29 de marzo de 2010

la esperada traición

Corren, por lo visto, malos tiempos para ser honesto. Hay quien se deja comprar y hay quien se vende… aunque las apariencias engañen a simple vista.

A estas alturas nada me coge por sorpresa. Era de esperar porque lo presentí con algunas personas desde el mismo instante en que me fueron presentadas. Ese sexto sentido que te avisa de que no debes confiar en exceso; que hay algo sucio en la forma de mirar o en como verbalizan sus fines, en una continua contradicción apenas perceptible si no es por ese mismo sexto sentido que te pone en guardia.

Sabes que vas al matadero con esa gente y que te dejas llevar porque algunos más crédulos que uno mismo te piden que confíes y que no seas susceptible; que te estás equivocando; que les conocen de tiempo y que son imaginaciones tuyas. Pero sientes por dentro que no; que se te pone mal cuerpo cuando esos otros te rondan cerca y ni por un momento dudas de sus verdaderas intenciones. Lo que pasa es que te pliegas a los biempensantes porque son buena gente y los argumentos que das no los puedes justificar con nada ni eres capaz de contradecir los suyos con pruebas. ¿Cómo se justifica ese sexto sentido? Y, sin embargo, estás seguro de que antes o después nos traicionarán porque algo te dice que carecen de escrúpulos. Una mueca a destiempo; un rictus de prepotencia que de repente no controlan; una palabra que se les escapa aunque la disfracen entre otras; una mirada huidiza en un momento clave… Lo sabes, pero los demás no lo perciben… Y no es que seas adivino. Es que reconoces el sonido de la serpiente que se arrastra mientras te acecha sigilosa.

Y un día explotan los augurios que intuías y pillan desprevenidos a los demás que no quisieron escucharte. Y ellos sienten decepción, rabia, impotencia, rencor… pero tú estás impasible porque lo esperabas, lo sabías sin saber cómo. Tú eres el único que estás sereno.

Por un sillón en su actual puesto de mando, por la avaricia de no perder una subvención, por un figurar de cara a la galería, por sentirse algo que ni son ni serán… han sido capaces de engañar, traicionar, manipular, venderse. Tú, como decía hace unos días, no tienes precio que pueda comprarte, pero esos sí. Sin lo que tienen gracias a ser rastreros son menos que nada, pero así se creen ser alguien y eso les convierte en mercancía para los desaprensivos que no dudan en aprovecharse de esa vanidad, de esa pobre egolatría, de esa estulticia de gente indocumentada que están donde están porque aún los hay más necios que ellos y que se aúpan porque van de listillos en la más terrible de las ignorancias. Sólo tienen que abrir la boca diez minutos; dejar que se explayen a su antojo, darles la razón en todo… y hacerles creer que te han llevado a su huerto. Son entonces como un libro abierto en el que el texto fuera la palabra traición repetida hasta la saciedad.

Dan pena. Hoy te traicionan sin saber que se están traicionando a sí mismos porque no tienen escrúpulos para saberlo. Su final será más terrible que el tuyo, pero, mientras, se sentirán crecidos arrastrando a una mansa manada que no distingue entre acción y fingimiento. Se limitan a oírles discursos manidos y huecos pero que enardecen lo más primitivo que se lleva dentro; gestos ridículos de lo que se llama ahora “performances”, pero que no conducen a nada aunque parezcan grandes gestos; desprecian e insultan a los que han estado llevando acciones efectivas y que ellos no subscribieron porque no se sentían líderes. Su afán de protagonismo hace que te desmarques de esa masa de abducidos, como hipnotizados por una cobra a punto de atacar, pero sigues luchando hasta el final por el camino que te marcaste y en el que te apoyan los que verdaderamente tienen el poder de llevar, antes o después, a buen término lo que tantas horas de tu vida personal te ha quitado. Horas de vigilia, de buscar pruebas, de denunciar hechos con hechos, no con palabrería vana y gestos inútiles, sino con la efectividad que da el haberlo dejado todo para librar una batalla por algo justo.

Y sabes que acabarás ganando porque has actuado como y donde debes, mientras los otros buscaban los laureles fáciles con la vacuidad de su comportamiento. Y ganarás al final sin buscar el aplauso, ni los parabienes, cosas que ellos tratarán de adjudicarse a toda costa. Así que, hagas lo que hagas, la paliza te la van a dar por todos sitios. Pero esos palos no duelen.

Siempre queda la satisfacción interior de que has hecho lo que debías, aunque te haya costado dejarte la piel por el camino mientras los oradores de verbo fácil y sin sustancia vivían plácidamente.

Y aunque te vapuleen con tal de quedar como salva patrias, a todo cerdo le llega su san Martín. Ya se encarga la vida de devolver lo que se siembra. Así que pobre y efímera victoria la que se anotan, aunque hayan acabado contigo con calumnias. Mañana, cuando las tornas cambien, porque siempre cambian, ya no serán nadie. Tú siempre lo serás todo ante tu conciencia.

© P.F.Roldán

Astrud:Paliza

13 de marzo de 2010

estás tan sola

Me llamas. Lo tuyo con tu hombre se ha terminado y, aunque lo veías venir, te negabas a aceptar que era inevitable.

Quiero que tus lágrimas me conmuevan y hago el esfuerzo, pero no lo consiguen. Han sido tantas las veces que te pusimos sobre aviso que ya no me quedan palabras para consolarte, como evito las que te puedan herir. Sólo te escucho porque sé que no me vas a escuchar. Únicamente necesitas hablar y hablar, y desahogarte y aquí estoy, consciente de tu ceguera. Esa ceguera que siempre se produce cuando es el otro quien nos abandona, y aunque estemos convencidos de que el paso lo habríamos tenido que dar nosotros primero porque desde hace tiempo ya sólo sentíamos el vacío de la soledad en compañía.

Pero no lo diste. Te asustaba la soledad y preferías seguir sometida a una situación que cada día te anulaba más, pero que te proporcionaba algún que otro buen momento rara vez; tan rara vez que infinidad de veces te oímos hablar con una amargura honda, con un deseo de huir al que no eras capaz de enfrentarte. Te volviste conformista y dejaste de quererte para intentar querer a quien no te quería y, ahora que se ha ido, no te encuentras ni en los espejos. Te perdiste a ti misma en algún momento que ya ni sabrías precisar. Te sientes menos que nada.

Te haría bien leer “Solas”, de Carmen Alborch, para que dejes de hacer de tu vida una tragedia griega… pero nada más lejos de mi pensamiento que recomendarte lecturas en este momento cuando por tu voz te presiento más que obsesionada, relamiéndote las heridas y seguro de que no has sido capaz ni de tomar un yogur para engañar al estómago, porque te alimentas de rabia y melancolía, de despecho y de apatía, demacrada aún más de lo habitual por una pena que ya sentías desde hace mucho y que te negabas a reconocer.

No es un duelo que comienzas hoy. Lo llevas arrastrando meses. Hoy sólo se ha hecho absolutamente real lo que ya sabías que, antes o después, iba a suceder porque el desamor era patente desde hace mucho, pero te acomodaste a él antes de tomar determinaciones positivas para tu vida… aunque te pudieran resultar dolorosas en un primer instante.

Si fueras al menos capaz de reconocer que tampoco le querías ya. Que sólo era el refugio de tus miedos, de tus angustias, de tu falta de autoestima, pese a sus insultos, a su continuo desdén hacia ti. Pero, estás obcecada. Ha sido él quien se ha ido y no tú. ¿Cómo consolarte, pues, si ya eras consciente de tu propio desencanto y no hiciste nada para remediarlo? ¿Si te pudo más la cobardía que sus desprecios?

Pero, sigo aquí, escuchándote porque es lo que necesitas y aunque sepa que nada puedo hacer por ti. Tampoco me gusta dar consejos y, además, aunque te los diera no los escucharías. Te regodeas en un dolor que ya te viene de lejos y al que también te has acostumbrado, retroalimentándote de él.

Y lo que peor te sienta es que no te ha dejado por otra. Eso sería casi un lenitivo para poder justificarle; pero te ha dejado simplemente porque ya no encontraba ningún aliciente a seguir contigo. Hasta un maltratador se acaba cansando de su víctima cuando ésta ya no le produce ese malsano placer de tan servil. Necesitan que se les rebelen de cuando en cuando para encontrar nuevos motivos para seguir cebando sus instintos. Tú ya ni le rechistabas. Aceptabas cada maltrato en silencio, pensando que así le contentabas y que no te dejaría, pero los verdugos disfrutan más cuando se les revuelven, cuando les plantan cara, cuando les lloran suplicando compasión.

Estamos tus amigos, pero estás sola. Estás sola porque, a pesar de tus miedos a la soledad, estar tan sola, sentirse sola es prolongar lo que él te daba y ya no tienes. La negación de ti misma.

© P.F.Roldán

Sole Giménez:Tan Sola

por un plato de lentejas...

Hay quien todavía se cree que algunos tenemos un precio con el que comprar nuestros ideales y honradez. Esos se piensan que uno va a renunciar a su honestidad, a su dignidad y a sus principios a cambio de un plato de lentejas… y lo que no saben, porque extrapolando el refrán de que todo ladrón se cree que todos son de su misma condición, es que esos algunos preferimos ser coherentes y pasar hasta hambre pero no vendernos ni por todo el oro ni medallas del mundo; medallas para las que ellos son capaces de dejarse la piel – un decir, porque utilizan a otros que sí se la dejan por ellos- con tal de ser figurones en esta opereta que es la vida social en la que quieren destacar sin dar palo al agua y utilizando a los demás en propio provecho, ninguneándoles después cuando ya no los necesitan... hasta la próxima…

Y si no tienes precio, te atraen con lisonjas, que varían según el tipo de mercancía que creen estar comprando de un modo u otro, y las alabanzas duran hasta que ya has caído en sus redes. No compran a cualquiera, sino a quien saben que puede darles lo que ellos no tienen porque, faltos de carisma e imaginación, ineptos en llevar a cualquier buen término lo que se les proponga por sí mismos, necesitan exprimir a los que aportan lo que a ellos la inteligencia les ha negado. Una vez conseguido, te arrumban negándote el valor que ellos entonces se arrogan como propio y así continuamente. Dueños ya, al final, de las ideas ajenas te obligan incluso a acatar sus normas, con lo que llaman sus hojas de ruta y disciplina de grupo, y seguir sus propios derroteros, que no son otros sino los que tú les has proporcionado.

Y cuando descubren un atisbo de rebeldía por tu parte, harto de sentirte utilizado –no por otra razón porque uno sólo puede infravalorarse por sí mismo y no por lo que nadie diga- y ante su nulidad e incompetencia, primero se hacen los enfurecidos –como si fueras un traidor a “su causa”- para al rato volverte a llenar los oídos de alabanzas acerca de tu valía y volver a las promesas que nunca cumplirán porque sólo eres un medio para sus fines. Están convencidos de que sigues teniendo un precio y que, sea cual sea, podrán comprarte antes o después, pero habitualmente es un precio que pagan con lisonjas que para alguien íntegro caen en saco roto.

Y uno, sabedor, no actúa por ellos, sino por sus principios, y deja que se crean que te están utilizando pero lo que haces es luchar por tus convicciones sin regalar réditos a nadie, porque ni los buscas para ti mismo. Lo que haces lo haces desinteresadamente por el bien común, sin esperar parabienes ni premios. Lo haces simplemente porque es necesario; porque tu trabajo va en beneficio de la comunidad a la que perteneces. Te satisface lograr lo que te has propuesto, pero no te lo apuntas como un éxito personalista sino con la generosidad de que has conseguido lo que es de justicia y compartes los logros como un fruto que es para todos.
Pero esos oportunistas vienen corriendo, si todo sale bien, como sanguijuelas a anotarse el tanto cuando nada han hecho por conseguirlo. Son como esos aficionadillos que nunca han pisado un estadio mientras su equipo estaba en categorías inferiores o iba mal, pero cuando van ascendiendo puestos se van apuntando y, mientras veintidós jugadores se disputan un balón sudando la camiseta, luego van de bar en bar vanagloriándose de que “han ganado” lo que no les ha costado ningún esfuerzo personal, y en lo que no creían tiempo atrás.

Uno nunca tiene precio que pueda pagarse a no ser que se sea un mediocre botarate que pretende medrar a toda costa.
Nadie tiene lo suficiente para comprar a las personas íntegras que trabajan y luchan por altruismo y desinteresadamente sin esperar ni siquiera palmadas en la espalda. Los que se venden a esos amorales mercachifles, ávidos de oropeles inmerecidos, o son unos necios o carecen de los valores más elementales de las personas de bien.

(A Blanca, que fue una gran escuela para aprender a reconocer a esas hienas que si les dejas te hipotecan hasta el alma. Ella que tantas veces tuvo que rebelarse contra los chupa sangres sin escrúpulos para ser la persona que quería ser y cuánto la hicieron llorar cuando, por su idealismo y creyendo que le permitirían luchar en lo que tenía fe, cayó crédulamente en manos de esa clase de desaprensivos sin que lograran, a pesar de todo, comprarla jamás y aunque, por eso mismo, la arrinconaran en un doloroso silencio mientras estuvo entre sus garras. Pero murió en paz porque nunca pudieron sobornarla ni secuestrarle su generosidad. A ella le debo mi libertad sin precio en ese mercado de desaprensivos que me era desconocido… hasta que también me han salido al paso.)

© P.F.Roldán

Joan Manuel Serrat: Para la libertad

27 de febrero de 2010

la ciudad borrada




Así titulaba Juan Miguel Margalef su libro (que subtitulaba “Crónica de la destrucción del Conjunto Histórico de Cartagena.1980-2006)”, publicado por el Foro Ciudadano, sobre el vandalismo patrimonial y el expolio que viene sufriendo esta ciudad con sus planes urbanísticos (se llamen PERI tal o pascual, PGOU, PEOP, PREPRI, o lo que se le ocurra al grupo de Gobierno municipal), porque, total, los cambian o los reinterpretan a su antojo, abren fichas de protección para inmuebles que ya fueron demolidos con anterioridad o desprotegen otros para que el “ladrillero” de turno levante una mole de pisos multimillonarios.

Si Margalef lo escribiera ahora, cuatro años después, no sólo no habría perdido vigencia alguna sino que daría para ampliarlo casi un tercio más, porque –salvo una decena de inmuebles emblemáticos, y de estos sólo se conserva la fachada pero no sus suntuosos interiores modernistas- han cambiado casi completamente la fisonomía urbana que podría haber hecho de esta ciudad Patrimonio de la Humanidad (recordemos el Real Decreto de 1980 que la declaró Conjunto Histórico Artístico y que fue refrendado con protección de grado BIC por la Ley Nacional de Patrimonio de 1985).

Son muchos, desde los tiempos de Polibio (s. II a. C.), que describe la orografía de la ciudad a la perfección cuando es conquistada por Escipión, en su libro 10 de “Historias”, o el licenciado Cascales cuando en 1597 escribe el “Discurso de la Ciudad de Cartagena”, o del siglo XX habría que leer “Cartagena, 1874-1936 (Transformación Urbana y Arquitectura)”, de Francisco Javier Pérez Rojas, catedrático de Historia del Arte en la Universidad de Valencia, que hace un casi exhaustivo catálogo de cómo empieza a resurgir la ciudad con lo que en ella se construye tras finalizar la Revolución Cantonal, en 1874. Todos ellos, y algunos más, nos permiten ver cómo los políticos que venimos padeciendo desde hace tres décadas la han mutilado, como si de cirujanos plásticos sin título y, lo que es peor, sin cultura han ensayado con ella hasta el ensañamiento, y consintiendo la especulación de ciertos constructores, e incluso transformado su trazado urbano –algo expresamente prohibido por la LNP 16/85 para un BIC-, destruyendo barrios enteros y creando otros nuevos, expropiando viviendas y dejando parte del Casco Histórico convertido en un ruinoso e insalubre desértico solar o construyendo nuevos residenciales que nada tienen que ver con la identidad histórica y arquitectónica de Cartagena.
Así, en los últimos años, hemos visto desaparecer por completo o quedar gravemente cercenadas calles de mucha raigambre como Alto, Ángel, Orcel, Rosario, Lizana, Villalba, Nueva, Macarena, Concepción, Montanaro, Marango, San Cristobal Larga… y muchas más.

Y, con este panorama, asistimos ahora a un nuevo atropello patrimonial en una de nuestras cinco colinas, el Monte Sacro – popularmente Cantarranas- (para los cartagineses Baal Hamón y para los romanos, Cronos), que atenta no sólo contra el BIC del Conjunto Histórico, sino contra tres BIC singulares que se asientan en su entorno: la última muralla edificada en época de los Austrias, obra del ingeniero Possi bajo el reinado de Carlos II; el molino harinero construido durante la Guerra de la Independencia para abastecimiento de la ciudad y el llamado Depósito de Agua de los Ingleses, en la cima del monte. Y, así mismo, se está efectuado un irreversible desmonte de la colina, declarada Patrimonio Natural. Todo ello para que dos de los más celebérrimamente nefastos constructores de esta ciudad, con patente municipal para hacer y deshacer a su antojo, levanten cuatro torres de viviendas, que, desfigurando el Monte Sacro contra toda Ley y razón e impunemente (al menos de momento, porque la Fiscalía tendrá la última palabra tras las denuncias ciudadanas), hasta extremos que aún están por verse, han hecho despertar de su dilatado letargo a los cartageneros, cansados ya de tantos años de apatía y dejar hacer.

Por primera vez en estos últimos doce años de consentirlo todo, la gente vuelve a tomar conciencia del valor de su Patrimonio histórico y ha salido a la calle de nuevo a defenderlo como hiciera en 1998 en lo alto de otra de nuestras cinco colinas, el Cerro del Molinete. Éste en peligro otra vez ante los planes de la Alcaldía para urbanizar gran parte de lo que entonces se logró frenar, dejando sólo una minúscula zona en su ladera sur para un Parque Arqueológico (una pequeña ración de la tarta que se comerán otros si la ciudadanía no lo impide) y que tampoco se ha salvado de los caprichos políticos, levantando un Centro de Salud sobre la Curia romana y a escasos metros del Templo Capitolino.

Esta ciudad necesita de personas que la quieran más que tener un sillón en el Consistorio; personas que se dediquen a la política para servir a la ciudad que representan y no políticos profesionales que, algunos hasta sin estudios, se dediquen a expoliarla o a consentir que otros lo hagan. A estos hay que hacerles llegar el clamor popular: “¡Nuestras 5 colinas no se tocan!”

© P.F.Roldán

Cartagena antigua:sus calles antes de 1980

22 de febrero de 2010

tiempos

Hay momentos en los que se debe interrumpir un ciclo para comenzar otro. El tiempo que transcurre entre ambos ni se sabe ni está vacío porque no es un periodo en el que haya que detenerse sólo para ociar. Es un tiempo para la introspección, para sacar conclusiones del punto en el que estamos en nuestra vida y, en definitiva, para aprender un poco más acerca de cómo seguir viviéndola y continuar creciendo.

Como un agricultor deja descansar sus bancales, rotando sus cultivos para evitar que el terreno se agote en alimentar una sola especie vegetal, así mismo, de vez en cuando hay que parar una actividad frecuente antes de que se convierta en una carga y dedicarse a otras que nos permitan crecer, libres de ciertas ataduras porque el que mucho abarca poco aprieta y al final ni se encuentra satisfacción con hacer lo uno ni con hacer lo otro.

Cuando se da este paso, al principio todo parece caótico. Se extraña no llevar el ritmo de costumbre y, al mismo tiempo, es casi un disloque encaminarse por terrenos desconocidos, o conocidos pero hace tiempo dejados al margen de la rutina diaria. Todo es intentar hacerse una hoja de ruta personal, aunque en principio no se sepa muy bien a dónde nos dirigimos… pero convencidos de que es necesario dar esos pasos para no anquilosarse e involucionar, o cuando menos quedarse detenidos en un punto muerto.

Han sido cuatro meses y cuatro días, sin lugar para la pereza, en los que ha sucedido de todo. Cosas agradables y cosas desagradables también, pero con su lección cada una de ellas. Descubrimientos totalmente insospechados e incalificables que me han sacado lágrimas hasta dejarme seco. Momentos de recuperar, con otra mirada, aquello por lo que me dejé la piel en más de una ocasión y que me han sacado, por el contrario, la sonrisa tras lo conseguido después de una ardua lucha. Constatar que los amigos de verdad seguían ahí y que algunos a los que también considerabas amigos se han volatilizado como un sueño que no se recuerda al despertar; y, sin embargo, como otros a quienes tratabas sólo como conocidos se han revelado como amigos incondicionales.

Ha sido un tiempo enriquecedor pues hasta de lo adverso se aprende cuando no permites que esa adversidad se apodere de ti más de lo necesario, te obsesione y te haga perder el rumbo… aunque alguna secuela deja, por pasajera que sea. Pero, si de todo lo que he conseguido he de valorar lo que más me conmocionó en un primer instante, por difícil dado mi carácter con tendencia a perdonarlo absolutamente todo, luego ha sido el más gratificante de los logros: no ceder ni un ápice en mis convicciones y pese a los cantos de sirena en los que ya no creía pero por los que me dejaba arrastrar, unas veces por cariño, otras por no parecer ofensivo o desdeñoso con aquellos a los que quería sinceramente. Ya no. Uno acaba dándose cuenta de que hace tiempo que se libró de ciertos sometimientos, pero no de otros porque según que afectos, cuando pensamos que tienen raíces profundas, ciegan tanto o más que el amor.

No ha sido, pues, un tiempo calmo tampoco. Aparte de frecuentar con más asiduidad a los amigos; asistir a más actos culturales y reuniones patrimonialistas que antes; a implicarme más en proyectos de otros y con ellos… ha resultado ser también el tiempo borrascoso de los “por aquí ya no paso ni harto de vino”; de tomar decisiones inimaginables hace unos meses; de estar, en un continuo vaivén, lo mismo en las mejores de las compañías que, en un pispás, encontrarme en la más extrema soledad -a la que como siempre no temo en absoluto- y viceversa.

No soy mejor ni peor; ni más feliz ni más desgraciado; ni más egoísta ni más generoso… Soy el de siempre, pero con las ideas más firmes sobre lo que quiero y lo que no quiero. Y, si siempre me he considerado coherente con mis principios, hoy siento que aún he evolucionado más para saber decir un sí o un no a su debido tiempo y a rechazar sin tapujos a los que, aun queriéndoles, sólo te buscan cuando les conviene sin que les importes nada. Y, en consecuencia, le pese a quien le pese y aunque egoístamente me reprueben, ya no transijo con los chantajes emocionales de algunos, ni padezco el consiguiente sentimiento de culpa que provoca el no contentarles su indisimulado egocentrismo.

Soy el de siempre, pero un poco más libre y menos vulnerable. Cosas de los tiempos que va marcando la propia vida.

© P.F.Roldán

Ryuichi Sakamoto:War & Peace

18 de octubre de 2009

otra indignante historia de la Historia de Cartagena


Santa María de Gracia (Barroco - s.XVIII). Esta iglesia, a la que popularmente se llamó “Santa María de abajo”, fue proyectada para sustituir como catedral a Santa María “la Vieja”, a la que se denominó entonces, en contraposición al encontrarse en el cerro de la Concepción, cerca de la Alcazaba, “Santa María de arriba”. Ésta, debido a una deficiente cimentación sumada al abandono que de ella hizo el Obispado de la Diócesis de Cartagena cuando ilegalmente (año 1291) trasladó su residencia –que no la Sede- a la ciudad de Murcia, fundamentándolo en una inexistente bula, llamada “Bula de Rieti”, cayó en un estado de ruina que sólo la restauración modernista y ecléctica de Víctor Beltrí a principios del siglo XX salvaron de la pérdida completa al antiguo templo que sigue, a día de hoy, ostentando el título de Consagrada Catedral de Cartagena. Templo que, con los bombardeos “nacionales” entre 1936-1939, acabaría sumiéndose, de nuevo, en su estado ruinoso actual y siendo, pues, Santa María de Gracia –con el rango de Arciprestal- la que la supliera en las funciones catedralicias desde la posguerra.

Los obispos, sabedores de que restaurando Santa María La Vieja o edificándose una nueva catedral aquí deberían de regresar de Murcia a su Sede en Cartagena (cuyo Concejo ya había pedido al mismo Rey ese regreso en 1598) según el Derecho Canónico, recortaron el proyecto de Santa María de Gracia y, aun conservando las grandes proporciones del nuevo templo, suprimieron del proyecto inicial el ábside con su correspondiente deambulatorio y dejaron inacabada con evidente pobreza ornamental su fachada principal, sustituyendo incluso las torres campanario, por una mediocre espadaña en la que se encuentran desde 1777 las antiguas campanas de la Catedral “Vieja”, para que esta nueva iglesia no pudiera ser considerada catedralicia.

A pesar de esto, que devino en detrimento monumental del nuevo templo, ese mismo Derecho Canónico les obliga a celebrar todos los actos oficiales de la Diócesis en esta ciudad que es su Silla Episcopal, en Santa María de Gracia, antes que en Murcia. Así, y ya refiriéndonos a estos últimos años, se han celebrado aquí en primer lugar, por ejemplo, el funeral oficial de las víctimas del 11M, el de la defunción de Juan Pablo II o la celebración por la nominación como papa de Benedicto XVI. Por otra parte, de hecho, la catedral que en esa ciudad llaman de Murcia no es tal aunque se ubique allí, porque una ciudad que no es Silla episcopal no puede tener catedral con su nombre, ni siquiera con-catedral, sólo una iglesia Mayor que haga las funciones de aquellas, y porque tal y como consta en el Archivo del Obispado, en un documento de 1815, un deán del cabildo escribe textualmente: “El Sor. Dn. Josef Escrich, Pro. Lectoral de la Sta. Yga. Catedral de Cartagena, sita en esta capital, mayordomo fabriquero de ella, esra. de oblign. ctra. Manuel Rosas (19/07/1815)”
http://84.79.33.253/php/textos.php?text=69

Hubo otro proyecto para la fachada en 1926, elaborado por su Arcipreste, para darle a Santa María de Gracia el decoro que los obispos y los avatares bélicos posteriores le habían negado en años anteriores. Proyecto que acabó trucándose -nada extraño visto lo visto en siglos precedentes- por falta de apoyos. Se puede ver dicho proyecto en un pequeño libro de ese año (encuadernado en terciopelo negro con curiosas fotos de lo que fue su interior antes de su destrucción en 1936) que tiene en sus fondos la Biblioteca San Isidoro, de la CAM, en la Casa Cervantes de la calle Mayor.

El 25 de julio de 1936 fue asaltada por turbas incontroladas que destruyeron todo su Patrimonio interior: los retablos del altar mayor y capillas, el coro de la nave central, toda la imaginería barroca de Francisco Salzillo (en especial, por su riqueza y valor histórico artístico, todo lo atesorado en sus dos siglos de existencia por la Cofradía de N. P. Jesús del Prendimiento, que tenía y tiene capilla propia en el templo), salvándose sólo las ocho grandes cancelas de hierro forjado y labrado de las otras tantas capillas de las naves laterales, y cuatro tallas de Salzillo de la mencionada Cofradía, que guardaban en sus almacenes al no ser imágenes que recibieran culto en la iglesia.

A día de hoy, y con Catedral en ruinas (ni restaurada ni nueva), se venera en el altar mayor de Santa María de Gracia la imagen de la patrona secular de Cartagena, Santa María del Rosell -a la que Alfonso X dedicó algunas de sus Cantigas y bajo cuyo patronazgo fundó la Orden Militar de Santa María de España-, a la que según la tradición se considera de origen bizantino, habiendo recibido culto durante la época islámica por el Tratado de Tudmir (año 711), acordado por los cristianos y los musulmanes en esta zona de la Cartaginense y que permitía la libertad religiosa. Este hecho no sería algo aislado sino equiparable al del Monasterio de San Ginés de la Jara, también en nuestro Municipio, del que se conoce que se practicaba el rito cristiano-mozárabe antes del siglo XI, y esta ciudad no fue reconquistada por Castilla hasta mediados del siglo XIII (1245).
(La Virgen del Rosell, talla sedente con el Niño en su brazo izquierdo y una rosa en la mano derecha, se encontraba antiguamente en la Catedral de Santa María la Vieja y fue salvada de la destrucción de 1936 por el Cronista de la ciudad, D. Federico Casal, que la ocultó en los sótanos del cercano Palacio Municipal.)

Bibliografía sobre el tema: “Fechas y Fechos de Cartagena” (I. Martínez Rizo); “Documentos Históricos” (Archivo de la Diócesis); “Santa María La Mayor” (M.Viqueira); “El Recinto de Cartagena” (J. Soler Cantó); “Murcia por una Mitra” (I. Negueruela): “Efemérides Breves” (J. Mediano Durán)

Fotografías en mi álbum: “Cartagena”, en Facebook, del que os pongo el enlace.
http://www.facebook.com/album.php?aid=2009480&id=1238601229&l=4f29daae54

© P.F.Roldán

Santa Maria, strela do dia:Cantiga 100, de Alfonso X el Sabio

18 de septiembre de 2009

defensor del menor, carroñeros y tele basura

La televisión no sólo se ha convertido en un circo a ciertas horas sino además en el medio de trabajo de gentes que presumen de periodistas y que ni tienen el título, con el único tole tole de propalar acerca de intimidades ajenas propagando mentiras mil veces a ver si así se convierten en verdades, y con el único fin de ganar audiencia tomándonos por idiotas, enganchando a la gente por millones.

Lo perverso de esa actitud es que han llegado a conseguir que hasta la prensa más prestigiosa del país, independientemente de su tendencia ideológica, haya gastado ríos de tinta el pasado fin de semana sobre la decisión de un tal, por lo visto, Defensor de los Derechos del Menor, de elevar a la fiscalía un informe sobre la utilización que hace Belén Esteban de su hija en los medios de comunicación por la denuncia de siete personas anónimas a su Departamento. Vamos, que no tiene otra cosa mejor el hombre que tirar a degüello con la hija de esa señora con la de niños que hay sin escolarizar, o pidiendo en las calles, o sufriendo malos tratos, para que realmente ejerza de lo que se supone que es, y lo único que de momento lleva ganado –informaban- es una querella que le ha interpuesto la OID por prevaricación al exponer a esa niña ante todos esos carroñeros con sus declaraciones.

Por eso digo que “por lo visto es Defensor del Menor” porque este individuo, que recomienda o pide a todos esos medios de comunicación en ese informe elevado a la fiscalía, que no se nombre a la niña y se respete su intimidad, él mismo fue el primero –contra todo sentido y razón, y sin predicar con lo que solicitaba, que hay que ver cómo algunos pierden el oremus por salir en la caja tonta- en hacer declaraciones a primera hora de la mañana en una cadena pública el “día de autos”, sin haber apercibido siquiera a la madre cuestionada sobre su actuación, soltando la bomba informativa y nombrando por activa y por pasiva a la niña “que pretende proteger”, dando lugar a que ciertos de esos seudo periodistas de algunas cadenas privadas de televisión -ansiosas de carnaza porque ven como su share se va al cuerno a la hora en que otra, en la que colabora Belén Esteban, emite un programa similar- han estado echando leña al fuego con infundios, atentando más contra esa niña de lo que a lo mejor lo hace su madre. Pero lo surrealista es que se hayan hecho eco también emisoras de radio y prensa escrita seria que se cebaron también con el notición, hasta extremos esperpénticos, como si se tratara de una debacle nacional.

Cuando una noticia como ésta es la más visitada, digitalmente, en esa prensa nacional de prestigio, llenando los foros de opinión con basura de toda laña desde el anonimato, y que temas de auténtica actualidad como la corrupción, la crisis, el paro, las imputaciones a jueces progresistas, etc. pasen a un segundo o tercer plano es como para pensar que en este país o estamos enfermos o no funcionan los criterios fundamentales de lo que realmente es de interés público y que no sabemos distinguir entre lo que de verdad nos afecta a todos los ciudadanos y lo que sólo es el marujeo de cuatro indocumentados que mienten más que hablan con tal de tener un sillón en un plató, dañando a las personas con las que se ensañan y, además, a los verdaderos profesionales de la información.

Uno ya está harto de amoríos de duquesas, de la intemperancia de alguna baronesa, de toreros jubilados con mala baba y de ex de toreros despechadas, de siliconadas sin oficio ni beneficio, de bodorrios y divorcios de famosuelos, de gentes anónimas que van a contar sus miserias a según qué programas… Y uno está harto porque esta basura, que no entretenimiento, es el nuevo “pan y circo” para entontecernos y que nos olvidemos de lo que realmente son las noticias que sí inciden directamente en nuestras vidas diarias.

Si ya lo hacía poco, cada día enciendo menos el televisor. A veces ya no basta con cambiar de cadena.

© P.F.Roldán

Rubén Blades:Hipocresía

28 de agosto de 2009

las apariencias y los malpensantes


Malpensado, según el DRAE. Adj. Dicho de una persona: la que en los casos dudosos se inclina a pensar mal.

No se molestan siquiera en indagar si lo que se dice va con ellos o no. Sólo se sienten identificados con lo que dices y, en su afán de protagonismo o en su escaso o estúpido discernimiento, se lo toman como un ataque personal cuando lo que realmente haces es opinar sobre un tema en particular y de forma general, porque cuando quieres hacer una crítica personal, al menos yo si no vulnera su privacidad, no me corto en dar nombres y hasta apellidos si es preciso, y en los casos que luego diré.

Es curioso que los más malpensados sean los más entre aquellos que se las dan de bienpensantes, pero me digo si no será ésta una pose más bien hipócrita de cara a su entorno, ese querer -pretenciosamente- “quedar bien”, cuando en realidad, si no fuera así, no tendrían motivos para esa autoidentificación de lo que se toman como una crítica hacia ellos mismos. ¿Será que cuando el río suena agua lleva y no son tan santos o benevolentes como se pintan?

Me hacen gracia estos personajes. A este paso no vamos a poder escribir ni hablar sobre nada. Ni a favor ni en contra porque siempre existirán esos agraviados. Si criticas a la derecha política, se ofenden estos; si lo haces con los otros, ídem de lo mismo. Si te explayas sobre actitudes humanas negativas ahí que están los que se ven retratados para montarte el pollo, aunque ni hayas pensado en ellos y estés generalizando…

Gracias a Dios son dos de entre cinco mil y pico de visitas, lo que aún me reafirma más en que esos dos son, además de malpensados, los que se creen el ombligo del mundo y que todo cuanto se diga va con ellos o con su hábitat. Claro que, para explicárselo uno, hay que pensar o bien en que son unos inmaduros o bien que, por creerse en cierto estatus de una clase que se las da de elitista -más bien ombliguista-, cualquier cosa que se diga hace mella en su “dignidad”.

Me veo –si hiciera caso a esa estulta actitud, de la que por supuesto paso mil- escribiendo edulcorados cuentos, como aquella serie llamada “Azucena” de los años 50 y 60, en los que todos fueron felices y comieron perdices, para acallar conciencias “con apellido” que se las dan de lo que realmente no son. Ni ellas ni su entorno, que en todas partes cuecen habas y el que esté libre de pecado tire la primera piedra.

El pensamiento es libre y expresarlo también. Otra cosa es cebarse en la intimidad de alguien dando nombres y apellidos e infringiendo, por tanto, la legalidad. Es lógico, y hasta justo incluso, que a veces haya similitudes con episodios reales sin que estos se atengan a esa realidad de lo que se escribe porque quedan descontextualizados. No se puede escribir de lo que no se sabe y la propia experiencia es siempre un recurso útil cuando se quieren contar ciertas cosas sin que por ello transgredamos lo que a todas luces sería indigno y hasta ilícito en el caso de violar el honor de las personas.

Sólo me permito dar nombres, y hasta apellidos, cuando los hechos trascienden la vida privada y son notoriamente públicos, como es el caso de los políticos. Nunca hablaré de su vida personal pero sí de lo que nos afecta a los ciudadanos porque ellos han de ser los garantes de que la res pública vaya como debe, que ya dice el refrán que el que no quiera polvo que no vaya a la era y, si han hecho de sus vidas un escaparate en el que comen gracias a sus miles o millones de votantes, tienen el mismo derecho tanto a la alabanza como a la crítica. Y si no que se vuelvan a sus casas como todos los ciudadanos de a pie.

Claro, que quienes así se sienten en su mal pensar –cuando ni de lejos los nombras y sólo hay pequeñas anécdotas recurrentes en las que pueden sentirse reflejados someramente-, casi seguro que serán los mismos que luego criticarán a Saramago, por ejemplo, sin leerle siquiera, sólo porque “hiere sus sensibilidades y creencias”. Si hacen eso con todo un premio Nobel, que no harán con un blogger…

Al final acabaré pensando que no hay opiniones tontas, sino tontos que opinan cuando la realidad que retratas, siendo subliminalmente la de ellos –y sin que sea un hecho personalizado-, no les gusta porque se niegan a reconocer que eso es lo que tienen y que la vida no es sólo un cuento de hadas y príncipes azules si no hay también en él ogros malvados y perversas madrastras.

El problema de estos individuos es sentirse el centro intocable de un universo que sólo existe en sus mentes, creencias o ideologías. O eso, o afán de protagonismo todo lo más… pero siempre mal pensando.

© P.F.Roldán

para ver que no todo es lo que parece ser:

Austin Powers:No es lo que parece

2 de agosto de 2009

saber esperar es “no esperar”

La vida es sabia. Si siempre lo dije, hoy me reafirmo cuando veo que todo llega cuando menos se espera y que el destino se encarga de poner en nuestras manos lo que nos merecemos, y a veces puede ser, precisamente, lo más inesperado.

Quien se pasa la vida esperando sin más se olvida muchas veces de hacer otras cosas que son vitales para el día a día. Ya se dice que quien espera, desespera; pero, además, esto nos fuerza a veces a ir posponiendo lo que es ineludible afrontar para seguir creciendo interiormente, entretenidos en que nuestras expectativas se cumplan lo antes posible y rellenando nuestros huecos con esas cosas que nos satisfacen momentáneamente, o que incluso nos hacen disfrutar a tope, pero que nos hacen perder el sentido de la propia realidad, quizá más prosáica pero inevitable.

Esperar siempre se espera, pero no puede convertirse en el único motor que tengamos para seguir sintiéndonos vivos porque no siempre llega lo que deseamos y, antes o después, actuar sólo movidos por ese ansia, puede que nos haga conscientes de que nos sentimos vacíos, aunque hayamos crecido en muchas cosas que luego, con los años, nos parecerán hasta superfluas, incluso aunque intelectualmente seamos como un disco duro de tropecientas mil gigas.

Indudablemente, habremos encontrado placer en todas esas cosas con las que hemos ido sorteando tomar conciencia de lo que significa tener los pies en el suelo, pero a la larga sólo nos parecerá haber parcheado nuestra vida mientras esperábamos, desesperados, a que se materializaran esas expectativas. Es por eso que, tal vez, tengo un poco, o un bastante, abandonado el blog –me digo-, como otras cosas que pueden ser gratificantes en un momento dado, pero que son limitadas y nos limitan a su vez, teniendo que buscar, luego de finiquitadas aquellas, otras que sigan proporcionándonos esos breves placeres.

Si la vida es sabia, vivir nos hace un poco más sabios. Y es que muchas veces confundimos el adquirir conocimientos de toda índole, a falta de algo mejor en nuestro inmovilismo, con ser inteligentes. Nada es incompatible, pero dedicarse a acumular un exceso de conocimientos puede que nos convierta en enciclopedias vivientes, pero no por ello en seres inteligentes. Podemos saber mucho de muchas cosas y no saber apenas nada de cómo vivir. Y hablo desde la propia experiencia porque desde siempre, y ayudado por mi excelente memoria, he hecho acopio de un aceptable bagaje cultural.

No sé si será cosa de la edad, que a finales de mes estarán los 57 ahí, pero –sin perder mi interés por seguir adquiriendo conocimientos porque soy muy curioso por naturaleza- cada día le doy más prioridad a ordenar mis experiencias, a no dejar pasar de largo la vida real y a dar más importancia, si cabe, a mi inteligencia emocional, yo que fui un tanto escéptico cuando a mitad de los 90 Goleman popularizó el término con su libro de igual nombre, en el que nos venía a decir que la inteligencia emocional se puede organizar en cinco capacidades: conocer las emociones y sentimientos propios, manejarlos, reconocerlos, crear la propia motivación, y gestionar las relaciones. Y fui escéptico porque me pareció un libro más de esos de “autoayuda”, tan de moda en estas dos últimas décadas en las que han proliferado los problemas personales -bien por causa del fracaso en las relaciones o bien por un exceso de estrés, con lo que de ansiedad o depresión conlleva- a los que nos hemos visto abocados en la vida cotidiana de estos últimos años. Y pienso si no será porque “nos hemos olvidado” de vivir… y que, como no dejamos de sentirnos vivos, hemos empleado inadecuadamente nuestro tiempo, rellenando vacíos, y ahora podemos encontrarnos vulnerables, y hasta impotentes, para remediar muchos problemas de carácter más íntimo que no pueden ayudarnos a resolver todos los conocimientos que hemos acumulado sobre otras cosas.

Tenemos un lenguaje exquisito. Podemos hablar de muchísimas cosas con propiedad. Nos sentimos hasta casi unos intelectuales de cojones… Pero nos deja nuestra pareja o nos sobrecargan en el trabajo y ya nos sentimos perdidos, y la satisfacción que nos producía ser unos eruditos en tantas cosas no nos sirve absolutamente de nada.

No es una apología de la ignorancia. En absoluto. Al contrario. Porque aún tiene más probabilidades de estrellarse con la vida quien se permitió la estupidez, por pereza o estulticia, de dejar su cerebro más diáfano que una casa sin tabiques ni muebles. Pero de nada habrá servido construirse otra que, de tan abigarrada, parezca más una almoneda saturada de cosas hermosas pero muchas veces inútiles y en la que resulte imposible encontrar lo que necesitamos para enfrentarnos a los acontecimientos que el destino nos va deparando, y que no son siempre los tan deseados.

¿Mereció la pena dejar pasar la Vida sin vivirla cuando sólo se vive una vez?

© P.F.Roldán

Facto Delafé y las Flores Azules:Muertos

26 de junio de 2009

la verdad absoluta, patrimonio de hipócritas

No tengo ganas de filosofar sobre el destino, la causalidad, la casualidad, el azar, lo empírico o lo racional… No me apetece filosofar sobre nada en este momento. Solo sé que las cosas ocurren sin que tengamos respuestas porque no hay porqués. Suceden y, al suceder, pasan otras que tampoco tienen explicación a priori ni a posteriori. Pasan y ya está. Y nos toca vivirlas desde nuestra conciencia, sólo nuestra por más que algunos personajillos proselitistas quieran aprovecharse de ciertas coyunturas vendiendo sus verdades con apocalípticas visiones, más visionarias que reales.

No creo en la casualidad. No me harto de repetirlo porque todo ocurre sin saber por qué es así y no de otro modo y llamamos casual –porque no podemos explicarlo ni demostrarlo- a lo que posiblemente sea del todo natural. El azar está bien para echar cuatro columnas de bonoloto de tarde en tarde, que las probabilidades de que te toque una de seis está por encima de los trece millones por una, y por eso no puede estar ligado al vivir de cada día. Sería una tortura abandonarnos al azar. El destino es y será siempre una incógnita irresoluble. Lo empírico es falible porque la experiencia acerca de las cosas no impide que éstas den vuelcos insospechados si interfieren elementos imprevistos y la causalidad como ley para que se produzcan determinados efectos no deja de ser en ocasiones una chorrada filosófica, porque, como en lo empírico, no todos los principios de las cosas determinan que al final el efecto sea el esperado en la práctica si entran en juego factores insospechados. Y ¿qué es racional o no? Para unos será una locura o un disparate lo que otros hagan y para los que lo hagan será irracional que no se entienda por qué hacen lo que hacen… Así que muchos acontecimientos serán subjetivos si, como define la Real Academia, subjetivo es todo aquello perteneciente o relativo a nuestro modo de pensar o de sentir, y no al objeto en sí mismo.

Y cada uno somos, pensamos y sentimos de mil (guarismo literario) formas diferentes y según las circunstancias, por lo que dudo que nada ni nadie pueda estar atado y bien atado de por vida a unos parámetros concretos como si las personas fuéramos entidades matemáticamente cuadriculadas. Y la prueba es que creer en esto último es lo que ha dado lugar siempre a los totalitarismos políticos, a la intolerancia de las religiones, a la despiadada crítica social… sin que sus mentores reconozcan jamás que son unos hipócritas, disfrazados con todos los –ismos, porque bien saben que cada ser es un ente individual y que jamás podrán colectivizar las conciencias -si no es a través del fanatismo, del miedo, o de la ignorancia- imponiendo sus ideologías como única verdad absoluta, haciendo sonar su particular campana como si fuéramos los perros de Pavlov. Así tal vez conseguirían gobernar nuestros instintos, pero nunca nuestros pensamientos. Y el que piensa y sabe que siente como siente no se deja llevar por los instintos… A no ser que sea un comodón, un crédulo ignorante, un cobarde o una marioneta.

Cuando a lo largo de la vida experimentamos casi tantos cambios como vida tenemos, y que esos cambios nos hacen reaccionar de diversas maneras según el momento en el que nos encontremos personalmente, sorprendiéndonos incluso a nosotros mismos en que lo que ayer nos pareció una nimiedad hoy nos parezca una tragedia o viceversa ¿cómo establecer unas pautas colectivas para cada situación? ¿Quién puede arrogarse el derecho de decidir por nadie cuando no se participa de su discurso?

No hay filosofía capaz de adaptarse a cada ser humano tomado en singular, no gregariamente. Ante los mismos acontecimientos, por más que muchos estudios se empeñen, siempre habrá diferentes comportamientos. Y si en esos estudios se diagnostican coincidencias es porque se limitan a un determinado número de pruebas iguales para un grupo reducido que, aunque escogido aleatoriamente, no tiene más opciones que las que se les dan… Luego la vida es totalmente diferente cuando salimos de la manada y nos enfrentamos a nuestras propias experiencias, que –por propias- son únicas. Se parecerán a las de otros; serán incluso iguales a las de otros… pero nuestras reacciones serán sólo nuestras, aunque se parezcan a las de otros; incluso aunque sean iguales a las de otros. La diferencia radicará en cómo las sintamos individualmente en nuestro interior y como las demostremos hacia el exterior. Y ahí ningún filósofo podrá penetrar jamás; que, cómo don Quijote decía a Sancho, podrán encadenar nuestros cuerpos pero no nuestros pensamientos.

Y cuando digo filósofo, incluyo a todos esos “cientifistas” cargados de demagogia (llámense psicoanalistas pagados por papá de adolescente gay, periodistas metidos a seudo sociólogos televisivos al servicio de unas siglas, jerarcas religiosos que olvidaron que la Verdad nos hará libres vendiéndonos sus panfletos intolerantes y cargados, pues, de anticristiana repulsa, politicastros que sólo nos utilizarán cuando haya elecciones para chupar después de todos nosotros…); personajes esperpénticos que, poseídos por no sé que verdad absoluta, intentan manipular a las personas para ver si las reintegran a su particular rebaño, amedrentándolas con fuegos eternos, exclusiones sociales, o hecatombes patrias… negándoles el derecho a ser ellas mismas, la libertad de decidir y que se legisle para todos sin exclusiones.

No. No me apetece filosofar. Me siento libre y feliz siendo quien y como soy y, aunque a veces los acontecimientos me sean adversos, sin atender esos rebuznos de quienes se declaran en poder de unas aparentes verdades que un día llegan a enfurecerme y otro me hacen reír con ácido sarcasmo.

No siempre reaccionamos igual.

© P.F.Roldán

Joan Manuel Serrat:lecciones de urbanidad

23 de junio de 2009

qué estúpido es odiar

No he conocido nunca una mayor pérdida de tiempo y de energía que el guardarle rencor a nadie, por más que me haya sentido pateado por la desconsideración de algunos o la falta de respeto de otros. Me habrán podido lastimar y mucho, pero ¿odiar?

¿Qué ganaría de sentir algo así? Nada, si no es más dolor. Y no es que sea un santo de palo al que besar por la peana; es sólo que no entra en mis principios ya que siempre me he dicho que de lo que se siembra se recoge antes o después, y bastante castigo se buscan quienes son incapaces de ser honestos con los demás, preguntándome si sus conciencias les dejarán vivir tranquilos cuando les llegue el momento de la consciencia; y es que nadie se libra de sus actos en carne propia aunque crean salir indemnes –de momento- de sus tropelías. Pensar que así será sólo es fruto de la ignorancia, de la inmadurez o de una estúpida convicción de que están por encima de todos aquellos a quienes humillan de palabra, obra u omisión, porque el futuro les pagará con su propia moneda.

Me dan pena. En el fondo, y tras esa cruel actitud de la que hacen inmisericorde gala, sólo esconden una triste cobardía o un complejo de inferioridad que tratan de superar en piel ajena. Es el sino de los maltratadores natos: su carencia de autoestima. Intentan crecerse ante sí mismos de sus carencias aherrojando a otros con el desprecio a su dignidad, y utilizan armas sutiles -como la indiferencia camuflada de aparentes buenas razones e intenciones- de las que, una vez que ya han hecho mella, se excusan como quien no ha roto un plato, volviendo a ser mansos como corderos para enseñar al poco de nuevo sus colmillos de lobo, una vez que han conseguido camelarte y les has creído como un idiota porque, sobre todo en los sentimientos, nos volvemos ciegos y crédulos, y por tanto vulnerables.

Odiar es una pérdida de tiempo porque nos abstrae de lo que realmente importa, dejando que sean los pensamientos incoherentes del que cree que así ama mejor –perdonando y transigiendo una y otra vez- quienes nos gobiernen; y es una pérdida de energía porque nos absorbe nuestra propia identidad, reduciéndola a la mínima expresión contra nuestra voluntad, en provecho del que ni sabe cómo es la suya, sometiéndonos impotentes al otro y aunque en nuestro interior haya amagos de renegar de esa pérdida de la propia autosuficiencia e incluso de la fe en nosotros mismos.

El odio no tiene sentido. Es como una niebla espesa que nos obnubila el raciocinio y los sentidos, haciéndonos perder el norte. Con el odio no hay brújula que sea capaz de señalar un camino. Nos hace sufrir a la vez que hace crecerse al que lo puede provocar porque, aunque sea negativo, es un sentimiento que ellos disfrutan ya que, si no pueden ser amados, saben que no dejan indiferentes. Y el refranero, sabio como siempre, ya dice que no hay mayor desprecio que no hacer aprecio; lo que viene a ser que nos mostremos indiferentes y que no permitamos que nada de lo que nos hagan nos hiera o, por lo menos, lo demostremos. Y aún más allá: si somos capaces de devolver bien por mal, aunque haya quien nos crea gilipollas, eso acabará doliéndoles más que el daño que experimentaríamos nosotros al dejarnos arrastrar por una animadversión de la que se recrearán mientras nosotros la sufrimos; porque el sufrimiento ajeno que provocan les causa placer ya que les hace sentirse alguien, cuando no son en realidad nada. Así que, si ante esa provocación, respondemos con la generosidad de desearles lo mejor, no sólo anularemos gran parte de nuestro propio dolor sino que desmontaremos en gran medida su ponzoñosa actitud al desconcertarles con la nuestra.

Así, pues, para qué guardar rencor. Lo más positivo es no dejarse arrastrar por él. Nos sentiremos mejor porque tendremos la conciencia en paz, que ya es mucho, y a la vez quizás consigamos que más de uno recapacite sobre sus actos al comprobar que no tienen repercusión. Aunque lo más seguro es que, entonces, en vez de eso, los que lleguen a odiar sean ellos, con lo que acrecentarán su ignominiosa conducta; pero no muy a la larga el sentimiento de culpa será el que haga mella en ellos. Y es que hasta el más vil tiene conciencia, aunque parezca no enterarse… de momento. Pero todo acaba por pasar factura.

© P.F.Roldán

Bebo Valdés y Cigala:Lágrimas negras

19 de junio de 2009

buenos días, tristeza

No he podido dormir esta noche. Caí rendido, por puro agotamiento, bien entrada la mañana y a las tres horas de un sueño desapacible me he despertado con la realidad de su ausencia y su nombre en los labios.

En esos instantes uno se vuelve inconscientemente egoísta y deja de pensar en todo lo demás. Lee de soslayo, casi por obligación rutinaria, la prensa digital. Noticias como la del Airbus 330 y su caja negra –probablemente perdida para siempre-, los trajes valencianos -presuntamente “gürtel”- que nadie justifica en los tribunales, la intolerancia hipócrita de los obispos que tanto debieran callar ateniéndonos a cómo salen pedófilos continuamente de entre sus huestes en muchos países, hasta el último asesinato de ETA, que siempre me producen rabia y náuseas esos pistoleros sanguinarios… Lo que sea deja de tener importancia, aunque la tenga y mucha, cuando perdemos el raciocinio porque el corazón sufre un rapto de amarga tristeza a causa de nuestra realidad y nos hace insolidarios con cuanto nos rodea… y, siendo alguien comprometido, duele más todavía esa amargura que no permite un amago de rebeldía contra ella, dueña y señora de nuestro ánimo aunque sea sólo por un breve lapso.

Voy al baño, empapado de un sudor pegajoso. Las ojeras, el pelo revuelto, la barba de tres días… Quiero sonreír y no puedo. Añoro; deseo; amo… y sólo me encuentro con el rictus desolado de impotencia que me devuelve el espejo. Quiero sobreponerme. Sé que debo hacerlo. Quizás después de un café me despeje y vea más claro… pero termino comprobando que no resulta eficaz.

Su nombre martillea incansable mis oídos. Su ausencia me hiere hasta el punto de tener que ingerir un ansiolítico porque ese corazón revuelto parece querer salirse por la boca, tal es la ansiedad, y hasta maldigo una vez más al maestro que me enseñó la geografía que separa… De nada valen hoy todas las cosas que me he dicho tantas veces porque, aunque intuya que este estado será pasajero, me siento perdido en lo que no puedo evitar en este preciso instante.

Luego. Mañana tal vez. Ahora quiero ser humano también en lo que hiere. Y cuando vuelva a sonreír puede que me parezca una estupidez haber sentido esto, pero necesito ahora llorar mi incapacidad para no sentirlo, como lloro por su lejanía. ¡Está ya tan dentro de mí después de todo este tiempo!

He sabido lo que es estar a su lado; la risa que me ha despertado en todo momento; el ansia por acariciar su piel; su abrazo; su mirada; nuestros planes de futuro… Y no es que me rinda al desasosiego ni a la impaciencia.

Sé que todo volverá a su cauce y seguiré confiando con la esperanza que siempre ha sido mi arma para vivir los avatares que nos desbordan en estas ocasiones… Pero hoy no. Hoy quiero ser todo lo que pueda ser, como siempre; pero en ese todo, todo menos una piedra insensible a lo que también es, y me hace, humano. Y cuando me vuelva a levantar, cosa que, conociéndome, ni por un momento dudo, habré aprendido de nuevo que la vida, por muy positivo que uno quiera ser, o lo sea, tiene que darnos estas indeseadas lecciones, porque a veces las olvidamos, para que sigamos valorando lo que nos mantiene en pie cada día.

© P.F.Roldán

Luis Eduardo Aute:Sin tu latido

17 de junio de 2009

el mundo gira (2)

Valga el post anterior, con la letra de la canción de Jimmy Fontana, como anticipo de éste y como nuevo punto de partida, porque al final, y por mucho que queramos o lo pretendamos, el mundo no se detiene fuera de nosotros. No es un autobús del que podamos apearnos en cualquier parada, sino un viaje que sólo acabará cuando nos llegue la impredecible hora de que siga sin nosotros.

Hablé un día de las espirales y sus centros. Lo convenientes que nos resultan en esas temporadas en las que nos cuesta y necesitamos discernir qué es lo mejor para nosotros, hechos un lío o, por el contrario, desapegados de lo que nos es ajeno. De lo fácil que es sustraerse al exterior y hasta lo cómodo que resulta ese vivir ajeno a casi todo; pero al final te das cuenta de que sólo es válido para una temporada de introspección, y que plantearse una vida propia ignorando todo lo demás llega a ser hasta insano.

Sin tener que ser gregarios, somos seres sociales a pesar de que a veces tratemos de soslayar o desdeñemos lo que sucede cada día, como si no fuera con nosotros; pero nos atañe y nos afecta aunque sea en mayor o menor medida según cada uno y cada acontecimiento. Sólo aquellos que viven contemplándose el ombligo continuamente –algo que he tratado de hacer en estas dos semanas y no he podido- pueden vivir en un seudo limbo de aparente tranquilidad. Pero, sin embargo, creo que cuando se quedan a solas con ellos mismos cada noche el mundo interior se los reconcome. Lo he experimentado en carne propia. Aquello que trataba de convertir en el centro de cada día no era lo suficiente para encontrar una satisfacción que no se acabara quedando tan exigua que me pareciera al final insustancial.

Y es que no podemos circunscribir la vida a nuestro día a día sólo a lo personal cuando alrededor no dejan de pasar cosas. Uno acaba dándose cuenta del empobrecimiento que se produce cuando nos limitamos de esa manera, dentro de una campana de cristal donde nada nos salpica, inmersos en una alegría -más bien aparente-, y que al final es como una cárcel, al principio incluso dorada pero después cárcel a fin de cuentas, porque no deja de ser un sometimiento, inconscientemente solapado, que puede hacernos repetir viejos hábitos y caer en errores ya superados.

La búsqueda del sosiego y de la paz interior, no tiene caminos en ningún mapa y cuando voluntariamente nos quedamos en nuestro propio terreno, que no deja de ser una tierra de nadie a pesar de que intentemos convencernos de lo contrario diciéndonos que “es nuestra vida”, “ya es hora de que piense en mí”,… nos dejamos absorber por una especie de inercia, en la que se espera que todo lo demás ruede por sí solo y sin nosotros, lo que no deja de ser un autoengaño porque se acaba cayendo en un estado de inacción al ceñirnos a esperar ciertos acontecimientos en el que encontraremos una mínima parte de esa felicidad ansiada.

Nada es incompatible aunque nos obcequemos en cosas concretas que terminan por empequeñecernos al dejar a un lado todo lo demás. Que como bien dice el refrán “un grano no hace granero, pero ayuda al compañero”. Y si todos los que nos sentimos implicados en algo más allá de nosotros abandonáramos, ni grano, ni granero, y como consecuencia la ruina del molinero.

Al que no se le pase por la cabeza lo de tomarse un tiempo sabático que tire la primera piedra; pero algunos llevamos un estigma en los genes que no podemos obviar y que se acaba revolviendo dentro de nosotros para que volvamos a tomar conciencia de que, poco o mucho, hacemos lo que está en nuestras manos y que eso es lo que le da auténtico sentido a nuestro cada día, sin que entre en contradicción con todo lo demás que nos corre por dentro, por íntimo que sea; por importante que nos parezca.

Ya anticipé el día 2 que tal vez me costara sustraerme a dejar dormido esto. Y si encima los acontecimientos de estas dos semanas me han revuelto a extremos que no sospechaba, y aunque no haya renunciado al gran salto del que hablé, pues con mayor motivo volver a retomarlo, que si dije que mi cabeza era un hervidero, ahora la siento como una olla a presión a punto de saltar por los aires.

¿Contradicción? Más bien creo que debemos experimentar unas cosas para encontrar sentido a otras. Lo nefasto es dejarse caer en una dinámica que no nos llena ni nos lleva a ninguna parte y no ser capaces de superarla. Lo que no significa renunciar a todo lo demás.

© P.F.Roldán

Rosana:Aprendí

el mundo gira


No, sta notte amore
Non ho più pensato ha te
Ho aperto gli occhi
Per guardare intorno a me
E intorno ha me
Girava il mondo come sempre

Gira, il mondo gira
Nello spazio senza fine
Con gli amori appena nati
Con gli amori già finiti
Con la gioia e col dolore
Della gente come me

Un mondo
Soltanto adesso, io ti guardo
Nel tuo silenzio io mi perdo
E sono niente accanto a te

Il mondo
Non si é fermato mai un momento
La notte insegue sempre il giorno
Ed il giorno verrà

Gira, il mondo gira
Nello spazio senza fine
Con gli amori appena nati
Con gli amori già finiti
Con la gioia e col dolore
Della gente come me

Un mondo
Soltanto adesso, io ti guardo
Nel tuo silenzio io mi perdo
E sono niente accanto a te

Il mondo
Non si é fermato mai un momento
La notte insegue sempre il giorno
Ed il giorno verrà

Oh Il mondo

(Fontana,J - Meccia,G - Pes,C)

Jimmy Fontana:Il Mondo (1965)

2 de junio de 2009

por liquidación de temporada...





Se ha cumplido una etapa. Como antaño ciertos periódicos y revistas, aún no sé si habrá una segunda o tercera época de “La Mirada Compartida”. De momento, ésta primera ha llegado a su término y a pesar de que muchas cosas han quedado por decirse, porque siempre hay algo sobre lo que hablar; algo que contar; algo que compartir…
Género, sin duda, queda bastante en la trastienda y por lo único que lo siento es porque sé que hay incondicionales que siempre han esperado algo nuevo, algo más, cuando he estado sin explayarme una temporada… y últimamente no es que me haya prodigado mucho, la verdad, y alguna regañina me he ganado, pero ha sido y es porque tengo la cabeza y el corazón, y por tanto la voluntad, en otro sitio.

Y ese lugar en el que sigo estando, porque, al contrario de uno de los títulos de Leavitt, es un lugar en el que sí estuve, estoy y quiero seguir permaneciendo -y perteneciendo a él-, me lleva a centrarme más en otras cosas y cerrar esta etapa para ir dando cancha a lo que, poco a poco, se ha ido abriendo ante y dentro de mí. Y no es que haya incompatibilidad en principio, sino que –a la vista de esa escasa prodigalidad en los últimos tres meses (abril, por ejemplo, se quedó en blanco)- me doy cuenta de que deseo y necesito dedicarme más a esa otra parte de mi vida que estar pendiente de si hace tanto o cuánto que no escribo nada por aquí.

No dudo de lo que va a costarme no soltar alguna de estas parrafadas en alguna ocasión porque mi cabeza siempre es como un hervidero, pero, por otra parte, cuando se empieza a tomar según qué cosas casi como una obligación se puede caer en la falta de espontaneidad, y esto conducirnos a escribir de relleno “por cumplir”. No voy a negar tampoco que puede darme un día la ventolera y colgar por aquí algo de lo que escribo, porque escribir sigo escribiendo y mucho; pero al igual que no lo niego tampoco lo aseguro. Lleva su tiempo encontrar una foto adecuada para el texto o buscar la música apropiada para ese texto o para la fotografía que lo encabeza… Y, como ya he dicho más de una vez, no creo en el tiempo como unidad de medida sino como un totum revolutum, ese cajón de sastre que es la vida de cada día y en el que podemos encontrar de todo, desde lo más inimaginable a lo más esperado… y, entre lo menos sospechado, tal vez un pequeño tesoro ante el que detenerse y disfrutarlo sin que nada nos distraiga. O que lo que nos distraiga sea tan inesperado como él.

Nunca me ha gustado la palabra “adiós”, incluso aunque intuya muchas veces que al decir “hasta luego”, que lo prefiero, es más que improbable que se dé el reencuentro en ese luego que indica una cierta inmediatez. Pero, quién puede predecir nada… La edad vivida me ha enseñado que el digo de ayer puede convertirse mañana en diego; que nada hay eterno; que los deseos de hoy pueden ser humo cuando menos lo esperamos… Sin embargo, también he aprendido que hay que vivir intensamente cuanto nos llega y mientras dure; que eso nos puede transformar bastantes hábitos y a pesar de que no se nos comprenda; que hasta la geografía se queda pequeña, casi reducida a un atlas escolar, en el que las fronteras, como cantaba Rosa León, se reducen a puntos y rayas; o al “no soy de aquí, ni soy de allá” de Facundo Cabral… y aunque, posiblemente, un día tuviéramos que recordar el tango “Volver”… Pero, hoy es hoy mirando a mañana, y mañana a pasado mañana, no a dentro de veinte años.

No voy a ahondar ni abundar en explicaciones para tratar de ser entendido. Cuantos me conocen o han leído los 170 comentarios de este blog saben o pueden deducir que si algo me perturba es el inmovilismo, el acomodarme o atarme a lo material que haya podido conseguir hasta el día de hoy, el detener el ansia de vivir por miedo a lo desconocido… Ya era así cuando me fui durante seis meses a Méjico a los 22, cuando a los 28 decidí vivir veintitrés años en Valencia, o cuando regresé aquí hace cinco y medio… y sigo siendo el mismo treinta y cuatro años después de aquella primera vez. Nada me detiene cuando creo en lo que hago, y asumo las consecuencias de mis decisiones para bien y para mal, sin sentir jamás nostalgia o arrepentimiento según el caso.

Y no sé todavía cuándo daré el gran salto –no miro calendarios por esa misma aversión al tiempo encerrado en cuadrículas o relojes-, pero me voy preparando para darlo… y me da lo mismo que abajo no haya red…

© P.F.Roldán

Joan Manuel Serrat:Vagabundear

31 de mayo de 2009

caminar entre el equilibrio y el vértigo

Durante muchos años padecí una especie de vértigo que no tenía causas inteligibles, ni siquiera físicas, porque no me afectaba personalmente. Era una sensación extraña que se manifestaba cuando veía a alguien al borde del vacío: un limpiacristales con medio cuerpo fuera de la ventana, un turista posando para la foto encaramado en el parapeto de una muralla, hasta un escalador en una escarpa absolutamente vertical en un documental o incluso, aunque parezca absurdo y rebuscado, hasta la visión de la carta del loco, del tarot, a punto de despeñarse… El estómago parecía encogérseme y, rápido, apartaba la vista.

Sensación extraña, digo, porque, sin embargo, llegué a vivir en un undécimo piso mucho tiempo y me acodaba en la barandilla para ver una puesta de sol, o sólo por curiosear el trasiego urbano, o me asomaba al borde de un acantilado para contemplar como el oleaje rompía abajo; cosa que sigo haciendo cuando se tercia la ocasión… y nunca he padecido de vértigo en esas situaciones.

Deduje después de mucho tiempo –una vez superado casi totalmente, que no sé cuándo ni cómo- que tal vez era algo psicológico; algo que en mi inconsciente se despertaba involuntariamente y que sólo me atrevo a achacar a mi falta de equilibrio interior en aquellos días, y aunque sea o parezca rebuscada la hipótesis. Pero, he comprobado después que cuando estoy en plena vorágine reflexiva y con el ánimo revuelto tratando de encontrar explicaciones o soluciones a cualquier cosa y no me resulta fácil –por eso ése casi totalmente de antes, pero no del todo- se vuelve a reproducir atávicamente y, aunque sea por un breve instante, reaparece ese vértigo que únicamente siento dentro de mí y sin temer nada, ni siquiera que exista un peligro real.

La mente, he llegado a elucubrar, cuando a veces se siente impotente para discernir con agilidad, se busca recursos muy singulares para su autodefensa o su autojustificación en cosas externas que, aunque no nos conciernen directamente, son como el reflejo indirecto de un estado momentáneo de algo semejante a un hórror vacui emocional o sensorial: el vacío de la inseguridad de no saber dónde pisar en según qué situaciones; en la urgencia de tener que tomar decisiones y no equivocarse con la cabeza abotargada por acontecimientos inesperados, de inexcusable o inaplazable resolución… Y soy de los que no me gusta aplazar las cosas para que no se enquisten.

Con los años, y sobre todo con el aprendizaje que estos conllevan, esos episodios se dan cada vez más esporádicamente y, aun desconociendo si la Medicina los incluye en alguna definición sobre las fobias –me da igual-, porque no los puedo considerar como lo que la Psicología llama “vértigo de la altura” ya que ésta no me atemoriza ni me crea inseguridades, me doy cuenta de que cuanto más sereno se encuentra mi ánimo y más decidida mi conciencia para actuar, menos recidiva es esa sensación vertiginosa que podría catalogarse de irracional, a pesar de haberla sentido –y aun ahora rara vez- tan real como el latido del corazón o la respiración.

Siempre me he considerado un hombre de acción, capaz de tomar decisiones rápidamente y, a pesar de ello, sin insensateces, aunque los más conformistas crean lo contrario; pero no en todas las ocasiones uno puede actuar igual. A veces, cuando hay que sopesar más que en otras los pros y contras porque de según qué decisiones dependen cosas extremadamente vitales y que no se pueden dirimir a la ligera, es obvio que podemos llegar a sentirnos desbordados; incluso aunque creamos saber de antemano lo más conveniente o acertado.

La madurez, como tal y no como consecuencia de la edad, me llegó algo tarde, que alguien puede tener muchos años y no saber sacarle provecho a la experiencia, tropezando una y otra vez en las mismas piedras. Tuve que llegar a los 50 para que, sin desandar lo andado porque eso es imposible y, además, es una torpeza pensar que podamos empezar de nuevo, le encontrara su sentido a lo vivido para ir logrando cierto equilibrio en el día a día e ir acrecentándolo más y más.

Obnubilados por un mundo en el que prevalece la prisa, sin darnos tiempo ni lugar para interiorizar, favoreciendo el autoengaño, el conformismo y la resignación, cuando no la apatía o la tristeza, el equilibrio resulta casi un lujo pero es lo único que nos aporta serenidad.
Sólo lo he conseguido encontrar en la autocrítica sincera, que no suele ser indolora pero nos ayuda a cauterizar heridas del pasado que son lastres, y en el deseo inamovible de continuar el camino emprendido hasta meter la llave correcta en la cerradura de la puerta que conduce a un futuro mejor.

© P.F.Roldán

Jarabe de Palo:Camino

29 de mayo de 2009

ser feliz no es tan difícil

Si me pusiera, podría desgranar un rosario de indeseables vicisitudes, muy duras de encarar a veces, que cada día tratan de machacarme y robarme la sonrisa. Quién no tiene sus más y sus menos… pero para qué regodearse en eso cuando hay tantas otras cosas que agradecerle a la vida. En principio, el solo hecho de estar vivos y poder pelear a diario para ganarle la batalla a la adversidad.

Me requeman la sangre los quejicosos que se arrugan ante cualquier problema, por nimio que sea y que en ocasiones ni es tal nada más que en su imaginación, y cuando tienen tanto por lo que sentirse afortunados. Una buena casa, un coche más que aceptable, una familia y unos amigos que se preocupan por ellos, un trabajo que les compensa –tanto económica como vocacionalmente-… Viajan, salen de fiesta, gozan de reuniones con gentes que les quieren… Pero son eternos insatisfechos que no valoran lo que tienen sino que echan de menos lo que desean y no logran, sin darse cuenta de que no todo lo que anhelamos es para bien a largo, incluso corto, plazo. Pienso que el destino –en una jugarreta- debiera concederles sus deseos para que acaben dándose cuenta de que cuánto tiempo desperdiciaron en lamentos en vez de disfrutar de lo que la vida les da cada día desde que se despiertan hasta que se acuestan… pero, a lo mejor –o a lo peor- ni por ésas. Se han convertido en sufridores profesionales. En eternos descontentos deprimidos.

Soy un parado de “larga duración” –casi año y medio que la actual crisis, en sus inicios, me golpeó de lleno y después con trabajos muy esporádicos y mal remunerados, de los que o los tomas o los dejas porque hay cola para sustituirte que a río revuelto ganancia de los pescadores que se aprovechan de la necesidad ajena-; me he pasado siete años de soledad después de veintidós de relación estable, aprendiendo a lidiarla, asumirla, y aliarme con ella como un estado natural momentáneo –aunque siempre con la esperanza de su transitoriedad- y dándome algún que otro porrazo con quien pude creer en su momento, durante ese tiempo, que era la persona adecuada de nuevo; y ahora, que por fin la tengo, quien amo se encuentra a más de tres mil kilómetros de distancia; vivo en una casa prestada por mi madre; tuve que vender mi coche; de mis seis hermanos, perdí a la que más quería; no puedo permitirme una noche de fiesta porque con lo que cobro del INEM apenas si da para subsistir, que parece un milagro llegar a fin de mes sin que alguien no me haya tenido que echar una mano alguna vez –que a veces me ha pasado porque de súbito te llega, por ejemplo, un facturón de Iberdrola con sus políticas de “lecturas estimadas”, que te descabala las cuentas, pero hay amigos incondicionales que nunca permitirían verme pasar las de san amaro, y aunque se me haya podido caer la cara de vergüenza cuando me han socorrido (no por orgullo sino porque uno es un tímido y no un vivalavirgen)-; la familia que te falla cuando menos lo esperas y más la necesitas, porque en qué casa no cuecen habas de tarde en tarde…

Pero doy gracias cada mañana por ver de nuevo la luz del sol y tener otra vez la oportunidad de seguir bregando para solucionar mis papeletas, aunque el horno parezca no estar para bollos; doy gracias por esos buenos amigos que siempre están ahí; por poder aprovechar los dones o habilidades que la vida me ha dado y me sigue dando;…
agradezco haber encontrado otra vez el amor aunque se interpongan distancias y ausencias, porque si es verdadero perdurará… y si no fuera así, daría gracias igualmente por el tiempo en el que me haya hecho feliz; agradezco que pueda pensar, reír, soñar, amar, creer en un mañana mejor y luchar hoy, con los medios que tengo y aunque sean escasos, por lo que considero justo; y sigo dando gracias por no dejarme vencer por la tristeza o por la desesperación del que mucho tuvo y se encontró de repente con casi nada, confiando que a las vacas flacas le sucedan un día otra vez las vacas gordas porque no me someto a la apatía o a la malsana nostalgia del que perdió tanto, sino que sigo en pie buscando salidas…
En suma, doy gracias por lo que tengo. Mucho o poco, es lo que hay y no es resignación, sino saber aceptar que el hoy es así, sin perder de vista que he de conservar la esperanza en el futuro y no dejarme avasallar por unas circunstancias que de mí, y aunque todo parezca estar en contra, depende superar si no me dejo abatir por el desánimo y sigo en pie sin dar la espalda a la vida… y pese a que en ocasiones flaqueen los ánimos porque uno no es de piedra ni un superman.
Se es feliz cuando se es capaz de asumir la realidad coherentemente, sin dejar de trabajar por un mañana mejor. De lo que sembramos, recogeremos, y la tristeza sólo es para quienes nunca están satisfechos y que, aun teniendo, llenan su vida de vacíos por ansiar lo que no tienen.

No. No es tan difícil ser feliz cuando conservamos la fe en nosotros y sabemos el justo valor de lo que ahora tenemos, y aunque también deseemos –que es bueno- pero sin hacer del deseo una obsesión que nos haga perder el contacto con el suelo que pisamos. Somos el resultado de nosotros mismos.

© P.F.Roldán

Dúo Dinámico:Resistiré

27 de mayo de 2009

prejuicios y complejos

Su extremada obesidad podría considerarse mórbida. Esa exuberancia de carnes habría llevado al suicidio a más de una anoréxica, pero, esa mujer sin complejos, no paró de reírse durante toda la travesía, hasta desgañitarse, haciendo que casi todos los que estábamos a su alrededor nos sintiéramos contagiados por su risa mientras su compañera de viaje hacía lo imposible para que no se cayera de la silla, jaleándola a su vez -en un idioma incomprensible para mí-, haciendo que la otra se retorciera entre carcajadas.

A mi lado, un matrimonio francófono de mediana edad, pulcro y escuálido, levantando reiteradamente -con visos de fastidio- la vista de sus respectivos libros, la miraba descaradamente con desaprobación a través de sus gafas de diseño; incluso desde el momento en el que ella ocupó su silla en la cubierta del ferry, cerca de nosotros. Una cubierta bulliciosa, como una torre de babel, con casi tres centenares de pasajeros de diversas nacionalidades… pero sólo parecía molestarles ella; y más que a los oídos, a los ojos, porque en sus miradas adustas se leía, diáfana, una mezcla de asco y repulsión, en las que yo, además, intuía un cansancio más producto de una mal escondida amarga apatía que de la pesadez del viaje, y que contrastaban con la alegría de vivir, tan inmensa como ella, de la gorda (sin eufemismos, como un negro es un negro y no "una persona de color").

Vivimos en un mundo de estereotipos, con unos cánones llenos de prejuicios en muchos aspectos, y para bastante gente todo aquel que se salga de ellos es casi como un apestado. Eso hace que en ocasiones se deje de respetar a otros sólo por el hecho de ser diferentes o no seguir las pautas que algunos han convertido en reglas inamovibles que, aun incluso opuestas, no suelen ser propias ni exclusivas de un solo segmento de la población.

Así, dependiendo del grupo, se desprecia, se hace burla o se critica a los gordos o a los flacos, a los de derechas o a los de izquierdas, a los excesivamente guapos o a los feos, al que demuestra una alegría desbordante o al que no puede contener las lágrimas, al creyente o al ateo, a la madre soltera o a la que trae “lo que Dios envía”, al que viste de "marca o de "mercadillo", al que es homosexual o a la que quiere llegar virgen hasta el día de su boda… en un entreverado maremágnum de prejuicios políticos, sociales, religiosos, intelectualoides –que no intelectuales-, o, lo que es peor, de esa seudo cultura que ha hecho del físico un nuevo dios al que adorar, sin percatarse de que tan enfermo es un bulímico como un vigoréxico que idolatra los gimnasios.

¿Quién puede arrogarse el derecho de establecer unas pautas para el resto de los mortales? ¿Quién el ser juez de los demás, y al amparo muchas veces de absurdas premisas?
Se puede estar de acuerdo o no con el prójimo; podemos elegir que los otros nos gusten o no, pero nunca llegar a la prepotencia irrespetuosa de sentirnos por encima de nadie hasta el punto de que una altivez sin fuste menoscabe la naturalidad y la naturaleza de otros, y pueda causar daños morales o psicológicos a quienes perciban ese desprecio como si los consideraran como monstruos de feria.

Entre el matrimonio de estirados con cara de estreñidos, seudo mega todo en apariencia, y la rubicunda gorda feliz, sin complejos, me quedo con ésta última.
Si regresaba triste por lo que iba dejando atrás, ella me hizo sonreír, como si de un efecto dominó se tratara, y olvidarme por unas horas de pensar en adioses, ausencias, distancias y reencuentros…
Pero ésta es otra historia.

© P.F.Roldán

Alaska Y Dinarama:A Quien Le Importa