23 de diciembre de 2008

desmantelando mentiras históricas (e histéricas)




Ayer noche estuve en la presentación del libro Murcia por una mitra, del doctor en Historia y ex director del Museo Nacional de Arqueología Submarina, que él consiguió para esta ciudad –cesado del puesto por una estulta ministra de Cultura-, Iván Negueruela, que ha editado Áglaya.

Llenazo de aforo y es que no era para menos. Si bien fuimos atraídos por el contenido del libro, algunos, además, porque gozamos de la amistad de Iván; pero lo cierto es que no se trataba tanto de arroparlo a él, que no lo necesita para nada pues méritos propios no le faltan, como por la rigurosidad documental con la que escribe siempre sobre la Historia de Cartagena, devolviéndonos mucha de la dignidad que nos han quitado los cuentacuentos al servicio del poder de la oligarquía capitalina murciana. Los cartageneros conocemos nuestra Historia, pero siempre se nos han escamoteado los documentos que hablan de ella. Y ha tenido que venir a afincarse entre nosotros un vallisoletano como Iván – hoy más cartagenerista que muchos cartageneros- para que se vaya haciendo la luz con su incansable trabajo -en este caso hasta en el Archivo vaticano- para desenmascarar las mentiras de la Historia oficialista murciana que durante siglos, aún hoy, tanto han perjudicado sin medida a esta ciudad.

Durante esos siglos, y arreciando sus despropósitos en estas tres últimas décadas los seudo historiadores “regionalistas”, que viven a la sombra de los políticos “murcianizantes” -me río yo de la tan criticada en Murcia inmersión “catalanizante” si las comparo y veo los antecedentes históricos, aunque aborrezca ambas por excluyentes-, mantuvieron la tesis de que en la época musulmana Cartagena sólo había sido “una aldea de pescadores”, y a nuestra Edad Media la dieron por llamar “la Edad Oscura” (“repite una mentira mil veces y acabará convirtiéndose en verdad”), algo inconcebible en uno de los puertos más importantes del Mediterráneo y de una ciudad que había sido capital de la Hispania cartaginesa, de la Carthaginense romana y de la provincia occidental del Imperio bizantino. Que los visigodos, Suintila a la cabeza, nos asolaran y nos robaran la mitra metropolitana a favor de Toledo, capital de su reino, no significaba que esta ciudad hubiera desaparecido del mapa en los siglos subsiguientes. Iván, tras un arduo estudio del Castillo de la Concepción –siempre datado como cristiano tras la Reconquista-, nos regaló un libro impagable: Qartayanna al-Halfa (propuestas sobre la Alcazaba y su pasado musulmán). Con él, y habiendo bebido de las fuentes islámicas de esa época (Al-Idrisí, Abd-Allah (último rey zirí de Granada), la Crónica del moro Rasis, …), además de en los posteriores estudios contemporáneos (Munuera, Pocklington, Ramallo, Torres Fontes,…), desmontaba esa falacia de la “aldea” para concluir que un lugar con tales defensas, tuvo que albergar una madina o gran ciudad mora, con su cadí (como lo fue el padre del poeta musulmán cartagenero Hazim al-Qartayanní, que de eso éste mismo dejó constancia).

Con Murcia por una mitra -que me recuerda aquello de “París bien vale una misa” de Enrique IV, que no tuvo empacho en abjurar de su protestantismo para ocupar el trono francés- Negueruela nos demuestra la falta de escrúpulos e inmoralidad de quien detenta el poder para llegar hasta falsificar la Historia, empezando por sus documentos, como hicieran el rey Sancho IV y el obispo Diego Magaz en 1291, con una falsa bula papal del pontífice Nicolás IV, para obrar a su antojo y aunque conculque hasta hoy mismo el Derecho Canónico que obliga a los obispos a residir en su Silla episcopal.

Algunos se dirán que qué más da que un obispo resida aquí o allá, pero no es ese el trasfondo real, sino las consecuencias: la codicia de quienes en más de 700 años siguen manteniendo la mentira para continuar gobernando, robándole sus derechos a quienes les corresponden. Y es que si la tal bula nunca autorizó el traslado, no es menos cierto que la presencia del obispo en Murcia le daba a ésta una primacía sobre Cartagena a nivel político y económico que hasta el día de hoy sigue vigente, y a pesar de que la Diócesis nunca cambiara su nombre, siendo siempre la Carthaginensis in Hispania. No hay que olvidar el poder que la Iglesia ejercía y su influencia en la res pública. Así, Cartagena dejó de percibir los diezmos que le correspondían, empobreciéndola, y que empezaron a beneficiar a Murcia, y con ello se vio abocada a un segundo plano, como una Cenicienta pisoteada por su madrastra, cuando en realidad esta ciudad episcopal ostenta el título de Cartaginesis Almae Eclesiae, como reza el lema diocesano en el escudo de su restauración en 1250.

La residencia permanente del obispo en Murcia nos ha robado todos los derechos históricos desde el siglo XIII. Sólo un amago de liberación de ese yugo nos vino cuando Isabel la Católica, en 1504, hizo a Cartagena Ciudad de Realengo, dependiente sólo de la Corona de Castilla, permutándoles el Señorío de la ciudad a los Adelantados murcianos del Reino, los Fajardo-Chacón, por el marquesado de los Vélez… Pero el obispo no regresó, lo que no invirtió los papeles otra vez a su estado natural, y así Murcia presume hoy de un patrimonio religioso que no es suyo, sino de la Diócesis cartagenera, y que ha tenido consecuencias nefastas para esta ciudad, tanto patrimonial como políticamente. Desde el desprecio del ministro murciano conde de Floridablanca rechazando que los diputados provinciales cartageneros acudieran a las cortes de Cádiz de 1812 –porque Cartagena fue constituida provincia en 1799 por Carlos IV-, la posterior promulgación de la provincia de Murcia, en 1833, por el ministro de Fernando VII Javier de Burgos, y hasta la declaración de la Comunidad Autonómica de la Región de Murcia, en el actual Estado de las Autonomías. Y es que tener viviendo entre ellos al obispo, aunque no les corresponda ni les pertenezca, les confiere un estatus superior, aunque sea usurpado a sus legítimos dueños.

Sin embargo, y aunque la ciudad de Murcia ostente la capitalidad regional “contra natura” por no decir contra el sentido común, la Asamblea Regional estatutariamente se ubicó en Cartagena, porque los políticos murcianos que solicitaron la pre-autonomía en 1978 lo hicieron basándose en la Historia de Cartagena y en la importancia secular de nuestro Puerto (ver el Real Decreto-Ley 30/1978 publicado por la Jefatura del Estado en BOE n. 242 de 10/10/1978), tal y como la Constitución ordenaba en sus artículos 143 y 147, en cuyo artículo 2º, apartado a. dice que la Comunidad deberá contener en su Estatuto la denominación que mejor corresponda a su identidad histórica, y esa identidad la daba Cartagena y su pasado casi trimilenario y no una ciudad de Murcia fundada en el siglo IX.

Así pues, seguimos viendo como pese a pedir la autonomía sobre la base de la Historia cartagenera, se sigue incumpliendo -por la ambición de una oligarquía metida en política- hasta la Ley de Leyes, la Constitución, robándonos hasta el legitimo nombre regional.

Si ha colado durante ocho siglos la mentira sobre el verdadero motivo del traslado del Obispo a Murcia, por qué no van a seguir conculcando las leyes hasta el punto de reducir el nombre de la región, a Región de Murcia, haciendo que se confunda la parte (la ciudad) con el todo (la Comunidad Autónoma) llamando a todo lo regional “murciano”.

Y lo malo es que cuando les demuestras con rigor documental la verdad, pasan de la falacia histórica que se han inventado a la actitud histérica del insulto y la descalificación. Han repetido tantas veces sus mentiras que para ellos son ya la única verdad. Pero hay que darle las gracias a Iván por darnos argumentos -tan pulcra, exhaustiva y eficientemente documentados- que ninguna patraña puede desmentir… pese a esas histerias.

© P.F.Roldán

Tomás Luis de Victoria:Tenebrae Factae Sunt

3 comentarios:

Antonio dijo...

Chapeau

Anónimo dijo...

Pues ya puede el Obispado ir cambiando su "errónea" información que ofrece a través de su página web.

Cito textualmente:

"En su organización se atuvo a la constitución de la Iglesia de Córdoba, ad similitudinem ecclesiae cordubenisis, su primer obispo Pedro Gallego. En 1266 se delimitaba por Alfonso X la diócesis con iguales términos que había tenido anteriormente. Necesidades de todo orden obligaron a trasladar la capitalidad a Murcia (bula, 1289; orden real, 1291)."

¿Lo cambiarán alguna vez y pondrán la verdad?

La verdad os hará libres... dijo un tal Jesús.

fran roldán dijo...

El anterior Obispo, Reig Plá, se interesó mucho por este libro pero, cómo no, la oligarquía murciana (muy bien relacionada con Benedicto XVI cuando sólo era cardenal Ratzinger) ha conseguido que lo "exilien" a Alcalá de Henares y que nombren un obispo de Murcia capital, que en la Diócesis de Cartagena no le conocemos ni por el forro de la sotana porque pasa de su Sede mil. Así que dudo mucho que éste haga nada que no sea seguir como en los últimos siglos, tras la esperanza que despertó su predecesor en su breve episcopado aquí.
La Verdad nos hace libres, sí, pero quienes debieran proclamarla nos desprecian con sus mentiras y manipulaciones, vendidos al poder político antes que a su feligresía.
Ya dijo el antecesor a Reig, el ahora Arzobispo de Zaragoza, Ureña, que él no se venía a Cartagena porque tenía que estar donde están los centros de poder y el dinero; en este caso Mucia capital... quizás por eso ahora es arzobispo, y Reig ha descendido "en el escalafón" por enfrentarse a ellos.