23 de enero de 2009

no se ha hecho esperar

Fuente de la foto: Pool, Washington 20/01/09 (publicada en los medios de comunicación)

Si el día 20 Washington se volcaba, lleno de júbilo y esperanza, en el juramento de Obama como presidente, éste no ha tardado ni 48 horas en empezar a cumplir sus promesas electorales –que a ver si van aprendiendo todos los zánganos que tenemos por aquí, sean del color que sean, que le dan mucho al lilili para hacer poco lalala cuando ya tienen el sillón asegurado-.

Las primeras medidas:
-Cerrar la cárcel de Guantánamo.
-Sacar a las tropas de Irak.
-Prohibir los interrogatorios con torturas y malos tratos a presos.

Si bien es una alegría que por fin se restablezca el Derecho Internacional que tanto infringió Bush, hasta el punto de conculcar la propia Constitución norteamericana, y desoyendo incluso las continuas protestas de sus aliados occidentales y el NO a la Guerra que clamó más de medio mundo, es triste comprobar como, en los foros de debate de la prensa, la ultraderecha española, fiel a Aznar –a quien por cierto Bush ni invitó a la recepción de su despedida, quizás porque ya no le es el “amigo” útil que necesitó para embarcarnos en sus batallitas-, esa derecha recalcitrante, digo, agazapada en el PP –a falta de otro espacio en el que enrolarse en el arco político- se vuelve de repente antinorteamericana y le dedica los insultos más soeces. (Sólo hay que asomarse a los comentarios de los lectores del diario La Verdad de Murcia para comprobarlo.)

¿Será porque es negro? ¿Porque tiene un talante –palabra que les repatea- más democrático y ético que Bush? ¿Porque a lo mejor Aznar ya no puede practicar “texano”?...

Lo cierto es que, aunque no dejará de ser un presidente que involuntariamente se verá limitado por la dinámica típica estadounidense, en la que chocan los valores tal y como los concebimos en Europa con una estúpida moral que puede acabar con carreras por un lío de faldas, Obama representa, hoy por hoy, la esperanza para millones de personas, y no sólo de su país sino de todo el mundo, y de quien debieran de aprender muchos de nuestros politicastros, más aferrados a la poltrona que dedicados al servicio por los ciudadanos y convirtiendo sus programas en papel mojado que siempre incumplen casi en su totalidad.

Acaba de estrenar su legislatura. Siempre se dice que hay que dar cien días de confianza para ver como respira un político, sobre todo cuando es su primer mandato; pero lo que este hombre ha demostrado es que, en tan sólo dos días y nada más estrenar el Despacho Oval, cumple con lo que dice, y eso ya es mucho para empezar.

Es bochornoso que a los que no tragábamos la política de Bush, ni a él mismo y su discurso, ahora esa gente de la que antes hablaba nos llame “yankees conversos” porque nos gusta el carisma de Obama y que actúe como se esperaba de él, y aunque haya que aguardar para ver si hace –o le dejan hacer- el resto de todo lo que prometió durante su campaña. De momento, y nada sorpresivamente en una persona que ha sabido transmitir confianza, ha echado a andar en la presidencia con paso firme.

Lo de Guantánamo no ha dejado de parecerse a Auschwitz, aunque no haya hornos crematorios. La justicia no se imparte de ese modo tan cruel y vejatorio en los Estados de Derecho con Constituciones democráticas, Tribunales, jueces y fiscales… ¿Qué diferencia hay entre esa cárcel en territorio cubano y las de Milosevic en Bosnia, si se violan los Derechos Humanos igualmente? Pero a ver quién tiene lo que hay que tener para sentar a Bush en La Haya, el ex presidente peor valorado en toda la Historia de la gran potencia que se cree, cuando le viene en gana, con derecho a todas las injerencias y tropelías habidas y por haber, y que durante según qué épocas ha demostrado ser una de las más antidemocráticas del mundo civilizado –pena de muerte en vigor en algunos de sus Estados, guerras en Vietnam o Corea, la bomba atómica de Hiroshima, apoyo a Pinochet contra Allende, invasión de la isla de Granada, montaje bélico para usurpar Cuba a España, genocidio de las tribus indias, etc. etc.-, exportando sus productos, tradiciones y su paupérrima cultura, salvo excepciones (por citar entre éstas a Allen o Auster), como una colonización encubierta de sus costumbres, nada envidiables por cierto si tenemos el valor de tragarnos y digerir los Rambo y sus secuelas, en un país donde cualquiera puede tener una arma y pertenecer a la Asociación del Rifle.

Ese individuo vivirá ahora impasiblemente su lujoso retiro dorado, en su rancho de Texas, “disculpado” de sus desafueros a causa de la tragedia del 11S, en la que ha sustentado estos años su discurso del terror, valiéndose del miedo colectivo de un pueblo que se sintió amenazado dentro de casa, como si al resto del mundo no nos pareciera de una barbarie sin apelativos aquella masacre, y más habiendo sufrido después atentados parecidos “sus compañeros de camino” en la invasión de Irak. ¿O acaso podremos olvidar nuestro 11M, o los ingleses su 7 de julio de 2005 en el Metro londinense?

Bienvenido Obama… mientras no se demuestre lo contrario. De momento, camina con buen pie y de manera firme, cumpliendo lo prometido... mientras Bush será recordado como el "señor de la guerra", el gobernante de la pérdida de los derechos sociales en su país y el incompetente gestor de su Hacienda pública que ha sumido al mundo en un crac similar al de 1929, de imprevisibles consecuencias.

© P.F.Roldán

Varios (Campaña de Barak Obama):Yes we can

Pink:Dear Mr. President

20 de enero de 2009

hay tanto que decir...


Hace once días que no he puesto nada. Demasiadas cosas personales que resolver y, al mismo tiempo, muchas cosas sobre las que escribir. Tantas que, en los pocos ratos libres que he tenido, no he sabido ni por dónde empezar ni en cual centrarme, así que esto, sumado al cansancio y, a la vez, a la rabia que producen ciertos acontecimientos, me ha provocado una especie de letargo mental para abordar cualquiera de ellas antes que hacerlo sin rigurosidad.

Quería escribir sobre el genocidio que está cometiendo Israel con el pueblo palestino con la excusa de defenderse de los ataques terroristas de Hamas, asesinando niños, mujeres y ancianos en una guerra que escandaliza al mundo pero que nadie hace nada por detener, salvo los consabidos mensajes “disuasorios” al Gobierno israelí.
Parece mentira que un pueblo que sufrió el mayor holocausto conocido de la Historia, con más de seis millones de muertos, esté masacrando a civiles indiscriminadamente con el encubierto beneplácito de la mayoría de potencias occidentales, las grandes proveedoras de armas en todos los conflictos bélicos que asolan el planeta.
Las mismas potencias que vuelven la vista hacia otro genocidio más sutil sin derramamiento de sangre, en el que no hace falta tirar una bomba o apretar el gatillo de un arma, como es el embargo económico al que Estados Unidos tiene sometida a Cuba con la excusa de castigar al régimen castrista y que realmente sólo perjudica a la población civil que carece de los bienes más primarios para una subsistencia digna… pero utilizando parte de su territorio soberano, Guantánamo, para tener un campo de concentración, en el que se incumple la Carta de Derechos Humanos.

Quería escribir sobre la salida, por fin, de Bush de la Casa Blanca y de las esperanzas que puede despertar la presidencia de Obama, y no sólo en su país sino en gran parte del mundo. Hay dos guerras activas, provocadas por ese saliente impresentable, que hereda el ya nuevo presidente: Irak y Afganistán, en las que Bush empringó a Gran Bretaña y España con la falacia de unas armas de destrucción masiva que nunca se encontraron.
Hereda también una crisis global que ha endeudado a USA en dos billones de dólares por la mala gestión económica de su predecesor, y que afecta a todo el planeta, haciendo bueno el dicho de que cuando Estados Unidos estornuda los demás nos constipamos; aunque en este caso más bien parece que en vez de un estornudo es todo un catarro y los demás estamos al borde de la neumonía.

Quería escribir, ya a nivel local, de las salidas de tono de la alcaldesa Barreiro, aunque sus acólitos la aplaudan, que culpa a Zapatero de que tiene hasta final de año para ejecutar las obras a las que el Estado ha asignado fondos, previa solicitud de las mismas por los ediles en el poder del gobierno municipal, con las molestias que ello causará a los cartageneros. Zafia excusa partidista para seguir enfrentando a las gentes, cuando la única molestia que tenemos los ciudadanos aquí es ella misma porque en casi catorce años no ha hecho casi nada, salvo “lo que ve la suegra”, y ahora parece que le molesta que le metan prisas, además de que me parece de un cinismo absoluto que una señora que está en su cuarta legislatura y que tiene paralizadas, o con grandes retrasos, obras de envergadura desde ni se sabe cuando, se ponga a realizar proyectos nuevos totalmente innecesarios y que serán caóticos para la vida cotidiana –cómo la remodelación de la calle Real a su antojo, de dudoso por no decir pésimo gusto, vistas otras obras anteriores aprobadas por ella- en vez de destinar fondos para terminar de una vez por todas, por ejemplo, el Auditorio, el Palacio de Deportes o la puesta en valor Anfiteatro romano, en el que no se trabajaba desde hacía casi cinco años, además de acudir a las necesidades de Barrios y Diputaciones del Municipio, que tiene a la playa de Los Urrutias, por poner otro de los ejemplos más sangrantes, hecha una auténtica porquería tercermundista.

Quería hablar, al hilo de la expresión del párrafo anterior, de ese concepto de Tercer Mundo que hemos acuñado las naciones ricas, hoy –por esa crisis- empobrecidos sus ciudadanos de a pie que los políticos siguen viviendo a todo tren de nuestros bolsillos, porque es denigrante que habiendo países en los que la gente muere de desnutrición, en nuestro “Primer Mundo” se destruyan los excedentes de cosechas para que no caigan los precios. Precios que realmente benefician a los intermediarios y no al agricultor, al que se le compra por una miseria para que el valor final en el mercado se haya multiplicado por cantidades astronómicas que pagamos, en doble sentido, los consumidores porque hay que seguir comiendo.

Quería hablar del racismo y la xenofobia que se respiran en todos los ámbitos, sea en la calle, en los periódicos y sus foros, en según que tertulias televisivas, radiofónicas o de conocidos… siendo escandaloso haber llegado hasta leer o escuchar que Israel hace bien en matar a esos “moros de mierda”. Y después nos decimos “civilizados” con la boca llena.

Quería hablar de todos esos insensatos sin capacidad de autocrítica que, por defender a las siglas de su partido, se convierten en cómplices morales –hasta dónde conduce la ignorancia- de políticos acusados de presunta corrupción o incluso ya imputados en delitos de prevaricación, justificándoles por el mero hecho de ser de unas siglas u otras.

Quería hablar de tantas cosas que al final no he hablado de ninguna en estos once días. Cada una de las citadas anteriormente se merecía un comentario en exclusiva porque dan para decir mucho; pero llega un momento en el que te quedas en blanco, con la sangre hirviendo y la cabeza embotada para desarrollar cualquiera de ellas con todo el rigor que se merecen.
Sirva esto como un esbozo, un tanto a vuela pluma, porque no descarto retomar cada tema, uno por uno.

Es vergonzoso que nos creamos superiores porque tenemos una renta per cápita más alta que muchos países y más productos de consumo a nuestro alcance, y vergonzante es que los que tienen conciencia de tantos despropósitos e injusticias se callen por comodidad o cobardía... pero estoy más que seguro, completamente convencido, de que si a esos que se consideran seres de una raza privilegiada y superior les hiciéramos un test o una encuesta sobre civismo y cultura, entre estos ciudadanos “de primera” muchos habrían de volver a estudiar Primaria en el colegio, remachándoles sobre todo en la asignatura de Ética, con la obligatoriedad de pasar examen cada año de sus vidas para que no se olviden de que los principios morales no son de quita y pon, según pinten los intereses particulares, o las ideologías extremas, sean religiosas o políticas, más próximas a un fundamentalismo radical y trasnochado que a la realidad del siglo XXI.

© P.F.Roldán

Mercedes Sosa & Horacio Guarany:Si se calla el cantor

9 de enero de 2009

la credibilidad

Decir hoy en día que alguien nos transmite credibilidad es casi como decir que hemos dado con una flor rara, siempre desde la generalización de hablar de las personas como masa de gentes diversas y no de cada individualidad porque, como en todo, hay excepciones. Y es que vivimos, por otra parte, tiempos en los que, como santo Tomás, hay que meter el dedo en la llaga para creer de tan desencantados y llenos de prejuicios nos han dejado en demasiadas ocasiones. Tanto que hasta nos cuesta más de un esfuerzo llegar a confiar en que sea real la credibilidad de otros, con lo que ésta es una cualidad si no denostada, sí infravalorada por la suspicacia, porque gato escaldado hasta del agua fría huye.

La credibilidad, como tal, es una virtud constante y casi innata. No es algo que ahora se pone en práctica, y luego no, a mera conveniencia. Es un estado permanente del carácter que nada tiene que ver con la verdad y la mentira sujetas a vaivenes de estados de ánimo o de buscar el propio provecho, sino con la honestidad, la sinceridad y la coherencia personal permanentes para actuar siempre pensando en los demás, sin dejar que se antepongan nuestros propios intereses sino lo que es bueno o mejor para quienes tratamos o dependen de nosotros, o por lo que trabajamos o luchamos. E incluso aunque la mayoría de las veces nos suponga soportar estoicamente la inquina, y hasta el desafío, de los que prefieren vivir del engaño, porque la honestidad de unos les desmonta y desenmascara. ¿Cuántos políticos nos dan credibilidad, por ejemplo, cuando lo que sólo andan buscando es vivir del cuento, aprovechando las prebendas de sus cargos? Pocos.

Alguien transmite credibilidad cuando se pone en la piel de esos otros que le necesitan de una u otra forma y se descalza de sus zapatos para colocarse en los de los ellos, procurando el bien común, o el de cada individuo en particular, aun a pesar de que nuestro lado oscuro -que todos lo tenemos- nos diga, sin fuste, que estamos saliendo perjudicados en ese momento o que los otros no van a valorar nuestras buenas intenciones para con ellos.

La credibilidad no busca reconocimientos ni agradecimientos, por eso es una cualidad más que rara en una sociedad que, de cada vez más, sólo parece buscar parabienes o sacar tajada de según qué situaciones. Y es que la credibilidad nace desde el desprendimiento, libre de ataduras materiales y de prejuicios de cualquier especie, y es servicial sin ser servil. Simplemente tiene como objetivo la veracidad y la honestidad en todos y cada uno de sus actos, sin importarle que las consecuencias no redunden en la autosatisfacción o en el aplauso ajeno sino que su finalidad sea la entrega desinteresada que no espera nada a cambio. Las recompensas son intangibles y exentas de soberbia:
una, que los demás crean en nosotros siempre porque saben que nunca les defraudaremos en ningún aspecto y, otra, poder dormir cada noche con la conciencia tranquila de haber obrado de acuerdo a nuestros principios.

Encuentro un ejemplo prosaico pero sencillo: mi dilatada experiencia como comercial, habiendo ocupado puestos en todos los estratos –desde la dura venta a puerta fría a la dirección comercial, y hasta la gerencia de Empresa-, que me ha demostrado sobradamente que cuando uno trabaja pensando en lo que será más beneficioso para el cliente, y no para el propio bolsillo, a la larga ha ganado más que aquel que, avasallando para embolsarse fácilmente lo instantáneo, buscó el pan para hoy sin pensar en mañana.

Cuando un cliente comprueba que has mirado por él y no por engrosar tus arcas a su costa, siempre es un cliente satisfecho, y en consecuencia agradecido, que te recomendará a otros y probablemente te traerá uno o varios amigos y conocidos porque le has dado motivos para que crea en ti. Cuando, por el contrario –cosa que he visto en los llamados vendedores agresivos y en las empresas que, sin escrúpulos, forman a sus comerciales en esa venta agresiva e irrespetuosa- sólo se pretende ganar dinero fácil colando sus productos con calzador, puede que hayan ganado varias veces al principio, pero, antes o después, la insatisfacción posterior de quienes se dejaron embaucar hizo que estos hablaran mal de ellos, haciéndoles perder decenas de potenciales clientes.

Sí. Buscaron el pan para hoy pero sin ver que al final era hambre para mañana, así que no es raro, y más en estos tiempos de crisis, que quien no supo hacer las cosas con credibilidad se vea forzado a cerrar el chiringuito; mientras que quienes fueron leales y honestos con su clientela puede que vivan con alguna estrechez la misma crisis global que atravesamos, pero no les faltará quien siga acudiendo a requerir de sus servicios. No es de extrañar que, sobre todo en el sector inmobiliario, hoy estén en quiebra infinidad de negocios que fundamentaron su política en hacer dinero rápido y fácil a cualquier precio sin prever las consecuencias, lo que hoy les pasa factura.

La credibilidad pues, no es “saber venderse”, y mucho menos con artimañas, sino que los demás sepan que “lo que compran” es lo que verdaderamente necesitan. Si cada persona es un mundo, sus necesidades, por tanto, también son diferentes.

Y aplicado al terreno de las relaciones personales es, pues, una incongruencia querer caerle bien a todo el mundo por narices o enamorar a cualquiera por las buenas y con empecinamiento, forzando las situaciones. Habrá quien encuentre en nosotros lo que busca o espera, y quien no. Sin embargo, quien transmite credibilidad –que tiene como una de sus cualidades el respeto- puede que no enamore o no encandile a todo lo que se mueve, pero verá recompensada su honestidad con algún que otro buen amigo que confiará plenamente en él. ¿No es ya todo un regalo?

Porque la credibilidad es a la persona como la clave a una bóveda, a la que si le falta se derrumba. Así, quien no es creíble pierde toda su consistencia ante los demás, con lo que le será muy difícil establecer cualquier tipo de relación ya que, de antemano, ésta estará abocada a su autodestrucción antes o después al no existir la posibilidad de establecer el más estrecho vínculo perdurable, sea de la clase que sea.

© P.F.Roldán

Billy Joel:Honesty

5 de enero de 2009

y supe que no hay edad

Cuando yo ya era tú aún no eras, pero desde siempre fuimos.

Fue el destino quien te trajo a mí cuando yo sólo era un yo solo sin ti, para que, siendo dos, el tiempo nos hiciera uno, alentando el afán de crecer al unísono, aun siendo diferentes y sin renunciar a esa diferencia que por igual nos enriquece. Si tú me inundas con tu alegría, yo con el sosiego en el que ella crece. Si mi cuerpo te da cobijo, tus brazos el calor con que me envuelves.

Juntos vemos pasar los días los meses, las estaciones. Del rayo con mi altura te protejo, de los depredadores con tus espinas me proteges. El mismo alimento comemos y, aunque nuestros frutos sean diferentes, a la vez maduramos y compartimos. Tú con tus dones y yo con los míos somos un todo indisoluble que, aunque heterogéneo, ellos, complementándose, nos vuelven únicos ante quienes nos contemplan. Sin ti podría haberme alzado en mayestática pero árida y recia madurez. Sin mí podrías haber crecido en libre pero solitaria belleza, y ambos habríamos sido igualmente admirados en nuestra individualidad. Pero, unidos, sus miradas no pueden disociarnos y por ti mi madurez se transforma espléndida y tu belleza alcanza la más hermosa madurez.

No se quién dijo que el amor tenía edad, ni quién que no sería posible siendo desiguales, pero si nos viera fundidos en este abrazo quizás comprendería que, mientras vivamos, la vida y su caprichoso azar, que se empeñaron en unirnos, nos harán cada día más inseparables y que aunque yo muera mi tronco seguirá siendo tu guía para elevarte por encima de todas las cabezas, aunque yo ya no estuviera, hasta que el destino me sustituyera y te pusiera otro al que abrazarte. Pero, para entonces, lo que nos dimos a mí me habrá dejado irme lleno de gozo gracias a tu amor y a ti te habrá dado una felicidad que en solitario nunca habrías disfrutado sin el mío.

No. El amor recíproco no conoce de edades ni de otros prejuicios, tan arraigados por nuestra educación que establece unos parámetros predeterminados. Es o no es, pero, cuando es, se lleva tan adentro que no puede explicarse sino con la silenciosa manifestación exterior -que reflejan las miradas mutuas de dos que se aman- de que ha sido y seguirá siendo posible… aunque para muchos todavía nos resulte “políticamente incorrecto” seguir los dictados del propio corazón en contra de la razón colectiva.

© P.F.Roldán

Noa & Serrat: Es caprichoso el azar

3 de enero de 2009

sin techo: cuento amargo de Navidad

Marta tiene 77 años. Ya no recuerda ni el tiempo que lleva sola, esperando pacientemente un final que no llega todavía, aunque lo que sí sabe que está al llegar es la ejecución de desahucio en un par de días porque la casa de renta antigua en la que vive desde que nació es una ruina. Desde hace meses no puede entrar a la cocina porque se vinieron abajo las colañas, destrozando todo lo que encontraron a su paso, dejándola a cielo abierto. Ya no le angustia no saber que será de ella cuando llegue ese momento, porque, aunque no le han ofrecido alternativas y con su mísera pensión de huérfana de guerra apenas si llega a mitad de mes, no tiene ni ilusiones y ni, mucho menos, ganas de vivir. Está agotada de pasar hambre, frío y otras mil penurias.

En los últimos años, desde que murió su madre –todo lo que le quedaba y por la que dejó pasar su vida de largo-, ha ido malvendiendo los pocos muebles y enseres que todavía tenían algún valor y, afectada por el síndrome de Diógenes, los ha ido sustituyendo por cosas inútiles, rotas, inservibles, deshechos ajenos que ha ido recogiendo en los contenedores de basura para sentirse rodeada de objetos que, a su vez, ocultaran las manchas amarillentas de las paredes –unas de humedad, otras formando un cerco alrededor del espacio vacío que antes ocuparan cuadros o un espejo-.

Sólo conserva parte del dormitorio art decó que le regalaron sus padres cuando cumplió 15 años, en la única habitación en la que ha dejado pasar la vida. En la que come, duerme y hasta hace sus necesidades muchas veces. Una cama medio desvencijada, con un colchón relleno de lana que hace tiempo que ni mulle, y en la que campan por sus respetos media docena de gatos callejeros que ha ido amadrinando en sus correrías por los basureros, sobre un hatajo revuelto de mantas viejas y roídas; una mesilla que cojea y en la que guarda un orinal para esas noches en las que hace tanto frío que, aunque se acuesta vestida, ni va al exiguo retrete de piezas de loza blanca desportilladas y que por no tener, ni tiene ducha. Su aseo, que ha descuidado en los últimos tiempos, lo hacía en el aguamanil, que en su día tuvo una bonita jarra de porcelana pintada con rameados color pastel, y que ahora, muy de tarde en tarde, llena con agua que se baja del grifo que hay en el terrado en una botella de plástico.

Pero su pequeño tesoro está en la coqueta de espejo ovalado, cuyo azogue muestra infinidad de manchas negras allí donde el tiempo lo oxidó, y sobre la que ya no está el juego de peines y cepillos para el pelo con empuñaduras de alpaca y que, de niña, siempre creyó de plata. La banqueta acabó en una almoneda, pero con el tocador no encontró valor para desprenderse de él, aunque se lo pagaban mejor. En sus dos cajones laterales, que nunca abre, se acumulan multitud de objetos sin objeto: horquillas herrumbrosas que ya no usa, algunas barras de labios gastadas, medias con carreras, bisutería sin valor enredada entre sí en un informe montón… Pero en el cajón central, que abre –nostálgica- de vez en cuando, guarda lo único que aún le ata al mundo que fue y ya no es nada más que en su recuerdo. Algunas fotos viejas con sus padres; otra de un chico, con fino y cuidado bigote, que la pretendió hace ya tantos años que si no lee la escasa docena de cartas que hay bajo ella ni sabría decir la fecha exacta. Una flor de raso y tul, de un rosa ya desvaído, que le regaló su madre y que sólo usó una vez, como tocado, en la boda de una amiga hace ya tantos años…”¿qué habrá sido de Manolita?”…; un par de postales que su único hermano envió al llegar a México, y del que después nunca supieron más, junto a un marquito de calamina labrada con una estampa de un san José de la Montaña, al que siempre le tuvieron especial veneración en la casa. Una vieja polvera de plata, envuelta en papel de seda, con la tapa esmaltada en negro y filigranas en forma de greca, rodeando un ramillete de flores en el centro; el rosario de nácar de su primera comunión, del que perdió el crucifijo; un frasquito sin colonia, de Maderas de Oriente, con un palito dentro y que, cuando destapa alguna vez y cierra los ojos, le evocan a su madre porque, aun vacío, aún exhala cierto aroma… Saca todo ahora con mimo, mientras unas lágrimas resbalan mejilla abajo por primera vez en mucho tiempo.

Es lo único que se llevará de esta casa cuando la obliguen a dejarla y vaya donde vaya, aunque sea a deambular por la ciudad y encontrar refugio en cualquier portal abierto cuando llegue la noche. Es cuanto le queda de su pasado y ocupará poco espacio en las dos bolsas de plástico del supermercado que ya ha preparado con un par de vestidos viejos, una rebeca ajada que clarea en las coderas, una pequeña manta -retal de otra más grande-, y poco más salvo lo puesto. Mira por penúltima vez a través de la ventana desde la que nunca más volverá a ver dentro de unos días lo que ha visto desde que tuvo uso de razón, pero tampoco quiere recordarlo. Sólo piensa que la coqueta, a lo único que ha vivido aferrada su memoria, también se quedará atrás. Abajo hay un hombre de mediana edad, hurgando con un palo en el contenedor.

Los gatos se sabrán buscar la vida como se la buscaban antes de que los recogiera. Seguro que mejor que ella que no tiene a nadie en este mundo, ni familia ni amistades, y que la única visita que ha recibido en muchos años es la de los técnicos municipales que han declarado la ruina del inmueble y la del funcionario que le entregó la carta de desalojo forzoso. Ni siquiera ha aparecido nadie de los servicios sociales para encontrar remedio a su situación. Tampoco ningún vecino de los edificios colindantes. Sabe que tiene fama de huraña y que muchos la tachan de loca por vivir en esas condiciones, y que incluso alguna vez han amenazado con denunciarla por los malos olores que salen de la casa... pero ninguno ha encontrado ni un poco de compasión por ella, ni aunque sea en vísperas de Navidad.

Quisiera morirse porque a nadie le importaría, ni siquiera a ella misma ya. Sólo una escueta nota en el periódico local la descubrirá al mundo, que hoy la ignora, por un día: “Hallada una indigente muerta, de entre 70 y 80 años, en los Jardines del Real. El servicio médico que acudió ante el aviso de un ciudadano que la encontró mientras paseaba a su perro nada pudo hacer por ella y se procedió al levantamiento del cadáver. Creen que su fallecimiento se ha debido a las bajas temperaturas registradas en los últimos días. Se desconoce su identidad. ”…

Y mucha gente, con lástima hipócrita, entre mariscos, turrones y cava, se lamentará por unos segundos de que sucedan estas cosas “en días tan señalados” con un simple “¡pobrecilla!”… y seguirán comiendo como gorrinos en época de engorde, porque a fin de cuentas es Navidad y la noticia quedará en una anécdota que no va con ellos.

Pero para Marta hace años que dejaron de existir las navidades, incluso aunque una noche helada no se la hubiera llevado por delante…

¿Nos seguiremos encogiendo de hombros, con conmiseración pero diciéndonos que no estaba en nuestras manos evitarlo o que no nos incumben esas cosas, mientras despilfarramos tiempo, dinero y vida, celebrando –o utilizando como excusa para celebrar- el nacimiento de un niño que nació pobre entre los pobres?... Qué incoherencia cuando quedan muchas Marta a nuestro alrededor; quizás más cerca de lo que imaginamos.

© P.F.Roldán

cannibale vocale:We wish you a merry Christmas

2 de enero de 2009

la marca de Caín: la envidia

Esta es la historia de un triste pobre hombre, menos digno de lástima que de desprecio. Un pobre don nadie que sólo es lo que es: un funcionario gris al servicio de los que le dan de comer sin mojarse el culo jamás, el muy cobarde, para vivir plácidamente, sin correr el riesgo de que le compliquen la vida por implicarse por lo que es justo, escudándose en que no es su cometido ni de su incumbencia. Que lo suyo es dedicarse a la investigación exclusivamente… ¿de qué! Porque hasta ahora no se le conoce nada en los últimos cinco años, si no es su silencio cuando se han verificado irregularidades hasta por el ciudadano más profano de tan evidentes, porque tragaderas no le faltan si se asegura con eso que no le amarguen el plato de lentejas, como buen estómago agradecido... y aunque sea a costa de no tener dignidad.

Anquilosado tras su mesa de despacho, desprecia altaneramente y de la forma más cainita –porque si mostrara la envidia que le reconcome se descubriría de qué pie cojea- a todos los que destacan en su misma profesión por el solo hecho de que estos han hecho de esa profesión -de la que sólo comparten el título- un medio para investigar, dar conferencias, publicar sus trabajos, pelear por sacar a la luz las verdades que los jerifaltes del otro tapan, manipulan o se pasan por el arco del triunfo.

Se permite decir de uno que es un borracho, un ladrón, un sinvergüenza, un desacreditado socialmente (?)… claro, como que ése es doctor mientras él, y los que como él son, se ha quedado con su licenciatura rascada, haciendo de chupatintas tras opositar después de años de meritorio con sueldo…; te dice de la otra que es una vendida, una lame traseros, una hipócrita a la que todo el mundo conoce (?)… claro, como que esa otra tiene un puesto de gran responsabilidad dentro de la profesión, a la vez que está terminando su tesis doctoral… Tesis de la que ese infeliz envidioso se burla porque esa una lleva algunos años liada con ella, como si investigar fuera algo de hoy para mañana mismo, y menos cuando se compagina con dos trabajos…

Pero él, un hipócrita que debiera callarse porque en boca cerrada no entran moscas, cree que oculta lo que, sin embargo, todos sabemos: que maltrataba física y verbalmente a su ex mujer, a la que le debe haber llegado a donde ha llegado porque sin ella ni eso tendría; que sus hijos, que también sufrieron malos tratos, no lo tragan porque –sin respeto a su madre- lo han visto acaramelado con otras, pero se callan –los niños, niños son- porque a base de regalos, cuatro carantoñas, y dejarles hacer lo que les venga en gana compra su silencio desde hace años… menos el primogénito que, testigo de lo que padecieron su madre y ellos, le planta cara desde que alcanzó la mayoría de edad; que la gente le conoce de sobra, porque aunque presuma de que se codea con todo el mundo de su ámbito, ese “todo el mundo” sabe de sus meteduras de pata profesionales, amén de algún chanchullo de la mano de un compañero poco escrupuloso, o hasta falsificando la rúbrica de su mujer... Todo un firma el caballerete.

Profesionalmente, pues, un cero a la izquierda -con escasos decimales tras la coma, si es que la hay- que ha cometido más desaguisados que algún escaso contado acierto –a quién no le suena alguna vez la flauta y sobre todo si hay quien te arrope-; y humanamente, un acomplejado por desgracias y defectos físicos que, si en otras personas provocarían un alto grado de simpatía, en él, conociéndole, sólo provocan que se piense “el infierno está aquí en la tierra y aún puede dar gracias”.

El típico vanidoso sin fundamento que se las da de sabelotodo y que, en cuanto lo sacas de sus cuatro conocimientos sin reciclar, pone a caldo a cuantos se esfuerzan por avanzar en sus carreras –algunas con prestigio internacional-, sabiendo que a estos los recordará mucha gente el día de mañana por su buen hacer, mientras que él saldrá de este mundo con las piernas por delante sin pena ni gloria, cayendo en el olvido a causa de su trayectoria gris. Pero si, -¡oh, fatalidad!- encima no eres de la profesión, te esgrime despreciativamente el “¡tú que sabrás!”, enfermo de una titulitis que en él queda hasta ridícula por obsoleta, que se puede afirmar sin error que muchos aplicados autodidactas le dan cien vueltas, y alguna más, en cuanto a conocimientos.

Cualquier persona con sus carencias sería, como decía al principio, digna de simpatía o de lástima. Él, con su maldad manifiesta, y aunque trate de taparla -¿a quién engaña?-, no parece que merezca sino lo que tiene. Y es que, como siempre digo, de lo que se siembra se recoge… y él siempre ha odiado intensamente a cuantos han descollado en su entorno. Si se tratara de karma, visto lo visto, aún le quedaría mucho por pagar.

¡Qué desasosiego daría estar en su piel!

© P.F.Roldán

Rubén Blades:Camaleón

31 de diciembre de 2008

año nuevo... ¿vida nueva?

El calendario no deja de ser un gran invento para crear la ilusión de que, con el cambio de año, podremos llenarnos de buenos propósitos y deseos de una vida mejor cuando, dentro de unas horas, suenen las doce campanadas a medianoche.

No está mal que después de 364 días, cada Nochevieja nos incentive para que muchos ansiemos cambios o mejoras; para mandarnos infinidad de mensajes los unos a los otros, incluso a quienes tenemos algo olvidados el resto del año, en los que las palabras prosperidad y felicidad serán las más recurrentes. Resulta hasta casi perfecto que por unas horas rebosemos optimismo y buenas intenciones para todo el mundo; que la gran mayoría nos olvidemos por un rato de las guerras y hambrunas que asolan el planeta; que la crisis global lleva meses haciendo toc toc en nuestra puerta; que no soportamos a la cuñada o al yerno;… Por unas horas todos seremos más buenos, pero no nos llevemos a engaño: no habrá vida nueva por ser Año Nuevo. Tenemos una vida que se hace a sí misma cada día, independientemente de estos días de “amor y paz”, y las heridas de ayer no habrán cicatrizado mañana, y ganaremos sonrisas y otros las perderán. La vida fluye independientemente de los deseos, a su sabio ritmo, ajena a festejos y calendarios.

Mañana será el día festivo de transición –unos dormirán la resaca de esta noche, otros se plantearán objetivos que durarán unos días, tal vez unas semanas…- pero el día 2 de enero será como el 30 de diciembre, porque la vida sigue su curso.

Las buenas intenciones son cosas del día a día; del constante crecimiento personal; de tener un espíritu solidario durante cada día de nuestras vidas; de librar la batalla diaria para construir un mundo mejor…

Pero no dejemos del todo a un lado la tradición de desearnos lo mejor en una noche como ésta y que la buena voluntad sea la reina por un día para muchos.

Así que, desde aquí, Feliz 2009… deseando que alguien lleve a buen término sus propósitos y logre hacer de este mundo un lugar mejor, aunque sólo sea en su entorno y consigo mismo… que ya es mucho.

© P.F.Roldán

Vetusta Morla:Año nuevo

29 de diciembre de 2008

cuando los foros se convierten en letrinas



foro:3. m. Reunión para discutir asuntos de interés actual ante un auditorio que a veces interviene en la discusión.(DRAE)

Hace más de cuatro años que participo en los Foros de la edición digital del diario La Verdad, en la sección Cartagena, cosas de la ciudad, con mis nicks habituales de CTgenero o cruella, que uno no tiene empacho en desvelar su identidad y no agazaparse en anonimatos, como allí he dejado patente en más de una ocasión. Pero en muchos meses ya no escribía ningún post porque esos foros habían perdido su verdadero significado para convertirse desde hace tiempo en un vertedero de insultos y paranoias, fruto de ese mismo anonimato que da un nick a ciertos individuos nacidos sólo para provocar, intoxicar y calumniar, y que en muchas ocasiones no dudan en replicarse a sí mismos con otra identidad cuando no se les contesta para caldear aún más el mal ambiente, llegando a multiplicarse bajo el amparo de múltiples alias para seguir echando leña al fuego, con descalificaciones y manipulaciones interesadas, apaleándonos en nuestra propia casa y, por supuesto, consiguiendo que algunos, ofendidos, les entren al trapo que es lo que pretenden para seguir refocilándose en su basura mental.

Cuando se trata de exponer temas de interés general para la propia ciudad, que para algo la sección se llama como se llama, no han faltado voces foráneas atacando ferozmente a los que hablábamos de las cosas de aquí: de nuestras aspiraciones, carencias en infraestructuras, mala gestión política en inversiones municipales, el sentimiento cartagenerista ante la desidia casi completa y el centralismo feroz del gobierno regional…, convirtiendo los temas abiertos en un lugar en el que nombrar hasta a las madres ante la falta de argumentos para rebatir las opiniones que no eran de su agrado, o para tachar de “rojos” con los adjetivos más peyorativos imaginables a cuantos no estaban ni están de acuerdo con la forma de actuar de la alcaldesa o el presidente regional, ambos del PP, como si querer lo mejor para esta ciudad fuera cosa de siglas o de colores y no de personas.

Hace cosa de un año, más o menos, La Verdad –en un impulso, más pacato que objetivo, de frenar los insultos- creó un diccionario propio de palabras prohibidas, tan surrealista y aberrante que no conseguía nada positivo y por el contrario era risible por patético.
Por ejemplo, se prohibieron –entre otras- las palabras “puta” o “culo”, pero ¿qué pasaba? No se podía escribir palabras que las contuvieran. Así quedaban excluidas otras como diputado, reputar, disputa, ósculo, oráculo, etc… todas por contener en su grafía esos términos prohibidos. Y pronto surgió la picardía: para escribir una de éstas había que recurrir a los guiones que separan las sílabas de ese vocabulario vetado (dipu-tado), siendo de lo más necia, pues, esa solución adoptada por el periódico; y es que, por la misma regla de tres, la gente se seguía insultando intercalando el guión de marras, con lo que no se conseguía el efecto deseado. No era pues extraño leer “ma-ri-co-nes de mier-da””, “tu pu-ta madre”, y otros soeces e inapropiados etcéteras que nada tenían que ver con el objetivo de las discusiones abiertas.

¿Dónde empieza y dónde acaba la libertad de los internautas? Si nunca he sido partidario de censuras sobre las ideas, cuando éstas ya no son opiniones –que se puede disentir, cómo no, pero desde el respeto- sino un flagrante delito contra el honor de la personas en particular y de los ciudadanos en general, sí creo que es plausible un cierto control fiscalizador, que, sin vetarlos de antemano, modere los contenidos de los mensajes para que las respuestas a los asuntos expuestos se atengan a los mismos y no se ofenda grave y gratuitamente a nadie por pensar diferente.

Desde la segunda quincena de este mes, La Verdad, con más cordura, ha aplicado un sistema de registro de nick (que ya existía sólo para los que quisieran usar siempre un mismo seudónimo, sin que nadie lo pudiera suplantar y usarlo malintencionadamente) y un control de las IP para prevenir disuasivamente esos post vejatorios, que muchas veces podrían tener hasta la consideración de delito punible por la ley. Se pueden publicar todos los mensajes como antes, pero previo registro sin excepciones del nick, y asumiendo la responsabilidad de sus contenidos.

Esto ha causado un notable descenso de la participación, pero curiosa y precisamente en el sector de los que escribían de forma denigrante, que imagino que ya saben que no pueden hacerlo con esa impunidad del anonimato desde el que generaban continuos enfrentamientos con difamaciones y calumnias, enredando con embustes e insultos a cajas destempladas y consiguiendo que muchas charlas cambiaran hacia otros derroteros, que nada tenían que ver con el tema propuesto al principio, cargándoselas con toda premeditación.

Pero lo que aún resulta más curioso con este nuevo sistema -que recoge cifras desde que se reabrieron los foros- es comprobar que mientras que el de Cartagena tiene 5.339 temas abiertos con 45.201 mensajes, el foro de Murcia tiene 2.239 temas y sólo 11.762 mensajes. Y una de dos; o las gentes de Murcia ciudad son menos participativas, o los esfuerzos de algunos de allá se concentran en atacar a las de Cartagena; algo que sí hemos podido constatar todos los foreros de aquí en estos años. Los datos hablan por sí solos. ¿O los foreros de una ciudad que nos duplica en población tienen menos cosas que decir sobre ella? O les va excesivamente bien o es totalmente ilógico.

Esos ataques viscerales de algunos contra las cosas de Cartagena, que suponemos que provienen de unos pocos pero que se auto multiplican -como la Hidra de Lerna sus cabezas-, sólo merecen una respuesta quijotesca: “¿Ladran? Eso es señal de que caminamos”. Pero hay por esta ciudad a quien le hierve la sangre y, no pudiéndose contener, se sale de sus casillas y se pone a la misma altura que los otros, que ladinamente dan la vuelta a la tortilla y, haciéndose las víctimas o entre carcajadas despectivas, acusan después de radicalismo a quienes les responden.

Lo obvio es que se puede opinar diferente desde el respeto mutuo y nunca desde el insulto. Ahora, los que insultaban hasta extremos inaceptables, como si los foros fueran la letrina de todos sus complejos, frustraciones y fobias, dejan de escribir... y es que, aunque sepan que pueden seguir haciéndolo como antes, ¿les puede la cobardía porque saben también que lo harán, pero sin la impunidad que tenían antes si ahora se sobrepasaran?

La Verdad ha tenido el acierto de no empezar esta nueva etapa de sus Foros desde cero; así que se puede contrastar el antes y el después al conservar esos cuarenta y cinco mil y pico mensajes. Toda una antología.
http://foros.laverdad.es/cartagena-cosas-ciudad-f23.html

© P.F.Roldán

Astrud:todo nos parece una mierda

25 de diciembre de 2008

un mundo sin fin... paralelismos



Como ya comenté, me sentí bastante reacio en su día a empezar a leer Los Pilares de la Tierra, que acabó atrapándome del todo. Así que, después, no he podido resistirme a su segunda parte, Un mundo sin fin, que ya casi estoy terminando.

Apasionado por la Historia, y salvando la distancia en el tiempo, no he podido dejar de encontrar similitudes entre lo que Follett narra –qué maestría en cuanto a documentarse en absolutamente todos los aspectos sobre una época tan lejana- y lo que comentaba el otro día en la entrada acerca del libro de Iván Negueruela, Desmontando mentiras históricas…. Cómo la ambición de poder de aquellas jerarquías, eclesiástica y nobiliaria, inglesas de los siglos XII y XIII en nada se diferencia de la que aquí se tuvo que vivir en los mismos siglos.

Obispos corruptos y desalmados; priores subyugados por engrandecerse, dominando y sometiendo al pueblo; una aristocracia afianzada en sus prebendas para hacer valer unos derechos contra todo Derecho, y hasta la confrontación dinástica entre los novelescos rey Stephen y reina Maud, son casi un calco de lo que aconteció aquí cuando Sancho IV desposeyó de la corona a su padre Alfonso X.
El enfrentamiento entre el priorato de Kingsbridge, capaz de levantar una hermosa catedral tras la destrucción de la antigua, y el condado de Shiring; el obispo del priorato residiendo en el condado que, careciendo de Catedral, se plantea una y otra vez construirse una, o arrebatar a Kingsbridge sus fuentes de ingresos,… Ambiciones desmedidas que en nada se tuvieron que diferenciar del sempiterno, hoy por hoy, Murcia versus Cartagena que parece perpetuarse, aunque los usos y costumbres, y hasta la forma de hacer política, hayan cambiado con el paso de los siglos… pero uno no deja de preguntarse si, aunque hayan cambiado algunas de las formas que Ken Follett novela, el fondo no sigue siendo el mismo en pleno siglo XXI.

La historia, con las salvedades lógicas de tiempo y espacio y excluyendo a los personajes que se mueven en primer plano en ambas novelas, es tan similar que tal vez se podría extrapolar tan sólo con un cambio del nombre de los otros protagonistas –llamémosles secundarios, aunque tengan su peso- haciendo de la ficción un retrato de lo que tuvo que ser y sigue siendo la realidad.

Pleitos entre los Concejos de Murcia y Cartagena por los derechos de pesca en el Mar Menor; el litigio entre ambos por la posesión de Campo Nubla; el traslado del obispo a una ciudad sin diócesis nunca y sin catedral entonces… y que teniéndola después, sigue siendo la catedral de Cartagena, aunque esté allí el edificio, como un deán de la misma, Josef Escrich, reconoce en un documento del Archivo del episcopado cuando se compran unas campanas para la torre en 1815, declarándose Pro. (presbítero) Lectoral de la Sta. Yga (Iglesia). Catedral de Cartagena, sita en esta capital (de Murcia), pese a la falacia de los políticos de nuevo cuño y sin que la jerarquía diocesana los haya contradicho por vaya usted a saber qué motivos, aunque son presumibles: poder y dinero, para denominarla catedral de Murcia. ¿Cómo puede tener Catedral una lugar sin ser Diócesis de un Obispado?

Follett, en Los Pilares de la tierra y en Un mundo sin fin, de forma novelada, nos acerca a la realidad que hoy ya conocemos gracias al libro de Negueruela, Murcia por una mitra. Y uno se da cuenta como, en el trasfondo, qué poco se diferencian en muchas cosas ficción y realidad. Salvo en una cosa. Mientras que los habitantes de Kingsbridge alzaron murallas para frenar las pretensiones de Shiring, a los cartageneros se nos ha ido siempre la fuerza por la boca para que se nos devuelva lo que es nuestro… y las palabras se las lleva el viento.

Ahora que por fin conocemos la indiscutible verdad ¿no irá siendo ya hora de que esta ciudad entre en acción contra los usurpadores y ante las instancias que sean? ¿Dónde están las agallas que Cartagena siempre tuvo para defender sus Derechos a lo largo de los siglos? ¿Si no las tenemos ni para restaurar nuestra Catedral, como los personajes de Ken Follet, las tendremos para exigir que se nos devuelva lo que es nuestro, desde el regreso del Obispo a la restauración de la Provincia?

La Historia de Cartagena no es una novela basada en la ficción, sino una sangrante realidad de siglos, en los que se nos ha escarnecido, humillado y robado, y sólo nosotros, los cartageneros de a pie, podemos cambiar nuestro futuro. De los políticos -sean del signo y color que sean- ya conocemos sus buenas razones, pero la nulidad de sus obras.

¡Despierta, Cartagena, por lo que es tuyo!

© P.F.Roldán

Manu Chao & Inti Illimani:El Pueblo Unido

24 de diciembre de 2008

Feliz Navidad



Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad

Vivaldi:Gloria in excelsis Deo

23 de diciembre de 2008

desmantelando mentiras históricas (e histéricas)




Ayer noche estuve en la presentación del libro Murcia por una mitra, del doctor en Historia y ex director del Museo Nacional de Arqueología Submarina, que él consiguió para esta ciudad –cesado del puesto por una estulta ministra de Cultura-, Iván Negueruela, que ha editado Áglaya.

Llenazo de aforo y es que no era para menos. Si bien fuimos atraídos por el contenido del libro, algunos, además, porque gozamos de la amistad de Iván; pero lo cierto es que no se trataba tanto de arroparlo a él, que no lo necesita para nada pues méritos propios no le faltan, como por la rigurosidad documental con la que escribe siempre sobre la Historia de Cartagena, devolviéndonos mucha de la dignidad que nos han quitado los cuentacuentos al servicio del poder de la oligarquía capitalina murciana. Los cartageneros conocemos nuestra Historia, pero siempre se nos han escamoteado los documentos que hablan de ella. Y ha tenido que venir a afincarse entre nosotros un vallisoletano como Iván – hoy más cartagenerista que muchos cartageneros- para que se vaya haciendo la luz con su incansable trabajo -en este caso hasta en el Archivo vaticano- para desenmascarar las mentiras de la Historia oficialista murciana que durante siglos, aún hoy, tanto han perjudicado sin medida a esta ciudad.

Durante esos siglos, y arreciando sus despropósitos en estas tres últimas décadas los seudo historiadores “regionalistas”, que viven a la sombra de los políticos “murcianizantes” -me río yo de la tan criticada en Murcia inmersión “catalanizante” si las comparo y veo los antecedentes históricos, aunque aborrezca ambas por excluyentes-, mantuvieron la tesis de que en la época musulmana Cartagena sólo había sido “una aldea de pescadores”, y a nuestra Edad Media la dieron por llamar “la Edad Oscura” (“repite una mentira mil veces y acabará convirtiéndose en verdad”), algo inconcebible en uno de los puertos más importantes del Mediterráneo y de una ciudad que había sido capital de la Hispania cartaginesa, de la Carthaginense romana y de la provincia occidental del Imperio bizantino. Que los visigodos, Suintila a la cabeza, nos asolaran y nos robaran la mitra metropolitana a favor de Toledo, capital de su reino, no significaba que esta ciudad hubiera desaparecido del mapa en los siglos subsiguientes. Iván, tras un arduo estudio del Castillo de la Concepción –siempre datado como cristiano tras la Reconquista-, nos regaló un libro impagable: Qartayanna al-Halfa (propuestas sobre la Alcazaba y su pasado musulmán). Con él, y habiendo bebido de las fuentes islámicas de esa época (Al-Idrisí, Abd-Allah (último rey zirí de Granada), la Crónica del moro Rasis, …), además de en los posteriores estudios contemporáneos (Munuera, Pocklington, Ramallo, Torres Fontes,…), desmontaba esa falacia de la “aldea” para concluir que un lugar con tales defensas, tuvo que albergar una madina o gran ciudad mora, con su cadí (como lo fue el padre del poeta musulmán cartagenero Hazim al-Qartayanní, que de eso éste mismo dejó constancia).

Con Murcia por una mitra -que me recuerda aquello de “París bien vale una misa” de Enrique IV, que no tuvo empacho en abjurar de su protestantismo para ocupar el trono francés- Negueruela nos demuestra la falta de escrúpulos e inmoralidad de quien detenta el poder para llegar hasta falsificar la Historia, empezando por sus documentos, como hicieran el rey Sancho IV y el obispo Diego Magaz en 1291, con una falsa bula papal del pontífice Nicolás IV, para obrar a su antojo y aunque conculque hasta hoy mismo el Derecho Canónico que obliga a los obispos a residir en su Silla episcopal.

Algunos se dirán que qué más da que un obispo resida aquí o allá, pero no es ese el trasfondo real, sino las consecuencias: la codicia de quienes en más de 700 años siguen manteniendo la mentira para continuar gobernando, robándole sus derechos a quienes les corresponden. Y es que si la tal bula nunca autorizó el traslado, no es menos cierto que la presencia del obispo en Murcia le daba a ésta una primacía sobre Cartagena a nivel político y económico que hasta el día de hoy sigue vigente, y a pesar de que la Diócesis nunca cambiara su nombre, siendo siempre la Carthaginensis in Hispania. No hay que olvidar el poder que la Iglesia ejercía y su influencia en la res pública. Así, Cartagena dejó de percibir los diezmos que le correspondían, empobreciéndola, y que empezaron a beneficiar a Murcia, y con ello se vio abocada a un segundo plano, como una Cenicienta pisoteada por su madrastra, cuando en realidad esta ciudad episcopal ostenta el título de Cartaginesis Almae Eclesiae, como reza el lema diocesano en el escudo de su restauración en 1250.

La residencia permanente del obispo en Murcia nos ha robado todos los derechos históricos desde el siglo XIII. Sólo un amago de liberación de ese yugo nos vino cuando Isabel la Católica, en 1504, hizo a Cartagena Ciudad de Realengo, dependiente sólo de la Corona de Castilla, permutándoles el Señorío de la ciudad a los Adelantados murcianos del Reino, los Fajardo-Chacón, por el marquesado de los Vélez… Pero el obispo no regresó, lo que no invirtió los papeles otra vez a su estado natural, y así Murcia presume hoy de un patrimonio religioso que no es suyo, sino de la Diócesis cartagenera, y que ha tenido consecuencias nefastas para esta ciudad, tanto patrimonial como políticamente. Desde el desprecio del ministro murciano conde de Floridablanca rechazando que los diputados provinciales cartageneros acudieran a las cortes de Cádiz de 1812 –porque Cartagena fue constituida provincia en 1799 por Carlos IV-, la posterior promulgación de la provincia de Murcia, en 1833, por el ministro de Fernando VII Javier de Burgos, y hasta la declaración de la Comunidad Autonómica de la Región de Murcia, en el actual Estado de las Autonomías. Y es que tener viviendo entre ellos al obispo, aunque no les corresponda ni les pertenezca, les confiere un estatus superior, aunque sea usurpado a sus legítimos dueños.

Sin embargo, y aunque la ciudad de Murcia ostente la capitalidad regional “contra natura” por no decir contra el sentido común, la Asamblea Regional estatutariamente se ubicó en Cartagena, porque los políticos murcianos que solicitaron la pre-autonomía en 1978 lo hicieron basándose en la Historia de Cartagena y en la importancia secular de nuestro Puerto (ver el Real Decreto-Ley 30/1978 publicado por la Jefatura del Estado en BOE n. 242 de 10/10/1978), tal y como la Constitución ordenaba en sus artículos 143 y 147, en cuyo artículo 2º, apartado a. dice que la Comunidad deberá contener en su Estatuto la denominación que mejor corresponda a su identidad histórica, y esa identidad la daba Cartagena y su pasado casi trimilenario y no una ciudad de Murcia fundada en el siglo IX.

Así pues, seguimos viendo como pese a pedir la autonomía sobre la base de la Historia cartagenera, se sigue incumpliendo -por la ambición de una oligarquía metida en política- hasta la Ley de Leyes, la Constitución, robándonos hasta el legitimo nombre regional.

Si ha colado durante ocho siglos la mentira sobre el verdadero motivo del traslado del Obispo a Murcia, por qué no van a seguir conculcando las leyes hasta el punto de reducir el nombre de la región, a Región de Murcia, haciendo que se confunda la parte (la ciudad) con el todo (la Comunidad Autónoma) llamando a todo lo regional “murciano”.

Y lo malo es que cuando les demuestras con rigor documental la verdad, pasan de la falacia histórica que se han inventado a la actitud histérica del insulto y la descalificación. Han repetido tantas veces sus mentiras que para ellos son ya la única verdad. Pero hay que darle las gracias a Iván por darnos argumentos -tan pulcra, exhaustiva y eficientemente documentados- que ninguna patraña puede desmentir… pese a esas histerias.

© P.F.Roldán

Tomás Luis de Victoria:Tenebrae Factae Sunt

cuando uno se siente gris...


Hoy ha sido un día extrañamente triste. No había ningún motivo aparente para levantarse con el pie izquierdo, al menos de manera consciente, pero así ha sido por más que me he empeñado en buscar y encontrar un porqué sin conseguirlo.

Me he negado a pensar que es a causa de las fechas en las que estamos, ante la inminente Navidad, que siempre –aunque rechacemos de plano las sensiblerías- nos pueden jugar la mala pasada de pasar por nuestra cabeza, como una fugaz a la vez que intensa película, todo lo que añoramos en lo más recóndito de nuestro interior.

Me he negado a pensar en eso porque no soy de los que se detienen en tiempos pasados, que nunca fueron ni serán mejores o peores que éste, porque cada día es nuevo y lo hace todo distinto aunque pueda parecer una continuidad de ayer y de anteayer…; me he negado porque aquellos a quienes quise y están muertos siguen vivos en mi corazón; porque los vivos que enterré, desterrándolos de ese mismo corazón, están muertos en mi olvido.

He salido a primera hora a tomar unas fotos y a comprar tabaco –que inconstante o necio me vuelvo para dejar de una vez la nicotina, por mucho que haga el propósito y aunque sepa que me acabará haciendo daño-; he vuelto después a salir simplemente a pasear un rato, a ver si este tonto nubarrón se alejaba tal y como ha venido, y casi por todas partes llegaban las voces de los niños de san Idelfonso cantando las últimas bolas del sorteo de lotería navideño, desbaratando a la vez las ilusiones de quienes tenían puestas sus esperanzas en unos números para paliar sus maltrechas economías; he regresado a casa sin apetito –mi cuerpo está algo anárquico estos días con los horarios de comidas y las horas de sueño- y me he dedicado a esas tareas domésticas que siempre se aplazan –el polvo sobre los innumerable libros, ese suéter de lana que hay que lavar a mano, los altillos de los armarios…-; he comido casi a las 6 de la tarde, y ya me he puesto a contestar correos, aunque no he mandado ninguna felicitación de prósperos años nuevos a nadie… No estaba de humor, y además cuanto más lo pienso más absurdo me parece. ¿En qué se diferencia un 3 de enero de un 29 de diciembre aunque tengamos que comprar agenda o calendario nuevos? La prosperidad se la labra uno a diario, no viene sola porque cambien los dígitos del año y a la gente que quieres le deseas lo mejor cada día.

Y de repente entras tú en el messenger y he aparcado esto. También estabas triste y, sin embargo, a los diez minutos ya estábamos a carcajadas entre iconos… Qué sana es la risa, y sobre todo entre amigos que dejan que se disparaten las lenguas y los dedos en el teclado. Todavía estoy riéndome…

Ahora, después de cerrar la ventana de conversación, no sé cómo estarás. Espero que bien. Yo pensando que sólo ha sido un día bobo sin más y que no pasa nada por no estar exultante, ni siquiera medianamente contento. Que, como comentábamos, es bueno bajar un poco de vez en cuando para valorar el estar más arriba y que darle vueltas a las cosas sólo lleva a enredarse más y más, sobre todo cuando son jugarretas del subconsciente y no está en nuestras manos ni entendederas ponerles solución, porque no son reales en sí mismas. Que la melancolía, la tristeza, la nostalgia… también son estados naturales en cada ser humano y que lo único importante es no quedarse estancado en ellas.

Sólo ha sido un día nublado dentro de uno mismo y, sabiendo que mañana volverá a salir el sol, confiar en que sea el pie derecho el primero en salir de la cama… y que nuestras neuronas no se dejen arrastrar a nuevas pesadumbres sin sentido cuando hay tanto por hacer más positivo que tratar de batallar con todos esos instantes grises que, sin fundamento, no conducen a ninguna parte.

© P.F.Roldán

Facto Delafé y Las Flores Azules:La luz de la mañana

22 de diciembre de 2008

el pico esquina


En Cartagena a las esquinas no se las llama tales, sino un pico esquina. Así, cuando se cita alguien lo hace en tal o cual pico esquina, y en la mayoría de las ocasiones ni siquiera se nombra la calle sino el nombre del edificio, organismo o comercio que haya en ella. Por eso, es habitual oír por acá “nos vemos en el pico esquina de Hacienda, o en el de Correos”.

Es la nuestra un habla peculiar, llena de modismos locales, que nuestro admirado Isidoro Valverde, y para muchos querido y apreciado amigo, dejó plasmada en uno de sus libros, “Cartagena entrañable”, –uno de los muchos que escribió, pues fue literato incansable y apasionado sobre “nuestras cosas”, además de coronel jurídico de la Armada y Cronista de la Ciudad-. http://www.comarcacartagena.com/el%20habla%20de%20cartagena.htm
(En esta web podéis encontrar muchas de esas palabras en un extracto del libro citado.)

Un pico esquina como el del Taibilla (edificio de la Mancomunidad de los Canales del Taibilla, en la confluencia de las calles Mayor y Cañón con la plaza del Ayuntamiento) es de merecida mención pues por aquí discurren, o pueden verse, todos los eventos más populares de Cartagena: los pregones desde el balcón principal del Palacio Consistorial, las procesiones de Semana Santa (esquina privilegiada para verlas girar por la calle del Aire y bajar, con una perspectiva magnífica, la rectilínea cuesta del Cañón), los desfiles de Carnaval, de las tropas y legiones de las fiestas de Cartagineses y Romanos, la cabalgata de Reyes, los pasacalles de los domingos de cuaresma de granaderos y “judíos” de las Cofradías “semanasanteras”, la salida de las ofrendas florales a La Caridad, el viernes de Dolores, o cualquier otro acontecimiento callejero de envergadura como fue hace unos meses, por ejemplo, La perle, de Les Plasticiens Volants, siendo como es la calle Mayor paso obligado en los itinerarios.

Pero si hubo una cabalgata entrañable y secular, y suprimida hace poco más de década y media, fue las de La quema de Judas, acto que se celebraba en la noche del Domingo de Resurrección y en el que se quemaba la figura de cartón de Judas para poner fin a la Cuaresma y a la Semana Santa. Dicha figura cerraba el desfile de siete magníficas carrozas que representaban los siete pecados capitales, que junto a los gigantes y cabezudos portadores de bengalas multicolores, desfilaban por la ciudad hasta la plaza de los Héroes de Cavite, en el Puerto, donde se quemaba “al” Judas mientras se disparaba un castillo de fuegos artificiales.

El evento resistió las dos primeras décadas de la dictadura franquista, pese a su carácter profano y carnavalero en una España que había visto prohibidas muchas de estas celebraciones, como los Carnavales. Y también, finalmente, eso ocurrió a fines de los cincuenta con la Quema, que al final fue suprimida sin que volviera a recuperarse el desfile hasta 1989, y sólo por tres años. En 1992 dejó de salir a la calle definitivamente.

Tuve la suerte y la desgracia –tener cierta edad nos da estas cosas- de verla cuando ya daba sus coletazos antes de su supresión, de la que se dice que tuvieron que ver en ella los procesionistas de cierta prosapia y afines al Régimen que veían con malos ojos que la Semana Santa tuviera como colofón un acto que consideraban grotesco y poco acorde con las procesiones, pero que, para el pueblo que salía masivamente a la calle a contemplarlo, era motivo de fiesta grande en una ciudad entonces plagada de sotanas y la parafernalia de viáticos por las calles, y uniformes que paralizaban a todos los ciudadanos a cada izada y arriada de la bandera en sus cuarteles, y con muy pocas diversiones.

Tengo grabada en esa parte más atávica de la memoria que nos evoca recuerdos de la infancia más remota cómo me asustaban los gigantes y cabezudos, especialmente estos con aquellas enormes cocorotas de cartón piedra de semblantes que me parecían terroríficos, y sobre todo, llorando a moco tendido en brazos de mi padre -yo solo tenía 4 años-, el espectáculo pirotécnico final en el que las cañas y carcasas de los cohetes caían indiscriminadamente, a cada explosión, sobre el público que abarrotaba la plaza del Ayuntamiento si la brisa soplaba de lebeche.

Pesaombre, maica, gumia, falluto, chuchurrío, gilillero, abonico, icue,… Vocabulario que conforma parte de la identidad cartagenera, entre otras muchas cosas, como aquellas fiestas que nos escatimaron un día pero que permanecen en la memoria colectiva de muchos: la Quema del Judas; la Feria de Cartagena en el muelle, los diez días entre el Carmen y Santiago, que eran las fiestas de la ciudad, con las batallas de Flores o la Velada Marítima (desfile náutico de carrozas sobre barcazas por la bahía, la noche del 25 de julio); los Juegos Carthaginenses de atletismo; los Caballitos, con su noria, carrusel, coches de choque, el tren de la bruja, los tiros al blanco…

Muchas historias, anécdotas y recuerdos de esta trimilenaria Cartagena; pero un día quedamos en el pico esquina del bar Sol, qué sabrosos sus asiáticos, o en el de La Viña, mientras bebemos unas láguenas o unos reparos, y te las cuento.

© P.F.Roldán

Cartagena (Viernes Santo 1927): Marcha - Nuestro Padre Jesús

18 de diciembre de 2008

"no estás deprimido, estás distraído..."


Guardo un recorte de prensa de El País (28.07.1992), sobre un informe de la UE, desde Bruselas, -y del que copio tres párrafos más abajo- en el que se dice que la depresión afectaba ya entonces a varios millones de europeos.
Dieciséis años y medio después no sólo me parece de absoluta vigencia, sino que, además, el deterioro de las relaciones personales, que se subestimaba en aquel tiempo para diagnosticar muchos casos de depresión –según dicho artículo-, ha ido a más, agravándose las consecuencias, y habiendo aparecido otros factores en estos años que también son causa de una enfermedad que nos negamos a reconocer la mayoría de las veces como tal. Y es que para muchos aún sigue siendo un tabú lo de ir al psicólogo o al psiquiatra, y hasta se oye aquello de “oye, que yo no estoy loco…”

“El campo relacional, que se define como el conjunto de intercambios que un sujeto mantiene con el exterior, concierne no sólo a las personas más cercanas, sino también a los objetos y los “códigos” de la vida social tales como la comunicación (…) En la depresión, el repliegue sobre sí mismo es un signo bien conocido de la enfermedad. La inapetencia por las relaciones que le sucede, se traduce por un desinterés global por las personas, por los focos de interés habitual y por la vida social.”
“La inapetencia relacional hacia los seres humanos se traduce por tristeza, irritabilidad y disminución de la actividad sexual. La fatiga, el enlentecimiento físico y psíquico reflejan las dificultades que tiene el deprimido para establecer una relación con su entorno (…) El paciente se vuelve incapaz de manejar los instrumentos indispensables para el intercambio: el lenguaje, por ejemplo. Deja de comer –o lo hace de forma anárquica-, pierde el sueño –o duerme demasiado- y deja de atenderse a sí mismo en los cuidados cotidianos.”
“El desarrollo de los grandes centros urbanos, que ha hecho desaparecer figuras fundamentales para la comunicación, así como la disgregación familiar y la distensión de la red social, son en parte responsables del aumento de la frecuencia de las depresiones. Los expertos se preguntan, por ello, acerca del papel que está jugando el aislamiento en la génesis de la depresión.”


A punto de comenzar el 2009, se han empobrecido más no sólo las relaciones personales, algo que sigue siendo clave en los estados depresivos, incluso con el trato de los más allegados a quienes los padecen -porque, desde fuera, muchos ven a los deprimidos como hipocondríacos, enfermos imaginarios que simplemente se han dejado caer en la desidia, inventándose males que no conciben los “biempensantes”-, sino que la sociedad ha cambiado sus valores para mal haciendo del “tanto tienes, tanto vales” el lema a seguir aborregadamente. Porque si eso viene ya de lejos, nunca como ahora se hace más patente inmersos como estamos en una voraz sociedad de consumo. Y si a las personas más próximas les resulta muy difícil comprender a menudo esta incapacidad que tiene el deprimido para interesarse por algo en particular y esta incomprensión no hace más que potenciar el aislamiento del enfermo, será éste quien deba remediarlo.


Hoy la mayoría de gente ya no trabaja para vivir, sino que vive para trabajar. Nos aterrorizan la muerte, la soledad, la pobreza, la pérdida de seres amados... Si tienes menos que el vecino eso es causa de frustraciones. De cada vez se cree menos en principios como la fidelidad o la lealtad, y todo vale si es para autosatisfacernos, pasando por encima de quien sea, aunque se haga daño. En los trabajos se acosa cada día más y de diversas maneras, sea para aumentar la productividad que enriquece sólo a unos pocos, sea para quitarse de encima a quienes levantan un poco la voz cuando se sienten avasallados o explotados... Y se huye, como si de apestados se tratara, de aquellos que tienen problemas de cualquier índole, sumiéndoles aún más en la tristeza al no poder confiarse a nadie, porque es más cómodo ignorar que escuchar y echar un capote aunque sólo sea con una parte de nuestro tiempo que tanto desperdiciamos en estupideces. La sociedad, generalizando pero en gran medida, se ha vuelto sumamente egoísta.

Pero nada es irresoluble. Si resulta recomendable ir a un especialista a que diagnostique, no lo es tanto que la solución nos venga dada en forma de cápsulas o grageas; de largos tratamientos que enmascaran los síntomas con euforias efímeras pero no van a la raíz del problema, convirtiendo a muchos en dependientes de sustancias farmacológicas para sentirse mejor.

El remedio está dentro de nosotros mismos una vez conocido el origen de esa melancolía que parece quitarle sentido a todo. Está en aprender a quererse, asumirse, valorarse, recuperar la autoestima… y parece fácil decirlo, pero lo que es fácil es hacerlo si sabemos cómo y, ante todo, queremos salir del pozo. Y lo principal es empezar por dejarse de mirar el ombligo y ver todo lo que nos rodea, porque hay más bueno que malo en torno nuestro, pero la depresión genera una ceguera llena de autocompasión que nos disculpa de nuestra apatía y de un victimismo que culpa a los demás, al exterior…

He encontrado en Youtube un poema del cantautor Facundo Cabral que lo expresa muy bien y no es un placebo. Os lo incluyo –en su voz- en el enlace de abajo. Es sólo la manera más eficaz de combatir esos estados que nos anulan hasta extremos lamentables. Sólo se requiere que el deprimido quiera verdadera y contundentemente salir de su depresión en vez de abandonarse a ella porque le sea más sencillo no hacer nada por sí mismo, esperando un santo advenimiento que le sane, pero que, dadas las actuales reglas del juego social, no llegará casi nunca, por no decir nunca.

A mí me sirvió salir de la espiral hace algunos años y ni conocía esos versos, que cuánto me habrían hecho recapacitar en el principio de lo que solucioné por pura intuición, cuando estaba llegando a extremos que parecían irreversibles. Dentro, en el centro de esa espiral se estaba aparentemente tranquilo, aunque fatal en realidad. Pero era mi espiral y, por tanto, desde dentro sólo yo tenía el camino de salida.

Y qué alegría ver la luz de nuevo…

© P.F.Roldán

Facundo Cabral:No estas deprimido estas distraído

16 de diciembre de 2008

entre azules, despierto está el olvido


Bajo el cielo, sobre la tierra, voces muy lejanas que cruzan laberínticos espacios; miradas que, sin verse, se tropiezan. Vuestro silencio más locuaz que todas las palabras contenidas en un diccionario. Susurros de la mar en calma; olas que acarician la arena, la huella de vuestros pies en ella. Coge tu mano. La entrelazas con la suya. El vello que se eriza. Sobre su hombro reposas tu cabeza. Noche estrellada, llueven veloces las perseidas. Un gemido apenas contenido. Cierras los ojos. Buscas sus labios con los tuyos. Los besas. Te desea. Le deseas…


Te despiertas. Ya amanece. Notas una humedad viscosa sobre tu vientre. Aún desconcertado, no atinas a desperezarte. Incómodo, los párpados todavía entumecidos y cegados por la luz del alba y el azul violáceo de la paredes. Oyes la sirena de los astilleros. Algo te hiere. Es esa consciencia de haberle soñado y saberlo ausente. Te adelantaste a los dos relojes. Suenan ahora las alarmas. Las apagas. Son las siete. Necesitas ducharte y tu habitual café con leche, pero, pese a todo, algo te retiene. Ni ese humor que ahora, frío, se licua en tu pubis, ni el zureo de las palomas que cada mañana se atreven a invadir tu pequeño jardín, te impelen a saltar de la cama. Permaneces inerte.

Quisieras cerrar de nuevo los ojos. Retomar el sueño. Volver a tenerle. Azul es todo lo que te envuelve. De azul ultramar las sábanas; las flores del plumbago, que ves tras los cristales, de azul celeste. Le intentas pensar en el gris azulado de sus ojos. Casi consigues entreverle… pero el sueño no regresa por más que te empeñes. Sin quererlo, desistes, pero continúas sin moverte. Las siete y veinte.

A cada minuto se desvanece la irreal alegría soñada. Se hace más cierta la lejanía de su piel hecha ilusoria verdad entre tus manos ahora vacías. Ya adivinas que arrastrarás todo el día la melancolía de haber tenido lo que no tienes. El deseo que, sin haber sido, es tan patente como ese primer rayo de sol que, a través del ventanal, te acaricia en este instante la frente.

Y despiertas del todo al fin. Y, como cada mañana, abandonas la inmensa cama, balsa de náufrago a su suerte en estas largas noches sin su compañía.

El temporizador habrá encendido la calefacción del baño. Afeitarte. Una ducha tibia. El desayuno con tostadas –hoy no sabes si mermelada o con sal y aceite-, un vaso de zumo y café caliente. Camisa blanca; traje azul marino… te vestirás pausadamente. Mientras, como cada día desde hace tres meses, te pondrás a pensar cuándo o cómo fue que os hicisteis daño –“todavía te amo”- para que se alejara de ti –“todo te lo di”- con esa inexplicable indiferencia que, aunque ya no te duele, despierta al olvido cada mañana y no te impide que, entre infinitos azules, cada noche le sueñes…

© P.F.Roldán

Luis Eduardo Aute:De alguna manera

13 de diciembre de 2008

versos de la espera


Te quiero,
siento que te quiero,
y callo para no perderte
y finjo y fingiré,
-hasta que aprendas a amarme-
que no siento lo que siento

Te espero,
sabiendo que no quisieras que te esperara
aunque sin querer lo esperas,
-tan grande es tu duda,
tan enorme tu desconcierto-
para hacerme tuyo,
sin que sepas que ya te siento mío,
porque ya te llevo dentro,
yo, guardián de tus secretos,
cómplice de tus anhelos,
–tú, inalcanzable cielo hoy
al que tiendo mis manos
mientras raudo entras en mi vida–,
descifrando tus recónditos misterios.

Y ya te quiero,
sí, te quiero,
y no supliques que renuncie
porque no me arrepiento,
aunque, sin huir, huyas,
cada día, cada noche,
noqueado por lo inesperado
del sosiego que te ofrezco.
Y, queriéndote, no me duele
la inexistente herida que abriría
el contradictorio vaivén de tus deseos
que sólo habita en tus temores.
Temor que yo no siento.

Y sé que me querrás,
aunque creas hoy difícil quererme,
-qué tópicos los prejuicios,
qué lógicos los miedos-
y que todo es cuestión de tiempo,
sólo tiempo,
para vencer las paradojas,
que como coraza llevas dentro,
para reconocer que hay en mí
la paz que hasta ahora te faltó
y que añoras desde siempre
en el mundo de tus sueños.

Dame tus manos, pues,
para que lea en ellas nuestro destino;
dame tus labios
para poner en ellos el futuro...
pero no hay prisa, amor,
-desde el silencio aguardo-
para que la incertidumbre que aún sientes
por ser yo quien soy
-quien nunca fue esperado-,
se desvanezca en el olvido,
mientras encuentras el camino
que te lleva hasta mis brazos,
a tu país de las hadas,
a tu futuro soñado.

© P.F.Roldán

Jorge Drexler:La Edad del Cielo

11 de diciembre de 2008

mi obsesión por la lectura


Tendría alrededor de diez años cuando mis padres empezaron a esconder libros que no consideraban apropiados para mi edad. Devoraba todo, absolutamente todo lo que caía en mis manos y creo que la culpa la tuvieron en el colegio porque a los nueve años, en el curso de ingreso a bachillerato, ya se nos daba a leer El Quijote. Cada día un capítulo. Aquello, a mí personalmente, me marcó para no dejar ya de amar la lectura.

Me aficioné a leer a cualquier hora. Prefería los libros a los indios y vaqueros de plástico o al tren eléctrico, que me traían los Reyes desde la juguetería San Miguel, Y tanta fue mi obsesión por coger todo lo que estaba a mi alcance, que hasta mi madre, alarmada y sin saber qué hacer porque por aquella época mi padre estaba o embarcado o destinado en la Escuela Naval, de Marín, la preocupada mujer no encontró otro “remedio” que llevarme al psiquiatra porque yo era, para ella, “raro”. Dí negativo a su pesar, madre atribulada.

A veces ni entendía lo que leía, porque lo mismo me cogía a Bertrand Russell, qué humorada a esos años, que a Bernanos. Lo que fuera. De hecho recuerdo que releí, de la colección de premios Nobel, La Risa, el ensayo de Bergson. No tenía aún mucha capacidad de comprensión pero captaba ideas y me gustaba pensar, mientras mis amigos se pasaban las horas en la calle, a la que bajaba muy poco y casi obligado porque no les parecía muy sano aquella filia mía, que hasta los periódicos no se salvaban…

El día que me cogieron leyendo Los cipreses creen en Dios, el primer tocho de la trilogía de Gironella sobre la República, la Guerra Civil y las posguerra casi les da un ataque e hicieron una purga de la biblioteca de mi padre, guardando bajo llave otros libros como el Decamerón, el teatro de Shakespeare, Las mil y una noches… que yo aprovechaba en sus descuidos para sacar y volver a guardar… Iba ya por los trece años y como si apenas podía leer en casa, me pasaba a veces por la de mi abuelo, menos pacato que mis padres y gran lector. Fue cuando empecé a escribir los primeros poemas, que hoy releo y casi no salvo ni tres de lo cursis que eran.

Y cumplí catorce y pedí por Reyes libros, que lógicamente no me compraron, encontrándome en su lugar un Scalestrix al que no hice caso nada más que aquel día y por no hacerles el feo. Mi abuelo, que me regalaba dinero, me aconsejaba libros y yo me iba a Escarabajal o a la desaparecida Isaac Peral, ambas en la calle Mayor, y lo que diera de sí aquel aguinaldo volvía en forma de libros que dejaba en su casa ante el temor de que en la de mis padres fueran a parar con los otros, bajo siete candados. Y por otro lado era un contrasentido por su parte, porque mis padres eran buenos lectores, pero me da que no creían que fuera lo apropiado para aquella edad mía, en la que se suponía que tenía que salir en pandilla, jugar y triscar, algo que sólo consiguieron del todo cuando me compraron mi primera bicicleta… Lo que no imaginaban es que yo me iba con ella al faro de la Curra a leer, porque disimulaba preparando cebos y llevándome la caña de pescar.

Así creció mi afición por la lectura y ya no la he abandonado nunca en los últimos 46 años. Creo tener una mediana y aceptable biblioteca que aún sigue creciendo cada vez que puedo permitirme comprar un libro, porque están por las nubes y casi, aunque sea con retraso, me espero a que impriman las ediciones de bolsillo mucho más baratas; o son bienvenidos como regalo de cumpleaños o Navidad. El caso es leer, pero no a tontas y a locas como en aquellas edades en las que cualquier libro me resultaba atractivo. El tiempo te hace más selectivo, aunque sigo devorando desde los clásicos a las últimas novedades –siempre que éstas no sean fruto de pura mercadotecnia, porque hoy tratan de colarte hasta lo más infumable con una buena promoción que comienza, incluso, antes de que el libro llegue a las tiendas-.

Y como apunte -al hilo o al margen, como se prefiera-. Al recordar antes el ensayo de Henri Bergson, el de La risa, me ha venido a la cabeza todo lo que me río últimamente desde que conversamos… y me vuelve a asomar ahora otra vez releyéndonos porque no es un tópico decir que me parto hablando contigo, y con la tuya. Sobre todo porque el verdadero sentido del humor es el que empieza por la capacidad de saber reírse primero de uno mismo. Que quien se ríe, pero no acepta una broma o un comentario ácido cuando nos las “ponen a huevo”, no se ríe de verdad; sólo se burla de los demás y se ofende por alusiones que sólo son producto de su soberbia.

Tenemos que hablar de tantas cosas y hay tanto tiempo por delante… Poco a poco irán saliendo esas afinidades literarias, o no –que es muy sano no ser tan almas gemelas ¡qué aburrido no poder debatir, comentar y opinar!-, como ya vamos descubriendo la música que nos gusta y que en ocasiones compartimos, o tal vez en otras sea que no. Nunca hay nada preestablecido para esto y enriquece aportarse pareceres. Tampoco hay prisa. El tiempo va descubriendo a su ritmo y mientras tanto la risa nos acerca tanto, o más, como saber cuál es nuestro escritor predilecto.

¿No te partes con la corrosividad de Mafalda y compañía? Jajaja Intuyo que sí. Es parte de nuestra otra “literatura”, aunque seamos forofos de Leavitt o de Follet o de Isabel Allende… y aunque nos prive, al contrario que a la niña madura de Quino, una sopa caliente con este frío que pela.

© P.F.Roldán

Kate Havnevik:Timeless

10 de diciembre de 2008

cae la noche... se hace el color


En un par de horas comenzará el silencio. Para entonces, habré conversado contigo entre decenas de risas, porque tienes el don de hacerme reír con tu sentido del humor, y me pondré a imaginar de nuevo colores en la oscuridad. Me alientas a que lo haga, que no tengo nada que perder, que coja confianza en mí y salte…

Es curioso que siendo tan seguro para tantas y tantas cosas, en lo que se refiere a cuanto hago, -sean mis prosas, sean mis dibujos- tengo desde hace muchos años una barrera hecha de inseguridades que, sin ánimo de justificarla, sé que ya sólo está dentro de mí pero me cuesta traspasarla por no sé que atavismo sin sentido.

Y es que para justificarla tendría un montón de argumentos, pero, si lo pienso, todos acaban, en tiempo presente, cayendo inconsistentes por su propio peso porque pertenecen al pasado; así que de qué sirve seguir aferrándome a ellos, aunque sea inconscientemente. No vale lo de decir que tuve ese dilatado pasado en el que me hicieron dudar de lo que hacía. Unos porque me reprochaban ferozmente su inutilidad, que nunca llegaría a ningún sitio, que perdía miserablemente el tiempo. Otros porque, aun diciendo que les gustaba al mostrárselo, se desinteresaban instantes después, como si les enseñaras un suéter nuevo y no les llegara que les querías transmitir algo, con lo que perdía bastante de su sentido lo que hacía. Y quienes lo miraban con indiferencia porque no les interesaba lo más mínimo que alguien pudiera hacer algo que ellos no harían nunca o porque ni sabían apreciar lo que veían sin detenerse a mirarlo.

Eso desanima a cualquiera, sobre todo cuando era un tiempo en el que había circunstancias demasiado adversas que urgía solventar; pero ¿por qué no he sido capaz de pensar en todo este otro tiempo que aquello quedó atrás? ¿Tanta mella causaron aquellas actitudes que aún hoy sigo debatiéndome entre si tiene valor o no lo que siempre he hecho porque me nace de bien adentro? ¿Acaso no lo tiene ya por el sólo hecho de ser parte de mí?

Es la única secuela de la que no he logrado librarme en estos años, aunque haya superado cosas infinitamente peores. Y, de repente y sin esperarlo, me empujas, me incitas, me insinúas que abra una puerta, quizás la única, que he tenido cerrada porque tal vez no había encontrado alicientes para volver a cruzarla, ni siquiera pensando en mi propia alegría de poder crear.

Uno se escuda en que tiene otras expectativas más gratificantes o en que está saturado por otras cosas; pero lo que en realidad subyace es la falta de confianza en sí mismo para retomar lo que en otro tiempo tanto satisfizo.

Y me he decidido a sacar todos los bártulos que preciso para ponerme de nuevo manos a la obra… Sé que no empezaré hoy, pero a su sola vista llegará el momento en que me entre el deseo irrefrenable de volver a cogerlos para dar rienda suelta a mi imaginación, a las ganas de plasmar en un papel todo lo que me apetece decir con imágenes salidas de mis propias manos.

El silencio de la noche está al caer. Siempre ha sido buen compañero para escuchar sin interferencias lo que hay dentro de mí, pugnando por salir, sin que nada dé alas a los miedos, a las dudas, cuando me encare a solas a esa hoja en blanco y empiece a surgir, color sobre color, todo lo que quiero expresar para que alguien sepa mirarlo, sentirlo y compartirlo...

Algo me dice que he entreabierto esa puerta y que quiero volver a entrar y encontrarme con esa parte de mí, la única, que no he sacado en mucho tiempo aunque me lo haya planteado alguna vez, dando carpetazo tras esbozar simples trazos porque seguía varado en viejos complejos, más imaginarios que reales a estas alturas si me detengo a pensarlo.

Tu convicción se hace mi convicción.
A veces sólo es necesario que alguien, con firmeza, te saque de esa apatía -en la que caíste porque llegaste a sentir que nadie creía en lo que hacías, llenándote de inseguridades absurdas- sólo con decir que ante todo confíes en ti antes que en los demás y que ya basta de guardar por los cajones lo que, aunque algunos no lleguen a valorar, también forma parte de tu mundo y has de expresarlo con todos los medios a tu alcance. El triunfo no es ser reconocido por nadie; es hablar como sabes hacerlo con un don que se te dio y has estado desperdiciando.

Los lápices me esperan tras años de abandono. Mi cabeza empieza a bullir.

© P.F.Roldán

Sinead O'Connor:Thank You for Hearing Me