18 de octubre de 2009

otra indignante historia de la Historia de Cartagena


Santa María de Gracia (Barroco - s.XVIII). Esta iglesia, a la que popularmente se llamó “Santa María de abajo”, fue proyectada para sustituir como catedral a Santa María “la Vieja”, a la que se denominó entonces, en contraposición al encontrarse en el cerro de la Concepción, cerca de la Alcazaba, “Santa María de arriba”. Ésta, debido a una deficiente cimentación sumada al abandono que de ella hizo el Obispado de la Diócesis de Cartagena cuando ilegalmente (año 1291) trasladó su residencia –que no la Sede- a la ciudad de Murcia, fundamentándolo en una inexistente bula, llamada “Bula de Rieti”, cayó en un estado de ruina que sólo la restauración modernista y ecléctica de Víctor Beltrí a principios del siglo XX salvaron de la pérdida completa al antiguo templo que sigue, a día de hoy, ostentando el título de Consagrada Catedral de Cartagena. Templo que, con los bombardeos “nacionales” entre 1936-1939, acabaría sumiéndose, de nuevo, en su estado ruinoso actual y siendo, pues, Santa María de Gracia –con el rango de Arciprestal- la que la supliera en las funciones catedralicias desde la posguerra.

Los obispos, sabedores de que restaurando Santa María La Vieja o edificándose una nueva catedral aquí deberían de regresar de Murcia a su Sede en Cartagena (cuyo Concejo ya había pedido al mismo Rey ese regreso en 1598) según el Derecho Canónico, recortaron el proyecto de Santa María de Gracia y, aun conservando las grandes proporciones del nuevo templo, suprimieron del proyecto inicial el ábside con su correspondiente deambulatorio y dejaron inacabada con evidente pobreza ornamental su fachada principal, sustituyendo incluso las torres campanario, por una mediocre espadaña en la que se encuentran desde 1777 las antiguas campanas de la Catedral “Vieja”, para que esta nueva iglesia no pudiera ser considerada catedralicia.

A pesar de esto, que devino en detrimento monumental del nuevo templo, ese mismo Derecho Canónico les obliga a celebrar todos los actos oficiales de la Diócesis en esta ciudad que es su Silla Episcopal, en Santa María de Gracia, antes que en Murcia. Así, y ya refiriéndonos a estos últimos años, se han celebrado aquí en primer lugar, por ejemplo, el funeral oficial de las víctimas del 11M, el de la defunción de Juan Pablo II o la celebración por la nominación como papa de Benedicto XVI. Por otra parte, de hecho, la catedral que en esa ciudad llaman de Murcia no es tal aunque se ubique allí, porque una ciudad que no es Silla episcopal no puede tener catedral con su nombre, ni siquiera con-catedral, sólo una iglesia Mayor que haga las funciones de aquellas, y porque tal y como consta en el Archivo del Obispado, en un documento de 1815, un deán del cabildo escribe textualmente: “El Sor. Dn. Josef Escrich, Pro. Lectoral de la Sta. Yga. Catedral de Cartagena, sita en esta capital, mayordomo fabriquero de ella, esra. de oblign. ctra. Manuel Rosas (19/07/1815)”
http://84.79.33.253/php/textos.php?text=69

Hubo otro proyecto para la fachada en 1926, elaborado por su Arcipreste, para darle a Santa María de Gracia el decoro que los obispos y los avatares bélicos posteriores le habían negado en años anteriores. Proyecto que acabó trucándose -nada extraño visto lo visto en siglos precedentes- por falta de apoyos. Se puede ver dicho proyecto en un pequeño libro de ese año (encuadernado en terciopelo negro con curiosas fotos de lo que fue su interior antes de su destrucción en 1936) que tiene en sus fondos la Biblioteca San Isidoro, de la CAM, en la Casa Cervantes de la calle Mayor.

El 25 de julio de 1936 fue asaltada por turbas incontroladas que destruyeron todo su Patrimonio interior: los retablos del altar mayor y capillas, el coro de la nave central, toda la imaginería barroca de Francisco Salzillo (en especial, por su riqueza y valor histórico artístico, todo lo atesorado en sus dos siglos de existencia por la Cofradía de N. P. Jesús del Prendimiento, que tenía y tiene capilla propia en el templo), salvándose sólo las ocho grandes cancelas de hierro forjado y labrado de las otras tantas capillas de las naves laterales, y cuatro tallas de Salzillo de la mencionada Cofradía, que guardaban en sus almacenes al no ser imágenes que recibieran culto en la iglesia.

A día de hoy, y con Catedral en ruinas (ni restaurada ni nueva), se venera en el altar mayor de Santa María de Gracia la imagen de la patrona secular de Cartagena, Santa María del Rosell -a la que Alfonso X dedicó algunas de sus Cantigas y bajo cuyo patronazgo fundó la Orden Militar de Santa María de España-, a la que según la tradición se considera de origen bizantino, habiendo recibido culto durante la época islámica por el Tratado de Tudmir (año 711), acordado por los cristianos y los musulmanes en esta zona de la Cartaginense y que permitía la libertad religiosa. Este hecho no sería algo aislado sino equiparable al del Monasterio de San Ginés de la Jara, también en nuestro Municipio, del que se conoce que se practicaba el rito cristiano-mozárabe antes del siglo XI, y esta ciudad no fue reconquistada por Castilla hasta mediados del siglo XIII (1245).
(La Virgen del Rosell, talla sedente con el Niño en su brazo izquierdo y una rosa en la mano derecha, se encontraba antiguamente en la Catedral de Santa María la Vieja y fue salvada de la destrucción de 1936 por el Cronista de la ciudad, D. Federico Casal, que la ocultó en los sótanos del cercano Palacio Municipal.)

Bibliografía sobre el tema: “Fechas y Fechos de Cartagena” (I. Martínez Rizo); “Documentos Históricos” (Archivo de la Diócesis); “Santa María La Mayor” (M.Viqueira); “El Recinto de Cartagena” (J. Soler Cantó); “Murcia por una Mitra” (I. Negueruela): “Efemérides Breves” (J. Mediano Durán)

Fotografías en mi álbum: “Cartagena”, en Facebook, del que os pongo el enlace.
http://www.facebook.com/album.php?aid=2009480&id=1238601229&l=4f29daae54

© P.F.Roldán

Santa Maria, strela do dia:Cantiga 100, de Alfonso X el Sabio

18 de septiembre de 2009

defensor del menor, carroñeros y tele basura

La televisión no sólo se ha convertido en un circo a ciertas horas sino además en el medio de trabajo de gentes que presumen de periodistas y que ni tienen el título, con el único tole tole de propalar acerca de intimidades ajenas propagando mentiras mil veces a ver si así se convierten en verdades, y con el único fin de ganar audiencia tomándonos por idiotas, enganchando a la gente por millones.

Lo perverso de esa actitud es que han llegado a conseguir que hasta la prensa más prestigiosa del país, independientemente de su tendencia ideológica, haya gastado ríos de tinta el pasado fin de semana sobre la decisión de un tal, por lo visto, Defensor de los Derechos del Menor, de elevar a la fiscalía un informe sobre la utilización que hace Belén Esteban de su hija en los medios de comunicación por la denuncia de siete personas anónimas a su Departamento. Vamos, que no tiene otra cosa mejor el hombre que tirar a degüello con la hija de esa señora con la de niños que hay sin escolarizar, o pidiendo en las calles, o sufriendo malos tratos, para que realmente ejerza de lo que se supone que es, y lo único que de momento lleva ganado –informaban- es una querella que le ha interpuesto la OID por prevaricación al exponer a esa niña ante todos esos carroñeros con sus declaraciones.

Por eso digo que “por lo visto es Defensor del Menor” porque este individuo, que recomienda o pide a todos esos medios de comunicación en ese informe elevado a la fiscalía, que no se nombre a la niña y se respete su intimidad, él mismo fue el primero –contra todo sentido y razón, y sin predicar con lo que solicitaba, que hay que ver cómo algunos pierden el oremus por salir en la caja tonta- en hacer declaraciones a primera hora de la mañana en una cadena pública el “día de autos”, sin haber apercibido siquiera a la madre cuestionada sobre su actuación, soltando la bomba informativa y nombrando por activa y por pasiva a la niña “que pretende proteger”, dando lugar a que ciertos de esos seudo periodistas de algunas cadenas privadas de televisión -ansiosas de carnaza porque ven como su share se va al cuerno a la hora en que otra, en la que colabora Belén Esteban, emite un programa similar- han estado echando leña al fuego con infundios, atentando más contra esa niña de lo que a lo mejor lo hace su madre. Pero lo surrealista es que se hayan hecho eco también emisoras de radio y prensa escrita seria que se cebaron también con el notición, hasta extremos esperpénticos, como si se tratara de una debacle nacional.

Cuando una noticia como ésta es la más visitada, digitalmente, en esa prensa nacional de prestigio, llenando los foros de opinión con basura de toda laña desde el anonimato, y que temas de auténtica actualidad como la corrupción, la crisis, el paro, las imputaciones a jueces progresistas, etc. pasen a un segundo o tercer plano es como para pensar que en este país o estamos enfermos o no funcionan los criterios fundamentales de lo que realmente es de interés público y que no sabemos distinguir entre lo que de verdad nos afecta a todos los ciudadanos y lo que sólo es el marujeo de cuatro indocumentados que mienten más que hablan con tal de tener un sillón en un plató, dañando a las personas con las que se ensañan y, además, a los verdaderos profesionales de la información.

Uno ya está harto de amoríos de duquesas, de la intemperancia de alguna baronesa, de toreros jubilados con mala baba y de ex de toreros despechadas, de siliconadas sin oficio ni beneficio, de bodorrios y divorcios de famosuelos, de gentes anónimas que van a contar sus miserias a según qué programas… Y uno está harto porque esta basura, que no entretenimiento, es el nuevo “pan y circo” para entontecernos y que nos olvidemos de lo que realmente son las noticias que sí inciden directamente en nuestras vidas diarias.

Si ya lo hacía poco, cada día enciendo menos el televisor. A veces ya no basta con cambiar de cadena.

© P.F.Roldán

Rubén Blades:Hipocresía

28 de agosto de 2009

las apariencias y los malpensantes


Malpensado, según el DRAE. Adj. Dicho de una persona: la que en los casos dudosos se inclina a pensar mal.

No se molestan siquiera en indagar si lo que se dice va con ellos o no. Sólo se sienten identificados con lo que dices y, en su afán de protagonismo o en su escaso o estúpido discernimiento, se lo toman como un ataque personal cuando lo que realmente haces es opinar sobre un tema en particular y de forma general, porque cuando quieres hacer una crítica personal, al menos yo si no vulnera su privacidad, no me corto en dar nombres y hasta apellidos si es preciso, y en los casos que luego diré.

Es curioso que los más malpensados sean los más entre aquellos que se las dan de bienpensantes, pero me digo si no será ésta una pose más bien hipócrita de cara a su entorno, ese querer -pretenciosamente- “quedar bien”, cuando en realidad, si no fuera así, no tendrían motivos para esa autoidentificación de lo que se toman como una crítica hacia ellos mismos. ¿Será que cuando el río suena agua lleva y no son tan santos o benevolentes como se pintan?

Me hacen gracia estos personajes. A este paso no vamos a poder escribir ni hablar sobre nada. Ni a favor ni en contra porque siempre existirán esos agraviados. Si criticas a la derecha política, se ofenden estos; si lo haces con los otros, ídem de lo mismo. Si te explayas sobre actitudes humanas negativas ahí que están los que se ven retratados para montarte el pollo, aunque ni hayas pensado en ellos y estés generalizando…

Gracias a Dios son dos de entre cinco mil y pico de visitas, lo que aún me reafirma más en que esos dos son, además de malpensados, los que se creen el ombligo del mundo y que todo cuanto se diga va con ellos o con su hábitat. Claro que, para explicárselo uno, hay que pensar o bien en que son unos inmaduros o bien que, por creerse en cierto estatus de una clase que se las da de elitista -más bien ombliguista-, cualquier cosa que se diga hace mella en su “dignidad”.

Me veo –si hiciera caso a esa estulta actitud, de la que por supuesto paso mil- escribiendo edulcorados cuentos, como aquella serie llamada “Azucena” de los años 50 y 60, en los que todos fueron felices y comieron perdices, para acallar conciencias “con apellido” que se las dan de lo que realmente no son. Ni ellas ni su entorno, que en todas partes cuecen habas y el que esté libre de pecado tire la primera piedra.

El pensamiento es libre y expresarlo también. Otra cosa es cebarse en la intimidad de alguien dando nombres y apellidos e infringiendo, por tanto, la legalidad. Es lógico, y hasta justo incluso, que a veces haya similitudes con episodios reales sin que estos se atengan a esa realidad de lo que se escribe porque quedan descontextualizados. No se puede escribir de lo que no se sabe y la propia experiencia es siempre un recurso útil cuando se quieren contar ciertas cosas sin que por ello transgredamos lo que a todas luces sería indigno y hasta ilícito en el caso de violar el honor de las personas.

Sólo me permito dar nombres, y hasta apellidos, cuando los hechos trascienden la vida privada y son notoriamente públicos, como es el caso de los políticos. Nunca hablaré de su vida personal pero sí de lo que nos afecta a los ciudadanos porque ellos han de ser los garantes de que la res pública vaya como debe, que ya dice el refrán que el que no quiera polvo que no vaya a la era y, si han hecho de sus vidas un escaparate en el que comen gracias a sus miles o millones de votantes, tienen el mismo derecho tanto a la alabanza como a la crítica. Y si no que se vuelvan a sus casas como todos los ciudadanos de a pie.

Claro, que quienes así se sienten en su mal pensar –cuando ni de lejos los nombras y sólo hay pequeñas anécdotas recurrentes en las que pueden sentirse reflejados someramente-, casi seguro que serán los mismos que luego criticarán a Saramago, por ejemplo, sin leerle siquiera, sólo porque “hiere sus sensibilidades y creencias”. Si hacen eso con todo un premio Nobel, que no harán con un blogger…

Al final acabaré pensando que no hay opiniones tontas, sino tontos que opinan cuando la realidad que retratas, siendo subliminalmente la de ellos –y sin que sea un hecho personalizado-, no les gusta porque se niegan a reconocer que eso es lo que tienen y que la vida no es sólo un cuento de hadas y príncipes azules si no hay también en él ogros malvados y perversas madrastras.

El problema de estos individuos es sentirse el centro intocable de un universo que sólo existe en sus mentes, creencias o ideologías. O eso, o afán de protagonismo todo lo más… pero siempre mal pensando.

© P.F.Roldán

para ver que no todo es lo que parece ser:

Austin Powers:No es lo que parece

2 de agosto de 2009

saber esperar es “no esperar”

La vida es sabia. Si siempre lo dije, hoy me reafirmo cuando veo que todo llega cuando menos se espera y que el destino se encarga de poner en nuestras manos lo que nos merecemos, y a veces puede ser, precisamente, lo más inesperado.

Quien se pasa la vida esperando sin más se olvida muchas veces de hacer otras cosas que son vitales para el día a día. Ya se dice que quien espera, desespera; pero, además, esto nos fuerza a veces a ir posponiendo lo que es ineludible afrontar para seguir creciendo interiormente, entretenidos en que nuestras expectativas se cumplan lo antes posible y rellenando nuestros huecos con esas cosas que nos satisfacen momentáneamente, o que incluso nos hacen disfrutar a tope, pero que nos hacen perder el sentido de la propia realidad, quizá más prosáica pero inevitable.

Esperar siempre se espera, pero no puede convertirse en el único motor que tengamos para seguir sintiéndonos vivos porque no siempre llega lo que deseamos y, antes o después, actuar sólo movidos por ese ansia, puede que nos haga conscientes de que nos sentimos vacíos, aunque hayamos crecido en muchas cosas que luego, con los años, nos parecerán hasta superfluas, incluso aunque intelectualmente seamos como un disco duro de tropecientas mil gigas.

Indudablemente, habremos encontrado placer en todas esas cosas con las que hemos ido sorteando tomar conciencia de lo que significa tener los pies en el suelo, pero a la larga sólo nos parecerá haber parcheado nuestra vida mientras esperábamos, desesperados, a que se materializaran esas expectativas. Es por eso que, tal vez, tengo un poco, o un bastante, abandonado el blog –me digo-, como otras cosas que pueden ser gratificantes en un momento dado, pero que son limitadas y nos limitan a su vez, teniendo que buscar, luego de finiquitadas aquellas, otras que sigan proporcionándonos esos breves placeres.

Si la vida es sabia, vivir nos hace un poco más sabios. Y es que muchas veces confundimos el adquirir conocimientos de toda índole, a falta de algo mejor en nuestro inmovilismo, con ser inteligentes. Nada es incompatible, pero dedicarse a acumular un exceso de conocimientos puede que nos convierta en enciclopedias vivientes, pero no por ello en seres inteligentes. Podemos saber mucho de muchas cosas y no saber apenas nada de cómo vivir. Y hablo desde la propia experiencia porque desde siempre, y ayudado por mi excelente memoria, he hecho acopio de un aceptable bagaje cultural.

No sé si será cosa de la edad, que a finales de mes estarán los 57 ahí, pero –sin perder mi interés por seguir adquiriendo conocimientos porque soy muy curioso por naturaleza- cada día le doy más prioridad a ordenar mis experiencias, a no dejar pasar de largo la vida real y a dar más importancia, si cabe, a mi inteligencia emocional, yo que fui un tanto escéptico cuando a mitad de los 90 Goleman popularizó el término con su libro de igual nombre, en el que nos venía a decir que la inteligencia emocional se puede organizar en cinco capacidades: conocer las emociones y sentimientos propios, manejarlos, reconocerlos, crear la propia motivación, y gestionar las relaciones. Y fui escéptico porque me pareció un libro más de esos de “autoayuda”, tan de moda en estas dos últimas décadas en las que han proliferado los problemas personales -bien por causa del fracaso en las relaciones o bien por un exceso de estrés, con lo que de ansiedad o depresión conlleva- a los que nos hemos visto abocados en la vida cotidiana de estos últimos años. Y pienso si no será porque “nos hemos olvidado” de vivir… y que, como no dejamos de sentirnos vivos, hemos empleado inadecuadamente nuestro tiempo, rellenando vacíos, y ahora podemos encontrarnos vulnerables, y hasta impotentes, para remediar muchos problemas de carácter más íntimo que no pueden ayudarnos a resolver todos los conocimientos que hemos acumulado sobre otras cosas.

Tenemos un lenguaje exquisito. Podemos hablar de muchísimas cosas con propiedad. Nos sentimos hasta casi unos intelectuales de cojones… Pero nos deja nuestra pareja o nos sobrecargan en el trabajo y ya nos sentimos perdidos, y la satisfacción que nos producía ser unos eruditos en tantas cosas no nos sirve absolutamente de nada.

No es una apología de la ignorancia. En absoluto. Al contrario. Porque aún tiene más probabilidades de estrellarse con la vida quien se permitió la estupidez, por pereza o estulticia, de dejar su cerebro más diáfano que una casa sin tabiques ni muebles. Pero de nada habrá servido construirse otra que, de tan abigarrada, parezca más una almoneda saturada de cosas hermosas pero muchas veces inútiles y en la que resulte imposible encontrar lo que necesitamos para enfrentarnos a los acontecimientos que el destino nos va deparando, y que no son siempre los tan deseados.

¿Mereció la pena dejar pasar la Vida sin vivirla cuando sólo se vive una vez?

© P.F.Roldán

Facto Delafé y las Flores Azules:Muertos

26 de junio de 2009

la verdad absoluta, patrimonio de hipócritas

No tengo ganas de filosofar sobre el destino, la causalidad, la casualidad, el azar, lo empírico o lo racional… No me apetece filosofar sobre nada en este momento. Solo sé que las cosas ocurren sin que tengamos respuestas porque no hay porqués. Suceden y, al suceder, pasan otras que tampoco tienen explicación a priori ni a posteriori. Pasan y ya está. Y nos toca vivirlas desde nuestra conciencia, sólo nuestra por más que algunos personajillos proselitistas quieran aprovecharse de ciertas coyunturas vendiendo sus verdades con apocalípticas visiones, más visionarias que reales.

No creo en la casualidad. No me harto de repetirlo porque todo ocurre sin saber por qué es así y no de otro modo y llamamos casual –porque no podemos explicarlo ni demostrarlo- a lo que posiblemente sea del todo natural. El azar está bien para echar cuatro columnas de bonoloto de tarde en tarde, que las probabilidades de que te toque una de seis está por encima de los trece millones por una, y por eso no puede estar ligado al vivir de cada día. Sería una tortura abandonarnos al azar. El destino es y será siempre una incógnita irresoluble. Lo empírico es falible porque la experiencia acerca de las cosas no impide que éstas den vuelcos insospechados si interfieren elementos imprevistos y la causalidad como ley para que se produzcan determinados efectos no deja de ser en ocasiones una chorrada filosófica, porque, como en lo empírico, no todos los principios de las cosas determinan que al final el efecto sea el esperado en la práctica si entran en juego factores insospechados. Y ¿qué es racional o no? Para unos será una locura o un disparate lo que otros hagan y para los que lo hagan será irracional que no se entienda por qué hacen lo que hacen… Así que muchos acontecimientos serán subjetivos si, como define la Real Academia, subjetivo es todo aquello perteneciente o relativo a nuestro modo de pensar o de sentir, y no al objeto en sí mismo.

Y cada uno somos, pensamos y sentimos de mil (guarismo literario) formas diferentes y según las circunstancias, por lo que dudo que nada ni nadie pueda estar atado y bien atado de por vida a unos parámetros concretos como si las personas fuéramos entidades matemáticamente cuadriculadas. Y la prueba es que creer en esto último es lo que ha dado lugar siempre a los totalitarismos políticos, a la intolerancia de las religiones, a la despiadada crítica social… sin que sus mentores reconozcan jamás que son unos hipócritas, disfrazados con todos los –ismos, porque bien saben que cada ser es un ente individual y que jamás podrán colectivizar las conciencias -si no es a través del fanatismo, del miedo, o de la ignorancia- imponiendo sus ideologías como única verdad absoluta, haciendo sonar su particular campana como si fuéramos los perros de Pavlov. Así tal vez conseguirían gobernar nuestros instintos, pero nunca nuestros pensamientos. Y el que piensa y sabe que siente como siente no se deja llevar por los instintos… A no ser que sea un comodón, un crédulo ignorante, un cobarde o una marioneta.

Cuando a lo largo de la vida experimentamos casi tantos cambios como vida tenemos, y que esos cambios nos hacen reaccionar de diversas maneras según el momento en el que nos encontremos personalmente, sorprendiéndonos incluso a nosotros mismos en que lo que ayer nos pareció una nimiedad hoy nos parezca una tragedia o viceversa ¿cómo establecer unas pautas colectivas para cada situación? ¿Quién puede arrogarse el derecho de decidir por nadie cuando no se participa de su discurso?

No hay filosofía capaz de adaptarse a cada ser humano tomado en singular, no gregariamente. Ante los mismos acontecimientos, por más que muchos estudios se empeñen, siempre habrá diferentes comportamientos. Y si en esos estudios se diagnostican coincidencias es porque se limitan a un determinado número de pruebas iguales para un grupo reducido que, aunque escogido aleatoriamente, no tiene más opciones que las que se les dan… Luego la vida es totalmente diferente cuando salimos de la manada y nos enfrentamos a nuestras propias experiencias, que –por propias- son únicas. Se parecerán a las de otros; serán incluso iguales a las de otros… pero nuestras reacciones serán sólo nuestras, aunque se parezcan a las de otros; incluso aunque sean iguales a las de otros. La diferencia radicará en cómo las sintamos individualmente en nuestro interior y como las demostremos hacia el exterior. Y ahí ningún filósofo podrá penetrar jamás; que, cómo don Quijote decía a Sancho, podrán encadenar nuestros cuerpos pero no nuestros pensamientos.

Y cuando digo filósofo, incluyo a todos esos “cientifistas” cargados de demagogia (llámense psicoanalistas pagados por papá de adolescente gay, periodistas metidos a seudo sociólogos televisivos al servicio de unas siglas, jerarcas religiosos que olvidaron que la Verdad nos hará libres vendiéndonos sus panfletos intolerantes y cargados, pues, de anticristiana repulsa, politicastros que sólo nos utilizarán cuando haya elecciones para chupar después de todos nosotros…); personajes esperpénticos que, poseídos por no sé que verdad absoluta, intentan manipular a las personas para ver si las reintegran a su particular rebaño, amedrentándolas con fuegos eternos, exclusiones sociales, o hecatombes patrias… negándoles el derecho a ser ellas mismas, la libertad de decidir y que se legisle para todos sin exclusiones.

No. No me apetece filosofar. Me siento libre y feliz siendo quien y como soy y, aunque a veces los acontecimientos me sean adversos, sin atender esos rebuznos de quienes se declaran en poder de unas aparentes verdades que un día llegan a enfurecerme y otro me hacen reír con ácido sarcasmo.

No siempre reaccionamos igual.

© P.F.Roldán

Joan Manuel Serrat:lecciones de urbanidad

23 de junio de 2009

qué estúpido es odiar

No he conocido nunca una mayor pérdida de tiempo y de energía que el guardarle rencor a nadie, por más que me haya sentido pateado por la desconsideración de algunos o la falta de respeto de otros. Me habrán podido lastimar y mucho, pero ¿odiar?

¿Qué ganaría de sentir algo así? Nada, si no es más dolor. Y no es que sea un santo de palo al que besar por la peana; es sólo que no entra en mis principios ya que siempre me he dicho que de lo que se siembra se recoge antes o después, y bastante castigo se buscan quienes son incapaces de ser honestos con los demás, preguntándome si sus conciencias les dejarán vivir tranquilos cuando les llegue el momento de la consciencia; y es que nadie se libra de sus actos en carne propia aunque crean salir indemnes –de momento- de sus tropelías. Pensar que así será sólo es fruto de la ignorancia, de la inmadurez o de una estúpida convicción de que están por encima de todos aquellos a quienes humillan de palabra, obra u omisión, porque el futuro les pagará con su propia moneda.

Me dan pena. En el fondo, y tras esa cruel actitud de la que hacen inmisericorde gala, sólo esconden una triste cobardía o un complejo de inferioridad que tratan de superar en piel ajena. Es el sino de los maltratadores natos: su carencia de autoestima. Intentan crecerse ante sí mismos de sus carencias aherrojando a otros con el desprecio a su dignidad, y utilizan armas sutiles -como la indiferencia camuflada de aparentes buenas razones e intenciones- de las que, una vez que ya han hecho mella, se excusan como quien no ha roto un plato, volviendo a ser mansos como corderos para enseñar al poco de nuevo sus colmillos de lobo, una vez que han conseguido camelarte y les has creído como un idiota porque, sobre todo en los sentimientos, nos volvemos ciegos y crédulos, y por tanto vulnerables.

Odiar es una pérdida de tiempo porque nos abstrae de lo que realmente importa, dejando que sean los pensamientos incoherentes del que cree que así ama mejor –perdonando y transigiendo una y otra vez- quienes nos gobiernen; y es una pérdida de energía porque nos absorbe nuestra propia identidad, reduciéndola a la mínima expresión contra nuestra voluntad, en provecho del que ni sabe cómo es la suya, sometiéndonos impotentes al otro y aunque en nuestro interior haya amagos de renegar de esa pérdida de la propia autosuficiencia e incluso de la fe en nosotros mismos.

El odio no tiene sentido. Es como una niebla espesa que nos obnubila el raciocinio y los sentidos, haciéndonos perder el norte. Con el odio no hay brújula que sea capaz de señalar un camino. Nos hace sufrir a la vez que hace crecerse al que lo puede provocar porque, aunque sea negativo, es un sentimiento que ellos disfrutan ya que, si no pueden ser amados, saben que no dejan indiferentes. Y el refranero, sabio como siempre, ya dice que no hay mayor desprecio que no hacer aprecio; lo que viene a ser que nos mostremos indiferentes y que no permitamos que nada de lo que nos hagan nos hiera o, por lo menos, lo demostremos. Y aún más allá: si somos capaces de devolver bien por mal, aunque haya quien nos crea gilipollas, eso acabará doliéndoles más que el daño que experimentaríamos nosotros al dejarnos arrastrar por una animadversión de la que se recrearán mientras nosotros la sufrimos; porque el sufrimiento ajeno que provocan les causa placer ya que les hace sentirse alguien, cuando no son en realidad nada. Así que, si ante esa provocación, respondemos con la generosidad de desearles lo mejor, no sólo anularemos gran parte de nuestro propio dolor sino que desmontaremos en gran medida su ponzoñosa actitud al desconcertarles con la nuestra.

Así, pues, para qué guardar rencor. Lo más positivo es no dejarse arrastrar por él. Nos sentiremos mejor porque tendremos la conciencia en paz, que ya es mucho, y a la vez quizás consigamos que más de uno recapacite sobre sus actos al comprobar que no tienen repercusión. Aunque lo más seguro es que, entonces, en vez de eso, los que lleguen a odiar sean ellos, con lo que acrecentarán su ignominiosa conducta; pero no muy a la larga el sentimiento de culpa será el que haga mella en ellos. Y es que hasta el más vil tiene conciencia, aunque parezca no enterarse… de momento. Pero todo acaba por pasar factura.

© P.F.Roldán

Bebo Valdés y Cigala:Lágrimas negras

19 de junio de 2009

buenos días, tristeza

No he podido dormir esta noche. Caí rendido, por puro agotamiento, bien entrada la mañana y a las tres horas de un sueño desapacible me he despertado con la realidad de su ausencia y su nombre en los labios.

En esos instantes uno se vuelve inconscientemente egoísta y deja de pensar en todo lo demás. Lee de soslayo, casi por obligación rutinaria, la prensa digital. Noticias como la del Airbus 330 y su caja negra –probablemente perdida para siempre-, los trajes valencianos -presuntamente “gürtel”- que nadie justifica en los tribunales, la intolerancia hipócrita de los obispos que tanto debieran callar ateniéndonos a cómo salen pedófilos continuamente de entre sus huestes en muchos países, hasta el último asesinato de ETA, que siempre me producen rabia y náuseas esos pistoleros sanguinarios… Lo que sea deja de tener importancia, aunque la tenga y mucha, cuando perdemos el raciocinio porque el corazón sufre un rapto de amarga tristeza a causa de nuestra realidad y nos hace insolidarios con cuanto nos rodea… y, siendo alguien comprometido, duele más todavía esa amargura que no permite un amago de rebeldía contra ella, dueña y señora de nuestro ánimo aunque sea sólo por un breve lapso.

Voy al baño, empapado de un sudor pegajoso. Las ojeras, el pelo revuelto, la barba de tres días… Quiero sonreír y no puedo. Añoro; deseo; amo… y sólo me encuentro con el rictus desolado de impotencia que me devuelve el espejo. Quiero sobreponerme. Sé que debo hacerlo. Quizás después de un café me despeje y vea más claro… pero termino comprobando que no resulta eficaz.

Su nombre martillea incansable mis oídos. Su ausencia me hiere hasta el punto de tener que ingerir un ansiolítico porque ese corazón revuelto parece querer salirse por la boca, tal es la ansiedad, y hasta maldigo una vez más al maestro que me enseñó la geografía que separa… De nada valen hoy todas las cosas que me he dicho tantas veces porque, aunque intuya que este estado será pasajero, me siento perdido en lo que no puedo evitar en este preciso instante.

Luego. Mañana tal vez. Ahora quiero ser humano también en lo que hiere. Y cuando vuelva a sonreír puede que me parezca una estupidez haber sentido esto, pero necesito ahora llorar mi incapacidad para no sentirlo, como lloro por su lejanía. ¡Está ya tan dentro de mí después de todo este tiempo!

He sabido lo que es estar a su lado; la risa que me ha despertado en todo momento; el ansia por acariciar su piel; su abrazo; su mirada; nuestros planes de futuro… Y no es que me rinda al desasosiego ni a la impaciencia.

Sé que todo volverá a su cauce y seguiré confiando con la esperanza que siempre ha sido mi arma para vivir los avatares que nos desbordan en estas ocasiones… Pero hoy no. Hoy quiero ser todo lo que pueda ser, como siempre; pero en ese todo, todo menos una piedra insensible a lo que también es, y me hace, humano. Y cuando me vuelva a levantar, cosa que, conociéndome, ni por un momento dudo, habré aprendido de nuevo que la vida, por muy positivo que uno quiera ser, o lo sea, tiene que darnos estas indeseadas lecciones, porque a veces las olvidamos, para que sigamos valorando lo que nos mantiene en pie cada día.

© P.F.Roldán

Luis Eduardo Aute:Sin tu latido

17 de junio de 2009

el mundo gira (2)

Valga el post anterior, con la letra de la canción de Jimmy Fontana, como anticipo de éste y como nuevo punto de partida, porque al final, y por mucho que queramos o lo pretendamos, el mundo no se detiene fuera de nosotros. No es un autobús del que podamos apearnos en cualquier parada, sino un viaje que sólo acabará cuando nos llegue la impredecible hora de que siga sin nosotros.

Hablé un día de las espirales y sus centros. Lo convenientes que nos resultan en esas temporadas en las que nos cuesta y necesitamos discernir qué es lo mejor para nosotros, hechos un lío o, por el contrario, desapegados de lo que nos es ajeno. De lo fácil que es sustraerse al exterior y hasta lo cómodo que resulta ese vivir ajeno a casi todo; pero al final te das cuenta de que sólo es válido para una temporada de introspección, y que plantearse una vida propia ignorando todo lo demás llega a ser hasta insano.

Sin tener que ser gregarios, somos seres sociales a pesar de que a veces tratemos de soslayar o desdeñemos lo que sucede cada día, como si no fuera con nosotros; pero nos atañe y nos afecta aunque sea en mayor o menor medida según cada uno y cada acontecimiento. Sólo aquellos que viven contemplándose el ombligo continuamente –algo que he tratado de hacer en estas dos semanas y no he podido- pueden vivir en un seudo limbo de aparente tranquilidad. Pero, sin embargo, creo que cuando se quedan a solas con ellos mismos cada noche el mundo interior se los reconcome. Lo he experimentado en carne propia. Aquello que trataba de convertir en el centro de cada día no era lo suficiente para encontrar una satisfacción que no se acabara quedando tan exigua que me pareciera al final insustancial.

Y es que no podemos circunscribir la vida a nuestro día a día sólo a lo personal cuando alrededor no dejan de pasar cosas. Uno acaba dándose cuenta del empobrecimiento que se produce cuando nos limitamos de esa manera, dentro de una campana de cristal donde nada nos salpica, inmersos en una alegría -más bien aparente-, y que al final es como una cárcel, al principio incluso dorada pero después cárcel a fin de cuentas, porque no deja de ser un sometimiento, inconscientemente solapado, que puede hacernos repetir viejos hábitos y caer en errores ya superados.

La búsqueda del sosiego y de la paz interior, no tiene caminos en ningún mapa y cuando voluntariamente nos quedamos en nuestro propio terreno, que no deja de ser una tierra de nadie a pesar de que intentemos convencernos de lo contrario diciéndonos que “es nuestra vida”, “ya es hora de que piense en mí”,… nos dejamos absorber por una especie de inercia, en la que se espera que todo lo demás ruede por sí solo y sin nosotros, lo que no deja de ser un autoengaño porque se acaba cayendo en un estado de inacción al ceñirnos a esperar ciertos acontecimientos en el que encontraremos una mínima parte de esa felicidad ansiada.

Nada es incompatible aunque nos obcequemos en cosas concretas que terminan por empequeñecernos al dejar a un lado todo lo demás. Que como bien dice el refrán “un grano no hace granero, pero ayuda al compañero”. Y si todos los que nos sentimos implicados en algo más allá de nosotros abandonáramos, ni grano, ni granero, y como consecuencia la ruina del molinero.

Al que no se le pase por la cabeza lo de tomarse un tiempo sabático que tire la primera piedra; pero algunos llevamos un estigma en los genes que no podemos obviar y que se acaba revolviendo dentro de nosotros para que volvamos a tomar conciencia de que, poco o mucho, hacemos lo que está en nuestras manos y que eso es lo que le da auténtico sentido a nuestro cada día, sin que entre en contradicción con todo lo demás que nos corre por dentro, por íntimo que sea; por importante que nos parezca.

Ya anticipé el día 2 que tal vez me costara sustraerme a dejar dormido esto. Y si encima los acontecimientos de estas dos semanas me han revuelto a extremos que no sospechaba, y aunque no haya renunciado al gran salto del que hablé, pues con mayor motivo volver a retomarlo, que si dije que mi cabeza era un hervidero, ahora la siento como una olla a presión a punto de saltar por los aires.

¿Contradicción? Más bien creo que debemos experimentar unas cosas para encontrar sentido a otras. Lo nefasto es dejarse caer en una dinámica que no nos llena ni nos lleva a ninguna parte y no ser capaces de superarla. Lo que no significa renunciar a todo lo demás.

© P.F.Roldán

Rosana:Aprendí

el mundo gira


No, sta notte amore
Non ho più pensato ha te
Ho aperto gli occhi
Per guardare intorno a me
E intorno ha me
Girava il mondo come sempre

Gira, il mondo gira
Nello spazio senza fine
Con gli amori appena nati
Con gli amori già finiti
Con la gioia e col dolore
Della gente come me

Un mondo
Soltanto adesso, io ti guardo
Nel tuo silenzio io mi perdo
E sono niente accanto a te

Il mondo
Non si é fermato mai un momento
La notte insegue sempre il giorno
Ed il giorno verrà

Gira, il mondo gira
Nello spazio senza fine
Con gli amori appena nati
Con gli amori già finiti
Con la gioia e col dolore
Della gente come me

Un mondo
Soltanto adesso, io ti guardo
Nel tuo silenzio io mi perdo
E sono niente accanto a te

Il mondo
Non si é fermato mai un momento
La notte insegue sempre il giorno
Ed il giorno verrà

Oh Il mondo

(Fontana,J - Meccia,G - Pes,C)

Jimmy Fontana:Il Mondo (1965)

2 de junio de 2009

por liquidación de temporada...





Se ha cumplido una etapa. Como antaño ciertos periódicos y revistas, aún no sé si habrá una segunda o tercera época de “La Mirada Compartida”. De momento, ésta primera ha llegado a su término y a pesar de que muchas cosas han quedado por decirse, porque siempre hay algo sobre lo que hablar; algo que contar; algo que compartir…
Género, sin duda, queda bastante en la trastienda y por lo único que lo siento es porque sé que hay incondicionales que siempre han esperado algo nuevo, algo más, cuando he estado sin explayarme una temporada… y últimamente no es que me haya prodigado mucho, la verdad, y alguna regañina me he ganado, pero ha sido y es porque tengo la cabeza y el corazón, y por tanto la voluntad, en otro sitio.

Y ese lugar en el que sigo estando, porque, al contrario de uno de los títulos de Leavitt, es un lugar en el que sí estuve, estoy y quiero seguir permaneciendo -y perteneciendo a él-, me lleva a centrarme más en otras cosas y cerrar esta etapa para ir dando cancha a lo que, poco a poco, se ha ido abriendo ante y dentro de mí. Y no es que haya incompatibilidad en principio, sino que –a la vista de esa escasa prodigalidad en los últimos tres meses (abril, por ejemplo, se quedó en blanco)- me doy cuenta de que deseo y necesito dedicarme más a esa otra parte de mi vida que estar pendiente de si hace tanto o cuánto que no escribo nada por aquí.

No dudo de lo que va a costarme no soltar alguna de estas parrafadas en alguna ocasión porque mi cabeza siempre es como un hervidero, pero, por otra parte, cuando se empieza a tomar según qué cosas casi como una obligación se puede caer en la falta de espontaneidad, y esto conducirnos a escribir de relleno “por cumplir”. No voy a negar tampoco que puede darme un día la ventolera y colgar por aquí algo de lo que escribo, porque escribir sigo escribiendo y mucho; pero al igual que no lo niego tampoco lo aseguro. Lleva su tiempo encontrar una foto adecuada para el texto o buscar la música apropiada para ese texto o para la fotografía que lo encabeza… Y, como ya he dicho más de una vez, no creo en el tiempo como unidad de medida sino como un totum revolutum, ese cajón de sastre que es la vida de cada día y en el que podemos encontrar de todo, desde lo más inimaginable a lo más esperado… y, entre lo menos sospechado, tal vez un pequeño tesoro ante el que detenerse y disfrutarlo sin que nada nos distraiga. O que lo que nos distraiga sea tan inesperado como él.

Nunca me ha gustado la palabra “adiós”, incluso aunque intuya muchas veces que al decir “hasta luego”, que lo prefiero, es más que improbable que se dé el reencuentro en ese luego que indica una cierta inmediatez. Pero, quién puede predecir nada… La edad vivida me ha enseñado que el digo de ayer puede convertirse mañana en diego; que nada hay eterno; que los deseos de hoy pueden ser humo cuando menos lo esperamos… Sin embargo, también he aprendido que hay que vivir intensamente cuanto nos llega y mientras dure; que eso nos puede transformar bastantes hábitos y a pesar de que no se nos comprenda; que hasta la geografía se queda pequeña, casi reducida a un atlas escolar, en el que las fronteras, como cantaba Rosa León, se reducen a puntos y rayas; o al “no soy de aquí, ni soy de allá” de Facundo Cabral… y aunque, posiblemente, un día tuviéramos que recordar el tango “Volver”… Pero, hoy es hoy mirando a mañana, y mañana a pasado mañana, no a dentro de veinte años.

No voy a ahondar ni abundar en explicaciones para tratar de ser entendido. Cuantos me conocen o han leído los 170 comentarios de este blog saben o pueden deducir que si algo me perturba es el inmovilismo, el acomodarme o atarme a lo material que haya podido conseguir hasta el día de hoy, el detener el ansia de vivir por miedo a lo desconocido… Ya era así cuando me fui durante seis meses a Méjico a los 22, cuando a los 28 decidí vivir veintitrés años en Valencia, o cuando regresé aquí hace cinco y medio… y sigo siendo el mismo treinta y cuatro años después de aquella primera vez. Nada me detiene cuando creo en lo que hago, y asumo las consecuencias de mis decisiones para bien y para mal, sin sentir jamás nostalgia o arrepentimiento según el caso.

Y no sé todavía cuándo daré el gran salto –no miro calendarios por esa misma aversión al tiempo encerrado en cuadrículas o relojes-, pero me voy preparando para darlo… y me da lo mismo que abajo no haya red…

© P.F.Roldán

Joan Manuel Serrat:Vagabundear

31 de mayo de 2009

caminar entre el equilibrio y el vértigo

Durante muchos años padecí una especie de vértigo que no tenía causas inteligibles, ni siquiera físicas, porque no me afectaba personalmente. Era una sensación extraña que se manifestaba cuando veía a alguien al borde del vacío: un limpiacristales con medio cuerpo fuera de la ventana, un turista posando para la foto encaramado en el parapeto de una muralla, hasta un escalador en una escarpa absolutamente vertical en un documental o incluso, aunque parezca absurdo y rebuscado, hasta la visión de la carta del loco, del tarot, a punto de despeñarse… El estómago parecía encogérseme y, rápido, apartaba la vista.

Sensación extraña, digo, porque, sin embargo, llegué a vivir en un undécimo piso mucho tiempo y me acodaba en la barandilla para ver una puesta de sol, o sólo por curiosear el trasiego urbano, o me asomaba al borde de un acantilado para contemplar como el oleaje rompía abajo; cosa que sigo haciendo cuando se tercia la ocasión… y nunca he padecido de vértigo en esas situaciones.

Deduje después de mucho tiempo –una vez superado casi totalmente, que no sé cuándo ni cómo- que tal vez era algo psicológico; algo que en mi inconsciente se despertaba involuntariamente y que sólo me atrevo a achacar a mi falta de equilibrio interior en aquellos días, y aunque sea o parezca rebuscada la hipótesis. Pero, he comprobado después que cuando estoy en plena vorágine reflexiva y con el ánimo revuelto tratando de encontrar explicaciones o soluciones a cualquier cosa y no me resulta fácil –por eso ése casi totalmente de antes, pero no del todo- se vuelve a reproducir atávicamente y, aunque sea por un breve instante, reaparece ese vértigo que únicamente siento dentro de mí y sin temer nada, ni siquiera que exista un peligro real.

La mente, he llegado a elucubrar, cuando a veces se siente impotente para discernir con agilidad, se busca recursos muy singulares para su autodefensa o su autojustificación en cosas externas que, aunque no nos conciernen directamente, son como el reflejo indirecto de un estado momentáneo de algo semejante a un hórror vacui emocional o sensorial: el vacío de la inseguridad de no saber dónde pisar en según qué situaciones; en la urgencia de tener que tomar decisiones y no equivocarse con la cabeza abotargada por acontecimientos inesperados, de inexcusable o inaplazable resolución… Y soy de los que no me gusta aplazar las cosas para que no se enquisten.

Con los años, y sobre todo con el aprendizaje que estos conllevan, esos episodios se dan cada vez más esporádicamente y, aun desconociendo si la Medicina los incluye en alguna definición sobre las fobias –me da igual-, porque no los puedo considerar como lo que la Psicología llama “vértigo de la altura” ya que ésta no me atemoriza ni me crea inseguridades, me doy cuenta de que cuanto más sereno se encuentra mi ánimo y más decidida mi conciencia para actuar, menos recidiva es esa sensación vertiginosa que podría catalogarse de irracional, a pesar de haberla sentido –y aun ahora rara vez- tan real como el latido del corazón o la respiración.

Siempre me he considerado un hombre de acción, capaz de tomar decisiones rápidamente y, a pesar de ello, sin insensateces, aunque los más conformistas crean lo contrario; pero no en todas las ocasiones uno puede actuar igual. A veces, cuando hay que sopesar más que en otras los pros y contras porque de según qué decisiones dependen cosas extremadamente vitales y que no se pueden dirimir a la ligera, es obvio que podemos llegar a sentirnos desbordados; incluso aunque creamos saber de antemano lo más conveniente o acertado.

La madurez, como tal y no como consecuencia de la edad, me llegó algo tarde, que alguien puede tener muchos años y no saber sacarle provecho a la experiencia, tropezando una y otra vez en las mismas piedras. Tuve que llegar a los 50 para que, sin desandar lo andado porque eso es imposible y, además, es una torpeza pensar que podamos empezar de nuevo, le encontrara su sentido a lo vivido para ir logrando cierto equilibrio en el día a día e ir acrecentándolo más y más.

Obnubilados por un mundo en el que prevalece la prisa, sin darnos tiempo ni lugar para interiorizar, favoreciendo el autoengaño, el conformismo y la resignación, cuando no la apatía o la tristeza, el equilibrio resulta casi un lujo pero es lo único que nos aporta serenidad.
Sólo lo he conseguido encontrar en la autocrítica sincera, que no suele ser indolora pero nos ayuda a cauterizar heridas del pasado que son lastres, y en el deseo inamovible de continuar el camino emprendido hasta meter la llave correcta en la cerradura de la puerta que conduce a un futuro mejor.

© P.F.Roldán

Jarabe de Palo:Camino

29 de mayo de 2009

ser feliz no es tan difícil

Si me pusiera, podría desgranar un rosario de indeseables vicisitudes, muy duras de encarar a veces, que cada día tratan de machacarme y robarme la sonrisa. Quién no tiene sus más y sus menos… pero para qué regodearse en eso cuando hay tantas otras cosas que agradecerle a la vida. En principio, el solo hecho de estar vivos y poder pelear a diario para ganarle la batalla a la adversidad.

Me requeman la sangre los quejicosos que se arrugan ante cualquier problema, por nimio que sea y que en ocasiones ni es tal nada más que en su imaginación, y cuando tienen tanto por lo que sentirse afortunados. Una buena casa, un coche más que aceptable, una familia y unos amigos que se preocupan por ellos, un trabajo que les compensa –tanto económica como vocacionalmente-… Viajan, salen de fiesta, gozan de reuniones con gentes que les quieren… Pero son eternos insatisfechos que no valoran lo que tienen sino que echan de menos lo que desean y no logran, sin darse cuenta de que no todo lo que anhelamos es para bien a largo, incluso corto, plazo. Pienso que el destino –en una jugarreta- debiera concederles sus deseos para que acaben dándose cuenta de que cuánto tiempo desperdiciaron en lamentos en vez de disfrutar de lo que la vida les da cada día desde que se despiertan hasta que se acuestan… pero, a lo mejor –o a lo peor- ni por ésas. Se han convertido en sufridores profesionales. En eternos descontentos deprimidos.

Soy un parado de “larga duración” –casi año y medio que la actual crisis, en sus inicios, me golpeó de lleno y después con trabajos muy esporádicos y mal remunerados, de los que o los tomas o los dejas porque hay cola para sustituirte que a río revuelto ganancia de los pescadores que se aprovechan de la necesidad ajena-; me he pasado siete años de soledad después de veintidós de relación estable, aprendiendo a lidiarla, asumirla, y aliarme con ella como un estado natural momentáneo –aunque siempre con la esperanza de su transitoriedad- y dándome algún que otro porrazo con quien pude creer en su momento, durante ese tiempo, que era la persona adecuada de nuevo; y ahora, que por fin la tengo, quien amo se encuentra a más de tres mil kilómetros de distancia; vivo en una casa prestada por mi madre; tuve que vender mi coche; de mis seis hermanos, perdí a la que más quería; no puedo permitirme una noche de fiesta porque con lo que cobro del INEM apenas si da para subsistir, que parece un milagro llegar a fin de mes sin que alguien no me haya tenido que echar una mano alguna vez –que a veces me ha pasado porque de súbito te llega, por ejemplo, un facturón de Iberdrola con sus políticas de “lecturas estimadas”, que te descabala las cuentas, pero hay amigos incondicionales que nunca permitirían verme pasar las de san amaro, y aunque se me haya podido caer la cara de vergüenza cuando me han socorrido (no por orgullo sino porque uno es un tímido y no un vivalavirgen)-; la familia que te falla cuando menos lo esperas y más la necesitas, porque en qué casa no cuecen habas de tarde en tarde…

Pero doy gracias cada mañana por ver de nuevo la luz del sol y tener otra vez la oportunidad de seguir bregando para solucionar mis papeletas, aunque el horno parezca no estar para bollos; doy gracias por esos buenos amigos que siempre están ahí; por poder aprovechar los dones o habilidades que la vida me ha dado y me sigue dando;…
agradezco haber encontrado otra vez el amor aunque se interpongan distancias y ausencias, porque si es verdadero perdurará… y si no fuera así, daría gracias igualmente por el tiempo en el que me haya hecho feliz; agradezco que pueda pensar, reír, soñar, amar, creer en un mañana mejor y luchar hoy, con los medios que tengo y aunque sean escasos, por lo que considero justo; y sigo dando gracias por no dejarme vencer por la tristeza o por la desesperación del que mucho tuvo y se encontró de repente con casi nada, confiando que a las vacas flacas le sucedan un día otra vez las vacas gordas porque no me someto a la apatía o a la malsana nostalgia del que perdió tanto, sino que sigo en pie buscando salidas…
En suma, doy gracias por lo que tengo. Mucho o poco, es lo que hay y no es resignación, sino saber aceptar que el hoy es así, sin perder de vista que he de conservar la esperanza en el futuro y no dejarme avasallar por unas circunstancias que de mí, y aunque todo parezca estar en contra, depende superar si no me dejo abatir por el desánimo y sigo en pie sin dar la espalda a la vida… y pese a que en ocasiones flaqueen los ánimos porque uno no es de piedra ni un superman.
Se es feliz cuando se es capaz de asumir la realidad coherentemente, sin dejar de trabajar por un mañana mejor. De lo que sembramos, recogeremos, y la tristeza sólo es para quienes nunca están satisfechos y que, aun teniendo, llenan su vida de vacíos por ansiar lo que no tienen.

No. No es tan difícil ser feliz cuando conservamos la fe en nosotros y sabemos el justo valor de lo que ahora tenemos, y aunque también deseemos –que es bueno- pero sin hacer del deseo una obsesión que nos haga perder el contacto con el suelo que pisamos. Somos el resultado de nosotros mismos.

© P.F.Roldán

Dúo Dinámico:Resistiré

27 de mayo de 2009

prejuicios y complejos

Su extremada obesidad podría considerarse mórbida. Esa exuberancia de carnes habría llevado al suicidio a más de una anoréxica, pero, esa mujer sin complejos, no paró de reírse durante toda la travesía, hasta desgañitarse, haciendo que casi todos los que estábamos a su alrededor nos sintiéramos contagiados por su risa mientras su compañera de viaje hacía lo imposible para que no se cayera de la silla, jaleándola a su vez -en un idioma incomprensible para mí-, haciendo que la otra se retorciera entre carcajadas.

A mi lado, un matrimonio francófono de mediana edad, pulcro y escuálido, levantando reiteradamente -con visos de fastidio- la vista de sus respectivos libros, la miraba descaradamente con desaprobación a través de sus gafas de diseño; incluso desde el momento en el que ella ocupó su silla en la cubierta del ferry, cerca de nosotros. Una cubierta bulliciosa, como una torre de babel, con casi tres centenares de pasajeros de diversas nacionalidades… pero sólo parecía molestarles ella; y más que a los oídos, a los ojos, porque en sus miradas adustas se leía, diáfana, una mezcla de asco y repulsión, en las que yo, además, intuía un cansancio más producto de una mal escondida amarga apatía que de la pesadez del viaje, y que contrastaban con la alegría de vivir, tan inmensa como ella, de la gorda (sin eufemismos, como un negro es un negro y no "una persona de color").

Vivimos en un mundo de estereotipos, con unos cánones llenos de prejuicios en muchos aspectos, y para bastante gente todo aquel que se salga de ellos es casi como un apestado. Eso hace que en ocasiones se deje de respetar a otros sólo por el hecho de ser diferentes o no seguir las pautas que algunos han convertido en reglas inamovibles que, aun incluso opuestas, no suelen ser propias ni exclusivas de un solo segmento de la población.

Así, dependiendo del grupo, se desprecia, se hace burla o se critica a los gordos o a los flacos, a los de derechas o a los de izquierdas, a los excesivamente guapos o a los feos, al que demuestra una alegría desbordante o al que no puede contener las lágrimas, al creyente o al ateo, a la madre soltera o a la que trae “lo que Dios envía”, al que viste de "marca o de "mercadillo", al que es homosexual o a la que quiere llegar virgen hasta el día de su boda… en un entreverado maremágnum de prejuicios políticos, sociales, religiosos, intelectualoides –que no intelectuales-, o, lo que es peor, de esa seudo cultura que ha hecho del físico un nuevo dios al que adorar, sin percatarse de que tan enfermo es un bulímico como un vigoréxico que idolatra los gimnasios.

¿Quién puede arrogarse el derecho de establecer unas pautas para el resto de los mortales? ¿Quién el ser juez de los demás, y al amparo muchas veces de absurdas premisas?
Se puede estar de acuerdo o no con el prójimo; podemos elegir que los otros nos gusten o no, pero nunca llegar a la prepotencia irrespetuosa de sentirnos por encima de nadie hasta el punto de que una altivez sin fuste menoscabe la naturalidad y la naturaleza de otros, y pueda causar daños morales o psicológicos a quienes perciban ese desprecio como si los consideraran como monstruos de feria.

Entre el matrimonio de estirados con cara de estreñidos, seudo mega todo en apariencia, y la rubicunda gorda feliz, sin complejos, me quedo con ésta última.
Si regresaba triste por lo que iba dejando atrás, ella me hizo sonreír, como si de un efecto dominó se tratara, y olvidarme por unas horas de pensar en adioses, ausencias, distancias y reencuentros…
Pero ésta es otra historia.

© P.F.Roldán

Alaska Y Dinarama:A Quien Le Importa

10 de mayo de 2009

abriendo puertas

Ha sido este tiempo un tiempo lleno y vacío a la vez, aunque suene a paradoja, que no lo es. Cada circunstancia tiene un por qué bien definido, consecuencia de cómo hemos encarado las cosas. Y éstas suceden de la mano de nuestros fantasmas interiores, de nuestras alegrías y sueños o de nuestros miedos y aprensiones.

Unos se “quejan” de lo abandonado que he tenido esto. Otros me dicen que al principio se toma con muchas ganas y que nos vamos dejando con el tiempo porque todos los comienzos son excitantes y se escribe por impulso. Yo sólo sé que ha sido casi un mes y medio en el que he tenido que afrontar encuentros y desencuentros; Pelear con mi cabeza analítica que a veces piensa que el corazón es un aventurero alocado. Luchar con mi corazón que se rebelaba contra las razones de la razón, que no siempre es tan razonable como creemos.

Salgo hacia Grecia el próximo martes, aunque no llegaré a mi destino hasta mediodía del 14. Cosas de compaginar los transportes, que uno no tiene la capa de Superman para trasladarse en un pispás, pero “sarna con gusto no pica” cuando en la otra orilla de este mar puede que nos sigan esperando.

Salgo hacia el reencuentro de un encuentro que mi racionalidad, irracionalmente con sus armas -que nos llevan a elegir lo que creemos prudente con lo que realmente es: la incapacidad de dejarnos llevar por lo que sentimos-, convirtió en desencuentro a pesar de que mi corazón le gritaba “estúpida”, porque era, y sigue siendo, lo mejor que podía pasarme en mi vida. Pero sé que erré. En el último momento no di el gran paso que se esperaba de mí y que yo también deseaba. Pudo más lo que no me avergüenza reconocer que fue cobardía. Cobardía que no va conmigo, pero que prevaleció cuando más seguro estaba. ¿Y cuál fue la causa? Porque lo único que saco en claro de todo es que traté de refugiarme en excusas que hoy comprendo absurdas, y que la despedida, contra todo pronóstico, fue triste y dolorosa. Infravaloré lo que se me ofrecía y daba, y busqué paliativos que no me proporcionan ni satisfacción ni estabilidad. Sobrevaloré mi autosuficiencia y de qué poco vale ésta cuando se siente uno cada día un poco más vacío y la sensación de pérdida se agranda cada noche, cuando te quedas a solas.

Es cómodo y agradable a los oídos escuchar las opiniones ajenas cuando le dan la razón a nuestra sinrazón. Quien te llamaba loco por querer hacer lo que no es convencional, se alegra de que “sientes la cabeza”. Quien te elogia hoy tu capacidad, “al fin”, de hacer lo “correcto”, en contra de que ya sabes que acabas de cometer una de las mayores torpezas de tu vida… Y me he puesto en pie de guerra, porque mi carácter es así, aunque extrañe a unos e incluso se desapruebe por otros. Me voy. Si siempre he defendido que hay que ir donde el corazón te lleve ¿a qué viene ésta estupidez?

Me he pasado todas estas semanas batallando y tratando de ver un poco más allá; de sobreponerme al autoengaño que me disculpaba falazmente de mis actitudes, buscando la aprobación de los demás, porque era “lo que necesitaba escuchar” para no tener que reconocer mi equívoco… cuando en siete días, con su presencia, fui más feliz que en siete años de soledad escogida y otros muchos de soledad en compañía. Y al final se ha impuesto la cordura contra una razón que intentaba demostrar ser sensata sin serlo.

Seguimos en constante contacto, aunque por lógica sin la intensidad emocional de los meses anteriores porque yo puse un freno inesperado que nos ha hecho más reservados; un freno incluso inexplicable para mí mismo. ¿Qué me rondó por la cabeza? ¿Por qué le di más importancia a lo que menos la tenía?

No. No he escrito, pero he releído el blog varias veces y me he dado cuenta de que había entrado en una dinámica contraria a todo lo que pienso, a como soy… y he llegado a la conclusión de cuan cierto es que hay que mojarse el culo para coger pescado, aunque sea en el confín del mundo, y aunque vaya contra todas las normas no escritas pero impuestas por nuestro entorno. Y me digo que esto siempre lo he tenido claro, pero sigo sin encontrar el auténtico por qué de mis actos en sus dos últimos días aquí, en los que llegué incluso a rozar la crueldad por mostrarme indiferente. ¿Por qué…? No hay ningún porqué que valga para justificar lo que no puedo justificar si soy sincero conmigo mismo… ni tampoco quiero explicármelo sino mirar hacia delante. Y que sea lo que Dios o el destino quieran…

Y, sí, me voy. Quería aparecerle por sorpresa. Demostrarnos a ambos que sí era capaz de ese gran paso -que pese a todo siempre lo he sido- pero tampoco era justo que me encontrara de sopetón porque no se me oculta que lo ha pasado mal todo este tiempo y he querido que sepa y me diga. Siempre he dicho que estas cosas son de dos… y ahora me basta saber que se alegra de que vaya.

Tampoco significa que deba de jalearme con falsas expectativas, porque cuando el dolor cuaja dentro de uno a veces cuesta desarraigarlo, y sé que lo siente; pero voy seguro, lleno de serenidad y confianza, y sé que cuando esto se transmite, la puerta que dejamos entornada se puede volver a abrir de par en par. Esto es lo que tengo hoy por hoy: esperanza… aun con los pies en la tierra.

Alguien me decía ayer si no me aventuro demasiado en un viaje tan largo para encontrarme después, tal vez, con alguien que guarda algún tipo de resentimiento. Oídos sordos. No me preocupa. Si lo hago y todo sale como debiera de haber salido un mes atrás, esa preocupación habrá sido en vano. Y si sale mal, me habré preocupado el doble. No. Nada de padecimientos innecesarios. Lo mejor es llegar si dudas, sin recelos, porque, aun sabiendo que ese pasado permanece todavía con la llaga abierta, de nada valdría haber dicho antes cien “te quiero” si ahora no fuera capaz de demostrar con hechos que no sólo fueron palabrería… Y este viaje no es sólo un gesto. Es un paso hacia delante, porque se vive el hoy pero para ir construyendo un mañana. No creo -y hasta lo aborrezco- en ese carpe díem mal entendido, como si el mundo se fuera a acabar dentro de un rato.

Y sea cual sea el resultado de este viaje -esperanzas aparte-, nunca me quedaré con la duda, si no lo hago, de qué habría sido de haberlo hecho. Quien no lucha por lo que ama se condena a vivir en la perpetua incertidumbre, y soy de los que prefiere oír un “no” sincero, si ha de ser así, que vivir en una hoy plácida ignorancia que puede pasarnos factura con el tiempo.

Valentía es salir en busca del propio destino, sabiendo que los sueños se pueden hacer realidad si tenemos fe en ellos, y sobre todo en quien amamos. Quedarse en el sofá de casa sólo nos deja a nuestro alcance el mando a distancia del televisor y la cobardía del olvido.

© P.F.Roldán

Ελευθερία Αρβανιτάκη - Τον έρωτα ρωτάω
Ελευθερία Αρβανιτάκη:Δε Μιλώ Για Μια Νύχτα Εγώ

19 de marzo de 2009

cortos días, largas noches


Dicen que el que espera desespera. No es mi caso, que llevo desde la adolescencia poniendo en práctica lo de ser paciente, porque nada se consigue obsesionándose con algo que ya sabemos de antemano que tiene fecha y hora si no es paralizar la vida cotidiana, sumiéndonos en un estado semicatatónico al girar exclusivamente sobre una única idea. ¡No soportaría esa ansiedad!

Los días se me hacen cortos, sabiendo que, con cada uno que pasa, falta menos para que llegue, pero también porque los ocupo intensamente en no dejar cosas pendientes, y aunque sea hasta robándome mis ratos nocturnos para escribir, porque no quiero que el tiempo que esté aquí haya que terminar lo que pude dejar a medio hacer. Deseo que las veinticuatro horas de cada día que pase conmigo sean sólo de los dos. Sin embargo, y pese a todo este continuo trajinar, nada evita que esté permanentemente en mi pensamiento, lo que hace que los ratos que hablamos por las noches estén llenos de esa alegría que sólo se siente en muy contadas ocasiones a lo largo de toda una vida. Una alegría espontánea, llena de complicidades y sin falsas euforias, tan natural como especial y que pocas veces alguien te despierta con sólo con oír su voz.

Las noches se me hacen largas de un modo extraño. Me estoy acostando pronto –hoy es una excepción porque tenía esto muy abandonado- con el libro de cabecera que tenga en esos momentos, que siempre hay alguno, y no controlo el tiempo, que lo mismo me leo cien páginas, o más, de un tirón que sólo tres; y no es raro el día que amanece con ese libro por un lado, el punto de lectura por otro, las gafas de lectura perdidas entre las sábanas, la lámpara de la mesilla encendida, y el despertador que suena diez o quince minutos después de que abra los ojos. Caigo rendido por agotamiento, sin darme cuenta del cuando, y me despierto como por inercia, porque sé que tengo que seguir haciendo cosas y el otro reloj, el biológico, manda lo suyo. Ya sé que para muchos, que me riñen, esto es dormir poco, pero me parece que lo he hecho una eternidad y me levanto descansado, aunque parezca mentira, y con bríos para empezar el día ya con la sonrisa en los labios. Su nombre. Saber que falta un día menos… y a continuar lo que dejé el día anterior.

Que está en mis sueños lo sé. No hay que ser más explícito.

No miro el calendario ni cuento el tiempo. Ya he dejado dicho por aquí que medir el tiempo es un invento humano y aquello de “reloj no marques las horas” se me ha ido haciendo con los años un topicazo de quienes viven la vida a ritmo de bolero. Y no porque uno no tenga su chispa romántica sino porque huyo del histrionismo melodramático, en plan copla de la Piquer, como de la peste.
Sé el día exacto de su llegada y es suficiente para evitar un agobio innecesario. Tampoco pienso en el día de su partida, porque no habrá adioses innecesarios, ni el “dicen que la distancia es el olvido”, ni en cuánto tardaremos en volver a encontrarnos porque ya sé que no será inmediato. Me basta conque existamos y queramos compartir esa existencia. ¿Hay algo más valioso? Se es más feliz sabiendo apreciar lo que se tiene que deseando lo que no.

Hoy no leeré nada ya dada la hora, pero necesitaba tanto decir que me siento feliz que qué mejor excusa para compartirlo que retomando el blog… Y anda que no hay poco acerca de lo que escribir, que de la Prensa no me privo ni un día, pero tiempo habrá que con las que están cayendo tenemos para rato largo.

© P.F.Roldán

Randy Crawford y Presuntos Implicados:Fallen

7 de marzo de 2009

el lector (the reader)

"Recomendable leer antes la novela de Schlink, El Lector, antes de ver la película". Esto me aconsejó una amiga y le hice caso, y el libro ha resultado ser soberbio en apenas doscientas páginas; de lo más extrañamente conmovedor que he leído en bastante tiempo y es que es raro que una novela logre hacerme soltar unos lagrimones en los tres últimos capítulos finales. Suelo ser un lector un tanto aséptico, aunque inevitablemente hay libros que logran meterte dentro de la piel de sus personajes. Algo parecido sentí con Los Girasoles Ciegos, pero fue más una mezcla de rabia y de tristeza, aunque no dejó de conmoverme también el amargo sino de sus protagonistas.

Temo un poco las adaptaciones cinematográficas -precisamente ahí está la fallida de Los Girasoles Ciegos-, aunque también me han recomendado que tras el libro vea la película. Es, por lo visto, uno de esos raros casos en los que el guión hace justicia al libro en el que se basa, aunque las críticas que he leído comentan que el personaje de Hanna pierde un poco de su crudeza, por muy buena que sea la interpretación de la multipremiada Winslet, que hace -según todos- el mejor papel de su carrera en The Reader y ya se merecía un reconocimiento a su trayectoria de actriz.

No sé si llegué a comentarlo en su momento, pero hace tiempo que decidí leer antes un libro que ver su adaptación en el cine. No quiero que me pase como con Muerte en Venecia, que lo hice al revés y cuando traté de leer el libro, de Mann, éste me pareció un peñazo aunque puede que alguien me pueda llamar sacrílego literariamente. Como excepción, me pasó con Como Agua para el Chocolate, pero fue eso: una excepción. Tal vez porque en ese caso el lenguaje cinematográfico nada tenía que ver, desde lo que personalmente experimenté, con el literario de Laura Esquivel.

No he ido aún a ver The Reader al cine, así que no puedo hacer comparaciones con la obra de Bernhard Schlink. En este caso me fiaré de la opinión de los cinéfilos al igual que lo he hecho con la novela... y confío en que no sea decepcionante como con otros casos, que también recuerdo el fiasco que supuso El Club Dumas en la gran pantalla -al menos a mí no me gustó La Novena Puerta, por muy de Polansky que fuera-, una buena novela filmada en plan "obra menor", con un guión previsible en todo momento.

Las adaptaciones de buenos libros, sean o no los típicos best-sellers, dejan dinero en taquilla y son un recurso para aquellos a los que les gusta poco leer, pero lo uno no está reñido con lo otro. Y por otro lado hay magníficas novelas que, aun siendo potenciales excelentes guiones, nunca serán filmadas. Así que mi recomendación particular es no olvidarse de que los libros no se pueden sustituir, aunque vivamos en el tiempo de las imágenes y éstas, sobre todo la televisión, nos hayan hecho perder un poco la afición a la lectura.

© P.F.Roldán

The reader:trailer (subtitulado en castellano)

1 de marzo de 2009

premonitor Arturo Pérez Reverte

Me acaba de llegar un mail. Me he metido en los buscadores de Internet a tratar de constatarlo, que a veces ya se sabe lo de los correos que "dicen" lo que nadie dijo; pero lo he encontrado publicado en infinidad de blogs y periódicos digitales y he de confesar que yo no lo había leído, y eso que sigo bastante todo lo que Arturo escribe porque es de agradecer, en los tiempos que corren, que haya alguien tan "echao p'alante" y con una inhabitual honestidad sin pelos en la lengua. Todavía recuerdo su discurso de investidura como primer Doctor Honoris Causa de la UPCT, en el que puso a caldo a los políticos cartageneros sin morderse la sinhueso.

Tal y como me ha llegado deseo publicarlo porque ya quisiera más de uno tener ese desparpajo, que ni se deja comprar ni se vende por nada, para decir verdades como templos sin arrugarse ante nadie, y sobre todo porque este paisano nuestro hace diez años nos dijera lo que nadie queríamos o no supimos ver entonces, cuando todo era de una bonanza tan alienante que no nos hacía sospechar lo que a día de hoy se ha transformado en una cruda realidad.

"Los amos del Mundo"
Arturo Pérez-Reverte

"Usted no lo sabe, pero depende de ellos. Usted no los conoce ni se los cruzará en su vida, pero esos hijos de la gran puta tienen en las manos, en la agenda electrónica, en la tecla intro del computador, su futuro y el de sus hijos. Usted no sabe qué cara tienen, pero son ellos quienes lo van a mandar al paro en nombre de un tres punto siete, o de un índice de probabilidad del cero coma cero cuatro.
Usted no tiene nada que ver con esos fulanos porque es empleado de una ferretería o cajera de Pryca, y ellos estudiaron en Harvard e hicieron un máster en Tokio -o al revés-, van por las mañanas a la Bolsa de Madrid o a la de Wall Street, y dicen en inglés cosas como long-term capital management, y hablan de fondos de alto riesgo, de acuerdos multilaterales de inversión y de neoliberalismo económico salvaje, como quien comenta el partido del domingo.

Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará a usted el consuelo de ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser reputados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo; porque siempre ganan ellos, cuando ganan, y nunca pierden ellos, cuando pierden.

No crean riqueza, sino que especulan. Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tiene que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la tierra pierden el culo por darles coba y subirse al carro.

Esto no puede fallar, dicen. Aquí nadie va a perder; el riesgo es mínimo. Los avalan premios Nóbel de Economía, periodistas financieros de prestigio, grupos internacionales con siglas de reconocida solvencia. Y entonces el presidente del banco transeuropeo tal, y el presidente de la unión de bancos helvéticos, y el capitoste del banco latinoamericano, y el consorcio euroasiático y la madre que los parió a todos, se embarcan con alegría en la aventura, meten viruta por un tubo, y luego se sientan a esperar ese pelotazo que los va a forrar aún más a todos ellos y a sus representados.

Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda, que el chollo es el chollo, e intereses de un tropecientos por ciento no se encuentran todos los días.
Y aunque ese espejismo especulador nada tiene que ver con la economía real, con la vida de cada día de la gente en la calle, todo es euforia, y palmaditas en la espalda, y hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas. Y esto, señores, es Jauja.

Y de pronto resulta que no. De pronto resulta que el invento tenía sus fallos, y que lo de alto riesgo no era una frase sino exactamente eso: alto riesgo de verdad. Y entonces todo el tinglado se va a tomar por el saco. Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces -¡oh, prodigio!- mientras que los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro y para los que especulaban con dinero de otros, resulta que las pérdidas, no.

Las pérdidas, el mordisco financiero, el pago de los errores de esos pijolandios que juegan con la economía internacional como si jugaran al Monopoly, recaen directamente sobre las espaldas de todos nosotros. Entonces resulta que mientras el beneficio era privado, los errores son colectivos y las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia y con fondos de salvación para evitar efectos dominó y chichis de la Bernarda.
Y esa solidaridad, imprescindible para salvar la estabilidad mundial, la pagan con su pellejo, con sus ahorros, y a veces con sus puestos de trabajo, Mariano Pérez Sánchez, de profesión empleado de comercio, y los millones de infelices Marianos que a lo largo y ancho del mundo se levantan cada día a las seis de la mañana para ganarse la vida.

Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena.

Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza."

"El Semanal", 15 de noviembre de 1998

Astrud:Paliza

28 de febrero de 2009

Cartagena quiere la biprovincialidad




Y no es mucho pedir, aunque desde el gobierno regional se sigan haciendo los sordos, porque -una vez puestos- deberíamos de exigir que se cumpliera el articulado de la Constitución sobre las Autonomías (a partir del art. 143) y que esta Región llevara el nombre que por Derecho le corresponde (Región Carthaginenese, como existe Cantabria –no Santander- o La Rioja –no Logroño-), ya que los políticos murcianos se acogieron en 1978 a la Historia de Cartagena y a la importancia secular de nuestro Puerto, al que alabaron entre otros Cervantes o Andrea Doria, para solicitar el estatus de preautonomía.

Pero somos así. Algo que no quieren ver esos cuatro oligarcas murcianos que manejan los hilos del poder desde la capital administrativa, Murcia, porque la legislativa es Cartagena que es donde se ubica la Asamblea Regional.

En 1799, documentos hay, el rey Carlos IV promulgó una Real Orden en la que creaba nuevas provincias, llamándolas marítimas y segregándolas de las que hasta entonces pertenecían. Fue el caso de Málaga (segregada de Granada), Cádiz (de Sevilla), Alicante (de Valencia), Asturias (de León), Santander (de Burgos) y Cartagena (de Murcia). Todas a día de hoy siguen conservándola, excepto Cartagena. Habría, pues, que hablar de restitución, o restauración en su defecto, de la Provincia de Cartagena que se eliminó de un plumazo en 1833, en la división territorial del ministro Javier de Burgos, culminando la venganza personal de Fernando VII (más que el Deseado, el Desagradecido ya que Cartagena fue la primera ciudad de España en reconocerle como Rey al empezar la guerra contra los franceses, en 1808).

¿Su inquina visceral? El haber sido ésta una ciudad liberal desde siempre, opuesta a su absolutismo, que en ella se encastilló el general Torrijos frente al asedio de las tropas francesas de los Cien Mil Hijos de San Luis, que hiciera venir en su auxilio el despótico monarca, en su llamamiento desesperado a las demás monarquías absolutas de Europa.

Aunque esos hechos contra Cartagena ya tuvieron un antecedente en el murciano Conde de Floridablanca, que, habiendo sido nombrado en 1808 Presidente de la Junta Central Suprema y Gubernativa del Reino, soslayó con desprecio a la Junta de Defensa de Cartagena –otra vez la primera en formarse en España- a favor de la de Murcia, cuando esta ciudad, que nadó entre dos aguas ante la invasión napoleónica y secuestro de la familia real en Bayona, no formó la suya en un primer momento, teniendo que ser las Juntas de Cartagena y Valencia las que la metieran en el carro.

Pero dejando lo legal (pues también se conculca el Estatuto regional al no haberse desarrollado la autogestión comarcal en sus más de 25 años desde su promulgación) y lo histórico a un lado, aunque sea fundamental (que como ya dije “En Murcia por una mitra” -comentando el libro del Dr. Negueruela- venimos padeciendo agravios desde el traslado ilícito del episcopado a Murcia en 1291, aunque siga siendo Diócesis de Cartagena), hay ahora otros argumentos de peso para seguir erre que erre para que nos devuelvan lo que injustamente se nos quitó y que redunda en beneficio de todos los habitantes de esta Región, aunque esos mismos políticos se lo callen como zorros.

A más provincias, mayor peso en el Congreso y en el Senado al incrementarse nuestros representantes en ambas Cámaras. Mayores aportaciones al erario regional al existir dos Diputaciones provinciales. Menos centralización administrativa, que ahora para cualquier cosa que no sea local hay que ir a Murcia, quieras o no, y la Provincia de Cartagena, una de las mejor definidas territorialmente en el Estado por su Comarca natural (La C.A. de La Rioja, por ejemplo, se encuentra conque parte de su Comarca natural está en Castilla y León –Burgos-, en Navarra, o en el País Vasco –Álava-) aglutina a montón de Municipios y Diputaciones, en el suyo propio. (Cartagena no tiene pedanías, como los demás Ayuntamientos, y no habría que preguntarse, entonces, por qué en nuestro Municipio se les llama Diputaciones ya que es la prueba indudable de que tuvimos una Diputación Provincial) Así pues, más de 350.000 ciudadanos se ven forzados a recorrer el doble de kilómetros para cualquier trámite burocrático.

Hay curiosidades de todo tipo que respaldan nuestra reiterada petición. Se puede visitar para ver alguna de ellas el link que hay a la derecha del blog, que dirige a identidad carthaginense. Pero una muy significativa, por la fecha, es que en un BOE franquista de 1966 se publique el nombramiento del “Delegado de Hacienda en la Provincia de Cartagena” (sic).

Desde la “Plataforma por la Biprovincialidad” y su eslogan “2es+” se ve que no es un movimiento aislado de cuatro nostálgicos. Esa Plataforma cada día se ve incrementada con nuevos colectivos de toda índole y diferentes sectores públicos y privados. Desde Colegios Oficiales de profesionales hasta el Consejo de la Juventud de la Región de Murcia, pasando por la Cámara de Comercio o la Confederación Empresarial (COEC).
http://www.2esmas.com/biprovincialidad/Actualidad.html

Hechos en su día los pertinentes estudios, político y económico, para demostrar su viabilidad y encargados por el Movimiento Ciudadano a la Universidad de Murcia (UMU) y la Universidad de Cartagena (UPCT), sólo queda que esos sordos de siempre presten oídos y actúen en consonancia a lo que se les demanda, con argumentos irrebatibles, en la reforma estatutaria, que muy poca prisa se están dando cuando la mayoría de CCAA ya la han realizado.

¿Por qué será?

© P.F.Roldán

Baster:Llamar las cosas por su nombre