada no entran moscas, cree que oculta lo que, sin embargo, todos sabemos: que maltrataba física y verbalmente a su ex mujer, a la que le debe haber llegado a donde ha llegado porque sin ella ni eso tendría; que sus hijos, que también sufrieron malos tratos, no lo tragan porque –sin respeto a su madre- lo han visto acaramelado con otras, pero se callan –los niños, niños son- porque a base de regalos, cuatro carantoñas, y dejarles hacer lo que les venga en gana compra su silencio desde hace años… menos el primogénito que, testigo de lo que padecieron su madre y ellos, le planta cara desde que alcanzó la mayoría de edad; que la gente le conoce de sobra, porque aunque presuma de que se codea con todo el mundo de su ámbito, ese “todo el mundo” sabe de sus meteduras de pata profesionales, amén de algún chanchullo de la mano de un compañero poco escrupuloso, o hasta falsificando la rúbrica de su mujer... Todo un firma el caballerete.

Profesionalmente, pues, un cero a la izquierda -con escasos decimales tras la coma, si es que la hay- que ha cometido más desaguisados que algún escaso contado acierto –a quién no le suena alguna vez la flauta y sobre todo si hay quien te arrope-; y humanamente, un acomplejado por desgracias y defectos físicos que, si en otras personas provocarían un alto grado de simpatía, en él, conociéndole, sólo provocan que se piense “el infierno está aquí en la tierra y aún puede dar gracias”.

El típico vanidoso sin fundamento que se las da de sabelotodo y que, en cuanto lo sacas de sus cuatro conocimientos sin reciclar, pone a caldo a cuantos se esfuerzan por avanzar en sus carreras –algunas con prestigio internacional-, sabiendo que a estos los recordará mucha gente el día de mañana por su buen hacer, mientras que él saldrá de este mundo con las piernas por delante sin pena ni gloria, cayendo en el olvido a causa de su trayectoria gris. Pero si, -¡oh, fatalidad!- encima no eres de la profesión, te esgrime despreciativamente el “¡tú que sabrás!”, enfermo de una titulitis que en él queda hasta ridícula por obsoleta, que se puede afirmar sin error que muchos aplicados autodidactas le dan cien vueltas, y alguna más, en cuanto a conocimientos.

Cualquier persona con sus carencias sería, como decía al principio, digna de simpatía o de lástima. Él, con su maldad manifiesta, y aunque trate de taparla -¿a quién engaña?-, no parece que merezca sino lo que tiene. Y es que, como siempre digo, de lo que se siembra se recoge… y él siempre ha odiado intensamente a cuantos han descollado en su entorno. Si se tratara de karma, visto lo visto, aún le quedaría mucho por pagar.

¡Qué desasosiego daría estar en su piel!

© P.F.Roldán

Rubén Blades:Camaleón

2 comentarios:

Anónimo dijo...

No el tema de fiesta…
Quería escribir una vez sobre la Persona sin hogar… La Navidad, la persona vieja mira en ventana, detrás de la ventana la persona sin hogar saca del cajón de la basura de la cosa. Cada cosa es el recuerdo, la historia. Pero no sé escribir, por eso dibujo...
¡Feliz Año Nuevo!
Best Wishes for a very Merry Christmas and a Happy New Year!
Rita

fran roldán dijo...

Gracias Rita,
tanto por tus buenos deseos, como por el comentario.
Ya apunté por encima en "año nuevo... ¿vida nueva?" como estos días nos alienan un poco, enfebrecidos por "las fiestas", olvidándonos un poco, o un mucho, de que hay otras realidades y que no todo se ciñe a grandes cenas o comidas y a buenos deseos...
Te agradezco, así mismo, que me hayas dado "un tema" sobre el que escribir y que, estando a nuestro alrededor, se suele obviar "por molesto" para no aguarnos las celebraciones de estos días, pero que es una de esas tristes realidades que abundan más de lo que sospechamos.

Dices que no sabes escibir y que por eso dibujas... Cualquier medio es bueno para expresarnos y, si no lo tienes, te animo a publicar un blog con tus dibujos. Se llega a los demás de tantas maneras...

¡Feliz año nuevo igualmente!